Revista Viajes

El Gran Cañón del Colorado, rey de nuestro viaje a Costa Oeste

Por Mundoturistico

Hay, como en otros muchos aspectos de la vida, algo muy subjetivo a la hora de disfrutar de los lugares. Un “no-sé-qué” que hace que nos enganchemos a los atractivos turísticos como lo hacemos a las series, a los deportes o a las personas. Y es en esa subjetividad donde hay un placer infinito. Eso sentí en el Gran Cañón desde el minuto uno, convirtiéndose ya acabado el viaje en mi lugar preferido del trayecto de quince días que hicimos por Costa Oeste. Fue sin duda el rey del periplo. Le dedicamos dos días y fue una visita a la que guardaremos siempre un montón de cariño.

Sus preciosas formas, sus inabarcables dimensiones y su naturaleza arrebatadora hacen de él un lugar único. Impresionante, bellísimo, brutal… ¡Awesome! Me sorprendí muchísimo cuando buscando una palabra que definiera lo que veían mis ojos la encontré en inglés y fue sin duda la que mejor encajaba.

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El Gran Cañón del Colorado no es el más grande, ni el más profundo del mundo, pero seguramente sí sea el más espectacular. Cuando lo vi por primera vez, me impactó sobremanera.

No solo sus dimensiones son una verdadera locura (casi 500 kilómetros de longitud y montañas de hasta casi 30 kilómetros de ancho), sino que el paisaje erosionado de color ocre-rojizo tan peculiar y tantas veces visto es en directo un auténtico espectáculo. Lo más habitual es que se vea el paisaje del Gran Cañón en los márgenes del mismo, pero incluso se pueden hacer rutas que profundicen en el interior de las grandes paredes de roca. Nosotros, por tiempo y por falta de planificación, nos quedamos en la primera parte, y os contamos la experiencia.

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En caso de querer hacer rutas en el interior, infórmate bien, pues no son siempre tramos sencillos y necesitan cierta preparación. Los trayectos de vuelta suelen ser duros, puede hacer mucho calor y hacerse de noche si calculas mal los tiempos.

¿Cómo llegar y comenzar a recorrer el Gran Cañón?

Como os he adelantado, lo más habitual es conocer el Gran Cañón en los bordes de sus grandes paredes de roca en su cara sur. Un camino plagado de balcones donde admirar la belleza de este precioso lugar. En su vertiente norte también hay diferentes formas de visitarlo. Nuestra referencia para llegar fue el Grand Canyon Visitor Center, que está también cerca del Grand Canyon Village, y desde donde se puede llegar ya con facilidad -y sin necesidad de tomar un bus- al primer mirador.

Se trata de Mather Point, el primer punto desde donde contemplamos el espectáculo por primera vez. La vista resulta abrumadora y aunque hay zonas donde el lugar está preparado para proteger a la gente del enorme salto que genera el acantilado, supongo que fue imposible ‘ponerle puertas al campo’ y hay multitud de rincones naturales desde donde lograr la mejor foto. Eso, en tiempos de selfies, se traduce en muertes, por lo que tengo que advertir del peligro que puede suponer jugar con la naturaleza en su máxima expresión. Por otro lado, con cuidado y un poco de ojo, el lugar se convierte en el mejor decorado posible para disfrutar de este tipo de menesteres.

El Gran Cañón del Colorado, rey de nuestro viaje a Costa Oeste

El camino, aunque natural, está pavimentado para que se pueda caminar durante horas observando siempre el alucinante paisaje. Pero claro, recorrer todo ese camino nos llevaría mucho tiempo y sería bastante pesado, lo que llevó a las autoridades turísticas del país a realizar una vía paralela para poder acceder a diferentes puntos del camino de una forma más rápida. De ahí que tomando un autobús puedas, de forma rápida, visitar los muchísimos miradores del paseo y recrearte con el Gran Cañón desde multitud de sitios.

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Hay cuatro líneas de autobús con servicio más o menos cada cuarto de hora entre las seis de la mañana y las siete y media de la tarde, diferenciadas por colores: azul, naranja, rojo y morado.

Nuestro recorrido el primer día: Mather Point, Yavapai Point y Yaki Point

Para el primer día y sin haber planificado demasiado el viaje, simplemente nos dejamos llevar. Como habíamos llegado a Mather Point de forma casi natural, de ahí partimos andando hacia el oeste, simplemente con el deseo de dejar que el paisaje y sus pequeños cambios -de formación, color…- nos sorprendieran. Con solo verlo ya teníamos más que suficiente en realidad. Así llegamos, tras múltiples paradas y caras de sorpresa, hasta Yavapai Point, desde donde además de unas vistas geniales, hay un museo geológico en el que conocer la formación de este ‘accidente natural’ tras miles y miles de años.

