Revista América Latina

(H)alterofilia TOMO II (+ Fotos)

Por Isa @ISA_Universidad

(H)alterofilia TOMO II (+ Fotos)

Proyecto colectivo para la XI Bienal de La Habana

Expositores:

Leonardo Luis Roque

Amanda Alonso del Río

Víctor Manuel Piverno Barrios

Yaime Rodríguez Jiménez

Nelson Barrera

Jorge Pablo Lima

El objetivo principal del proyecto Alterofilia es presentar la descripción sistemática de la forma y estructura. Y también las relaciones topográficas de los órganos y partes del cuerpo humano, teniendo en cuenta sus funciones.

A pesar de la descripción más exacta de los órganos y sus sistemas, cada estudio de estas formaciones exige ilustración gráfica (“más vale ver una vez que oír cien veces”). He aquí por qué en la enseñanza de la anatomía juegan gran papel aquellos materiales didácticos que ayudan a representarse más claramente las estructuras descritas.

A estos materiales didácticos pertenecen los atlas, los instrumentos para ejercitar los músculos del pie a la cabeza, y la bibliografía correspondiente a este tipo de acción. Sin embargo, la obra no solo debe estudiarse por las imágenes. A este respecto, para la asimilación correcta y completa de la pieza, es idóneo utilizar el manual y los preparados correspondientes.

En la presente obra, que consta de tres tomos, se intenta quedar en el intento. Este aclara los términos y facilita la descripción precisa de la formación; el volumen está en dependencia directa de la estructura dada.

Las imágenes representan la reproducción exacta de los preparados, en su mayoría hechos especialmente para la obra.

Un lugar destacado se le concede a los materiales audiovisuales, que juegan cierto papel en el fortalecimiento entre la teoría, la anatomía descriptiva del arte y la práctica de este en términos corporales, guturales y conceptuales.

Alterofilia, además, pretende tergiversar las ligaduras entre la creación y otras manifestaciones con las cuales el cuerpo se expone, o pretende decir, cuestionar y develar determinadas ideas que quedan incompletas.

Quizás esa razón fue la que nos impulsó a promover esta alternativa a otros personajes que de alguna forma desarrollan estas dos disciplinas, el arte en cualquiera de sus manifestaciones, y el deporte, en cualquiera de sus ramas.

El proyecto queda abierto a otros que vean en él una fuente de reflexión y entrega, pudiendo por este medio sumarse a la práctica o la producción de la obra.

(H)alterofilia en busca del tiempo perdido

Ya no quiero pensar en la trascendencia de cuanto haga o deje a mansalva de los años, del ocio o la veracidad de estas ideas. Para detenerme existen otros vínculos que por lo general no se exponen, pues no necesitan discursar ni polemizar sobre el arte porque en ellos está implícita toda la espontaneidad y el arrojo del mundo. Creo en la certeza del error, ya lo he dicho antes, en lo útil de ese desprendimiento que sucede cuando se pensaba que al final (signos que sobresalen) la fruta había sido mordida de cuajo. Defiendo el símil que se pasa por alto (bascula que sobresale) el arte como ejercicio para perder el tiempo, al menos para mí que intento diariamente recortar los horarios para componer una fuerza mayor, una fuerza que a su vez se descompone en otras fuerzas y a si hasta desbaratar el mito de las manos. En fin, los horarios, las citas que se trastocan en calidad de lujo, el alter ego, los tropezones con el del-fin poco valorado del acto creativo. Defiendo el ir y venir, las causas aparentes, el suburbio de fondo. Procuro mentir de una manera sagrada para nunca perder el hilo de la conversación. Pues defiendo el arte, además, como una larga conversación donde poco a poco se van mezclando las voces, los timbres, los artistas de alto rendimiento con los atletas de rigor, de oficio. Intento mentar las cosas que se instalan en la cabeza, que se instalan, no en una instancia disociada sino en la abstracción pura, en la cualidad cruda. Insisto, que se instalan, por demás, como prueba para reconciliar el tiempo perdido, el círculo de amigos que crece alrededor del arte y no quiere imitar ninguna forma divina. Ser solamente en su vanidad y sin sospecha, hongos de balón para despintar una docena de puñetazos. Ya no quiero pensar en la trascendencia. Ya tengo suficiente con recortar el tiempo, la génesis del espectáculo al que nos ha convocado la historia de la imagen, o lo que es igual, la prehistoria del hombre que todo lo sabe pero tiene un problema. Y usted se preguntara, a que tanta charla, tanta parsimonia sobre una superficie cuasi. Sobre un argumento que apenas llega a ser para sí un presagio malhumorado con pecas en la cara, con pena. Y como localizarse en medio de la fusilería, de la insatisfacción, escuche, del oportunismo, no oportuno sino Juno, oculto y conjuro. Insisto, que se resguarda, que vocifera en la trastienda de la sobreabundancia. Pues bien, tampoco se trata de exponer con cierto animismo poético las ideas que se refugian en mí, a modo de exceso, para que usted se diluya entre lo que defiendo y lo que arguyo a modo de entelequia.

