Revista América Latina

Entrevista de María Isabel Alfonso con Vincenzo Basile

Publicado el 28 marzo 2017 por Yohan Yohan González Duany @cubanoinsular19
María Isabel Alfonso (MIA): ¿Qué te motiva a escribir sobre Cuba? ¿Desde qué espacio lo haces generalmente (blog, publicación digital)?

Vincenzo Basile (VB): Me acerqué a la realidad cubana hace ya casi 10 años, por pura casualidad, en un momento en que la política de mi país me había totalmente decepcionado y me estaba convirtiendo en un indiferente más. Entrar en contacto con un ambiente desconocido, que algunos pintaban como una de las últimas fortalezas del totalitarismo del siglo pasado y otros como la sociedad utópica anhelada por muchos, me despertó curiosidades y pasiones políticas que creía haber perdido.Esas pasiones me llevaron, en un primer momento, a viajar ahí y a buscar siempre más informaciones sobre Cuba y su historia más reciente. Luego, cuando creí haber logrado una opinión suficientemente informada, se me despertó la necesidad de participar, en cierto modo, en una causa que empecé a sentir como mía. Y así, de simple, comencé a comentar y contar las que consideraba ser mis verdades sobre lo que era o no era aquella Cuba, conocida por todos y entendida por pocos, insertada en (o condenada a) un discurso y un imaginario colectivo caracterizado por una dicotomía antitética e inconciliable.

Aunque mis perspectivas hayan cambiado bastante en este lapso de tiempo, no por desilusión sino más bien por acceder a visiones siempre más heterogéneas que me han permitido aprender a distinguir los matices de los colores, sigo estando seguro de que Cuba, aún con todas sus contradicciones y desafíos que tiene de cara al futuro, puede representar una alternativa por la cual vale la pena luchar.

Lo más difícil ha sido –y sigue siendo– lograr que mi voz sea aceptada o reconocida dentro de esta lucha, en un contexto en que algunos, exasperando un poco el concepto de nacionalismo, no dejan de verme como un extranjero que opina sobre asuntos que no le incumben o que no puede entender completamente. Y, tal vez, pueda haber algo de verdad en ello.

Sin embargo, aunque la lucha no sea propiamente mía y aunque puedan faltarme elementos que me permitan entender una realidad muy compleja, la misma esencia simbólica de Cuba, tan encarnada en su proyección internacional, es algo que se mueve en un sentido bidireccional. Cuba, durante un largo tiempo y más allá de la práctica, ha representado un faro para muchas generaciones en todo el mundo. Y esta fuerza simbólica, inevitablemente, tiene su contraparte en que los que nos sentimos inspirados por ella, en cierto momento, sobre todo cuando descubrimos las imperfecciones de la utopía, podemos advertir la necesidad de opinar para asumir dicha inspiración no como algo dado, sino como algo que nosotros mismos podemos plasmar, en una relación de influencia recíproca.

Siguiendo esta necesidad, he estado escribiendo todo tipo de opiniones sobre cuestiones cubanas en muchos espacios y blogs. Actualmente escribo desde el blog-proyecto colectivo Desde mi ínsula.

Entrevista de María Isabel Alfonso con Vincenzo Basile
Graffiti dedicado a Fidel Castro en las calles de Nápoles (Italia)

MIA: ¿Qué crees de la emergencia de toda una nueva zona de blogs y espacios periodísticos digitales que, tanto en Cuba como desde afuera, abordan problemas de la realidad nacional desde una perspectiva investigativa y crítica?

VB: Exceptuando unos casos específicos que responden a objetivos definidos y claros, creo que es plausible afirmar que parte de la sociedad cubana ha desarrollado un sentido cívico y de responsabilidad para con su país tan fuerte, que la ha llevado no solamente a tratar de suplir un vacío informativo con proyectos personales o colectivos sino más bien a insertarse, con discursos contra-hegémonicos, dentro de un campo de tensión –la sociedad civil– para intentar poner en discusión aquellos valores y lógicas que componen el sentido común dominante y así lograr plasmar un nuevo sentido común que, por supuesto, no necesariamente tiene que ser una negación o anulación del precedente, sino que puede llegar a ser una integración o mejoramiento del mismo.

