Revista Ciencia

El origen de la vida en nuestro planeta: un enigma para la ciencia

Publicado el 24 julio 2010 por Beatriz
El origen de la vida en nuestro planeta: un enigma para la ciencia
autor: blog Agua Viva
Siempre me ha parecido una fantasía el tema de los ovnis y extraterrestres aunque si surgiera algún indicio por supuesto que cambiaría de opinión; dicen que los necios nunca cambian de opinión, los sabios sí, pero no sé por qué dudo mucho que esto suceda.
Quizás sí hay vida en otro planeta pero no creo que existan seres inteligentes como el ser humano, y digo quizás porque que exista agua en un planeta no basta para la vida, el agua da condiciones propicias para la formación de bioorganismos pero sólo contiene oxígeno e hidrógeno que no basta, se necesitan otros elementos para la vida como la conocemos, sin embargo muchos artículos dicen que agua es sinónimo de vida…..
Por otro lado están los datos que nos proporcionan del universo… por favor, NO ACEPTE QUE NOSOTROS ESTAMOS VIENDO EL UNIVERSO! Eso es tan infantil! Con los mejores telescopios y satélites o mayores, de cualquier forma ¿dónde están o hasta dónde consiguen llegar? Solo muy cerca del perímetro o nuestro “vecindario” terrestre. Eso es nada en el universo. Es como creer que con una microcámara escondida en alguna oscura esquina del baño del estadio de baseball de Toronto (Skydome) podríamos filmar una excelente exhibición del juego. Para siquiera poder ver todas las estrellas y galaxias del cosmos, entonces nuestras cámaras deberían estar en el centro del universo que como (supuestamente) está en expansión, no podría nunca llegar allí. Así pues nuestro punto de vista de la realidad del espacio es miope por tanto todos sus cálculos están equivocados pues se basan en lo que fue visto hasta hoy y que jamás llegaremos a “ver” completamente. Eso, sin mencionar el hecho que todos nuestros aparatos son apenas extensiones de nuestras debilidades sensoriales bien limitadas. Estudiamos las formas de sonar, visión, olfato de animales para apenas entender lo que ellos son capaces de hacer, así pues, aunque nuestros aparatos pudiesen imitar todas las ventajas de cada una de las especies animales para ver el universo como ellos lo ven, aun así lo que captamos no es la última “realidad” (comentario de Oscar en blog de Tomás Unger)
En cualquier caso, el origen de la vida en nuestro planeta, es, hoy por hoy, un enigma para la ciencia (para nosotros los cristianos no hay tal enigma, sabemos que es Dios el creador de la vida)
Juan L. Ruiz de la Peña en “Teología de la creación” (Sal Terrae), obra que recomiendo a creyentes y ateos, dice sobre el enigma del origen de la vida en nuestro planeta:
Así lo señala Monod añadiendo además que el fenómeno es hasta tal punto improbable que seguramente no se habrá dado más que una vez. En general, los biólogos convienen con Monod en el carácter enigmático de la emergencia de la vida. “Todas las especulaciones y discusiones fáciles publicadas durante los diez-quince últimos años…han demostrado ser demasiado simplistas….De hecho, el problema parece estar tan lejos de la solución como estuvo siempre” (Torpe, W. H., en EFB, p. 161). “Los procesos que han conducido a la emergencia de la vida son conjeturas”, y ninguna teoría evolutiva ha resuelto los problema a los que se enfrenta (Dobzhansky, T., en EFB, pp. 262, 394). “El problema del origen de la vida sigue siendo espinoso, y no creemos poder percibir una solución simple.” (Prigogine I. – Stengers, I., p. 23). P. Cloud se pregunta: ¿cómo surgió el sistema ADN-ARN, “verdadera esencia de la vida” Su respuesta es: “nadie lo sabe. Y nadie podrá saberlo nunca exactamente” (El cosmos…, p. 156). En el mismo sentido, Popper habla de la imposibilidad de esclarecer algún día este problema, dado que el código genético "no puede traducirse si no es usando ciertos productos de su traducción"; esta estructura circular de la explicación de la vida significa que el problema "se convierte en una barrera impenetrable para la ciencia" y que el desarrollo de la biología molecular ha hecho, paradójicamente, de la cuestión del origen de la vida "un enigma mayor de lo que ya era". Dicho origen, junto con el del universo y el del hombre, es, según Popper, "un milagro" (El Universo abierto, Popper, K. R., pp. 169-171. En EFB, p. 346, Popper emplea, a propósito del origen de la vida, la expresión “enigma turbador”.)

