Revista Cultura y Ocio

Historia de las Armas Edad Media

Por Joaquintoledo

La historiografía convencional nos explica que el traspaso de la Edad Antigua a la Edad Media se produce debido a un elemento decisivo: la caída del Imperio Romano occidental y por tanto de la Roma clásica. Sin embargo esto más allá de tradicional, no tiene consistencia. En realidad hay hechos más profundos y que acarrean procesos, algunos que duran décadas, otros siglos. Uno de ellos es el asentamiento del feudalismo como sistema económico en gran parte de Europa y diversas zonas del mundo, que ya se venían gestando antes de que Rómulo Augústulo sea depuesto. Por otra parte el cristianismo ya se hallaba totalmente asentado en la Europa occidental y Bizancio representaría durante casi mil años el escudo contra las fuerzas orientales que tratarían de introducirse en el Viejo Continente, a veces con éxito, y en otras ocasiones no.

Como recordaremos la caída de Roma se debe al empuje que varios pueblos conocidos como “bárbaros” (o sea extranjeros) llevaron a cabo durante siglos. La introducción de estas nuevas sociedades conocidas como vándalos, francos, ostrogodos, visigodos, y otros más, trajo consigo también nuevas costumbres e idiomas. En síntesis fueron nuevos grupos de rasgos culturales, algunos más importantes que otros, los que llegaron a Europa. Obviamente, la producción de armas, fue un aspecto importante. Hubo también por entonces muchos grupos bárbaros que no terminaron por asentarse en el Viejo Continente, pero su huella en él es imborrable. Tal es el caso de los hunos, aquellos temerarios guerreros que venían desde el Lejano Oriente comandados por Atila y que más de una vez puso en peligro el prestigio de Roma.

Historia de las Armas Edad Media

Arqueros a caballo

Aquí entra a tallar un aspecto importante de los pueblos bárbaros: el uso del caballo. Como bien sabemos, esto no es nada nuevo, sin embargo, el uso de los equinos en el campo de batalla era algo casi indispensable para cualquier pueblo extranjeros que irrumpió en las fronteras del decadente Imperio Romano. Es algo lógico teniendo en cuenta que viajaban enormes distancias y no se asentaron sino después de varias décadas de viajes. Es cierto también que no existía un caballo para cada persona, sin embargo su espíritu de movilizarse de un lado a otro hacía de este simpático animal, la mejor arma para los pueblos bárbaros. En el caso de Atila y sus hunos, el uso de los equinos era magistral y no había excepción. Todos se movilizaban en ellos, y sería algo imitado casi un milenio después por Ghenkis Kan y los mongoles.

En efecto, el potencial guerrero del pueblo huno estaba en su táctica y estrategia para hacer la guerra. No eran ya estáticos o apasionados a la infantería como los griegos o romanos. Los hunos, al igual que muchos pueblos bárbaros pero siempre más que cualquier otro, eran dinámicos. Hacían una guerra de movimientos, lo cual terminó por volver locas a las legiones e inclusive a otras naciones bárbaras. En efecto, los pupilos de Atila eran guerreros natos que venían arrollando y/o empujando a muchos otros bárbaros como los vándalos, ostrogodos, visigodos, etc.

El arma favorita de los hunos era el arco, y sumado al caballo, hacía a los jinetes prácticamente invencibles, pues aparecían por alguna parte y desaparecían. Llegaban de improviso a pueblos y campamentos, y los arrasaban por completo. Eran algo así como unos piratas de la tierra, por lo saqueadores y devastadores que eran. No en vano Atila era recordado por una frase muy simple: “por donde yo paso, no vuelve a crecer la hierba”. Una alianza de romanos y otros grupos de bárbaros consiguieron derrotar a los hunos en la Batalla de los Campos Cataláunicos y detenerlos en su avance inminente sobre Roma en el año 451 a.n.e. No mucho después, Atila moría.

