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Gestapo

Publicado el 06 junio 2016 por Megustanloslibros @megustanlibros

La Gestapo, la policía secreta de estado, fue el principal instrumento del terror en la Alemania nazi. El profesor McDonough nos lo muestra en un libro extraordinario, en que ha utilizado la documentación conservada para mostrarnos desde abajo, desde la experiencia de los propios ciudadanos, la naturaleza real del terror al que estaban sometidos. No se trata aquí de los campos de exterminio ni de las ejecuciones en masa, sino de la experiencia cotidiana de la persecución contra determinados grupos religiosos, contra los comunistas, los marginados sociales, los judíos... Un terror que tenía una de sus principales armas en la denuncia de vecinos, compañeros de trabajo o familiares. McDonough reconstruye este mundo a partir de las historias concretas de hombres y mujeres comunes que fueron víctimas de unos crímenes por los que la Gestapo se libró después de castigo.

Gestapo


Frank McDonough nació en Liverpool, estudió en Balliol College, Oxford y se doctoró en Lancaster University. Es profesor de Historia Internacional en la Liverpool John Moores Universit.

LA GESTAPO MITO Y REALIDAD DE LA POLICÍA SECRETA DE HITLER FRANK MCDONOUGH A LA VENTA EL 14 DE JUNIO "Una lectura escalofriante y emocionante." -The Times "Valiente, una historia reveladora." -Daily Telegraph "Este es un libro absorbente y sorprendente. Está basado en archivos originales de la Gestapo y está repleto de historias intensas y fascinantes." -Andrew Roberts La Gestapo, la Policía secreta de estado, fue el principal instrumento del terror en la Alemania nazi. El profesor McDonough nos lo muestra en un libro extraordinario, en que ha utilizado la documentación conservada para mostrarnos desde abajo, desde la experiencia de los propios ciudadanos, la naturaleza real del terror a que estaban sometidos. No se trata aquí de los campos de exterminio ni de las ejecuciones en masa, sino de la experiencia cotidiana de la persecución contra determinados grupos religiosos, contra los comunistas, los marginados sociales, los judíos... Un terror que tenía una de sus principales armas en la denuncia de vecinos, compañeros de trabajo o familiares. McDonough reconstruye este mundo a partir de las historias concretas de hombres y mujeres comunes que fueron víctimas de unos crímenes por los que la Gestapo se libró después de castigo. Frank McDonough nació en Liverpool, estudió en Balliol College, Oxford y se doctoró en Lancaster University. Es profesor de Historia Internacional en la Liverpool John Moores University. The US History Netwok incluyó su cuenta de Twitter, @FXMC1957, entre las cuentas de Twitter más populares del mundo. "Paul Schneider era un pastor evangélico protestante abierto de miras nacido el 29 de agosto de 1897 en la pequeña ciudad rural de Pferdsfeld, en la zona de Renania. En un sermón del 8 de octubre de 1933 criticó a Ernst Röhm, jefe de las tropas de asalto nazi, por pensar que se podía lograr una revolución nazi sin una "renovación espiritual interior" del pueblo. Sus comentarios fueron puestos en conocimiento de las autoridades eclesiásticas locales. El obispo de la zona de Renania, miembro del movimiento filonazi