¿Cosmocentrismo o antropocentrismo?
Las magnitudes del cosmos son el principal argumento del anti-antropocentrismo.
El padre Ruiz de la Peña señala "Las escalas del espacio euclidiano y del tiempo newtoniano se han agrandado de tal modo que las cifras que las expresan resultan sobrecogedoras.En cuanto a las magnitudes espaciales, recordemos las siguientes:El tamaño de nuestra Vía Láctea es de cien mil años luz; el del grupo de galaxias al que pertenece es de tres mil millones de años luz. Se estima que existan centenares de miles de millones de otras galaxias en el universo observable. Andrómeda, la nebulosa más próxima, está a 1,7 millones de años luz. A cada galaxia se le atribuye una media de cien mil millones de estrellas; “cada galaxia alberga más estrellas que habitantes ha tenido la tierra desde el principio”. La estrella fija más cercana (Alfa Centauro) dista de nosotros cuatro años luz. En cuanto a las magnitudes temporales, la edad que se adjudica al universo oscila entre los 15.000 y los 18.000 millones de años. La de la tierra se calcula en unos cuatro o cinco mil millones de años. A la vista de estas cifras de vértigo, la conclusión que se impone es que somos un planeta secundario de un sol suburbial situado en el extrarradio de una galaxia irrelevante.¿Es razonable seguir pensando que lo que ocurra en esta especie de fragmento infinitesimal de lo real tiene una significación cósmica, y por cierto una significación decisiva? ¿No parece más sensato conjeturar que lo sucedido aquí –la eclosión de la vida y de la inteligencia- se habrá reiterado copiosamente en otros puntos del espacio y tiempo?"
Definitivamente, los datos que los científicos nos proporcionan del universo son para sentir vértigo (aunque como ya se ha mencionado, nuestra observación es sumamente parcial e incompleta y por lo tanto susceptible a error)….en medio de esa inmensidad estamos nosotros ¿solos? se preguntan muchos, otros dicen que es una gran soberbia de nuestra parte pensar que estamos solos porque habida cuenta de que hay unos diez mil millones de planetas semejantes al nuestro, no se puede descartar por completo la posibilidad de que en alguno de ellos se repitiera la hazaña del surgimiento de vida.
Dice Ruiz de la Peña que precisamente a estas alturas del discurso es donde estalla la gran paradoja.
Tanto el sentimiento subjetivo humano, como plausibles razones objetivas, conspiran para conceder todavía una oportunidad al antropocentrismo.El sentimiento subjetivo está muy bien descrito por el siguiente texto:“El hombre, echado a rodar desde el centro hacia x, …comenzó a tratar de ganar por sus propias fuerzas la herencia recién perdida, a fin de poseerla. Hasta entonces solamente había estado en el centro….Después que habia perdido (en virtud de los descubrimientos científicos) la objetividad de su existencia en el punto central, tuvo que cerciorarse…de su subjetividad y, a partir de ella, volver a construir todo el universo….Esto sucedió…en el descubrimiento cartesiano del cogito ergo sum… En este descubrimiento venía dada la orientación antropológica de todos los problemas de la edad moderna” (Jungel, E., Dios como misterio del mundo, Salamanca 1984, p. 33)
Pero el sentimiento subjetivo está avalado por razones objetivas. En primer término está la suprema improbabilidad de la emergencia de la vida, y a fortiori, de la vida humana, lo que permite apreciar ésta como un auténtico hápax o caso único, en la historia del universo; consiguientemente el hombre –la más alta forma de vida- sería algo absolutamente único, excepcional y privilegiado. Aunque pueda parecer un punto perdido en la inmensidad del espacio y del tiempo, ese punto representa la singularidad más distinguida del proceso cósmico.
