Revista Economía

Hartos del islam.

Publicado el 17 diciembre 2014 por Torrens

En relación con las barbaridades provocadas por el Islam (he suprimido el calificativo de radical por razones que después explico), de las que esta semana hemos sufrido varias, se producen frecuentes comentarios exculpando o incluso justificando las acciones terroristas que para mí son incomprensibles.

El menos absurdo es el comentario que se refiere al hecho que son la globalización, el avance tecnológico y las redes sociales, a lo que yo añadiría un porcentaje excesivamente alto de ignorantes descerebrados, lo que provoca la sensación que los terroristas puedan atacar de manera inesperada en cualquier lugar del mundo. Aunque esta afirmación es cierta no explica, como pretenden algunos, que la gran mayoría de ataques sean procedentes del Islam. Lo único que explica esta coincidencia innegable es el hecho que el Islam es, de muy largo e históricamente, la religión más agresiva, que no soporta cohabitar o ser vecinos de no musulmanes sin atacarles porque el Corán y sus textos marginales les obligan a primero intentar convencer a los infieles a convertirse al Islam, si no lo consiguen tienen que obligarles por la fuerza a abrazar la única religión verdadera, y si todo y así se resisten, los deben eliminar.

Otro criterio parecido a este, pero mucho más absurdo es el que mantiene que se debe hablar de terrorismo, pero no relacionándolo directamente con el Islam. Este es el tipo de comentario que gusta a personajes, normalmente de izquierdas, que con una aparente buena fe, que no me creo, afirman que el Corán prohíbe matar, a lo que se debería responder que si no lo hubiese hecho haría siglos que ya no quedarían seres vivos en la tierra. Uno de los mejores ejemplos de este buenismo interesado y muy mal intencionado es Dolors Bramón (ver notas del 23 y 27 de septiembre pasados). En mi opinión para comprobar una prueba irrefutable de que el terrorismo que padece el mundo hoy en día es de origen claramente islámico solo hace falta tener en cuenta que antes del 11-S del 2001 habían decenas de organizaciones terroristas activas, casi todos los países europeos padecían la suya propia, y cubrían todas las tendencias, desde el nacionalismo al anarquismo, pero el día que George Bush, en una de las pocas cosas buenas, quizás la única, que hizo, decidió acabar con el juego peligroso que jugaban la CIA, los grandes bancos norteamericanos y grandes agentes financieros que gestionaban y blanqueaban el dinero del terrorismo, porque ganaban mucho dinero y les permitía de vez en cuando dirigir algún ataque terrorista a objetivos de su interés, todas las organizaciones terroristas fueron desapareciendo una tras otra por la sencilla razón que se quedaron sin un centavo, y el terrorismo es una actividad extremadamente cara. Incluso, aunque ha sido la última en hacerlo, se ha desactivado ETA, todo y la proverbial ineficacia del Gobierno de España. Pero el terrorismo islámico no solo sigue como si tal cosa, sino que cada vez es más activo y sus ataques cada vez son más desquiciados. La razón no es otra que la financiación que obtienen de países productores de petróleo como Arabia Saudita, Irán y Qatar, sin cuyos fondos no podrían funcionar, ni matar inocentes ni atacar escuelas o matar y secuestrar niñas. ¿Si esta no es razón suficiente para aplicar al terrorismo el calificativo de islámico, que venga Dolors Bramón y lo explique?.