Ahora dejaremos de lado a los hunos, para hablar de otros pueblos bárbaros que se asentaron en Europa. Antes que nada hay que entender lo difícil que puede llegar a ser el identificar las armas de cada pueblo. En muchas ocasiones no hay grandes diferencias, o al menos realmente importantes. Sin embargo una cosa está clara: tanto las armas como las tácticas de guerra bárbaras fueron superiores a las de las legiones. Como los bárbaros gustaban de ir a caballo usaban por lo general espadas más largas que la tradicional romana. Los jinetes con arco fueron de igual modo una mezcla fatal. Pese a todo, la infantería tampoco debía ser subestimada, pues poseía espadas muchos más largas y hachas ligeras (estas últimas en especial usada por los francos) que se podían lanzar y causar la muerte inmediata, así como púas y tantos otros objetos que la imaginación humana pueda crear. Su armadura tampoco era tan ostentosa como la romana, y lo único indispensable era un buen casco y eso era suficiente. Con el tiempo, es verdad, adaptarían las costumbres europeas legadas por los latinos, pero no fueron ellos los que trajeron las bases para las futuras armaduras medievales.

Con el tiempo los reinos bárbaros se establecieron en diferentes partes de la Europa occidental y se asentaron sobre tierras que consideraron suyas. Esa fue la semilla para el crecimiento del feudalismo, característica de la Edad Media, y que había empezado a gestarse aún antes de la caída de Roma. Ahora bien, ¿qué pasó con Bizancio? Pues bien, como ya hemos aclarado, la parte oriental del imperio había sobrevivido, y lo hizo casi durante un milenio más. Allí las armas de los bizantinos fueron más basadas en la estrategia. Por sobre todo, imitaron el uso de la caballería que había sido un punto flaco en los ejércitos romanos tradicionales. Los jinetes bizantinos recibían el nombre general de “catafractas”, compuesto por los mejores de Grecia.

Aunque resulte difícil de creer, esta caballería pesada, con armaduras por todas partes, y caballos entrenados para soportar un peso mucho mayor al normal, salvaría a Constantinopla en muchas ocasiones. En tiempos posteriores los bizantinos inventaron algún tipo de materia incandescente que los salvó de los árabes. Se le conoce usualmente como “fuego griego” y se estima que fue inventado por un alquimista que se hallaba en la ciudad. Por lo demás, los bizantinos serían inventores de grandes y diversas máquinas de asedio, como las primeras rústicas catapultas. Además también debemos contar los arietes, un tanto más sofisticados que los vistos durante la Era Romana clásica. Muchas de estas técnicas fueron tomadas gracias a sus contactos con otros pueblos y naciones de oriente. Por otro lado sus fortificaciones se vieron más resguardadas por una obvia necesidad, al igual que sus enormes murallas, ya que Constantinopla era usualmente asediada. Esto tal vez también inspiró la creación de los futuros castillos.

2. Pueblos orientales

Los musulmanes fueron uno de los pueblos más desarrollados de todos en el aspecto de haber importado desde el Lejano oriente varios métodos que con el tiempo sirvieron para la creación de muchas nuevas armas, sean árabes o turcos. Uno de ellos fue la pólvora. Sin embargo, antes de la llegada de las armas de fuego, los musulmanes árabes usaban también el caballo o el camello (mucho más resistente a los climas desérticos y podía andar sin agua varios días) como armas indispensables para atravesar los desiertos. Su espada por lo general era curvada, en forma de media luna, y en occidente simplemente era conocida como “espada sarracena”.

Por lo general el escudo no era algo importante o extravagante como en los ejércitos occidentales, y eran también grandes arqueros-jinetes, heredando la tradición de los partos y persas. Su comunicación con oriente, además de traer muchos aspectos culturales a occidente, asimismo traería muchas armas, incluidas las de asedio, como las trebuchets, que sirvieron más tarde para diseñar las catapultas y lanza piedras medievales.

Pero hemos hablado tanto de China, que merece un espacio aparte. La historia de este país está teñido de muchas dinastías que sucedieron unas a otras, y sin embargo, el producir de este pueblo no se detuvo ni un minuto. Sus armas tienen una tendencia a parecerse a la de los japoneses y otros pueblos aledaños, en especial en cuanto a armadura y la espada, si bien no son totalmente iguales.

