Revista Psicología

Es Hiroshima

Por Gonzalo


Diez minutos después del despegue, el Enola Gay ya sobrevolaba Saipan y, volando a una velocidad aérea de 213 nudos (395 km por hora), ascendía a 1400 metros, la altitud inicial de vuelo durante la primera etapa del viaje de seis horas, tres horas al noroeste hacia Iwo Jima.

Dos minutos antes, aproximadamente en el momento en que el artillero de cola Bob Caron probaba sus cañones, Parsons y su ayudante Morris Jeppson, tras obtener permiso de Tibbets, se dirigieron hasta la bodega de bombas.

Es Hiroshima

Parsons bajó por la escotilla del suelo y se metió con dificultad en el reducido espacio que había tras la cola de Little Boy para comenzar la delicada tarea de armar la bomba. Con la única ayuda de llaves inglesas y de un destornillador, tuvo que sacar toda una serie de cubiertas protectoras para luego insertar una carga explosiva.

Una vez activada, la carga propulsaría una bala de uranio por el tubo del cañon hasta el interior de los anillos de uranio colocados en el morro de la bomba, a fin de obtener la masa crítica necesaria para iniciar la reacción en cadena explosiva.

Es Hiroshima

Little boy

Jeppson lo iluminaba desde arriba con una linterna y Parsons trabajaba rápidamente en el espacio reducido, frío y despresurizado de la bodega de bombas, intentando no cortarse con las afiladas cubiertas de acero, como había hecho durante las prácticas.

Mientras Parsons trabajaba, Jeppson le iba explicando los progresos de su compañero a Tibbets por el interfono, y Tibbets a su vez informaba a Tinian desde su radio de baja frecuencia. Al cabo de tan sólo veinticinco minutos, Jeppson comunicó que había terminado su tarea. Debido a interferencias estáticas Tibbets no pudo transmitir su mensaje final a Tinian, pero según recordó, “Parsons iba tan deprisa que no dudaron de su éxito”.

Parsons colocó tres clavijas de seguridad de color verde, que después tendría que reemplazar con tres clavijas de activación rojas para desbloquear los circuitos de fusibles de la bomba; luego los monitorizó cuidadosamente empleando un banco de equipo electrónico. A partir de entonces, la detonación de la bomba dependería de una serie de disparadores.

El disparador principal era una especie de fusible de proximidad, una sencilla unidad de radar incorporada a la bomba que activaba un interruptor que dispararía la carga explosiva cuando la bomba cayera a una altitud predeterminada de unos 600 metros sobre el suelo.

El segundo disparador consistía en relojes activados de forma mecánica en el momento de lanzar la bomba, que retrasaban la detonación durante al menos quince segundos a partir de entonces.

Finalmente, se había instalado un interruptor de presión barométrica que no se activaría hasta que la presión del aire hubiera alcanzado la presión habitual a un máximo de 2000 metros sobre el suelo.

Ambos sistemas de seguridad proporcionarían cierta protección al avión si el sistema principal se activaba demasiado pronto por cualquier motivo. Los tres sistemas de activación contaban con duplicados para prevenir el fallo de cualquier dispositivo individual.

Tibbets se puso en contacto con el avión que transportaba a los científicos y sus instrumentos y después con el avión fotográfico. Tras recibir confirmación de que todo iba bien a bordo, hizo un rápido recorrido de inspección del Enola Gay, arrastrándose por el túnel de comunicación para hablar con Caron y con otros tripulantes.

Satisfecho de que todo funcionara como estaba previsto, y “habiendo dormido muy poco en las últimas cuarenta y ocho horas”, se dio cuenta de que “los nervios” lo mantenían en pie, de modo que, acomodándose lo mejor que pudo en su asiento con ayuda de su chaleco salvavidas y de su paracaídas, Tíbbets durmió alrededor de una hora.

El copiloto Bob Lewis comió algo sin dejar de vigilar el panel de instrumentos con luces verdes y el piloto automático, conocido en aquel y en otros aviones como George.

Iwo Jima no tardó   en estar a la vista; según el diario de a bordo oficial, llegaron allí a las 5:55 de la mañana, hora de Tinian. En la suave luz rosada del amanecer, Tibbets dio vueltas alrededor de la cumbre más alta de la isla, el monte Suribachi, de 2790 metros de altura, para que los aviones que transportaban los instrumentos y las cámaras pudieran acercarse en formación.

Cuando salieron de Iwo Jima a las 6:07 de la mañana todavía eran tres los posibles objetivos: El objetivo principal, Hiroshima, y los objetivos secundarios, Kokura o Nagasaki.

La opción definitiva dependería de los informes de los tres aviones meteorológicos que habían salido de Tinian alrededor de una hora antes que el Enola Gay, cada uno en dirección a una de las tres ciudades.

A las 7:30 de la mañana Deak Pasons y Jeppson volvieron a la bodega de bombas y sacaron con cuidado todas las clavijas verdes de seguridad, insertando en su lugar las clavijas rojas que activaban las baterías internas de Little Boy.

Bob Lewis, que tomaba algunas anotaciones autorizadas para un periodista del New York Times, escribió: “Ahora la bomba está viva. Es una sensación extraña, saber que está justo detrás de nosotros. Toquemos madera”.

Le preocupaba que la bomba pudiera estallar si el tiempo empeoraba, o si entraban en una zona de turbulencias. Tibbets, según dijo, de calmó fumando su pipa “con algo más de intensidad que de costumbre”, mientras el Enola Gay ascendía lentamente hasta alcanzar la altitud de bombardeo de 9350 metros.

Justo después de las ocho en hora de Tinian, las siete en hora japonesa, Straight Flush, el avión meteorológico asignado a Hiroshima y pilotado por Claude Eatherly, se dirigió hacia la ciudad.

El avión se acercaba dando fuertes sacudidas a través de la cubierta de nubes, pero entonces, directamente encima de la ciudad, apareció un gran claro a través del cual se podía ver Hiroshima iluminada por los rayos de sol. A petición de Eatherly, su radiotelegrafista envió una señal compuesta por los números y las letras “Q-3, B-2, C-1″.

A bordo del Enola Gay, el joven radiotelegrafista Dick Nelson captó la transmisión, la descodificó y comunicó el resultado a Tibbets. La cubierta de nubes tenían un espesor de menos de tres décimas partes en todas las latitudes.

“Aconsejan bombardear el objetivo principal”.  Tibbets recordó después que <a través del interfono comuniqué a los miembros de nuestra tripulación: “Es Hiroshima”>

Fuente:  ANTES DE HIROSHIMA   de Marie Curie a la bomba atómica  (Diana Preston)


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