Revista Cultura y Ocio

Fatalidad y fútbol en Ibrox Park

Por Francisco Lobato

Continuamos con un nuevo episodio de nuestro serial dedicado a recordar las tragedias que conmocionaron el fútbol y la opinión pública británica durante el pasado siglo XX. Tras nuestros relatos de los dramáticos acontecimientos del estadio de Hillsborough en Sheffield y del Valley Parade en Bradford, viajamos desde Inglaterra a Escocia, concretamente a Glasgow, para indagar en la historia negra de Ibrox Park, un estadio marcado por el infortunio y la desgracia, que vio como hasta en dos ocasiones la adversidad cubrió de fatalidad sus gradas y marcó la memoria colectiva de la ciudad para siempre.

Inaugurado en 1899, Ibrox Park es el hogar del Rangers Football Club, la secuela refundada del popular Glasgow Rangers que, a causa de su bancarrota, sufrió un descenso administrativo a la Scottish Third Division, cuarta división escocesa, donde jugaría la temporada 2012/13. Tras 3 ascensos en cuatro años, retornaría a la Scottish Premiership, primera división, en la temporada 2016/17 y con él, el ansiado Old firm. Inicialmente, hablamos de la década de 1870's (no olvidemos que el Rangers data de febrero de 1872), donde tras un periplo por distintos campos de Glasgow, el Rangers se asentaría en unos terrenos de Kinning Park, que abandonaría al poco tiempo para buscar un lugar mejor en el que construir un campo de más capacidad, Ibrox Park. En un primer momento se construyó un estadio en 1887 que pronto se quedaría pequeño, provocando la edificación de uno nuevo, aledaño al antiguo que, como ya hemos indicado, se estrenaría en diciembre de 1899, doce años después, y con una capacidad aproximada de 75.000 espectadores.


Las motivaciones para contar con un coliseo de grandes dimensiones iban más allá de la propia demanda de aficionados, el hecho de que el Celtic ya contara en 1892 con un estadio como el Celtic Park, con un aforo con capacidad para más de 45.000 almas, impedía a los Rangers competir en la organización de finales de la Copa Escocesa y, sobre todo, partidos internacionales, principalmente los Escocia - Inglaterra, que suponían suculentos ingresos para los anfitriones y que desde 1894 se estaban disputando en el terreno del club católico.

Apenas tres años después de su puesta en funcionamiento, en 1902, Ibrox Park, acogería su primer y, a la postre, funesto duelo internacional, una vez que la Asociación Escocesa de Fútbol (SFA) designó al estadio como sede de un Escocia - Inglaterra correspondiente a la British Home Championship. En los años en los que no existían mundiales de fútbol, ni eurocopas y en los que el balompié ni tan siquiera era deporte olímpico, ya se disputaba este campeonato de forma habitual entre las cuatro federaciones de Reino Unido: Inglaterra, Irlanda, Gales y Escocia. Se trata del torneo internacional más antiguo del fútbol mundial, disputado desde la temporada 1883/84. Resulta curioso el hecho de que inicialmente no existiese ni unanimidad en las reglas del juego, normalmente se jugaba con las del equipo local, hasta la creación de International Football Association Board (IFAB), quien unificaría criterios y establecería las bases de una reglamentación común. A nivel histórico cabe destacar que, a pesar de la división de Irlanda en mayo de 1921, y la independencia de una parte de la isla de la corona británica, la participación de la federación irlandesa sería efectiva hasta 1950, momento en que abandonaría el torneo en favor de la selección de Irlanda de Norte, casualmente (o no) la última ganadora de este torneo extinto en 1894.


Nos ubicamos pues en el Escocia - Inglaterra de las 15:30h del sábado 5 de abril de 1902 en Ibrox, histórico partido por ser el primero en contar con 22 jugadores profesionales en el campo. Con una afluencia de en torno a 68.000 espectadores daría comienzo un partido que quedaría estigmatizado para siempre, pues a los 30 minutos (también hay quien lo sitúa en el minuto 51 de partido) del comienzo, la grada oeste conocida como West Tribune Stand colapsaría. Una serie de juntas de la parte superior del graderío cederían provocando un agujero de aproximadamente 20m de largo, con una caída de 12m por la que se despeñaron varios cientos de personas, concretamente se estimó que el número oscilaría entre 200 y 300. Las causas que originaron el derrumbe no están demasiado claras y como es de prever, las teorías que intentaron dar una explicación han sido de lo más variopintas. Al parecer ya se habían realizado estudios que afirmaban la existencia de oscilaciones en la estructura, también se pensó que pudieron tener impacto las fuertes lluvias sufridas durante las horas anteriores al duelo, incluso se habló de que el desplome pudo venir de un movimiento al unísono de los espectadores allí ubicados al ver una jugada del local Bobby Templeton, lo que acabaría con el hundimiento de la sección.