Sin reparos, apasionadamente nos reunimos a pensar en la escasez. Y como generar un ambiente donde la energía, el hallazgo, el desinterés, la insipiente melancolía que sugiere lo acumulativo, el interés por que el valor de la materia se

diluya en el desuso, en esa porción de riesgo que implica la distorsión del lenguaje original de los objetos, de la forma. Cuando nos referimos a la forma en un estado de defunción masiva para declarar abiertamente el carácter hedónico de los objetos, o mejor, la anunciación renovada de sus prácticas. Basta ya de canonizaciones, la creación no precisa un término, (en este campo la sentencia es una herramienta de la nulidad) ni siquiera un origen; ella se realza, protesta y es ejecutada en las fluctuaciones intermedias de la historia. Historia que, en este caso, refiere las muchas lecturas de un objeto dado. Entonces entra a discursar lo deportivo como reseña que expone las disposiciones ocultas del arte. Luego de este parlamento, si mal no recuerdo, un amigo dice: El gimnasio es un sitio propicio para recordar las actitudes de la infancia. Y otro, al que solo le mueven las nimiedades de antaño, asevera: aquí no hay nada más que hacer. Y nos ponemos a ejercitar el cuerpo en un acto de extrema banalidad, resolviendo así el poder de la incoherencia.

EN BUSCA DE LA HALTEROFILIA RECOBRADA

Las representaciones sociales son los modos en que lo social es capaz de interpretar un fenómeno. Estas representaciones son inherentes a la voluntad general, y son las que le traducen, a las masas en sí, toda representación a posteriori, como diría Kant. Si se intenta deconstruir a estas lecturas, es posible percatarse de que se encuentran mediadas por factores de muy diversas índoles: desde las mismas instancias que norman el discurso del poder, hasta los elementos que componen a lo tradicional1.

1 Existen, como moduladores sociales, los hospitales, las cárceles, las escuelas, etc. En cada una de estas Instituciones, se regeneran los modelos de recepción específicos para un acontecimiento específico.

Pero lo que no sufre alguna modificación es que la manera de composición de estos referentes es la estructuración de una plataforma común, un basamento desde el cual la participación se elabora por necesidad, y no por contingencia, un atributo general y no parcial. Como se expresara en la convocatoria a la Oncena bienal de la Habana: El imaginario social expresa los vínculos y las relaciones de

amplios grupos de personas que abarcan a toda la sociedad, compartiendo intereses comunes y estableciendo niveles de legitimidad.

Halterofilia se presenta como una visita a las construcciones narrativas de lo que presupone la noción de objeto, puesto que es esta la manera más directa del sujeto autolegitimarse como tal. Pero no desde los códigos empíricos, sino mediante alteraciones de los componentes significantes, es decir, a partir de la refuncionalización de las estructuras conceptuales, que organizan las comprensiones sociales de aquello que pueda ser denominado objeto. De esta manera se narra sobre la propia elaboración de los discursos que comprometen a los espectadores, haciéndolos partícipes de una dinámica de interacciones comunicacionales: y una vez generadas estas conexiones, se participa de un ensayo sobre el metalenguaje que supone legítimas, las distintas representaciones desde lo explícitamente social.

No debe confundirse el trabajo con el objeto, en cuanto objeto, con el trabajo con la representación del objeto. Este último, trabaja con los componentes asociativos del espectador, y con las determinaciones esenciales existentes a priori en el objeto.

Halterofilia, si bien no pretende erigirse como un espacio que define a la representación social de un fenómeno determinado, es la reconstrucción estética, a modo de acontecimiento, de la estética de estas representaciones. La apariencia es real, y mantiene una carga simbólica –per se- paralela a la

no-apariencia, también real.

Ariel Arjona

La Habana, octubre de 2011

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