ALGUNOS EXTRACTOS DE LA INTRODUCCIÓN SINOPSIS Cristianos Alemanes, advirtió a Paul para que dejara de difundir desde el púlpito semejantes críticas contra los dirigentes nazis. En una carta a sus padres, Schneider escribió: "Pese a mi deber cristiano de obediencia, no creo que la iglesia Evangélica pueda evitar entrar en conflicto con el estado nacionalsocialista". En febrero de 1934, Paul fue juzgado por ser "políticamente poco fiable" por la jerarquía eclesiástica protestante. Para ejercer aún más presión, fue relegado a la función de pastor en dos pueblos rurales remotos: Dickenschied y Womrath, cuyas poblaciones no sumaban ni mil habitantes. El 11 de junio de 1934, Paul Schneider desafió de nuevo al Partido Nazi local. Esta vez protestó contra un guardia de asalto nazi que dijo durante un servicio fúnebre por un difunto miembro de las juventudes hitlerianas que el mártir nazi Horst Wessel tenía "seguidores celestiales". La Gestapo recibió un informe de la reacción crítica de Paul, que acabó en una cárcel local "bajo custodia preventiva". Los parroquianos locales firmaron una petición solicitando su liberación. Fue puesto en libertad. Durante el inverno de 1935- 1936, la Gestapo recibió informes de Schneider en como mínimo doce ocasiones por hacer comentarios contra los nazis. En 1937, la Gestapo le prohibió vivir o incluso predicar en toda la zona de Renania. En un acto de desafío abierto a esta orden de "exilio interno", Paul regresó a su parroquia local y siguió predicando. El 3 de octubre de 1937 dio otro sermón crítico, que fue seguido por un agente local de la Gestapo. Schneider fue detenido y enviado a la cárcel de Coblenza. El 27 de noviembre de 1938 fue trasladado al célebre campo de concentración de Buchenwald. Lo pusieron en régimen de aislamiento. Por la tarde solía recitar en voz alta versos de la Biblia en la ventana. Leonhard Steinwender, un cura católico y compañero preso, describió a Paul como "un personaje heroico al que todo el campo profesaba respeto y admiración. No había tortura que impidiera que apelara una y otra vez a la conciencia de los guardias de las SS y del comandante del campo". Paul sufrió un maltrato horrible por parte de los guardias de las SS por expresar su opinión. Alfred Leikam recuerda: "Schneider fue expuesto a graves torturas corporales, humillaciones y agonías, además de brutales palizas". Incluso Karl-Otto Koch, el despiadado comandante del campo de Buchenwald, se percató de que no podía doblegar a Paul Schneider. Decidió liberarlo con la condición de que firmara una declaración en la que prometiera no regresar jamás a su parroquia local ni volver a predicar. Se negó a firmarla. El 18 de julio de 1939, Paul Schneider fue asesinado en la enfermería del campo de Buchenwald con cinco inyecciones letales de estrofantina. Su desconsolada viuda y sus seis hijos no pudieron abrir su ataúd ni verle debido al terrible estado en que se encontraba el cadáver. En su funeral en Dickenschied aparecieron doscientos ministros de la iglesia Confesional protestante local, acompañados de una enorme multitud de parroquianos locales, para presentar sus respetos a un individuo que había demostrado una valentía extraordinaria. Paul Schneider fue el primer pastor evangélico protestante asesinado por desafiar al régimen nazi por motivos religiosos. Este nuevo libro examina las historias intensas y perturbadoras de personas detenidas por la Gestapo. El autor no pretende ofrecer un relato verdaderamente exhaustivo de la historia administrativa de la Gestapo, pero sí tiene intención de combinar una explicación general, respaldada por una cantidad notable de estudios publicados, y una interpretación novedosa, basada en fuentes originales de los archivos alemanes, de cómo operó la Gestapo entre 1933 y 1945. Se centra exclusivamente en lo que ocurrió dentro de Alemania (Altreich) en la época nazi, y no en los territorios ocupados por el régimen de Hitler durante la segunda guerra mundial. El principal objetivo de este libro es investigar el impacto de la Gestapo en los ciudadanos alemanes que vivieron con el gobierno de Hitler. Empieza con un estudio detallado de cómo se creó la Gestapo. A continuación se adentra en la trayectoria y los métodos de los agentes de la Gestapo, y ofrece algunos datos nuevos sorprendentes. Luego pasa a examinar las víctimas clave del terror nazi, en particular disidentes religiosos, comunistas, marginados sociales y judíos. En estos capítulos la tragedia humana de las víctimas ocupa el lugar central. También se estudia hasta qué punto la Gestapo recibió la ayuda del público, la policía criminal (Kripo) y los organismos de asistencia social. Asimismo, se incluye un detallado capítulo final donde se explica el destino que corrieron los agentes de la Gestapo en los juicios posteriores a la guerra. En general, el libro constituye una importante contribución para comprender el terror en la sociedad nazi. [...] La Gestapo (Geheime Staatspolizei) o policía secreta del estado era el elemento clave en el sistema de terror nazi, pero es preciso entender que empezó como un departamento de la policía, creado en 1933 para ocuparse de los opositores al régimen de Hitler. Hoy en día la palabra Gestapo sigue evocando sentimiento de miedo y horror. Aun así, la primera historia general de la Gestapo, escrita por el historiador francés Jacques Delarue, no se publicó hasta 1962. Se basaba exclusivamente en las pruebas publicadas de los juicios de guerra de Núremberg de finales de la década de 1940, y situaba a los principales dirigentes de la Gestapo (Hermann Göring, Heinrich Himmler y Reinhard Heydrich) en el centro del análisis. Delarue intentó explicar cómo operaba la Gestapo no solo en Alemania, sino en toda la zona europea ocupada por los nazis. En aquel momento ofreció un retrato familiar de la Gestapo, como el epicentro omnipotente del