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Germán Doig y lo que está debajo del iceberg (buscando soluciones)

Publicado el 12 febrero 2011 por Beatriz
Germán Doig y lo que está debajo del iceberg (buscando soluciones)
La semana pasada los católicos nuevamente hemos tenido que sufrir la noticia sobre un fundador, esta vez de una orden religiosa peruana.  Me ha entristecido mucho porque yo soy peruana y los conozco personalmente aunque aclaro que no pertenezco a dicho movimiento.  Encontré un artículo del periodista Pedro Salinas, quien pasó un tiempo en una casa de formación de dicha orden, y que publico porque como periodista que conoce el tema y lo mira desde lejos (sin odio ni resentimiento), les aconseja "aplican una reingeniería radical o mueren", y estoy de acuerdo con él.  No les desea el fin.  Les desea una reforma (Ecclesia semper reformanda). Y yo también. 
Detrás de los escándalos Maciel y Doig (como consuelo de tontos el primero aventaja al segundo en muchos aspectos) hay unas prácticas heterodoxas que al parecer propician estos escándalos.  No publico esto para hacerle daño a los sodálites, les tengo estimación, al igual que Pedro, a las buenas personas que hay ahí y que verdaderamente quieren servir a Cristo (ya esto suena repetitivo porque lo mismo digo de los buenos Legionarios que hay en dicha orden), lo publico PARA BUSCAR UNA SOLUCIÓN.  Siempre he vivido bajo el lema que no hay mal que por bien no venga.  Dios saca provecho del mal.  Si Dios ha permitido que estas cosas ocurran es por algo, algo nos está diciendo, y debemos buscar y encontrar qué es. 
No condeno a nadie, no quiero ni debo ni puedo juzgar corazones, apelo a las conciencias, que es otra cosa.  Hay una gran diferencia entre juzgar opiniones y hechos que juzgar/condenar a las personas.  Confío a la misericordia de Dios las almas de Maciel y Doig.  Y si en algo me equivoco me escriben a mi correo que con gusto lo publico, y si tengo que rectificar, pues lo hago.
Dicen por ahí que hay otros fundadores que son como Maciel y Doig, así que al parecer el "año horribilis" continuará hasta que la jerarquía diga ¡Basta! y empiecen a preguntarse, como nosotros, cuál es la raíz del mal, para encontrar la solución.  Lo de la "reingeniería" en términos eclesiales se interpreta como VOLVER A LAS FUENTES, AL EVANGELIO.
Siempre he dicho que Maciel es sólo la punta del iceberg.  La barca de Pedro ha chocado con este iceberg. Debajo de la punta se esconde algo mucho más grande que debe ser examinado y para conseguir que la jerarquía preste atención, los católicos que amamos nuestra Iglesia y nos preocupamos por esto sentimos la necesidad de exponer, argumentar nuestro modesto análisis.  No hay malicia de nuestra parte.
Una de las raíces (no es la única) de todas estas conductas desviadas es LA OBEDIENCIA CIEGA (que mencioné en el post anterior), una práctica HETERODOXA que debería ser condenada públicamente y desterrada de la Iglesia.
No estamos frente a herejías, no estamos luchando contra herejías como el bueno de San Agustín, estamos frente a prácticas HETERODOXAS (prácticas sectarias) que han echado raíces en nuestra amada Iglesia Católica y es hora de desterrarlas.  Que el Señor nos ilumine a todos.
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San Germán
Tomado de Perú21.- Columna El ojo de Mordor, de Pedro Salinas.-
Vaya. Iba a ser el sexto patrono del santoral peruano. Después de Rosa de Lima, Toribio de Mogrovejo, Francisco Solano, Martín de Porres y Juan Macías. O acaso el séptimo, si acaso santificaban antes a la beata arequipeña, sor Ana de los Ángeles Monteagudo. Y, fíjense, también caigo en la cuenta que iba a convertirse en el primer santo sodálite, que no es moco de pavo. Me refiero, por cierto, a Germán Doig, cuyo proceso de beatificación, recién nos venimos a enterar, ha sido paralizado. “Porque no alcanzaba a tener virtudes heroicas”, dijeron sus correligionarios, discretamente, y hace nada, apenas dos o tres meses atrás.