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En este paseo ni siquiera tomamos autobús y simplemente, volvimos por donde habíamos venido. Tras explorar las posibilidades, por la tarde, ya decidimos coger la línea naranja y partir hacia el este en busca de un buen atardecer en Yaki Point.

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Esta vista nos aportó una visión diferente y nos regodeamos de nuevo con la espectacular posición que se logra en algunos de los puntos del camino. Después, nos sentamos, al borde del gran cañón y nos dejamos sorprender por el último abrazo del sol, que llenó el cielo de colores. Parecía que iba a haber un ‘mal atardecer’, pero una vez más la naturaleza acabó sorprendiéndonos, desplegando unos juegos de luz que solo ella tiene la capacidad de hacer.

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Segundo día: recorriendo con paradas la Hermit Road

Ya con mayor conocimiento sobre la zona y el funcionamiento del sistema de transporte, el segundo día tomamos dos autobuses para recorrer los diferentes miradores que se extienden a lo largo de la línea roja. Al principio, nos atrevimos incluso a hacer una parte andando, pues queríamos que la visita fuera lo más natural posible en todos los sentidos.

Para llegar al extremo ‘rojo’, tomamos también el transporte azul, que recorre la zona más ‘urbana’ del parque (donde están los hoteles, restaurantes…). Una vez allí, contemplamos una vez más la maravilla natural que teníamos ante nosotros. En ocasiones, divisábamos mejor el Río Colorado; otras veces, acertábamos a ver en mayor medida la panorámica completa del parque. En todo momento, lo hicimos con ilusión. Los miradores merecían casi siempre la pena, pero quizás el que mayor visión global nos dio fue el Mohave Point. Antes recorrimos también Maricopa, Powel y Hopi.

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Tras este paseo y aunque queríamos conocer las vistas de los diferentes miradores de la Desert View Drive (Grandview Point, Lipan Point…), tengo que reconocer que paramos en ellos con cierta desgana, como un poco resabiados ya de lo que nos íbamos a encontrar y con la sensación de que tocaba quemar otra etapa. Supongo que llegó el momento de quedarte con todo lo que has visto e intentar llevarlo pegado a la piel, como así fue finalmente.

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Datos prácticos:

¿Cuántos días necesito? Si no vas a hacer rutas dentro del cañón, creo que te vale con dos días, si bien no completos. Es un lugar para ver con calma y disfrutar de cada momento, así que tampoco te lo tomes con demasiada prisa. ¡Lo agradecerás! Os invitamos a leer nuestra anterior etapa, de Los Ángeles a Las Vegas.

¿Cuánto cuesta la entrada al Gran Cañón? La entrada al parque es de 35 dólares por coche. Nosotros teníamos el Anual Pass, que son 80 dólares y se puede compartir con otro coche, lo que hizo que entráramos a los parques nacionales gratis, pagando 40 dólares. Contaros además que nosotros pagamos sin querer la entrada y al día siguiente lo comentamos y nos devolvieron el dinero. Nos pareció todo muy profesional. Además de que como en el resto del viaje, la gente fue encantadora y súper educada. Si por otro lado os interesa el presupuesto que manejamos en el viaje, os animo a leer el post que tenemos sobre ello.

¿Cuándo visitar el Gran Cañón? Como para el resto de visitas del viaje de Costa Oeste, los meses de verano pueden resultar muy calurosos y además, como es un destino muy de moda, hacer que tengamos que compartirlo con mucha gente. Por eso, yo os recomiendo cuando nosotros lo visitamos, que además he leído que es objetivamente la mejor fecha: octubre. Aún hace buen tiempo y se está fenomenal.

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Dónde dormir: nosotros nos quedamos en el Hotel Gran Cañón Plaza, a unos kilómetros de la salida del parque pero realmente cerca. Es un motel pero muy cuidado, donde las habitaciones son espaciosas, limpias y encima tienen café para poder desayunar allí si se tiene algo que echar al estómago. Nos gustó y pagamos por él unos 87 euros. Os lo recomiendo. Lo único que quizás si os molestan mucho los ruidos, se escuchaba algo a los vecinos.

Dónde comer. En la zona del pueblo, hay varios lugares donde poder comer, aunque básicamente tienen comida rápida. No demasiado caros.


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