La escenas dramáticas que se vivieron en los momentos posteriores las podemos imaginar, los que más suerte tuvieron y no se vieron afectados intentaron huir saltando al césped, los que peor suerte corrieron acabaron golpeándose contra suelo, aplastados por una marabunta de heridos agolpados unos encima de otros, hubo incluso quienes quedaron suspendidos entre las vigas, literalmente colgados en la altura. Pronto se certificaría la defunción de 2 personas, número que ascendería en los días posteriores a 25, sin olvidar los más de 500 heridos. Cuentan las crónicas, como en el caos del momento, los allí presentes se las ingeniaron para construir camillas a partir de los escombros de madera y metal que se habían desprendido, intentando desalojar a los afectados, cuyo número desorbitado provocó que los servicios médicos de la ciudad se vieran desbordados, tanto es así que los calabozos de la cercana comisaría de policía de Govan hicieron las veces de salas de emergencia, es más, se llegó a usar las equipaciones de los jugadores como vendajes.


En lo dramático de la situación el árbitro del partido pensó que lo mejor sería seguir jugando y el partido se reanudó tras un receso para recuperar un poco la calma. Puede parecer una decisión exenta de humanidad y sensibilidad, contraria incluso a la opinión de muchos jugadores, quienes querían suspenderlo, pero las razones argumentadas por el irlandés James Torrans (así se llamaba el señor colegiado) tienen toda la lógica del mundo. Y es que el temor residía ahora en que el hecho de finalizar el encuentro provocaría un desalojo de aficionados que obstaculizaría las ya complicadas labores de atención a los heridos y, probablemente, ayudaría a la creación de un estado de histeria colectiva poco aconsejable dada la gravedad de la situación.

El partido finalizaría con empate a uno, aunque con muy buen criterio, el resultado fue anulado tras un acuerdo entre las federaciones inglesa y escocesa, volviéndose a disputar semanas después, el 3 de mayo, en el Villa Park de Birmingham, acabando con empate a 2 y donando lo recaudado a un fondo de ayuda a las víctimas, quienes también recibirían el apoyo de Celtic y Rangers, quienes organizarían un partido amistoso de carácter benéfico con el Blackburn Rovers para recaudar dinero con el que ayudar a los afectados del incidente.

Como ya venimos viendo en esta serie de artículos relacionados con las tragedias en los campos de fútbol británicos, cuando llega la hora de la verdad, el momento de buscar explicaciones y culpables, la responsabilidad comienza a difuminarse y nunca nadie acaba realmente señalado o castigado con claridad. En este caso tanto la SFA como el Rangers salieron ilesos, nadie presentó cargos en su contra; tampoco contra Archibald Leitch, el arquitecto escocés aficionado del Rangers que accedería a realizar el diseño de la tribuna de forma gratuita. Sí, en cambio, se presentaron cargos contra Alexander McDougall, el comerciante maderero que había proporcionado la madera para la construcción de la grada. al que se acusó de homicidio involuntario, y al que se le reprochaba el uso de pino amarillo en detrimento del pino rojo exigido en su momento tanto por el Rangers como por el propio Leitch. La acusación no llegaría a ninguna parte y McDougall acabaría absuelto.


La dirección del Rangers decidió en aquel momento poner cartas en el asunto y se apresuró a priorizar la inversión económica en la remodelación de su estadio, que eliminó las estructuras de madera de sus gradas y disminuyó a 25.000 espectadores el aforo de su estadio. Los esfuerzos monetarios por adecentar Ibrox obligaron a dejar en un segundo plano la faceta estrictamente deportiva, lo que supuso una depreciación del equipo que afectó a su palmarés de forma preocupante, si bien aquella liga de la temporada 1901/02 había caído del lado de los Gers, en las siguientes 8 temporadas Hibernian (1902/03), Third Lanark (1903/04) y Celtic (1904/05 - 1909/10) se alzarían campeones de la competición. Habría que esperar hasta la campaña 1910/11 para ver al Rangers en lo más alto de la clasificación, poniendo fin, de paso, a la dolorosa racha de 6 títulos consecutivos de los Bhoys y contando ya, desde 1910, con una coliseo con capacidad para 63.000, tras las obras realizadas con el diseño, una vez más, de Archibald Leitch.

