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Enemigos públicos (Michael Mann, 2.009)

Publicado el 17 septiembre 2011 por Rugoleor @rugoleor
Enemigos públicos (Michael Mann, 2.009)
<\/param><\/embed><\/object><\/div>";" alt="" />Enemigos públicos (Michael Mann, 2.009)

Calificación:

Crítica: 6,907 Público: 7,239 España: 5,097 Rugoleor: 6,158

Ficha:

Título Original: Public Enemies

Director: Michael Mann

Guionistas: Ronan Brnnett, Michael Mann, Ann Biderman

Intérpretes: Johnny Depp, Christian Bale, Marion Cotillard, Billy Crudup, Channing Tatum, Leelee Sobieski, Giovanni Ribisi, Emilie de Ravin, Stephen Dorff, Rory Cochrane, David Wenham

Productores: Michael Mann, Kevin Misher

Fotografía: Dante Spinotti

Música: Elliot Goldenthal

Montaje: Jeffrey Ford, Paul Rubell

Nacionalidad: Estados Unidos

Año: 2.009

Duración: 141 minutos

Edad: 13 años

Género: Biográfica, Crimen, Drama, Histórica, Suspense

Distribuidora: Universal Pictures International Spain, S. L.

Estreno: 14-08-2.009

WEB Oficial: Web Oficial de la película en Estados Unidos

Espectadores: 1.234.911

Recaudación: 7.369.948,86 €

Visitas: 0

Popularidad: 0,00%

Sinopsis:

”Enemigos públicos” es la historia del legendario bandido de la época de la Gran Depresión, John Dillinger, el carismático atracador de bancos que se convirtió en el objetivo número uno del incipiente FBI de J. Edgar Hoover y de su mejor agente, Melvin Purvis, y en un héroe popular para el sufrido pueblo. Nadie era capaz de detener a Dillinger y a su banda. No había cárcel que se le resistiera. Gracias a su encanto personal y a sus osadas fugas era aplaudido por casi todo el mundo, desde su novia Billie hasta el hombre de a pie que no sentía simpatía alguna por los bancos que habían hundido el país en la depresión. Las aventuras de la banda de Dillinger, que posteriormente incluiría al psicópata Baby Face Nelson y a Alvin Karpis, entretenían a la mayoría, pero J. Edgar Hoover tuvo la idea de servirse de la captura del bandido para empezar a transformar su "Bureau of Investigation" (Oficina de investigación) en lo que sería el FBI. Convirtió a Dillinger en el "enemigo público número 1 de América" y lanzó a Purvis, el apuesto "Clark Gable del FBI", tras él. Pero Dillinger y su banda siempre pudieron con los hombres de Purvis en alocadas persecuciones y tiroteos. Para apresar a Dillinger y a sus hombres, Purvis acabó contratando a un equipo de ex policías de la costa oeste (a los que llamaron agentes) y recurriendo a traiciones épicas, una de ellas protagonizada por la notoria "Dama de rojo" y otra por Frank Nitti, el jefe mafioso de Chicago.

Comentario:

Máximo estilista de thriller americano, Michael Mann se vuelca ahora en el cine de gángsters para llevar a cabo un curioso experimento: una película de guión clásico realizada con las más avanzadas cámaras digitales que sumergen totalmente al espectador en acción. Johnny Depp brilla en la piel del primer delincuente consciente de su público. Christian Bale es el hombre del FBI que le da caza, también en un momento de cambio, cuando las nuevas tecnologías se implantan en la agencia de Hoover.

Crítica:

15-08-2.009 – ANTÓN MERIKAETXEBARRIA

Cerco de odio

Con “Enemigos públicos” estamos ante un filme policiaco clásico, en su estilizada descripción de la vida de uno de los gangsters más célebres de la Gran Depresión americana, John Dillinger, apodado 'Jackrabbit' ('Liebre'). Filmado como si de una novela 'hard-boiled' se tratara, el 'thriller' de Michael Mann se enmarca en una Norteamérica corrupta, apocalíptica, una jungla de asfalto y neón donde impera la ley del más fuerte. Los nombres de Moran, Legs Diamond, Capone, Bonnie & Clyde, Ma Baker o Dillinger, temidos y reverenciados, se rodean de un halo legendario. Es precisamente en esta longitud de onda con la que Mann resuelve su película.

En el fondo, el gangster arriesgaba su vida para que la rubia platino siguiera masticando chicle. Este aforismo nos permite comprender bien a las claras la intríngulis de un título como “Enemigos públicos”, puesto que hampones, policías, mujeres fatales y detectives letales se persiguen y destruyen repitiendo constantemente un idéntico movimiento, trazando un ballet sangriento, enloquecido, que acaba configurando una especie de enfebrecida pesadilla expresionista, resuelta con brío por su máximo responsable.

La historia podía haber sido tratada de manera sórdida, y el modo con que son fotografiados unos decorados voluntariamente sombríos hace, en un primer momento, creer que va a ser así; por el contrario, la elegancia visual de Mann, la ternura con que contempla a su protagonista y la conmovedora forma con que es encarnado por Johnny Depp, convierten a la película en una de las más notables reflexiones sobre la dificultad de vivir vistas últimamente en una pantalla. Violento final de una auténtica leyenda urbana, atrapada al final de una noche que no tenía mañana posible, con las venganzas satisfechas y después de tanto delito, de tanto crimen, de tanto muerto, de tanta traición y de tantas injusticias e intrigas desmelenadas. Pasen y vean, el espectáculo está no solamente servido, sino asegurado.

17-12-2.009 – JOSU EGUREN

Imprimir la leyenda

No es casual que Michael Mann se haya fijado en John Dillinger para imprimir la leyenda de uno de los más míticos asaltadores de bancos de EE UU. Dillinger era una estrella, un rebelde del sistema, el modelo que inspiró los hábitos de muchos gángsteres de la gran pantalla, carne de cine, y su episodio final, aunque ha sido mil veces traducido en imágenes, merecía ser revisitado por un director capaz de alternar una mirada renovadora hacia el género con una visión iconoclasta y refundadora del mito.

El proyecto de Mann es titánico, tanto que a veces la ilación queda fuera de foco, si bien es cierto que la cinta no pretende ser rigurosamente fiel al esquema narrativo clásico de ascensión, gloria y caída. Lo realmente interesante es un tema de psicología. Sus movimientos de cámara revelan más detalles del estado anímico y emocional de su personajes que todos los diálogos de la película, algo que puede producir una sensación de extrañamiento en los espectadores acostumbrados a celebrar como otros directores remueven el 'pathos' con burdos artificios melodramáticos.

En el fondo, el relato que tiene Mann entre manos está por encima de los nombres propios, la cámara es la protagonista y se mueve al ritmo que marca un contexto histórico que aparece retratado con ferocidad hiperrealista. Lo artificioso que puede parecer el Chicago de los años 30 es producto de un trabajo bien documentado, aunque puede achacársele cierta miopía en la descripción de las condiciones socioeconómicas que dieron lugar a la entronización del forajido, pero todo se olvida en el momento que Mann descubre las infinitas posibilidades que ofrecen las cámaras digitales cuando se trata de filmar cacerías nocturnas. Capítulo aparte merece el viaje onírico de Dillinger. Puede que “Enemigos públicos” sea una película imperfecta, a la que desequilibra un casting que no está a la altura del visto en “Heat”, pero Mann ha sido fiel al espíritu del personaje zarandeando un género que le debe mucho.


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