“No queda excluida…, por la estructura actual de la biosfera, la hipótesis de que el acontecimiento decisivo [la aparición de la vida] no se haya producido más de una sola vez. Lo que significaría que su probabilidad a priori es casi nula. La biosfera aparece como el producto de un acontecimiento único…Nuestro número salió en el juego de Montecarlo” (Monod, J. pp. 158-160)
Popper manifiesta explícitamente su acuerdo con Monod: la vida sería, en efecto, “un suceso único”, y “podemos encontrarnos con la posibilidad de que el origen de la vida (como el del universo) se convierta en una barrera impenetrable para la ciencia” (Universo Abierto, p. 169)
Dobshansky, a la vez que rechaza la tesis monodiana del azar, conviene con Monod en que “con toda probabilidad, la vida sólo se originó una vez” (EFB p. 393).
Torpe estima que “la formación simultánea puramente al azar de dos o más moléculas de cualquier enzima dada es fantásticamente improbable”. Por ello “resulta plenamente sensato considerar que el origen de la vida pudo haber sido un acontecimiento único” (Ibid. P. 161)
Morin se expresa de modo semejante: “en un pequeño planeta…ha aparecido una forma organizada de una complejidad inaudita. Pero ha nacido de un azar casi milagroso; en efecto, nada sugiere la existencia de otra vida en el cosmos, todo sugiere que su nacimiento fue un evento único” (Morin, E., El método, La naturaleza de la naturaleza, p. 82). >>

Años atrás se desató una gran euforia por la posibilidad de la existencia de inteligencia extraterrestre (ETI) y se creó SETI (Búsqueda de inteligencia extraterrestre) que se ha encargado de enviar mensajes al espacio durante todos estos años para contactar con vida inteligente en otros planetas pero ahora a la luz de los nuevos hallazgos de la ciencia se está recomendando una actitud más escéptica.
Recomiendo leer el artículo de astroseti.org "SETI requiere una reevaluación escéptica":
Hace años, los admito sin tapujos, yo mismo acogí los alegatos de que la inteligencia es un fenómeno muy común en la galaxia. En libros, artículos y en programas de radio y televisión abogaba por la idea de que nuestro mundo, acosado por los problemas, podría aprender mucho de una civilización más avanzada que la nuestra. Pero, mientras tanto, empecé a convencerme de que una actitud más escéptica haría más justicia en realidad.
Probablemente sólo hay un puñado de civilizaciones en la galaxia, si es que hay alguna. Las siguientes consideraciones apoyan esta valoración tan pesimista.
Antes de nada, desde el proyecto OZMA I en 1959 de Frank Drake, se han llevado a cabo un centenar de búsquedas radiomagnéticas y de otros tipos en los Estados Unidos y otros países, y se ha rastreado una parte considerable de nuestro cielo concienzuda y repetidamente, pero permaneció en un decepcionante silencio. En cuarenta y seis años no se recibió ni una sola señal o mensaje artificial de inteligencia del espacio exterior.
Algunos especialistas intentar minimizar este resultado negativo, argumentando que sólo se ha cubierto hasta ahora una mínima parte del espectro, y que se requiere más tiempo y de un equipo más sofisticado para llegar a una conclusión definitiva. Los criterios económicos y tecnológicos pueden desbaratar la posibilidad de que las civilizaciones extraterrestres lancen señales al espacio a lo largo de grandes periodos de tiempo, sin saber dónde dirigen sus señales. O, puede que usen métodos de comunicación desconocidos por nosotros.
Otra explicación es que las ETI avanzadas pueden no tener interés en contactar con otras inteligencias, especialmente aquellas menos desarrolladas. El argumento del experto en cohetes ruso Konstantin Tsiolkovski se cita a menudo: "La ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia".
