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Estanys de Graugés, el humedal artificial del Berguedà

Publicado el 22 septiembre 2016 por Santimb @SantiMBPhotos

Tiempo de lectura estimado: 11 minutos

Los ríos son fuente de vida y de progreso. Desde la antigüedad sus aguas han regado nuestros campos y han ayudado al desarrollo industrial, primero moviendo molinos y luego moviendo las máquinas de las fábricas. El río Llobregat ha sido uno de los más significativos en el desarrollo industrial de Catalunya. Son conocidas las colonias textiles instaladas en su cuenca en el siglo XIX y que estuvieron operativas hasta bien entrado el XX. Los Rosal eran unos emprendedores originarios de Berga que crearon a mediados del siglo XIX la colonia Rosal cerca de Berga. Se trataba de una colonia textil que llegó a tener 1.200 empleados, y que hoy en día es el pueblo de Cal Rosal. A finales del siglo XIX se atrevieron con la industria agropecuaria y fundaron la colonia agrícola de Graugés, con viviendas para los trabajadores, dos escuelas, granjas, maquinaria diversa, un sistema de recogida y reciclaje de estiércol, y hasta una línea de ferrocarril para comunicar todo el complejo, destacando por el gran nivel tecnológico aplicado a todas las tareas del campo. Tres cuartas partes del terreno se dedicó al cultivo regadío cuando toda la zona era de secano. Esto se consiguió gracias a la construcción de un sistema de balsas que recibían aguas del Llobregat y de las rieras de Avià y de Fontcaldes mediante un sistema de canalización sin precedentes en la zona. Hoy en día ha cesado la actividad de la colonia de Graugés, que se ha convertido en un pequeño núcleo de población dependiente de Avià, y la naturaleza se ha encargado de asimilar las balsas convirtiéndolas en lagos, los Estanys de Graugés.

Estanys de Graugés, el humedal artificial del Berguedà

Para visitar los Estanys de Graugés podemos hacerlo desde Avià, para así de paso disfrutar de todo el entorno rural de esta zona de la comarca del Berguedà, al norte de Barcelona. El circuito que propongo aquí es circular, de unos 7,5km y prácticamente plano. Empieza y acaba frente al Ateneo de Avià, frente al cual hay una parada de autobús de la línea de Berga y un aparcamiento donde podemos dejar el coche. Podemos realizar este itinerario en compañía de niños, que lo pueden pasar muy bien, y no hace falta un equipamiento especial, ya que casi todo él transcurre por pistas y carreteras locales. Sólo vigilar el tráfico de vehículos, y en verano llevar agua porque puede hacer bastante calor al sol. Yo el recorrido lo realicé en invierno y resultó bastante agradable, siendo más un paseo que una ruta.

Hayamos llegado en autobús o en coche, nos encontramos frente al edificio del Ateneu d'Avià, y empezamos nuestro itinerario bajando por esta misma calle, la Avinguda de Pau Casals, en dirección SE dejando el ateneo a nuestra izquierda. A nuestra derecha se pueden ver los campos del Berguedà, que en invierno están recien labrados. Uno de mis retos fotográficos es poder captar el frío matutino del invierno, esa especie de bruma ligera que cubre el terreno de buena mañana antes de que lo empiece a calentar el sol.

Estamos entrando en una zona de reciente urbanización en Avià, donde hay muchas casas en construcción, alguna de ellas interrumpida por la crisis del ladrillo, y también calles que no llevan a ninguna parte, a los campos recien labrados.

La calle, que ahora se llama Avinguda d'Antoni Gaudí, sigue en ligero descenso, y sobre el medio kilómetro recorrido empieza a trazar un amplio giro a la izquierda, acabando en una pequeña plaza. Pasamos recto la plaza y tomamos la calle del fondo que tuerce ligeramente a la derecha. Es el Camí de Santa Maria, y como su nombre indica, nos lleva a la iglesia de Santa Maria d'Avià. Cada vez hay menos casas, y sobre el kilómetro de recorrido dejamos atrás el casco urbano de Avià.

Tras atravesar un pequeño bosque, ante nosotros aparece Santa Maria d'Avià entre campos con el cereal brotando en esta época del año (enero).

La pequeña iglesia románica de Santa Maria d'Avià fue levantada a mediados del siglo XII. Fue parroquia independiente desde el 1312, pero posteriormente fue absorbida por Sant Martí d'Avià, la iglesia principal de Avià. Aquí una vista del fronta y de la puerta, con la Serra de Queralt al fondo.

Durante la Guerra Civil del 36 fue casi totalmente destruida, y se reconstruyó en 1973, siendo reabierta al culto ese mismo año. No sé apreciar en ella qué es reconstruido y qué es original.