El mayor aporte de esta nación al mundo de la guerra y las armas, sería hacia el año 1000 d.n.e., cuando después de experimentar en la creación de fuegos artificiales, desarrollaron las primeras armas de fuego, como ya dijimos. Dos siglos más tarde, ya estaban usando inclusive las primeras granadas de mano. Aunque resulte increíble, la noticia de este invento, llegó a Europa gracias a los musulmanes, y allá fue mucho más difundida que en los mismos pueblos orientales, pues la mentalidad del hombre del Viejo Continente, más allá de ser guerrera, era ya la de un creciente capitalismo imperialista. Por tanto la venta de armas se hizo, ya desde entonces, un negocio lucrativo para los que la desarrollasen, con tantos reyes y señores feudales por doquier, que competían entre sí.

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Esto marcó un hito en la historia, pues permitió una competitividad que a la larga hizo evolucionar más rápido la calidad y la efectividad de un arma de fuego en Europa, antes que en el resto del mundo. A largo plazo esto generaría en los reinos y naciones del Viejo Continente la creación de una mentalidad imperialista con la cual impusieron su dominio sobre el mundo. A menudo esto era entendido como un acto de superioridad racial sobre el resto del orbe, pero nos damos cuenta que todo obedece a un sistema económico distinto. Por lo demás, los indios, coreanos, japoneses y pueblos del sudeste asiático, no variaban mucho en sus métodos de guerra. Por lo general usaban espadas, armaduras extravagantes, carros de combate, caballos y armas de asedio. Allí el desarrollo de armas, tanto en diseño, forma o calidad, se valió del propio ingenio de cada nación, y a la vez tomaron prestadas algunas ideas de sus vecinos chinos.

3. América, África y Oceanía

América, la mayor parte de África (pues debemos exceptuar toda la región de África del norte que limita con el Mar Mediterráneo) y Oceanía probablemente siguieron siendo continentes donde el acontecer histórico no guardaba relación con lo acaecido en Europa y Medio Oriente. Esto hizo que cada pueblo continúe teniendo su propio desarrollo de armas. Eso sí, de modo muy rústico aún. En la mayor parte del continente africano por ejemplo, el hierro no fue introducido sino hasta el siglo IV y V d.n.e.

En Oceanía el progreso fue tal vez el más paupérrimo de todos, debido a su lejanía. Para darnos solo una idea, hacia el año 1000 los habitantes de este continente usaban la piedra aún. Sus armas eran muy simples, basadas en lanzas y objetos punzo cortantes, que más para guerrear, les servían para cazar. Mientras que en América, los pueblos continuaron evolucionado, sin embargo en materia de armas, persistían en sus carencias o límites. No tenían bestias como los caballos o camellos. Además el sentido que le dieron los primeros pueblos en América del Norte, Mesoamérica y los Andes a los objetos hechos en base a los minerales (de mucha variedad en el continente), seguirían apuntando a un uso más ceremonial que guerrero. Sin embargo, si existen una diferencia. En efecto, los pueblos de América del Norte, Mesoamérica, y la mayoría de los que poblaron las selvas, sí alcanzaron a desarrollar el arco y la flecha, a diferencia de los que se hallaban en la zona de los Andes.

3. De vuelta el Viejo Continente: las armas de la Edad Media en su máximo apogeo

En la Alta Edad Media llega el apogeo de las armas de este período histórico. En efecto, después de que los pueblos bárbaros se asentaran en Europa, estos comenzaron a desarrollar diversos reinos y territorios de nobles. Alrededor del año 1000, Inglaterra, los reinados españoles, Francia, ducados, el Sacro Imperio Romano Germánico y Roma independiente de las ciudades italianas eran ya las principales formaciones políticas en el Viejo Continente. Obviamente tan estrechos amigos, no siempre se llevaron bien y tuvieron a menudo que guerrear.

Los pueblos bárbaros, hay que reconocerlo, fueron prácticamente latinizados. Es decir su desarrollo cultural, y por ende en producción armamentística, tuvo una base grecorromana. El uso del hierro se hizo más sofisticado y así surgieron las grandes armaduras que cubrían casi todo el cuerpo del guerrero y del caballo, con los famosos cascos que ni siquiera dejaban ver el rostro. La cota de malla iba debajo de ella y el escudo era por lo general tenía la forma de un triángulo invertido con las puntas curvadas, si bien hay que reconocer que las figuras y algunas formas podían variar de lugar en lugar o reino en reino. En conjunto, a este hombre armado se le llama “caballero”.