Un comentario muy frecuente en Catalunya y me imagino que en toda España es el que mantiene que todo y aceptando que son muchas y muy graves las barbaridades del Islam, estas acciones son ejecutadas por radicales, y lo mismo ocurrió en el pasado con otras religiones, en especial la cristiana. Este comentario vendría a decir que primero fueron las barbaridades judías, después las barbaridades cristianas y ahora es el turno de las barbaridades musulmanas. Este comentario, que en mi opinión es más bien una excusa para evitar criticar el Islam, olvida un montón de cosas. En primer lugar que cada religión ha cometido las barbaridades correspondientes a la época en que se cometieron, la matanza judía de los Santos Inocentes o las masacres de nativos paganos en la colonización cristiana de América, eran barbaridades, pero no lo eran tanto y se consideraban casi normales o dentro de lo posible en las épocas en que ocurrieron, pero el Islam está cometiendo barbaridades propias de los primeros y más oscuros años de la edad media, en pleno siglo XXI. Otro de los muchos conceptos que olvidan los que mantienen este comentario es que las barbaridades de otras religiones se aplicaban a victimas con nombre y apellido, mientras el Islam valora sus éxitos por el volumen de toneladas de muertos y heridos producidos por sus ataques, sin importarles quienes eran, mientras entre ellos no haya ningún trozo de carne de alguno de sus líderes. Pero el olvido principal de este comentario es el que se refiere al hecho que la gran mayoría de musulmanes moderados, si es que existen, callan frente al terrorismo de sus radicales y de entre ellos solo una minoría los condena, y si finalmente hablan sobre los ataques radicales es para justificar las acciones de los terroristas en base a supuestos ataques o insultos al Islam. Esta actitud tiene una motivación religiosa: uno de los peores pecados que un musulmán puede cometer es romper la unidad de la religión frente al enemigo, es decir, el infiel. Pero si los musulmanes moderados, si es que existen, cumplen este precepto islámico y no levantan clara y duramente su voz de manera ostensible frente al terrorismo de sus radicales, entonces lo lógico es que por nuestra parte los consideremos culpables a todos ellos y exijamos medidas contra todo el Islam.

Comentarios como estos y actitudes como las de Dolors Bramón y de las izquierdas nos debilitan y complican la manera de defendernos de una religión fanática que nos ha marcado como sus enemigos hasta que desaparezcamos o nos pasemos a sus filas, más todavía cuando una de las grandes especialidades de los musulmanes a lo largo de la historia ha sido desintegrar a sus enemigos desde dentro de su propia casa antes del combate final. Y mientras todo esto ocurre los imanes radicales que siembran el odio a todo lo no musulmán y trabajan para grupos yihadistas tienen en nuestra propia casa total libertad de movimientos y desde sus mezquitas puedan actuar sin limitación alguna, cuando deberían estar expulsados del continente o bajo muy estricto y continuo control policial.

No puedo acabar esta nota sin referirme a la incomprensible contradicción que supone que la izquierda europea defienda a ultranza el Islam, incluso en su versión radical, y en ocasiones a pesar del terrorismo. Parece ser que su justificación es la del enemigo común: el capitalismo liberal, pero aparte el hecho que la ideología que el Islam representa, para la que la libertad y la democracia son pecado, no puede estar más alejada de las izquierdas que se supone que defienden la verdadera libertad y democracia, la que no está mediatizada por razones económicas, además resulta que el Islam rechaza el comunismo y el socialismo (a los que considera satánicos) con igual e incluso más fuerza que el capitalismo, es decir, las izquierdas no se dan cuenta que una vez hayan acabado con el capitalismo liberal, o incluso mientras estén por la labor izquierdas e islamistas cogiditos de la mano, los siguientes en la lista de gentes a eliminar serán ellos. Esto sin perder de vista que esta eliminación de izquierdistas por el Islam ya ha ocurrido: desde los años 50 a los 80 existieron unos grupos fedayines socialistas y comunistas que dieron muchos dolores de cabeza a los israelitas, pero que finalmente fueron eliminados en su propia casa y por sus compañeros islamistas, y ahora resulta que los herederos de aquella izquierda son los principales defensores de sus asesinos, y entre otras cosas son responsables de que Catalunya sea el principal centro europeo del salafismo (uno de los principales grupo yihadistas). Quizás Dolors Bramón pueda explicarlo.


HARTOS DEL ISLAM.
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