Eso me recuerda –no lo voy a negar– que hasta yo le dediqué en las páginas de Correo una sentida columna, hace exactamente una década, cuando murió. En el artículo aludí a una “vida ejemplar”, remitiéndome, claro, a la suya. O la que yo pensaba que conocía.
El caso es que, para mi consuelo de tonto, no fui el único en elogiarlo. Monseñor José Ramón Gurruchaga, obispo de Lurín, dijo de él: “Algún día la iglesia lo proclamará santo o beato”. El cardenal J. Francis Stafford, del Pontificio Consejo para Laicos, escribió: “Toda su vida fue signo de entrega a Cristo y de amor a la iglesia”. Monseñor Irizar expresó: “El testimonio de tu vida marcará a muchos jóvenes que te han seguido” (aunque este último, quizás, fue el menos errado en el pronóstico). Y así.
Pero el que no escatimó en ditirambos ni ahorró saliva en su interminable panegírico fue, por cierto, Luis Fernando Figari, líder totémico del Sodalitium, y quien inició a Doig en los caminos de la religión. “Germán fue el mejor entre nosotros”. (Llegó a ser) “un adelantado del Sodalitium Christianae Vitae”. “Su paso por el mundo ha sido de una fecundidad que no podemos siquiera imaginar”. “Preclaro miembro de la generación fundacional”. “Todo su actuar expresaba el estilo sodálite de un modo ejemplar, modélico. Por eso es que sin ambages puedo decir que él ha sido el mejor entre nosotros”. Y más.
Pues nada. En lo que a mí se refiere, pido públicas disculpas y me arrepiento de lo que escribí entonces en Correo. Que quede registrado y que conste en actas. Estaba totalmente equivocado. Pero a estas alturas del asunto, imagino que está también meridianamente claro que Figari fue el que más desacertado estuvo. O eso parece. Porque, para sorpresa del resto, Germán llevaba al interior de la organización una doble vida. Y eso de que “no alcanzaba a tener virtudes heroicas”, cuando nadie entendía por qué se truncó la beatificación, no era sino un eufemismo, porque, señores, el Vicario General del SCV resultó siendo un abusador sexual de tomo y lomo.
Por lo menos hay tres casos confirmados. De los que se conocen, obvio. Porque pueden haber más, como suele ocurrir. Y que no han hablado hasta ahora porque les da vergüenza, porque han sido dañados, porque les jodieron la vida, o qué sé yo.
Y lo que son las cosas. Resulta ahora que, quien trazó la espiritualidad que rige a los diferentes brazos del Movimiento de Vida Cristiana, fue un abusador serial. Ni más ni menos. Ellos, los sodálites, no lo van a reconocer, evidentemente, pero si algo debe inferirse de esta escabrosa historia es que, o aplican una reingeniería radical o mueren. Porque si creen que el asunto se arregla borrando links de Germán en internet, eliminando fotos y libros y videos para salir campantes, desvarían.
Espero que lo hagan. De verdad. Que se reinventen. Porque en esa agrupación hay mucha gente buena, y sana, que no está contaminada por el rigor asfixiante, ni por el pensamiento único, que estrangulan el alma. O que, mejor todavía, han tenido la suerte de no conocer personalmente a Figari.
Ah, y para los que no lo saben, se los cuento. La moda de la barba, tan globalizada entre los sodálites, no la entronizó Figari. Ni Baertl. Tampoco Ambrozic, oigan. No. Fue Germán. Así que, si quieren desmarcarse, empiecen por afeitarse, como ya lo hizo Eduardo Regal, el nuevo superior general, a quien le deseo suerte en este titánico desafío. Pues eso.

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