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Entrevista a Guillermo Pfaff

Por Camilayelarte @camilayelarte
Entrevista a Guillermo PfaffEn el post que escribí sobre la exposición de La Gran Aventura mencioné una obra a la que no conseguía llegar desde el relato construido por David Armengol.  Lloc equivocat de Guillermo Pfaff (Barcelona, 1976) se me resistía a pesar del interés que me despertó. Por casualidades de la vida lo he podido entrevistar y conocer algo más su obra y la coherencia con la que aborda su trabajo como pintor.
¿Cuándo empezaste a interesarte por la pintura y a saber que querías dedicarte a ello?
Mis inicios con el mundo de la pintura empiezan con mi familia,  mi tío y mi tía son pintores. Mi primer trabajo para ganarme un dinero fue como ayudante de mi tío, preparando las telas y el material. Allí aprendí muchas cosas, de hecho el primer conflicto con la idea de qué era la pintura lo tuve preparando unos cuadros para una exposición suya. Él realizaba unas plantillas que se pintaban a base de capas de una pintura bastante densa. Yo era el ayudante que pintaba la obra y cuando vi la exposición sentí un poco de rabia al ver los cuadros colgados porque pensé que algunos de ellos los había hecho yo. Ahí empecé a plantearme muchas cosas.
Un conflicto entre entre la idea y el concepto por encima de la ejecución y la técnicaSí, ese cuadro no era mío era suyo, la idea era la de él, yo era su ayudante y punto. Después por empatía empecé a interesarme por pintores que precisamente planteaban este tipo de cuestiones como Martin Kippenberger que tiene esa serie de obras realizadas por personas que él ha seleccionado. La experiencia de trabajar como ayudante de otro pintor me proporcionó una formación técnica pero también conceptual sobre la pintura. 
¿Estas primeras reflexiones han marcado de alguna manera tu forma de trabajar y abordar el hecho pictórico? Sí, de hecho yo trabajo por proyectos, algo que es un poco distinto a lo que hace un pintor. Normalmente un pintor desarrolla un trabajo diario en el estudio investigando la materia, etc. En un cierto momento me planteé que ya sabía como respondían las materias y que ya conocía el resultado. Encontré muchos anacronismos al trabajo de pintor. Tener un estudio es caro y vivimos un momento en que la movilidad es primordial, un día estás aquí y otro día estás en Londres, Berlín o Japón. Decidí trabajar desarrollando las obras conceptual y gráficamente, archivándolas hasta encontrar  un proyecto con un comisario, galería o institución, para tener un margen de adaptación. Mi idea de trabajar como pintor es esta, no la de estar en el estudio pintando cada día.
¿Cuáles son tus referentes, qué artistas te interesan?
Mis referentes son pintores, artistas que se adecuen a este aspecto de producción. Aquéllos que buscan ir un poco más allá, como te comentaba, Kippenberger es un ejemplo. Mi pintor favorito es Leon Golub que trabaja mucho el dibujo y que tiene una obra de gran formato pero que no la monta en bastidor algo que me sirve para esta idea de simplificar el formato. Por poner un clásico ejemplo, entre Polke y Richter, yo soy más de Polke, es menos evidente y me hace pensar más, es una estética más complicada, no me complace tanto pero me da más recorrido.
 
¿Siempre tuviste claro que tu lenguaje era la pintura?
Cuando acabé de estudiar tanteé otros terrenos, pero descubrí que poniéndome límites, obligándome a ser pintor, encontraría la vía de investigación que me interesaba en el arte: ¿qué tiene que pintar un pintor del siglo XXI? Incluso respondiéndome al tema de la ecología de la imagen, vi que no es necesario crear lo que ya se ha creado. Para mi considerarme pintor es importante porque ordena mi metodología de trabajo. Todo aquello que creo lo creo pensando en pintura, ya sea escribiendo el proyecto o dibujándolo. Al igual que un músico escribe música aunque no tenga un orquestra allí tocando, yo al escribir el proyecto lo escribo para transformarlo cuando me sea posible en pintura.

Entrevista a Guillermo Pfaff

Lloc equivocat (Desierto) y (Mar), 2011. Vista de la instalación en La Gran Aventura, Can Felipa. Foto: Aa Pfaff


De esto se extrae que no eres para nada intuitivo, sino que la idea y el concepto prevalecen sobre la forma ¿no?No, no soy intuitivo, me siento alejado de esa forma de entender la pintura. Esto no quiere decir que niegue sus cualidades formales. Cuando digo que trabajo así, por economía y funcionamiento no significa que el momento de la ejecución no sea importante para mi, al contrario, la vivo muy intensamente. De hecho cuando desarrollo la idea también pienso en el material, el tipo de papel, el carbón, es importante escribirlo porque cuando recuperas la obra aquello que parece superfluo es en el fondo lo que le da forma. En el sentido plástico mis trabajos son a menudo bastante austeros pero gano en espontaneidad, algo que me parece atractivo.
En el caso de Lloc equivocat, tu proyecto para La Gran Aventura ¿también se gestó siguiendo esta metodología?
Sí, creo que fue una idea que David Armengol, el comisario, supo rentabilizar muy bien. En origen eran unos dibujos muy simples, donde yo quería plantear la idea de cuando te encuentras a medio camino de un viaje y ya no hay vuelta atrás y te preguntas si te has equivocado de opción. Era un poco una metáfora del artista pero también de otras situaciones de la vida, cuando piensas ¡quién me mandaba meterme en esto! A David le gustó y lo adaptamos un poco a lo que él quería expresar con el libro.

¿En que proyectos estás trabajando ahora?Estoy desarrollando un proyecto que se titula A to U. Parto de la idea de la entrevista como herramienta de conocimiento. Entrevisto a profesionales de otras disciplinas que hayan tenido éxito en su trabajo, como por ejemplo publicistas, filósofos o arquitectos y les planteo toda una serie de cuestiones con las que yo me encuentro en mi trabajo, con el día a día, tipo qué piensan del arte, qué harían ellos si fueran pintores o qué papel tiene la cultura en la sociedad. De estas conversaciones intento hacer una reflexión y una obra consecuente con ella. La obra es el resultado de mi aproximación a esa persona.

Entrevista a Guillermo Pfaff

Portable Painting de la serie A to U, 2011. Foto: Aa Pfaff


¿Portable Painting es el resultado de una de estas entrevistas?
Sí, es la primera serie de este proyecto. Lo realicé en Japón entrevistando a Hidetoshi Kuranari, un publicista que trabaja para una importante agencia en una especie de departamento de generación de ideas y creatividad. Me puse en contacto con él para que me aconsejara con mi producto, en este caso mi obra. Portable Painting fue el resultado del intercambio y la conversación que mantuvimos, todo muy en clave de publicista, hablándome del producto y del público. El resultado se expuso en la Trienal de Yokohama. Creo que este proyecto a través del diálogo me ayudará a desarrollar un estudio crítico sobre qué es la pintura.
Intentar vender pintura como proyecto a desarrollar no debe ser fácil ¿cómo reaccionan las galerías?
Las galerías no están acostumbradas a valorar el trabajo de un pintor de esta manera. Sí lo están para aquellos que desarrollan una obra puramente conceptual o artistas que crean instalaciones. Ellos visualizan la estética y ven si les encaja o no, pero en el campo de la pintura les hace dudar un poco. Intento mostrarles lo que ya he resuelto, aún así es cierto que es complicado. Lo que más cuesta es hacer entender a los demás que así es como trabajo. 

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