Pero ninguno de estos argumentos, que intentan explicar por qué no hemos recibido una señal inteligente del espacio, es convincente. Cierto, futuros proyectos de investigación pueden hacer un negocio redondo y grabar la recepción de una señal de origen artificial verificado. Pero hasta ahora no hay pruebas de tal aparición, la posibilidad de lograr tal éxito debe considerarse como algo remoto. Si cien búsquedas fuesen infructuosas, sería justo deducir que la estimación de millones o muchos miles de ETI es una proposición insostenible. Mientras no se produzca un gran avance, la probabilidad del contacto con ETI es cercana a cero.
El argumento de que las civilizaciones extraterrestres avanzadas pueden no estar interesadas en contactar con otras inteligencias es algo, como también demostraré, altamente implausible.
Segundo, como demuestran los resultados de las investigaciones, se deben tener en cuenta muchos más factores y condiciones que los considerados en la fórmula de Drake.
El geólogo Peter D. Ward y el astrónomo Donald Brownlee presentan en su libro Rare Earth (Tierra Extraña) una serie de tales aspectos, que vuelven del revés las optimistas estimaciones de ETI.
De acuerdo con su razonamiento, la vieja suposición de que nuestro Sistema Solar y la Tierra son fenómenos bastante comunes en la galaxia necesita de una profunda revisión.
Por el contrario, las nuevas pistas sugieren, que somos mucho más especiales de lo que pensamos.
La evolución de las formas de vida y finalmente de vida inteligente en la Tierra se debió a un gran número de condiciones y desarrollos muy especiales, muchos de los cuales de naturaleza fortuita. Mencionaré sólo algunos que me parecen especialmente importantes: La edad, tamaño, y composición de nuestro Sol, la situación de la Tierra y el eje de inclinación hacia el Sol, la existencia de agua, una atmósfera rica en oxígeno y temperatura estable durante largos periodos de tiempo - factores considerados esenciales para la evolución de la vida – y el desarrollo de una química basada en el carbono. Además un interior activo y la existencia de placas tectónicas que forman las majestuosas cordilleras montañosas como los Alpes, el Himalaya y los Andes, creando distintas condiciones ecológicas, propicias para la proliferación de una gran variedad de especies.
También la existencia de la Luna, Júpiter y Saturno (como escudos para el bombardeo de cometas y meteoritos durante las primeras etapas de la Tierra).
También los repetidos cambios climáticos, largas eras glaciales, y especialmente las numerosas y bastante fortuitas catástrofes, que provocaron la extinción de muchas especies, como hace 65 millones de años, que llevó a la desaparición de los dinosaurios, pero abrió el camino para formas de vida más diversas y complejas.
Aunque las primeras formas de vida primitivas de la Tierra, las bacterias procariotas, evolucionaron rápidamente, sólo unos 500 millones de años tras el enfriamiento de la corteza terrestre y el final del denso bombardeo de meteoritos y cometas, fueron las únicas formas de vida durante los primeros dos mil millones de años de los cuatro mil seiscientos millones de la historia de la Tierra.
Los mamíferos – incluyendo simios y hombres – evolucionaron mucho más tarde, sólo tras la extinción de los dinosaurios hace 65 millones de años. El primer ser humanoide, el Procónsul, surgió en el periodo del Mioceno, sólo hace unos 18 millones de años.
El Australopithecus, nuestro antecesor, data sólo de hace 5 o 6 millones de años. En otras palabras, llevó casi 4 mil millones de años, o más del 96% de la edad de la Tierra, evolucionar la inteligencia – muchísimo tiempo, incluso para el reloj cósmico.
En este aspecto deberíamos apuntar la advertencia del distinguido biólogo Ernst Mayr, que subrayó la enorme complejidad del ADN y el ARN humano y sus funciones para la producción de proteínas, los ladrillos de la vida.
Estimó que la probabilidad de que pudiese haberse dado un desarrollo biológico similar en alguna parte del universo era nula.
