Revista En Femenino

Gritos

Por José Mª Ruiz Garrido @laparejadegolpe
Estos días no soy yo. Soy yo y mi zumbido constante, mi ruido de fondo, y mi otitis. Estoy medio sordo. Esta semana está siendo como tener la cabeza metida bajo el agua, todo el tiempo. Subo el volumen de la tele, o el de la radio del coche, me disculpo y pido que me repitan las cosas, no me doy cuenta la mitad de las veces que se dirigen a mí... Pero creo que voy a tomármelo como un nuevo poder jedi. Vivir estos días en un mundo de murmullos tiene sus ventajas. Y me he dado cuenta de que levantar la voz no es necesario. Ni siquiera recomendable.
Hay un propósito que casi todos los padres y madres nos hemos hecho alguna vez, y es el de no gritarle a nuestras criaturas. Un propósito complicado, mucho, pero no utópico. Gritar es amedrentar, es abusar, es una agresión. Y es una señal de falta de recursos en situaciones que me sobrepasan. Una derrota. Ya no es una cuestión de mala o buena educación –que también–. Desde muy pequeños, a Luke y Leia les hemos insistido en que no levanten la voz, que pueden y deben comunicarse con respeto y con calma, que es la mejor manera de entenderse, y de hacerse entender. Una lección que hay que afianzar cada día, pero que yo mismo no acabo de aplicarme, fallo muy a menudo, demasiado. Pero sigo aprendiendo.
Hace algún tiempo que evito levantarles la voz, pero a menudo mi carácter Sith vehemente me traiciona. En esas ocasiones en las que la paternidad te supera como una marea y te pilla bajo de midiclorianos y paciencia, falto de sueño, o mal de tiempo para cumplir mis horarios de adulto–no los suyos–, salen mis malas maneras. Subo el volumen, y aparece el pequeño Darth Vader –perdón por la metáfora, Carlos– que hay en mí. Y son ellos mismos los que me lo hacen saber, a veces de una forma que llega a doler.
Gritos«Pero no me grites, papi...»
Y me dan un hostiazo de realidad, y de humildad. Después de insistirles durante tanto tiempo en que no griten, cuando ya lo tienen asimilado y han interiorizado que alzar la voz no es lo correcto, ahora son ellos los que enseñan a mí. Me dan una lección, otra vez. Me enseñan que les duele, que quieren mi respeto y no soportan que les maltrate. Que les pone tristes, o les brotan las lágrimas y hasta el llanto cuando una de las personas que más necesitan y de las que más necesitan cariño, apoyo y comprensión, les grita.
No tengo ni idea de educación emocional, ni leo manuales sobre apego. No soy perfecto, ni muchísimo menos, soy bastante lerdo, no paso del ensayo-error y la improvisación. Pero sí sé cuando algo hace click y funciona. Y cuando no. Llamadlo una razón egoísta, cobarde, o instintiva, pero no me gusta sentir que le hago daño a mis hijos.
Hace algún tiempo que intento evitar levantarles la voz, y aún así, a veces sigue escapándoseme algún grito...
P.D.: Ya se verá si mi sordera y yo somos capaces de sacar adelante el #ViernesDandoLaNota de esta semana...
¡Que la Fuerza os acompañe!
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