Revista Opinión

El odio del independentismo catalán a España es rentable

Publicado el 06 junio 2016 por Franky
El independentismo catalán y sus manifestaciones profundamente fascistas no son más que la utilización interesada del victimismo, el odio y la ofensa para obtener ventajas y privilegios. Mas que un sentimiento es una estrategia que los catalanes han utilizado en beneficio propio desde la Edad Media. --- El odio del independentismo catalán a España es rentable Las élites catalanas que controlan el poder y los negocios han encontrado en el odio a España una forma de vida y un método eficaz para hacer negocios, crecer, ganar dinero y obtener concesiones valiosas. Muchos expertos y analistas creen que el independentismo catalán no es tan auténtico y compacto como parece, sino sólo una estrategia para vivir mejor y obtener privilegios y riqueza a través del chantaje permanente frente a una España débil y gobernada por una clase política torpe, asustadiza y sin firmeza ni capacidad de imponer las leyes y los mandatos constitucionales.

Algunos radicales y antisistemas sí creen en la independencia con sinceridad, pero las clases altas, sobre todo la poderosa burguesía catalana, emprendedora y comercial, sólo apuesta por la independencia porque sabe que es un camino que reporta réditos, ventajas, mercado, dinero y todo tipo de facilidades.

El chantaje catalán es viejo y se remonta al medievo, cuando Cataluña coqueteaba con Francia para encelar a las coronas de Aragón y Navarra y reafirmar así su privilegios, pero se convirtió en un estilo de vida y en una estrategia desde que llegaron los borbones, con Felipe V como rey.

Gracias al victimismo, mezclado con odio, amenzas y reivindicaciones constantes, Cataluña ha conseguido ser la primera región industrial de España, la primera recaudadora de impuestos y la que obtiene más beneficios del comercio. En el presente, ese puesto de privilegio catalán, afianzado en los siglos XIX y XX, está amenazado por la pujanza de Madrid, que se convierte poco a poco en la primera región de España por su crecimiento y concentración empresarial.

Hoy, el independentismo es un as ganador que el Establishment catalán coloca sobre la mesa cada vez que observa debilidades en el gobierno de Madrid o cuando ve peligrar sus ventajas y privilegios como región. En estos tiempos, la debilidad y cobardia de los gobiernos españoles es inmensa.

El actual brote independentista, en apariencia extremo y capaz de colocar a Cataluña al borde de la ruptura con España, está motivado por la crisis económica, que ha reducido los beneficios de las empresas, por la excesiva presión fiscal, por el descenso de la demanda y por la debilidad y alma corrupta de los gobiernos españoles. Cataluña utiliza el independentismo como un ariete para abrir las puertas a un concierto fiscal que le otorgue ventajas y privilegios similares a los que tienen Navarra y el País Vasco,

Pero hay otras razones menos claras y mas sucias detrás del brote independentista catalán, aunque también vinculadas intimamente al concepto "Privilegio". Se trata de evitar como sea que se le apliquen las leyes vigentes a una parte importante de la clase política catalana y a algunas familias de la alta burguesía, implicadas en graves asuntos de corrupción, con la familia Pujol en la cabeza de la ola de suciedad y abuso, pero con decenas de políticos y de empresas pringadas.

Los catalanes saben perfectamente que el independentismo es un pésimo negocio para Cataluña y que el mundo no está por la labor de permitir deserciones y rupturas en las entidades nacionales. En Europa, el rechazo a los procesos secesionistas es muy intenso en países como Inglaterra, Francia e Italia, todos ellos afectados por procesos vivos, pero también hay rechazo profundo en Alemania, los Balcanes y Europa del Este, donde la unidad es una defensa frente a las amenazas procedentes de la gran Rusia.

La independencia haría perder a los catalanes toda su potencia y riqueza. La reacción de España sería brutal, sobre todo en lo emocional, y el boicot a todo lo que huela a catalán sería de una intensidad histérica, mientras que Europa dejaría al nuevo país fuera del Euro y de la misma Unión, con reacciones de rechazo también garantizadas en la ONU y en los principales países del mundo, La aplicación de aranceles y la perdida de las ventajas de la Unión provocaría un tremendo éxodo de empresas fuera de Cataluña y el país, endeudado desde su nacimiento, nacería en la más profunda ruina.

Francisco Rubiales


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