La adaptación de Ibrox Park a los nuevos tiempos provocaría varias reformas en los años posteriores, como la construcción, también de la mano de Leitch, de una nueva tribuna principal en 1928, previa demolición de la anterior, datada de 1899. Esta nueva tribuna con su emblemática fachada de ladrillo rojo, fue inaugurada el 1 de enero de 1.929 y contaba con una capacidad para 10.000 espectadores sentados, además de una cubierta que protegía a los aficionados del intempestivo clima escocés. Las nuevas obras, con las consecuentes ampliaciones, permitieron la mayor asistencia de la historia a un partido de fútbol en Reino Unido (hasta aquel momento), fue en el Old Firm disputado el 2 de enero de 1939, con un total de 118.567 asistentes al envite. Pero tras nuevas modernizaciones del estadio, incluida la instalación de luz artificial en 1953, la capacidad se vería reducida a unas 80.000 personas para poder cumplir con los reglamentos de seguridad, cada vez más necesarios aunque aún insuficientes.


El hecho de que las medidas de seguridad adoptadas por el Rangers no eran lo bastante eficaces se vio reflejado el 16 de septiembre de 1961 cuando, tras la finalización con empate a dos goles de un partido entre Celtic y Rangers, dos personas, George Nelson y Thomas Thomson, morirían aplastadas entre la multitud, y otras 70 resultarían heridas en la conocida Stairway 13 (Escalera 13), que ya comenzaba a mostrar indicios muy serios de su peligrosidad. A pesar de los intentos del club de mejorar esta salida, altamente transitada dada su cercanía a la estación de metro de Copland, dos nuevos incidentes hicieron saltar las alarmas, el primero en septiembre de 1967, donde 8 aficionados resultaron heridos y el segundo, el 2 de enero de 1969, cuando, nuevamente a la conclusión de un Old Firm, 24 personas necesitaron atención hospitalaria. Por fortuna ningún muerto que lamentar.

Pero los esfuerzos de convertir en seguros los accesos a Ibrox y de mejorar el tránsito fueron baldíos, justamente dos años después del último percance de gravedad, el 2 de enero de 1971, en las postrimerías de un choque entre... ¿lo adivinan? sí, Celtic y Rangers, los peores presagios se tornarían en una realidad mortal. Aunque pueda parecer casualidad, la coincidencia de fechas no lo es tanto, pues históricamente la liga escocesa fijaba un Old Firm para la primera fecha de enero, pero dado que el día 1 era demasiado manifiesto el caos callejero producido por el ingente consumo de alcohol de Nochevieja, la autoridades optaron por retrasar 24 horas el partido y asegurar un poco mejor el orden civil.


Pero, ¿qué pasó aquel segundo día de 1971? Una de las versiones de lo ocurrido aquel día cuenta como en el último minuto del partido, un gol del equipo visitante, obra de Jimmy Johnstone, desharía el empate a 0 con el que había transcurrido todo el partido. Esto provocó la desdicha de los aficionados locales, que atisbando una derrota de su equipo comenzaron a abandonar en masa el estadio y a colapsar la Escalera 13; pero en el descuento, el Rangers lograría el empate a 1 por mediación de Colin Stein, lo cual desató la locura y la alegría del graderío. Mientras tanto, en la Escalera 13 se comenzaban a vivir instantes de angustia y dolor, el colapso era total y la gente comenzaba a morir ahogada por aplastamiento, el siniestro se estaba gestando y el número de fallecidos empezaba a subir de manera dramática.

Lo cierto y verdad es que no ha habido un consenso total que exponga de forma convincente la veracidad de los hechos allí acaecidos. En un primer momento cobró vida la versión de que al oír la algarabía del gol de Stein, algunos de los que abandonaban el estadio cambiaron el sentido de la marcha para volver al campo, chocando unos con otros y cayendo a los escalones, creando un tapón mortal. Pero la policía no dio veracidad a esta hipótesis, que desestimó en su versión oficial tras la investigación de lo ocurrido, que concluyó que el flujo de aficionados llevaba la misma dirección en el momento del colapso, que pudo producirse cuando algunas personas se agacharon a recoger objetos del suelo. Incluso existe la teoría de que un adulto que bajaba por la escalera con un niño a hombros se precipitó al suelo, causando un bloqueo de la circulación y el consiguiente cuello de botella que desembocaría en la compresión de una multitud con contaría con más de 200 heridos y 66 muertos, casi todos ellos por asfixia. Los cuerpos sin vida llegaron a estar amontonados unos sobre otros formando una pila de hasta 2 metros, una imagen terrible.

