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"Ensayos literarios", Samuel Johnson, Galaxia Gutenberg. Trad. Gonzalo Torné, Antonio José Rodríguez Soria y Ernesto Castro Córdoba.

Publicado el 11 junio 2016 por Libelulalibros

No es frecuente que ocurra, pero el prólogo a esta traducción -la más completa que se ha hecho al español- de Gonzalo Torné de la Guardia, traductor y editor de la misma, es casi un anti-Johnson. Comienza por negarle lo que más caracteriza a S.J.: un crítico literario que convirtió esta disciplina en un antes y un después, y lo ubica como "hombre de letras", algo cercano a lo misceláneo. Es cierto que Johnson visitó varios géneros -poesía, drama (Irene), novela ( Rasselas), ensayo político, literario, conversaciones con Boswell, etc.-, pero siempre fue el mismo: alguien con un sentido ético muy elevado aunque abierto a la experiencia. El choque de estas dos fuerzas le dio su distintivo: valoraba no sólo lo literario, sino también la sabiduría del escritor (sabiduría en el sentido de utilidad para la vida). Tal vez el ejemplo más claro de esto es su actitud ante el Falstaff de Shakespeare: "Pero ¿y Falstaff, el inimitable? ¿Inimitable, Falstaff cómo voy a describirte? Tú te compones de juicio y vicio: un juicio que se puede admirar, pero que nunca estimaremos, y un vicio que podemos reprochar, pero nunca detestaremos. Falstaff es un personaje cargado de defectos, esa clase de defectos que provocan un desprecio natural. Es un ladrón y un glotón, un cobarde y un charlatán, siempre preparado para timar al débil y sablear al pobre de espíritu, aterrorizar al timorato e insultar al indefenso. Tan obsequioso como maligno , satiriza en su ausencia a los mismos que se pasa la vida halagando. Es cercano al príncipe como agente del vicio [...] Si, pese a todo un hombre así de corrupto y despreciable consigue hacerse valer ante un príncipe que le desprecia, lo logra por el mayor placer que le procuran sus cualidades: una alegría perpetua, el poder infalible de despertar una sonrisa, que es la mayor libertad que se nos permite [...] de manera que su vida licenciosa no resulta tan ofensiva, y se le puede soportar gracias a su buen humor" (pág.97-98).
Que el rigor ético de Johnson termine cediendo ante la "alegría perpetua" de Falstaff es algo que lo acredita como sabio no abatido por los principios.

Javier Vélez Acosta
Libélula Libros


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