brutal terror nazi, y afirmó que todo el pueblo alemán estaba sometido a una vigilancia constante. Esa imagen de pesadilla de la Alemania nazi no empezó a cambiar hasta la década de 1970, cuando historiadores alemanes empezaron a estudiar con mayor detenimiento la época nazi gracias a la reciente apertura de los archivos alemanes. El énfasis cambió del enfoque hitlocéntrico tradicional de la "historia vista desde arriba" (intencionalista), hacia una nueva perspectiva de la "historia vista desde abajo" (estructuralista). El historiador alemán Martin Broszat fue fundamental para este cambio de rumbo radical. En su libro de 1969 The Hitler State, retrataba a Adolf Hitler como un "dictador débil", responsable de unas descarnadas luchas de poder entre individuos incompatibles, dentro de un sistema caótico de imperios burocráticos que competían entre sí y provocaba divisiones. Más tarde Broszat reunió a un equipo de élite de historiadores para trabajar en una gran obra de seis volúmenes titulada Bayern in der NS-Zeit ("Baviera en la era nacionalsocialista"). El "proyecto Baviera", como se denominó, estudiaba la resistencia al gobierno de Hitler en la vida cotidiana. Concluía que el gobierno nazi era mucho menos totalitario en la práctica que en la teoría. El público tenía mucha más flexibilidad para criticar y quejarse de lo que se había supuesto. El verdadero dinamismo del régimen nazi de Hitler procedía de los jóvenes burócratas nazis radicales, que gozaban de una enorme autonomía. Adolf Hitler aprobaba con frecuencia políticas cada vez más radicales que otros ya habían puesto en práctica. El modelo totalitario original quedaba expuesto como una manera imprecisa y poco concluyente de examinar la Alemania nazi. [...] Este enfoque de la "historia desde abajo" en el estudio de la Alemania nazi llevó a centrarse con más detalle en la relación entre la Gestapo y el pueblo alemán. El motivo de la escasez de obras sobre esta organización era la cantidad limitada de fuentes disponibles. La mayoría de los archivos de los casos de la Gestapo fueron destruidos hacia finales de la segunda guerra mundial por los bombardeos de los Aliados o de forma deliberada por el propio régimen nazi. Solo en la región de Renania quedaba un buen número de archivos. El historiador alemán Reinhard Mann examinó una muestra aleatoria de 825 archivos de los 73.000 casos de la Gestapo que se conservaban en el archivo de Düsseldorf. Mann falleció antes de completar su obra, que nunca se publicó traducida al inglés. Sin embargo, sus averiguaciones preliminares constituían una potente rectificación al retrato ortodoxo de la Gestapo como "policía del pensamiento" omnipotente al estilo orwelliano de 1984. Sentó las bases de lo que ahora se conoce como la "interpretación revisionista" de la Gestapo. Mann demostró que la Gestapo jamás contó con suficiente personal para espiar a todo el mundo. Era una organización pequeña sin muchos recursos y explotada al máximo, con menos de 15.000 agentes activos para vigilar todos los crímenes políticos de 66 millones de alemanes. Los oficiales de la Gestapo no eran los nazis brutales con un compromiso ideológico que refleja el mito popular, sino detectives de carrera que entraron en el cuerpo de policía muchos años antes de que Hitler llegara al poder. La mayoría de investigaciones de la Gestapo se iniciaron por avisos del público general. Aun así, Mann no deducía que la Gestapo fuera un instrumento de terror ineficaz. Al contrario, concluía que destinaba sus limitados recursos a grupos que definía como fuera de la "comunidad nacional", sobre todo los que movilizaban de forma activa el descontento entre la población. No obstante, el estudio de Mann presentaba algunos problemas clave. Por ejemplo, se concentró en conflictos personales entre "alemanes comunes", y excluyó del análisis un estudio exhaustivo de los grupos clave de la oposición, en particular comunistas, judíos, trabajadores extranjeros y un grupo de definición amplia llamado "marginados sociales". Mi interés personal por el papel de la Gestapo surgió a raíz de la biografía extensa de Sophie Scholl, una estudiante universitaria de Múnich de veintiún años detenida por la Gestapo el 18 de febrero de 1943 por distribuir panfletos contra los nazis, para luego ser interrogada y ejecutada cuatro días después en un simulacro de juicio organizado a toda prisa por los nazis y presidido por Roland Freisler, conocido como "el juez adjunto de Hitler". El interrogador de Sophie fue Robert Mohr, un agente de la Gestapo tranquilo y profesional, que actuó a modo de detective "común", no un nazi despiadado movido por la ideología nazi. El libro dejaba patente la importancia de estudiar las investigaciones de la Gestapo con mucho detenimiento. [...] Lo que sale a la luz con más claridad que nunca en este libro es el elevado nivel de autonomía del que gozaba la Gestapo para manejar los casos, y la cantidad de tiempo, a menudo interminable, que les dedicaba. La mayoría de investigaciones empezaban con una denuncia de un miembro común del público. Además de imponer su voluntad, la Gestapo pedía a los ciudadanos comunes que vigilaran conductas disidentes. Lo que no pudieron prever era que muchos de esos chivatazos se producirían por motivos personales. [...] En contra de la creencia popular, la Gestapo no se limitaba a detener y entregar individuos a las puertas de los campos de concentración. La mayoría de casos acababan descartados y sin cargos, o con un castigo de una indulgencia sorprendente. Los agentes de la Gestapo procuraban garantizar una decisión sobre el castigo antes de que expirara la orden inicial de "custodia preventiva" de veintiún días. Solo los casos que la Gestapo consideraba graves ascendían en la cadena de mando hasta el fiscal general, que tomaba la decisión final."


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