El resultado de estas consideraciones es el siguiente: Debido a las condiciones tan especiales de la geología, biología, y otras condiciones que propiciaron la evolución de la vida y la inteligencia en la Tierra, los desarrollos similares en nuestra galaxia son probablemente muy raros. Las primitivas formas de vida, concluyen Ward y Brownlee, pueden existir en planetas de otros sistemas estelares, pero la vida inteligente, como la nuestra, es probablemente muy rara, si es que existe.
La tercera es la llamada “Paradoja de Fermi”, otra poderosa razón que sugiere una evaluación escéptica de la multiplicidad de inteligencias en la galaxia. El físico italiano Enrico Fermi planteó la molesta cuestión, "Si hay allí fuera tantas ETI con un alto grado de desarrollo, como afirman los especialistas en SETI, ¿por qué no nos han contactado?" Ya expresé grandes dudas sobre algunas de las explicaciones dadas a esta paradoja. Aquí necesito centrarme en dos más. La primera se refiere a la supuesta falta de interés de los alienígenas avanzados en establecer contacto con otros seres inteligentes. Este argumento me parece especialmente poco fidedigno. Citaré un libro noruego, que explica por qué los vikingos llevaron a cabo peligrosos viajes a costas lejanas en botes precarios. "Una razón", dice, "es la fama, otra la curiosidad, y la tercera, ¡el conseguirlo!" Si los vikingos, llevados por el deseo de descubrir lo desconocido, llegaron a América hace mil años con una primitiva tecnología, si nuestra joven civilización tecnológica y científica, busca vida primitiva en otros planetas y lunas del Sistema Solar, es increíble que las inteligencias desarrolladas extraterrestres superiores no se hayan visto espoleadas de la misma forma por estos intereses y anhelos. Uno de los rasgos fundamentales de inteligencia es la insaciable curiosidad intelectual y la necesidad de penetrar en lo desconocido. Las mayores civilizaciones, nuestros pares al respecto, deben estar imbuidos del mismo espíritu de osadía y escrutinio, debido a que si no lo tuviese, no podrían haber logrado sus estándares avanzados.
Un segundo argumento propuesto a menudo es que las distancias entre estrellas son demasiado grandes para el viaje interestelar. Pero esta explicación también se apoya sobre suelo poco firme. Incluso nuestra civilización tecnológica y científicamente adolescente está explorando el espacio y enviando sondas – las naves Voyager – que algún día alcanzarán otros sistemas estelares. Estamos aún lejos de conseguir velocidades cercanas a las de la luz, necesarias para el viaje interestelar. Pero algunos científicos predicen que en 200 o 300 años, tal vez incluso antes, seremos capaces de manejar velocidades bajas de "c", y una vez que lo alcancemos nuestra civilización enviará expediciones exploratorias tripuladas a las estrellas más cercanas. Las naves automáticas no tripuladas pueden ser el intento inicial.
Pero estoy convencido de que nada impedirá el deseo del hombre de ver otros mundos con sus propios ojos, tocar el suelo y realizar investigaciones que las sondas no tripuladas no serían capaces de hacer. Evidentemente, civilizaciones por delante de nosotros decenas de miles o millones de años habrán alcanzado velocidades cercanas a c, y serán capaces de explorar una parte considerable de la galaxia. Las civilizaciones ETI avanzadas se embarcarían en tales exploraciones no sólo por la curiosidad científica, sino por su propio interés, por ejemplo para expandirse y encontrar nuevos hábitats para su creciente población, o debido a la necesidad de abandonar su planeta debido a peligros que provengan de su estrella, y también porque con la ayuda de otras civilizaciones podrían enfrentar estos peligros que acechan en el universo, de forma más exitosa que ellos solos.
La Paradoja de Fermi debería además ponernos en guardia, y fomentar un sano escepticismo. La carencia de interés en encontrarse con una civilización como la nuestra es la razón menos plausible de por qué no hemos tenido noticias de las ETI. Un pequeño experimento mental ilustra este punto. Carl Sagan sostuvo una vez que alienígenas inteligentes visitarían la Tierra al menos una vez cada mil años. Pero tales visitas no han tenido lugar. Incluso extendiendo este periodo a un millón de años, no pinta mejor. Supongamos que una nave extraterrestre aterrizó en la Tierra en algún momento durante la época de los dinosaurios, que duró unos 140 millones de años.
