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Esquinas terminales, por Ivan Dessau

Publicado el 05 enero 2012 por Amo Descubrir Canciones @adcanciones
Esquinas terminales, por Ivan Dessau
Mi primer despedida fue perfecta. Yo tenía 16 y vos 19. Estábamos en la terminal de ómnibus de Puerto Madryn.
Vos subida al micro, mirándome desde la ventana.
Yo, agitándote un ridículo pañuelo para hacerte reír.
En tu mirada estaba todo: amor, nostalgia, complicidad, resignación, hasta agradecimiento. Una mirada poética, que aceptaba el fin de las cosas con alegría. Porque vivíamos en distintas ciudades, y con bastante lucidez para la edad, no creíamos en los amores a distancia.
Por eso fue perfecta. Porque desde el principio supimos que era inevitable.
Después de semejante debut, era lógico que mis siguientes despedidas fueran todas barranca abajo. Viví muchas, o al menos suficientes como para afirmarlo. Convertí la despedida en un arte, y a cada esquina de la ciudad en mi propia terminal.
Como la de Díaz Vélez y Bulnes. Donde a las 3 de la mañana, sin un alma en la calle, apareció un taxi justo en el momento en que dijiste chau, como si hubiera escuchado todo detrás de un farol.
O la de Fitz Roy y Santa Fe. Llorabas y pasaban los colectivos, con la gente mirándote a vos con compasión y a mí con desprecio.
También recuerdo la de Defensa y Alsina. Ahí las lágrimas fueron mías, viendo cómo te ibas hacia Belgrano, deseando que te dieras vuelta al menos una vez antes de desaparecer para siempre.
La cuestión es que empecé a cansarme de estas escenas. Quisiera despedirme de las despedidas. Pero mis esfuerzos son inútiles, la esquina siempre aparece, y si hay algo que sobra en esta ciudad, son esquinas. Sólo me queda el poco envidiable orgullo de considerarme un coleccionista de despedidas. Y como todo gran coleccionista, cada vez quiero más a la primera.
En cosas como estas pienso mientras camino por Almagro. Llegando a Guardia Vieja y Medrano, algo me desconcentra. Es un micro enorme, un poco vetusto, con un cartelito que dice Puerto Madryn-Buenos Aires.
Frena delante de mí.
Abre sus puertas como un telón.
Y aparecés vos.
Igual que como hace 14 años. Linda, poética. Aunque tu mirada ya no tiene esa dulce resignación. No se bien qué tiene. No tengo tiempo de adivinarlo porque enseguida empezás a hablar.
-Volví. Ya no nos vamos a despedir más.
Me fui corriendo hasta Córdoba y frené el primer taxi que vi.

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