Revista Sociedad

Europa y América: migración y falta de reciprocidad ante el silencio cómplice de los gobiernos latinoamericanos.

Publicado el 24 junio 2011 por Ricardoz @RicardZu

En estos días que la mayoría se asombra por las leyes migratorias aprobadas en Arizona quiero desviar la atención hacia Europa y su guerra antimigratoria.

Hasta el año 1965, América Latina recibió millones de inmigrantes desde Europa. Países como España, Italia, Alemania, Francia, Croacia, Polonia e Inglaterra entre otros, aportaron parte importante de la actual población del territorio de lo que hoy llamamos América Latina. Los principales receptores de estas migraciones fueron: Argentina, México, Brasil, Venezuela, Uruguay y en menor medida Chile, Colombia, Perú y los demás países del continente.

La recepción de los inmigrantes tuvo diferentes grados de aceptación en cada país y distintos grados de apoyo estatal. Desde la subvención hasta la indiferencia, pero en todos los casos se les permitió entrar, trabajar legalmente y vivir en plena libertad en los países receptores sin mayores trámites. El que quería trabajar, que lo hiciera, ese era más o menos el principio. En ese proceso llamado "de las Grandes Migraciones" no hubo ilegales ni indocumentados.

El abuelo de mi madre llegó junto a su hermano menor al puerto de Valparaíso en las bodegas de un barco carguero, como muchos. No traía documentación alguna. Su única propiedad era la ropa que llevaban encima y una caja de galletas de la que alimentaron durante la travesía. Cuando bajaron en Valparaíso en aduana no los devolvieron a su origen, ni los arrestaron, pasaron a ser parte de la masa de obreros que buscaban trabajo en las calles de las ciudades de América. Su documentación daba por cierta, sin más, el nombre que él y su hermano declararon. Al cabo de unos años ya eran tan chilenos como cualquiera, como yo.

Hoy, cuando la situación se ha invertido (no sabemos por cuanto tiempo) y la economía de Europa se presenta (¿o se presentaba?) más bondadosa con el ciudadano que en de América Latina, la disposición de Europa es muy distinta a la que tuvieron los países americanos.

Xenofobia, extrema burocracia, penalización y un utilitarismo ajeno a los derechos del ser humano. Ya no cuenta la búsqueda de la felicidad, la libertad de desplazamiento, o la igualdad para todos los trabajadores. Sólo cuenta el papel que traes. Dónde naciste o qué idioma hablas. Algunos gobiernos como los de Francia y Dinamarca están dispuestos incluso a terminar con uno de los pilares de la Unión Europea, el tratado de Schengen, con tal de detener los flujos migratorios.

En los últimos años varios países de Europa han convertido en delito penado con la cárcel una situación que en estricto rigor es sólo una falta administrativa. Un español, un italiano o un francés tienen derecho a olvidar su documento de identidad en casa sin que nada les haga temer por su integridad física o su derecho a la justicia. Un inmigrante en esos países puede llegar a estar varios meses preso por ese mismo olvido, como ya ha sucedido.

¿Cómo se explican estas diferencias e injusticias? Pues hace poco Alain Touraine lo decía claramente: la única fuerza que recorre Europa es la xenofobia.

Y ante esta corriente de prejuicios, desprecio e incumplimiento de los DD.HH. los países de América Latina callan. Sólo Brasil ha hecho algunos gestos como devolver viajantes españoles cuando este país ha hecho lo mismo con brasileños, pero nada formal y nada directo. Se deja que los países del norte continúen con sus políticas cada vez más restrictivas sin reaccionar, sin defender principios que América Latina ha respetado desde 1810.


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