Es lógico suponer que los alienígenas habrían retornado a intervalos razonables para estudiar nuestro mundo y a estos fascinantes animales, pero también para encontrar si alguno de ellos había evolucionado la capacidad de razonar, matemáticas superiores, y construido una civilización. Habría razones para muchas conjeturas. De acuerdo con los paleontólogos, resalta Drake, el dinosaurio sauronithoides estaba dotado de tal potencial. Era un dinosaurio que recuerda a un pájaro por su tamaño y peso, que poseía una masa cerebral bastante por encima de la media, y, especula Drake, si hubiese sobrevivido otros diez o veinte millones de años, podría haber evolucionado en los primeros seres inteligentes de la Tierra. Pero esto no sucedió, debido a que los dinosaurios se extinguieron en una catástrofe cósmica. Cuando el Homo Australopithecus, más tarde el Homo Faber y Habilis,y finalmente el Homo Sapiens evolucionaron, ¿no deberían haber provocado un mayor interés por parte de los visitantes extraterrestres? Pero no se han registrado visitas. Sólo unos pocos informes mitológicos, indocumentados y altamente sospechosos de supuestas visitas alienígenas.
Sería justo suponer, que si los alienígenas avanzados han visitado la Tierra durante los pasados 200 millones de años o, al menos, durante los pasados 16 millones de años, deberían haber dejado alguna marca perdurable, indestructible y reconocible, probablemente en la Luna. Pero nada de esto ha sido detectado. ¿La explicación más probable? ¡No tuvieron lugar tales visitas! No hay civilizaciones avanzadas extraterrestres en nuestras vecindades. Si existen, ya habrían contestado a nuestras señales de televisión – que alcanzan unos 60 años luz en el espacio – otra razón que invalida la afirmación de que nuestra galaxia está rebosante de inteligencia.
Otro argumento que apoya el punto de vista escéptico es el hecho de que ninguno de los planetas detectados alrededor de otras estrellas está cerca de tener unas condiciones aptas para crear y sostener la vida. Desde que el grupo suizo de Michel Mayor descubrió el primer planeta fuera de nuestro sistema solar alrededor de la estrella 51 Pegasi hace diez años, se han identificado otros 130 planetas en una distancia de 200 años luz. Los resultados de la investigación demuestran que la mayoría son de composición gaseosa, de muchas veces el tamaño de Júpiter, demasiado cerca de sus estrellas, muy calientes y con órbitas circulares extremadamente rápidas. Hasta ahora, ninguno presenta las condiciones favorables para el desarrollo incluso de las formas más primitivas de vida, por no hablar de especies más complejas. De nuevo podemos argumentar que sólo hemos investigado en una muy diminuta fracción de los planetas y que futuras investigaciones podrían dar un con un candidato adecuado. Esto podría ser, y ciertamente le daría la bienvenida. Pero hasta ahora las pruebas han fallado al alimentar estas optimistas expectativas.
Las condiciones de nuestro universo no son tan favorables para la evolución de la vida como le gusta pensar a los optimistas.
Incluso si el agua o los fósiles de microorganismos se encontrasen bajo la superficie de Marte, la importancia de tales hallazgos para la teoría de la multiplicidad de mundos habitados sería insignificante.
Algunos astrónomos piensan que Titán, la famosa luna de Saturno, puede tener un océano, posiblemente de metano. Pueden existir formas de vida primitiva en él, pero aún está por ver. Incluso si es así, el camino evolutivo de tales formas primitivas a vida compleja como los seres humanos – tal como hemos visto – es largo, tachonado con una única secuencia de casualidades y catástrofes.
