Revista Expatriados

El imperio portugués en Asia (1)

Por Tiburciosamsa

Los portugueses fueron los primeros europeos en llegar a Asia y también los últimos en marcharse. De Goa les echaron los indios en 1961, catorce años después de que se hubieran ido los ingleses Su colonia timoreña en el archipiélago indonesio sobrevivió casi tres décadas a la presencia holandesa en la región. Incluso su enclave de Macao duró dos años más que la británica Hong Kong. Sin embargo, fuera del mundo lusófono es poco lo que hay impreso sobre el imperio portugués. Uno de los pocos historiadores no procedentes de la Lusofonía que ha estudiado los avatares de los portugueses en Asia es el indio Sanjay Subrahmaniam. En este breve resumen de lo que fue la presencia portuguesa en Asia, me basaré básicamente en sus libros “El imperio portugués de Asia 1500-1700” y “Vasco de Gama. Leyendas y tribulaciones del virrey de las Indias”.Lo primero que hay que quitarse de la cabeza es que los portugueses tuvieran una idea clara de lo que querían conseguir cuando Vasco de Gama partió de Lisboa en 1497 para buscar la ruta marítima hacia la India. Había círculos que temían que el establecimiento de una ruta comercial directa con la India reforzaría el poder real. Otros preferían centrarse en el norte de África, en el que veían su esfera natural de expansión. Realmente si hubo expedición en dirección a Asia en 1497 fue porque el Rey Dom Manuel se impuso a sus contradictores.Casi desde que Vasco de Gama hubo regresado a Portugal en 1499, se puso de manifiesto que los portugueses no tenían una estrategia única para Asia. Para la Corona se trataba de establecer una ruta comercial entre Lisboa y la costa malabar, que la enriqueciese y, de paso, contribuyese al aumento de su poder. Al final la Corona portuguesa acabaría desarrollando un comercio triangular: de la costa oriental de África extraería el oro con el que compraría los textiles de Gujarat, que luego revendería en África, y la pimienta y las especias que terminarían en Lisboa. A este objetivo puramente mercantil, el Rey Dom Manuel, que tenía complejo de Mesías, le añadiría otro: coger en pinza a los musulmanes y triturarlos. La búsqueda del mítico reino cristiano del Preste Juan y el afán por encontrar cristianos en la India (los había, pero no tantos como creyó Vasco de Gama en su primera expedición, que llegó a pensar que eran la mayoría de la población) lo que pretendían era encontrar aliados religiosos en la retaguardia del mundo musulmán. Mientras esos cristianos asiáticos golpeaban al Islam en Oriente, Portugal haría lo propio en el norte de África y a poco que se esforzasen, conquistarían Jerusalén y destruirían La Meca. Era un planteamiento más medieval que renacentista y bastante ilusorio, pero es que Dom Manuel se las traía. A la mayor parte de los hidalgos que participaron en la empresa, las ideas de Dom Manuel se la refanfinflaban, pero tenían una virtud: les daban la excusa perfecta para dedicarse al corso en las aguas del Índico y del Mar Rojo y saquear a todo navío musulmán con el que se cruzasen. La Corona tuvo que aceptar que los hidalgos se dedicasen a la piratería, porque a menudo era el único incentivo que podía ofrecerles para que fuesen a Asia: que se hiciesen un capitalito a base de esquilmar a pobres comerciantes musulmanes que no les habían hecho nada. En 1505 fue enviado a la India el primer Virrey portugués, Francisco de Almeida. La carta de instrucciones que le dio el Rey esboza ya una estrategia para Asia: conseguir el monopolio del comercio de la pimienta y las especias. Para ello el Rey le encomienda que construya una fortaleza en la embocadura del Mar Rojo para cortar el comercio del Imperio Mameluco con la India. A esa fortaleza deberían unirse otras en el perímetro del Índico occidental para asegurar el monopolio comercial portugués. Esa estrategia, además, permitiría reforzar a los cristianos del reino del Preste Juan, con los que Dom Manuel seguía contando para su cruzada antimusulmana. Almeida cumpliría con tibieza y parcialmente las instrucciones de Dom Manuel. Entendía que la fuerza de Portugal estaba en su armada y pensaba que construir fortalezas llevaría a desviar recursos y a la postre a debilitar a la armada. Albuquerque le sustituyó en 1510 y él sí que realizaría los designios de Dom Manuel. A su muerte en 1515, Portugal cuatro fortalezas claves en el Índico: Kilwa, Ormuz (que permitía a Portugal cerrar el Golfo Pérsico y daría muchos quebraderos de cabeza a los gobernantes musulmanes ribereños), Goa y Cannanore. Con Albuquerque, además, los portugueses se hicieron presentes en el Sudeste Asiático: en 1511 conquistaron el importante puerto de Malacca.
La conquista de Malacca colocó a Portugal en el centro de una red comercial que conectaba a toda una serie de puertos del Índico Oriental: Pulicat, Chittagong, Pegu… Estas rutas (denominadas “carreiras”) eran gestionadas por la propia Corona, cuyos representantes viajaban a bordo de los barcos y a menudo se veían obligados a ejercer labores diplomáticas, además de las puramente marineras y comerciales. Por otra parte, la conquista de Malacca convirtió a Portugal en un actor político en el Sudeste Asiático y en el mundo indonesio. 

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