Seguimos por el camino para contemplar la parte trasera de la iglesia con su sencillo ábside semicircular. Un árbol parece hacerle una reverencia. Un perro de la masía de al lado nos ha seguido unos metros.

Un poco más adelante, al otro lado del camino, hay una era con troncos apilados desde donde tomo una foto de Avià.

En uno de los árboles pelados de al lado veo posarse una enorme paloma torcaz (son más grandes que las palomas urbanas que conocemos todos) con una ramita en el pico. Quizás estaba construyendo el nido, aunque un poco prematura.

Seguimos el camino y resulta inevitable ir volviendo la mirada atrás para ver Santa Maria d'Avià desde otros ángulos y con otros fondos, aquí con la cima de Sant Salvador oculta por las nubes.

Sobre el kilómetro 1,7 llegamos a un cruce de caminos. Nosotros continuamos por nuestra derecha hasta que pasado el cruce el camino se bifurca. Tomamos el de la izquierda, que parece peor pavimentado y que sube ligeramente en dirección a unos campos, dejando el que parece más principal. Este camino va al Camping Serrat Roig, y el de la derecha es el Camí de Graugés. A la que hemos avanzado unos metros y nos encontramos en campo abierto, es un buen momento para mirar atrás y contemplar la Serra de Queralt.

A la altura del kilómetro 2,2 pasamos por delante de una granja. Poco antes de llegar pasamos por delante de unas pilas de balas de paja, y el conjunto con el paisaje de fondo me inspira a tomar una foto, que ni buena ni mala, a mí me encanta.

A partir de aquí el track de Wikiloc indica seguir por la pista, que es lo que hice yo, pero lo correcto es salir de la pista, pasar por delante de la granja y coger un estrecho sendero que nos llevará de nuevo al Camí de Graugés, el camino que no tomamos en el cruce anterior. La granja está bastante destartalada, aunque cuando yo pasé habría ovejas y unos granjeros cuidando de unos corderitos recien nacidos. El que sí pareceía abandonado era un viejo tractor casi al princpio del sendero.

Por este tortuoso pero para nada difícil atajo se descienden unos 20 metros de desnivel, y en nada llegamos al Camí de Graugés, el camino principal que va de Avià a Graugès pasando por Santa Maria y del que hemos hecho un buen tramo. A lo lejos a nuestra derecha, más allá de unos campos, está la masía de Cal Torrentbó. Hay muchas masías diseminadas por esta zona del Berguedà.

En nada ya hemos llegado a Graugés, la antigua colonia agrícola de los Rosal. Llevamos recorridos unos 2,9 kilómetros. Continuamos por la pista, ahora calle, y en nada vemos el primero de los Estanys de Graugés, el llamado Estanyola de les Escoles, porque está frente a las antiguas escuelas para los hijos de los trabajadores de la colonia.

Esta es la balsa pequeña de los Estanys de Graugés, y resulta relajante contemplarla y pasear a su alrededor. En sus aguas podemos ver nadando algunas parejas de ánades reales. Supongo que en primavera y verano es posible ver otras especies.

Caminamos por la orilla del estaque siguiendo la calle, y al llegar a la esquina seguimos rodeándolo por la derecha. Así se puede ver desde aquí l'Estanyola de les Escoles con la Serra de Queralt de fondo.

El estanque está algo elevado sobre el nivel de la calle, y al llegar al final volvemos a la calle bajando unas escaleras. Esta calle es la Carretera de Graugés y pasa por delante de unas casas de gente con cierto poder adquisitivo. Al otro lado el sol, que había estado parcialmente tapado por las nubes, empezaba a iluminar los brotes de cereal de los campos.

Seguimos por esta calle, y sobre el kilómetro 3,4, una vez pasadas estas grandes casas, nos desviamosa la derecha para entrar en la colonia agrícola de Graugés propiamente dicha, o más bien lo que queda de ella, que son las naves y edificios dedicados a la producción. Una vez dentro del recinto pasamos por la derecha de un bar en dirección al Estany de Graugés, al que accedemos subiendo unos pocos peldaños y pasando una verja de hierro. La visión del lago te deja parado.

Creo que en verano tiene que estar más lleno de gente este lugar que en invierno, y los árboles más poblados y verdes. Hacia la izquierda se puede caminar unos metros por la orilla hasta llegar a un muro a partir del cual ya no se puede seguir. Algún pato se nos acerca a curiosear.

Volvemos al punto anterior donde hay una buena vista del lago y las montañas de la Serra de Queralt de fondo, y hacemos una panorámica con el modo de Panorámica de la cámara. Me encanta el azul del cielo en invierno.

