Revista Espiritualidad

El SOS de la infancia

Por José Luis Cano Gil - Psicoterapeuta

Quien no entiende una mirada,
nunca entenderá una explicación.

Proverbio árabe

Observamos con tristeza que en Facebook, lo mismo que en la calle, las escuelas, la televisión, etc., demasiados niños siguen mostrando el mismo semblante apagado, idénticas miradas desoladas que las descritas en aquel viejo post, "¡Mira la mirada de los niños!" . Curiosamente, las madres de algunos de tales niños son activas militantes por la infancia, y he conocido incluso a algunos/as terapeutas con algún hijo que sufre problemas de personalidad o incluso psicosis... ¿Qué sigue pasando? ¿Cómo es posible que hasta algunos profesionales de la salud mental críen niños trastornados? En mi opinión, toda esta tragedia sólo se explica por el hecho de que casi toda la sociedad sigue desconociendo por completo -o finge ignorar- el poder absoluto de la afectividad inconsciente.

En efecto, quizá más del 90% de la población (por decir una cifra) jamás ha profundizado en su biografía infantil real (no la "oficial", no la idealizada), ni en la psicodinámica actual de sus emociones. Por tanto, sus personalidades resultan necesariamente neuróticas, con sus inevitables consecuencias sobre los hijos. Por ejemplo, para una madre narcisista, que carece de autocrítica y suele centrar su vida en la idealización de sí misma (su cuerpo, sus creencias, su pasado, su trabajo, su maternidad, sus hijos), éstos no son para ella sino objetos inconscientes de autoafirmación, lucimiento, dominio y/o triunfo social. Para una madre insegura o depresiva, por su parte, los hijos son más bien un doloroso "deber", o detonadores de ansiedades o sentimientos "inconfesables" contra aquéllos (decepción, ira, hostilidad, rencor, cansancio, celos, envidia, indiferencia...), por los que se siente terriblemente culpable. Etcétera. Y lo mismo les sucede, obviamente, a muchos padres [varones]. En todo caso, dada la vergüenza, el dolor y los sentimientos de culpa y fracaso que generan este tipo de experiencias, la mayoría de progenitores se las ocultan a sí mismos y, con la complicidad de la sociedad entera y los "expertos" a su servicio,lo niegan todo. Algunos, para protegerse aún mejor, se interesan reactivamente ("dime de qué presumes") por las doctrinas y activismos psicopedagógicos o se dedican profesionalmente a ello, etc. Esta farsa global funciona de maravilla para todos... excepto en los niños. Esos futuros adultos que, repitiendo todo el proceso, contribuirán a perpetuar el desamor en el mundo.

Los expresivos semblantes de los niños nos revelan continuamente, así, si sabemos detectarlos e interpretarlos, los conflictos íntimos de los padres mejor intencionados, sus contradicciones y falsedades, su permanente escisión entre lo que creen que son y sienten, y lo que verdaderamente sienten y son. Desgraciadamente, es tan imposible amar desde tal guerra interior como respirar bajo el agua. Por ello, ni las mejores recetas de crianza, ni los mayores sacrificios de los padres, ni las mejores leyes sobre la infancia, ni las terapias (para niños o adultos) basadas en la positividad y el control, etc., nos garantizan nada. Porque las fuentes del amor, la prevención definitiva de la desolación infantil, está siempre en otra parte. ¿Dónde?

Por eso, mamás, papás, si deséais amar de verdad a vuestros hijos, ¡"olvidaros" de ellos! Ésta es la paradoja suprema . Si de verdad queréis amarlos, ¡mirad sin descanso dentro de vosotros mismos!Porque si aún lleváis en el corazón la marca de la bestia, es decir, las llagas inconscientes no cicatrizadas de vuestro propio desamor infantil, jamás tendréis la menor oportunidad de amar a nadie. Por mucho que leáis, os esforcéis, cultivéis grandes propósitos e ideales, seáis expertos o militantes en esto y aquello, etc., nada impedirá el contagio a vuestros hijos de vuestros demonios. Los cuales sólo pueden exorcizarse, ¡y sólo en parte!, mediante un largo, valiente y dificil esfuerzo de afrontamiento, aceptación y expresión de los sentimientos inconscientes que ocultáis en el alma . Ya sabéis: en esa caja de pandora, inmune al tiempo, donde todos guardamos con horror lo que realmente somos y sentimos hacia nuestros padres y familia ascendente, nosotros mismos, los hijos, la pareja, nuestra familia descendente y, en general, el mundo y la vida.

__

1. O como la expresión de la niña de la foto, hija de una famosa actriz. Desgraciadamente, la mayoría de gente, desde la ceguera de su neurosis y el modo estereotipado y superficial con que suele mirar a los críos, no percibe los alarmantes mensajes de deprivación emocional que los rostros y actitudes de éstos nos lanzan por todas partes.

infancia

2. En las consultas se revela una y otra vez que, cuanto más en profundidad se conoce la madre (o padre), más felices son sus hijos, incluso los más "problemáticos". Esto demuestra, por otro lado, que lo que llamamos "psicoterapia infantil" no es tanto una solución cuanto otra defensa contra el verdadero problema.

infancia

3. Sin distinciones. Que nada hay más pernicioso para la maduración y el amor que esa grotesca -y puritana- división de nuestras emociones en "positivas" (aceptables) y "negativas" (inaceptables).

infancia


También podría interesarte :

Volver a la Portada de Logo Paperblog

Quizás te interesen los siguientes artículos :