Con estas cifras, la catástrofe de Ibrox desbancaba en número de muertos al conocido desastre de Burnden Park, estadio del Bolton Wanderers, donde el 9 marzo de 1946 perecieron un total de 33 personas, y del que hablaremos en un próximo artículo de este blog para cerrar, esperemos que para siempre, el serial dedicado a los siniestros en terrenos británicos. Y es que el fútbol era un deporte enormemente masificado en Gran Bretaña en general y en Escocia en particular, de hecho, 9 meses antes de lo ocurrido en Ibrox, se contabilizaron 136.505 espectadores en Hampden Park para disfrutar de un Celtic - Leeds United correspondiente al partido de ida de la semifinal de la Copa de Europa de la temporada 1969/70.


Obviamente, una noticia de esta importancia tuvo su eco en la prensa española del día después. Como siempre en este blog, dada la facilidad que ofrece en su página web, recurrimos a la hemeroteca de ABC, en este caso, correspondiente a su edición andaluza, donde se ya se exponían algunos detalles de la tragedia como vemos en los siguientes extractos:

(...) Sesenta y sesis personas han muerto esta tarde en el estadio de Ibrox Park, de Glasgow, aplastadas por la prisa de una multitud en la que culminaba la tensión de un partido de rivalidad regional. Esa prisa, según la primera impresiones de los técnicos es la ha hecho ceder y desplomarse una valla protectora sobre uno de los pasadizos por los que el público salía a al calle, inmediatamente después de finalizado el encuentro entre el Rangers, propietario del terreno, y su más directo rival el Celtic (...)
(...) En la confusión de los primeros momentos los servicios de primeros auxilios del estadio creyeron el accidente muy localizado en una sola salida, angosta y oscura pero cuando en medio un tremendo griterío comenzaron a apartar hierros, maderas y cuerpos, una trágica pila estaba aplastada por completo en el pasadizo. (...)
(...) "Aquello se asemejaba a un campo de batalla. Está muy difícil identificar a los muertos", fueron las palabras de un sargento de la Policía, que participó activamente en la operación de socorro a las víctimas de la catástrofe.
Sobre las causas probables que produjeron la avalancha, la Policía informa: "Posiblemente, alguna persona cayó hacia adelante, hizo perder el equilibrio a las que estaban delante de él ya fue como una bola de nieve".
(...)


El sheriff James Irvine Smith, en su declaración de daños, dictaminó que el Rangers fue culpable por negligencia de aquel accidente. Según Smith, el Rangers no puso los medios necesarios para solucionar el problema que suponía la Escalera 13, más aún, teniendo en cuenta sucesos anteriores como los de 1961, 1967 y 1969, es más, afirmaba que su indolencia a la hora de acometer mejoras en materia de seguridad venían a ser pequeños parches de cara a la galería, pues el club era de la opinión de que ignorando el problema, éste desaparecería por sí solo. El Rangers nunca cuestionó los argumentos del sheriff pero sí impugnó el cálculo de los daños.

Entonces, por fin, el club protestante se puso manos a la obra en una gran remodelación del estadio. Para ello, el entonces manager del club, William Waddell, visitó los estadios de la Républica Federal Alemana durante la Copa del Mundo de 1974, de donde obtuvo la idea de una reforma radical de Ibrox inspirándose en el Westfalenstadion, estadio del Borussia Dortmund. Desde las primeras obras que comenzarían en 1978 y hasta nuestros días, tras muchos mucho trabajo y muchos millones de libras invertidos, el aspecto del coliseo ha cambiado notablemente, ahora es un estadio moderno con capacidad para 51.000 espectadores sentados que, a pesar de todo, aún conserva la fachada de su sección principal de ladrillo rojo diseñada por Archibald Leitch.

Muy probablemente, la mayoría de aficionados gers que acuden religiosamente al estadio a ver jugar a su equipo no vivirían aquella tragedia ya lejana, pero no por ello deben olvidar lo dramático de lo sucedido. Y de que no caiga en el ostracismo se encarga la estatua de John Greig, capitán de los Rangers aquel 2 de enero de 1971, inaugurada en la misma fecha de enero pero de 2001, 30 años después, y en cuya base existe una placa con el nombre de todos los fallecidos, no solo de los de 1971, también de 1902 y 1961. Se trata de un monumento en bronce del escultor escocés Andy Scott, quien contó en su trabajo con la ayuda del también escultor y escocés Alison Bell, quienes han dado forma ornamental al sufrimiento que ha marcado el sentir de una afición y una ciudad para siempre



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