Proseguimos por la derecha por un sendero que rodea el lago. El primer tramo rodea un estrecho entrante del lago con una frondosa vegetación de ribera. Hay algún panel informativo que nos muestra la fauna que podemos encontrar en la zona. Una mirada al lago desde este punto.

Tras rodear esa punta del lago, el camino asciende un poco hacia un claro, y nos encontramos el sol de cara, de manera que su luz atraviesa las pocas hojas que quedan en los árboles (te recuerdo que fui en invierno) y da al conjunto un aire diferente.

A la derecha, en el claro, de vez en cuando alguna ráfaga de viento arranca de los árboles alguna hoja que aún no había caído. Al fondo la masía de Cal Torrentbó.

Sobre el kilómetro 4,2 llegamos a un punto desde el que nos podemos acercar a la orilla misma del lago. Alguien ha dejado una caña de pescar. No sé si está permitido.

¿He dicho ya que me encanta el azul del cielo en invierno?

Curiosas las tortuosas formas de las ramas de este plátano, sólo visibles ahora que tiene pocas hojas. Editanto esta foto me he dado cuenta de que en las ramas hay algunos hilos de pescar enredados (se pueden ver ampliando), seguramente por un mal lanzamiento de anzuelo.

De vuelta al camino nos encontramos con otro panel informativo. Este panel es más interactivo, ya que nos muestra una serie de pájaros, y al pulsar los botones podemos oir su canto saliendo de un altavoz en lo alto de una rama, como si realmente estuviera ahí. Allí mismo por fin puedo capturar la caída de una hoja, tras ver muchas caer por el viento y no poder fotografiar ninguna.

Sobre el kilómetro 4,5 nos acercamos de nuevo al lago para contemplarlo por última vez, ya que estamos cerca del final del camino que lo rodea. Desde aquí se puede apreciar algo el fondo del lago. La profundidad máxima es de 6 metros cuando al principio era de 18. La acumulación de sedimentos ha ido reduciendo la profundidad.

Tras pasar una verja que nos deja fuera del recinto nos encontramos con tres caminos. Tomamos el que sale por la derecha, con ligera pendiente. Un roble solitario espera a que pasemos por su lado.

Continuamos por este camino de carro. Detrás nuestro quedan los Estanys de Graugés.

Sin darnos cuenta también estamos rodeando Cal Torrentbó, que ya la hemos visto desde casi todos los lados.

A la altura del kilómetro 5 llegamos a una bifurcación. El camino continúa por la derecha hacia la carretera, pero nosotros seguimos por el de la izquierda, que parece el menos transitado. Este camino conduce a la masía de Cal Bep Nou sin tener que salir a la carretera. Seguimos por este camino, que una ver hemos avistado de nuevo la carretera por la derecha traza una curva a la izquierda como rodeando la propiedad. El camino toma ahora dirección a Cal Bep Vell.

Esta red de caminos comunica todas las masías de la zona. Más adelante, antes de llegar a Cal Bep Vell llegamos al cruce que lleva a Lluent d'Avià.

A partir de aquí el camino ya tiene poco interés. Una vez pasamos por delante de Cal Bep Vell, el camino empieza a subir en dirección a Avià, pasando por Cal Tana y Cal Barranc, y yendo a parar al final de la curva de la Avinguda d'Antoni Gaudí antes del llegar al Camí de Santa Maria. Luego a partir de ahí continuamos hasta el punto de partida, pero al pasar cerca de la iglesia de Sant Martí d'Avià nos desviamos hacia ella y subimos por la calle que hay a la izquierda de la iglesia, el Carrer del Pedró, que lleva a la plaza del mismo nombre. En dicha plaza hay una réplica de la fuente de Canaletes de Barcelona (casualmente frente a una peña del Barça), y a la derecha hay un parque infantil.

Como se puede ver, al fondo hay como un mirador que ofrece unas magníficas vistas del Berguedà.

Desde la Plaça del Pedró bajamos de nuevo a la Avinguda d'Antoni Gaudí, pero no por la iglesia por donde hemos venido sino directos. Ahora, antes de finalizar este recorrido, cuando pasemos por delante del Ateneu d'Avià podemos cruzar la plaza y situarnos detrás del ateneo para observar otra vista diferente del Berguedà, aunque lo ideal es subir al Tossal, en lo alto del parque.

En primer término vemos el núcleo de la Creu de Baix, detrás Sant Bartomeu de la Valldan y Berga bajo el castillo medieval de Sant Ferran. La Serra del Catllaràs asoma por entre las nubes.

Y hasta aquí este fácil recorrido por el Berguedà, que como he dicho al principio, es más bien un largo paseo que no una excursión de montaña. Si te decides a hacerlo en otra época del año que no sea invierno me gustaría que me comentaras aquí las diferencias.

Cómo llegar a los Estanys de Graugés


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