Revista Salud y Bienestar

¡Hidrata tu vida!

Por Facildedigerir @facildedigerir

Una recomendación clásica para llevar una vida saludable es tomar agua natural.  Pero a muchas personas les cuesta mucho trabajo adoptar este hábito ya sea porque no tienen las costumbre o porque el agua no les sabe bien.  Ese era el caso de mi hermana, Margarita, quien por mucho tiempo no tomó agua natural pero desde hace más de un año ha incorporada este hábito a su vida con resultados muy positivos para su salud.  Esta es su historia.

Sigan a mi hermana en twitter y conozcan a una mujer simpática, inteligente y brillante abogada.

¡Hidrata tu vida!

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Hola a todos los seguidores de Fácil de Digerir:

Este texto tiene que como objetivo ofrecer mi testimonio sobre cómo implanté un hábito fundamental en mi vida y que ahora agradezco mucho: el hábito de beber agua. Se preguntarán: “¿eso es un hábito?”. Sí, sí lo es, y es uno de los más importantes. Yo he tenido muchos hábitos en mi vida, de los cuales agradezco haberme librado (por ejemplo, chuparme el dedo o morderme las uñas), pero este es uno que adquirí hace muy poco tiempo y del que he notado mejorías notables.

Para comenzar, quiero exponerles las dos razones por las cuales antes no bebía agua. La primera es que el sabor no era de mi agrado, para mí era muy importante beber algo dulce para acompañar las comidas. La segunda es que no sentía ninguna necesidad de beber nada durante el día, excepto cuando tuviera sed. Por ambas razones, no bebía líquidos constantemente, y los que bebía eran saborizados y/o con azúcar. Yo ya había escuchado hasta el cansancio que hay que beber dos litros de agua al día (los cuales yo, por supuesto, no consumía), pero como no había sentido ninguna afectación en mi cuerpo, sencillamente ignoraba dicha indicación.

Durante 2010 viví en un país extranjero, por lo que mi vida diaria cambió drásticamente. Entre otros cambios, noté que tenía estreñimiento, sueño inexplicable, mareos, piel reseca y mucha sed a lo largo del día. En realidad fue este último síntoma el que me obligó a tomar más líquidos. Como en ese país no existen las aguas saborizadas sin gas y sin azúcar (estilo Clight, Belight, etc.), y otras bebidas como el té helado son diuréticas, me vi obligada a beber agua del grifo (potable en esa ciudad). Descubrí que su sabor no me era agradable, así que probé con beber agua embotellada. El sabor era muy distinto (en realidad, no existía tal) y me di cuenta de que esa agua sí me hidrataba, así que entendí que esa era la opción que había estado buscando.

Comencé bebiendo unos cuantos vasos al azar, pero luego fui incrementando mi ingesta durante el tiempo que pasaba en la oficina (así aprovechaba para estirar las piernas cada vez que iba a servirme un nuevo vaso), de tal modo que logré beber entre 1.5 y 2 litros diarios. A veces no tenía sed, pero aún así le iba dando tragos pequeños al agua, hasta que me terminaba cada vaso. No me costaba nada de trabajo, pues el agua embotellada no tenía un sabor desagradable, no me inflaba el estómago y tampoco incrementaba mi ingesta de calorías.

Inmediatamente que comencé, noté muchos cambios favorables en mi organismo. Naturalmente, ya no tenía sed en ningún momento del día; pero no solo eso, sino que además mi tránsito intestinal mejoró bastante, la hidratación de mi piel se incrementó, desaparecieron los mareos y me mantuve alerta sin esos sueños inesperados tan molestos. Mi alimentación cambió cuando me fui a vivir al extranjero, sí, pero todos esos cambios se compensaron cuando comencé a beber más agua, por lo que le atribuyo esos beneficios a ese buen hábito.

Hoy ha pasado un año de todo esto y estoy feliz. Ya no tengo ningún conflicto bebiendo agua, pues encontré que sí se puede beber agua natural sin que tenga un sabor a grifo, filtro, agua hervida, etc., y también descubrí que los beneficios que trajo a mi cuerpo los noté por mí misma, nadie me los platicó.

Finalmente, quiero compartirles que lo que me llevó a tomar la decisión de ingerir más agua natural y a hacerlo con constancia, fue la idea de llevar una vida más sana en general. Tengo otros problemas de salud gástrica y de colesterol, que me llevaron a pensar que algo no estaba haciendo bien con mi cuerpo, pues éste estaba respondiendo de manera adversa en varios aspectos. Por lo tanto, empezar por este nuevo hábito, fue el primer paso para después continuar con una rutina de ejercicio y una alimentación balanceada.

Por todo lo anterior, les invito a todos los seguidores de Fácil de Digerir a que comiencen desde hoy a beber el agua que su cuerpo requiere, aunque no siempre se los pida a gritos. Nunca es tarde para empezar, y estoy segura de que, igual que yo, encontrarán beneficios para su cuerpo que ni siquiera se imaginaban que tenían su origen en el bajo consumo de este líquido.


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