No estoy afirmando que somos probablemente la única especie inteligente en nuestra galaxia. Tampoco sugiero que las actividades SETI sean una pérdida de tiempo y dinero. Aunque, hasta ahora, han fallado en conseguir alguna prueba de la existencia de ETI, enriquecen el conocimiento humano del cosmos de muchas formas. Ayudaron a desarrollar sofisticadas técnicas de búsqueda, y contribuyeron decisivamente a la percepción del destino cósmico de la humanidad. Carl Sagan y Frank Drake, los dos pioneros más distinguidos de SETI, hicieron un trabajo vanguardista. El que sus esfuerzos y los de otros expertos dedicados a SETI en nombre de esta gran causa estén teñidos con una pizca de expectativas demasiado optimistas es comprensible y profundamente humano.
Sin embargo, en el interés de la ciencia y el sensato escepticismo, creo que es hora de tomar en cuenta los nuevos hallazgos y pistas, para apaciguar la excesiva euforia de SETI y adoptar una postura más pragmática y cercana a la realidad, compatible con los hechos.
Deberíamos admitir tranquilamente que las primeras estimaciones – que debe haber un millón, o cientos de miles, o incluso diez mil civilizaciones extraterrestres avanzadas en nuestra galaxia – no se sostiene por más tiempo. Podría no haber cien, ni tan siquiera diez de tales civilizaciones. Las estimaciones optimistas estaban cargadas de demasiadas valoraciones especulativas e imponderables. Lo que se requieres es contactar con una inteligencia extraterrestre, obteniendo una irrefutable y minuciosamente verificada prueba, ya sea a través de ondas electromagnéticas u ópticas o a través de contacto físico, que no somos la única especia inteligente en el cosmos. Tal vez una nave alienígena, atraída por nuestras señales, decidirá visitarnos algún día, tal y como supongo en mi novela Contact: Are We Ready For It? (Contacto: ¿Estamos preparados para él?) Sería el primero en reaccionar ante tal evento con gran alegría y satisfacción. El conocimiento de que no estamos solos en el vasto dominio del cosmos, y que será posible establecer un fructífero diálogo con otros, posiblemente más avanzado, seres inteligentes marcaría el evento más importante de la historia de la humanidad. Abriría la puerta a unas fantásticas perspectivas.

La intención de este post no es obligarlo a usted a pensar en determinada tesis, sino la de mostrar los puntos que no se mencionan muy a menudo (y animarlo a investigar): 1) El origen de la vida es un enigma para la ciencia; 2) No acepte que estamos viendo el universo, es muy poco lo que se conoce; 3) Agua no es sinónimo de vida, es apenas una de las condiciones necesarias, así que cuando el titular de un periódico diga “se halló agua en tal planeta” no significa que hay vida allí; 4)En base a los nuevos hallazgos aumenta la probabilidad que estamos solos en el universo.
Alguno seguramente pensará que los creyentes queremos que a toda costa prevalezca la idea que estamos solos, ya que habría cierta relación con la tesis del principio antrópico que parece más congruente con la doctrina cristiana de la creación, pero quien piense así se equivoca porque para los cristianos que creemos que “para Dios no hay nada imposible” (Lucas 1,37), no nos sería difícil aceptar que el Señor haya decidido crear vida inteligente en otro lugar, pero el problema es que no hay ningún tipo de evidencia, y, por el contrario, la que hay apunta en la dirección contraria.
Ante la pregunta del post anterior: ¿Hemos de renunciar a buscar vida inteligente? coincido en que la propia búsqueda define cómo somos y que uno de los rasgos fundamentales de la inteligencia es la insaciable curiosidad intelectual, además el reto hace que el hombre se exija e invente sofisticada tecnología que redunda en beneficio de toda la humanidad, pero como cristiana pienso en la cantidad de niños y adultos que diariamente mueren de hambre ¿no se podría buscar un mayor equilibrio y destinar parte de ese dinero para solucionar los problemas que tenemos aquí y ahora?
Si estamos completamente solos….no puedo dejar de recordar las palabras del salmista:
“Cuando contemplo el cielo, hechura de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, el hijo de Adán para que de él te cuides?” (Sal. 8, 4-5)http://www.historiadelaiglesia.org/feeds/posts/default http://www.oecumene.radiovaticana.org/spa/rssarticoli.asp http://www.aciprensa.com/podcast/evangelio.xml

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