Pero estos “caballeros” no eran seres invencibles, sino personas hechas de carne y hueso. Por ello, los diversos reinados, ducados, principados y condados que guerreaban entre sí, importaron la idea de la máquina de asedio que ya usaban los chinos, árabes y bizantinos y las adaptaron a sus propias necesidades. Así nació la gigantesca catapulta tradicional que todos conocemos. Es más, en la era del Renacimiento, Leonardo Da Vinci creó un prototipo que vendría a ser el más lejano antecesor del tanque moderno. Pero, ¿para destruir qué? Pues bien, más arriba citamos que las fortificaciones europeas que siguieron el modelo de Constantinopla (ciudad con fama de inexpugnable), era algo común en la Edad Media.

Dichas construcciones eran obviamente de señores feudales, los cuales tenían el derecho de acoger a sus siervos. Así entonces el edificio más grande e imponente era la casa del señor, mientras que alrededor se hallaba una iglesia y el resto de sus siervos, los cuales con el tiempo buscaron independizarse de él (los primeros burgueses). Todo el perímetro estaba protegido por una muralla. Más allá de ser una ciudad en pequeño, era un espacio bien delimitado llamado “castillo”, los cuales aparecieron en Europa hacia el siglo VIII, y en ocasiones se siguen usando hasta el día de hoy para asuntos políticos importantes o para la realeza. Su material estaba hecho de piedra o de madera. Todo su rededor estaba cavado con fosos llenados con agua, algo que por lo general limitaba la entrada intempestiva de indeseables.

Después de todo, hacer un resumen de todas las naciones o pueblos y sus respectivas armas es algo complicado. En la Edad Medieval, principalmente destacan los ingleses y el “arco largo” (desarrollado en Gales en el siglo XIII aprox.); porque era capaz de penetrar una armadura de hierro puro a 180 metros de distancia y era más rápido que la ballesta. Fue muy usada en la Guerra de los Cien Años. Asimismo tenemos a los vikingos, los mejores navegantes de la Edad Media, así como en la antigüedad lo fueron los fenicios.

Estos además de construir sus populares barcos con cabeza de dragón, tenían en su arsenal, una espada larga al estilo occidental, un hacha, cuchillo, un escudo redondeado, y una armadura donde la cota de malla y el casco era lo primordial. No queremos acabar este capítulo de las armas medievales, sin mencionar una de tipo psicológico: la cruz, debido al auge del cristianismo se convirtió en la figura típica de los estandartes de los ejércitos occidentales, en especial durante las Cruzadas, y a algún ingenuo que otro, podía llegar a atemorizar. Sin embargo, la media luna que representa al Islam, llegó a ser más temeraria para el mundo cristiano, en especial para los bizantinos y españoles… ¡por motivos históricos que no detallaremos aquí!

En conclusión el arte de la guerra evolucionó. En especial, a la hora de tomar los castillos, por primera vez se crearon equipos especiales para que se pueda suministrar refuerzos materiales y humanos a los ejércitos en los largos asedios, tal cual en las últimas guerras de la humanidad. Tampoco hemos hecho hincapié a la guerra naval, pues a decir verdad, con excepción de las soberbias flotas árabe, turca y bizantina, las cuales guerrearon a menudo, además de los pueblos vikingos que usaban sus barcos para el saqueo, ninguna otra nación medieval destaca por ello. En realidad el poderío naval, si bien no es menospreciado, alcanzaría una importancia capital en las guerras de la Edad Moderna, cuando el abastecimiento de las tropas en lejanos lugares, dependería sí o sí de una buena flota. También vale la pena aclarar que la guerra de pólvora y las armas de fuego fueron introducidas en la Edad Media, sin embargo alcanzarían un máximo apogeo, en la siguiente, a la cual nos referiremos en otro capítulo.

Hablar de las primeras batallas con armas de fuego y las primeras armas de fuego.


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