Uno de los desafíos que, a mi parecer, tiene este nuevo sujeto colectivo es evitar que su ímpetu transformador caiga, aunque sea inconscientemente, en opiniones ancladas a viejos esquemas de darwinismo social que asumen y reiteran antiguas concepciones de sociedad y desarrollo. No es raro, aunque no sea la regla general, encontrar el empleo de categorías dicotómicas (moderno-tradicional, desarrollo-retraso, etc.) para definir a Cuba (y en cierto modo definirse a uno mismo), insertarla en un grande y unívoco camino histórico de la humanidad, colocarla en una posición de retraso respeto a lo que se considera avanzado y, finalmente, indicar el único camino a seguir (el de los que ya llegaron a la cima) para alcanzar el desarrollo, en una trayectoria lineal hacia la modernidad.

En un contexto como el cubano, típico de muchas sociedades post-coloniales, es realmente muy fácil poder caer en una simplificación de la historia y de los procesos, tomar el nivel de bienestar (social y económico, sobre todo) alcanzado por las sociedades occidentales, en procesos y dinámicas que se han desarrollado en un larguísimo lapso de tiempo, como referente para lo que debería ser Cuba hic et nunc, como si todo pudiera alcanzarse repentinamente o imitarse sin preguntarse si existen posibilidades concretas.

Superar este desafío es, a mi parecer, una de las tareas esenciales de quienes hoy hacen periodismo ciudadano en su intento de desafiar la ortodoxia dominante a través de la formulación de nuevos discursos. Será vital asumir que una propuesta que se basa en un corta y pega descontextualizado para rechazar lo que es el presente, es igual de prejudicial que la propuesta inmovilista y hermética que sólo quiere reiterar el pasado.

MIA: ¿Qué crees del modelo de periodismo cubano tradicional? ¿Cuáles han sido sus logros y cuáles sus fallas?

VB: Durante mucho, quizás demasiado tiempo, se ha exigido que la prensa estatal cubana abordara la realidad del archipiélago con una visión más crítica de la cotidianeidad para que se reflejara la grandiosa diversidad que caracteriza su ciudadanía. Es necesario dejar atrás triunfalismos y secretismos que ya se han convertido en sinsentidos en una sociedad –aunque sólo parcialmente– interconectada y digitalizada, y aún peor han sido los principales responsables de lo que se conoce como “campaña mediática contra Cuba”, que ha encontrado su terreno más fértil precisamente en una prensa hermética y acrítica.

Considero que todos los fallos se pueden reconducir a su misma esencia gubernamental o al hecho de que se le atribuya el adjetivo “oficial”. Cuando la prensa deja de ser algo auténticamente público para convertirse en algo gubernamental o partidista, ya no es tan distinta de la prensa corporativa que tanto se critica, pues ya no puede ejercer su función esencial de control sobre el poder y termina volviéndose vocera de intereses particulares, perdiendo su esencia periodística y asumiendo un papel más bien propagandístico.

Por otro lado, uno de sus logros más importantes, al menos en las intenciones, ha sido tratar de impulsar una visión alternativa de la geopolítica mundial que esté alejada del consenso típico que se ha establecido en Occidente. Sin embargo, hay veces que este mismo logro se encuentra invalidado precisamente por el hecho de ver al periodismo como vocero del Gobierno y convertido ,entonces, en una pieza más de un aparato diplomático-pragmático que exige un tratado diferenciado con los países según el nivel de relaciones o la afinidad ideológica que exista.

MIA: Por un tiempo ya, y sobre todo en los últimos meses, se han publicado y reproducido ataques (e incluso amenazas) contra blogs, espacios informativos e individuos que no son parte de la plataforma periodística/bloguera estatal. Algunas de estas entidades  han sido acusadas de “ilegítimas” por informar una visión “contrarrevolucionaria”, cuando lo que han hecho es plantearse formas de revitalizar el concepto de Revolución; se les ha tildado de mercenarias, cuando lo que han procurado es tener una plataforma básica que les permita existir. ¿Cuál es tu opinión sobre esto? ¿Cuán necesario es repensar el concepto de legitimidad en este contexto?

VB: Los ataques y las amenazas contra este variado colectivo son, a mi parecer, la torpe y peligrosa respuesta de un sector, diría yo, superrevolucionario (en realidad, reaccionario y conservador) que utiliza la palabra Revolución más como escudo que como práctica, camuflando su único objetivo de autoconservación, mientras defienden un proyecto estático, cerrado e inmóvil. Otros, simplemente, no logran concebir un mundo que vaya más allá del bipolarismo de la Guerra Fría y que no esté formado por categorías dicotómicas que solamente permiten clasificar los hechos en revolucionario (lo conocido y seguro) y contrarrevolucionario (todo lo demás y potencialmente peligroso).

Desde el punto de vista institucional, respeto sin paliativos el derecho de un país a establecer sus leyes y a dictar lo que considere sea legal o ilegal. De igual manera, respeto el derecho del sistema político cubano de definir los marcos constitucionales y legales para regular los medios y el sistema informativo en su conjunto.

Sin embargo, la legalidad o la defensa de una medida no debería llevar a restarle importancia ni anular la legitimidad –que no es lo mismo que legalidad– de las aspiraciones de aquellos que decidan dejar de ser espectadores pasivos de los acontecimientos y quieran convertirse en partícipes activos en el desarrollo de los mismos, ejerciendo a su manera lo que consideren ser revolucionario o, simplemente, ciudadano.

Más allá de la necesidad de reformar la prensa estatal y tratar de independizarla del poder gubernamental para que sea realmente pública; creo que en una forma u otra estas aspiraciones deberían tener cabida en el proceso de reforma constitucional que se ha anunciado en el que podrían insertarse nuevas figuras jurídicas que, aún sin introducir la propiedad privada de los medios, puedan ampliar las categorías e insertar, por ejemplo, la idea de prensa cooperativa que podría ajuntarse a la estatal o social actualmente vigente. Una ley de medios (y no la prohibición) evitaría los abusos, exigiría la transparencia y fortalecería la protección del interés público. Hacer caso omiso de estas aspiraciones, intentar reiterar en el futuro el actual modelo de propiedad de la prensa y seguir condenando a los nuevos medios al vacío legal, no logrará frenar –sino impulsará– un proceso que considero ya indetenible.

MIA: El restablecimiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos no ha implicado un  abandono de proyecciones de asedio a la soberanía cubana, específicamente, de la mentalidad de “cambio de régimen” promovida por Estados Unidos. La Administración Trump, a todas luces, no va a marcar un cambio de paradigma en este sentido.  ¿Cómo lograr potenciar un periodismo y una blogosfera participativos, críticos y renovados, pero a la vez, responsables, dentro del contexto del ya tradicional acoso que vive Cuba en su relación con su vecino del Norte?

VB: Si por el lado de la institucionalidad cubana existe una evidente incapacidad de hacer frente, de manera constructiva, a este ímpetu participativo por las razones explicadas, considero que parte de la responsabilidad o, si se quiere, un gesto contundente (aunque caiga en oídos sordos) debería producirse a partir de este nuevo periodismo.

En primer lugar, si por un lado es cierto que el diferendo con Estados Unidos no lo explica todo y no puede ser tomado como justificación para errores propios, es también muy cierto que ningún análisis de la realidad cubana puede considerarse completo sin tomar en cuenta dicho diferendo. Confundir la aceptación de este hecho irrefutable con la reiteración de una propaganda oficial y tediosa de la cual hay que rehuir es, a mi parecer, una irresponsabilidad muy grave, más aún cuando procede de quienes intentan impulsar una agenda participativa, crítica, renovadora y, sobre todo, nacionalista.

En segundo lugar, en el tema más específico de los planes de financiamiento de proyectos para el “cambio de régimen”, la excepcionalidad cubana juega un papel crucial en la definición de este contexto. Creo que el estado de excepción o, si se quiere, de plaza sitiada, impone o sugiere que la defensa de la soberanía y de la independencia nacional debe ser un objetivo que no puede dejarse exclusivamente en manos de las autoridades, sino ser un principio que debería asumirse y defenderse en una forma contundente y clara.

Tener políticas de transparencia sobre los fondos que se empleen, manifestar rechazo hacia los proyectos que intenten vulnerar la soberanía nacional, asumir que existe una una línea roja entre lo que cabe en la soberanía y lo que intenta socavarla; más allá de una estrategia inteligente y necesaria para poder lograr cierto reconocimiento y aceptación por parte de las autoridades cubanas y la mejor respuesta que se les pueda dar al hostigamiento de los superrevolucionarios, es una cuestión de ética, coherencia y responsabilidad que no pueden eludir ni matizar quienes hoy quieran jugar un papel importante en la sociedad, criticar su realidad o proponer recetas para el futuro en la construcción de una república más inclusiva y participativa.

Entrevista publicada originariamente en Cuba Posible


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