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Este texto no es un típico artículo de blog, es un trabajo de investigación. Lo publico aquí, en mi espacio de libertad para compartirlo con todos los curiosos de las cosas del arte quienes , si han intentado leer algo al respecto, se habrán sentido muy frustrados por la escasa literatura disponible en librerías y bibliotecas.
El Origen del mundo es un óleo sobre lienzo, de 46 cm por 55 cm, pintado por Gustave Courbet en 1866 y que, hoy en día, se encuentra en el Museo de Orsay de París. El cuadro presenta el tronco de una mujer desnuda, tumbada sobre un lienzo blanco, con las piernas abiertas; el pubis con vello oscuro centra la composición en diagonal ascendente cuyo encuadre se inicia a medio muslo y se cierra en el pecho derecho, por lo que no podemos ver el rostro.
Esta podría ser considerada la descripción más objetiva que podemos dar de esta imagen, sin embargo el impacto emocional que indefectiblemente produce en todo espectador es también, en mi opinión, una realidad objetiva insalvable que debería formar parte de su descripción. Pero ¿cómo definir objetivamente nuestra conmoción si es del orden de lo inefable?
El Origen del mundo es un icono huérfano, un punto de partida de una nueva geografía corporal y a la vez un final de una tradición pictórica: el desnudo femenino.
No habiendo encontrado un solo texto serio en lengua española, quiero citar, a modo de homenaje, a Thierry Savatier quién, después de su magnífica investigación de varios años publicada en 2006, ha seguido rastreando, como un auténtico detective, la historia de este ya icono del arte occidental y aporta en su edición de 2009[1] nuevos datos fundamentales que nos hacen tomar conciencia de lo absolutamente excepcional que es poder contemplar hoy esta obra en las tranquilas y asépticas salas del Museo de Orsay. Ningún visitante se puede imaginar la película de intriga y suspense que esconde el viaje de estos 25,3 dcm2 de óleo sobre lienzo a través de casi siglo y medio de historia.
Un tema único y universal
Cuando le enseñé este cuadro a mi padre, francófilo entusiasta y conocedor de la literatura erótica francesa[2] , la primera pregunta que le asaltó fue ¿cómo se le puede ocurrir a alguien pintar esta imagen? Agradecí la frescura de su mirada e hizo que percibiera la mía anestesiada, sin duda por el bombardeo de imágenes erótico-pornográficas que nos rodea.
La idea del tema, el origen del Origen es sin lugar a duda el primer punto a plantearse.
Esta cueva intima, oquedad misteriosa, orificio secreto tiene un eco original en una serie de obras de Courbet, que me cuesta definir como “paisajes” a pesar de serlo y representan el nacimiento del río Loue
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Courbet tenía casi una obsesión con este lugar sin duda extraordinario cerca de Ornans: una profunda y oscura cueva donde nace uno de los ríos de su tierra natal, la Loue. En 1864 realizó media docena de óleos y varios dibujos de esta oquedad que le fascinaba así como de otra semejante llamada la Cueva Sarracena; el primero de ellos es un dibujo de un álbum de juventud que tituló Dame verte,
manifestando así la evidente asociación entre la cueva y la feminidad, el nacimiento del agua y de la vida y el orificio de la mujer igualmente origen de la vida. La relación entre esta oquedad de su infancia y nuestro cuadro se considera ya evidente entre los expertos[3].
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Se desconoce si el tema fue original del artista o propuesto por Khalil-Bey, su primer propietario, pero el dibujo de juventud, la reiteración del tema del nacimiento de La Loue, la colección de fotografías pornográficas de Belloc y la pasión de Courbet por la temática erótica hacen inclinar la balanza hacia la existencia de un tema antiguo en Courbet que encontró en el Bey al comprador ideal.
Una modelo misteriosa
La segunda pregunta podría ser. ¿Pero de quién es este cuerpo sin rostro? ¿Quién se atrevió a posar así en 1866 ? Imagino una caricatura de Forges con un visitante bajito y con gafas frente al Origen, meditabundo, y en la burbuja de su pensamiento: “esto me recuerda a alguien….” La cuestión de la identidad de la modelo del Origen del mundo no debería a priori ser un tema particularmente trascendente, sin embargo sigue debatiéndose entre los investigadores quienes barajan cinco hipótesis, y cada una tiene sus defensores.
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La Bella Irlandesa (Retrato de Jo) fue realizado por Courbet en el verano de 1866 cuando Whistler estaba en Chile. The White Girl es el retrato de Jo por Whistler, realizado en 1861, cuando estaban viviendo en París.
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La primera posibilidad y la más reiterada sería la pelirroja Jo Hifferman, amante y compañera de Whistler, que Courbet conoció cuando estuvieron los tres pasando una temporada en Trouville a finales del año 1865. Al año siguiente el pintor inglés viajó a Chile donde permaneció entre febrero y septiembre. Sabemos que en el verano de ese año 1866 Jo se trasladó de Londres a París y convivió con Courbet en su casa de la rue Hautefeuille. Cristine Orban, defensora de esta hipótesis, piensa que el pintor cambió el color del vello púbico de la modelo porque un vello rojo fuego hubiera sido todavía más chocante[4]. Sophie Monneret[5] por su lado añade que Jo sería la mujer rubia de Le sommeil., uno de los cuadros eróticos y lésbicos más estupendos de la historia.
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Para Savatier[6] la discusión también gira en torno al color del vello púbico y es lo que le hace pensar en Jeanne de Tourbey, bella morena de origen pequeño burgués pero muy seductora e inteligente, formada por Sainte-Beuve, y que había logrado ascender socialmente siendo la amante del Príncipe Napoleón, “Plon-plon” para los íntimos, y de Khalil-Bey entre muchos otros. Jeanne de Tourbey reunía en su casa de la rue de l’Arcade todos los viernes a intelectuales y artistas. Era una mujer tremendamente libre y hubiera podido posar para este cuadro, a pesar de relacionarse con caballeros de la alta sociedad. Precisamente Jules Troubat nos dice que fue un lunes por la tarde, cuando Sainte-Beuve haciendo su “visite de digestion“ a Madame de Tourbey se encontró con el coleccionista otomano Khalil-Bey y le habló del cuadro de Courbet Venus y Psyché.[7] A raíz de aquel encuentro, Khalil-Bey visitó al artista en su taller de la rue Hautefeuille y, no pudiendo comprar el cuadro porque acababa de ser adquirido, le encargó otro, el espléndido Le Sommeil, y más delante, El origen del mundo.
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Jeanne de Tourbey, condesa de Loynes, Amaury-Duval, Museo de Orsay. 1863.
La tercera posible modelo sería la mujer morena de Le Sommeil, cuyo color de cabellera y de piel se acercaría bastante más al de la carnación de nuestro cuadro, en todo caso más que la piel blanca de Jo. Pero tampoco podemos descartar la posibilidad de que fuera una mujer anónima, lo que daría al cuadro un mayor sentido de homenaje universal al género femenino.
Finalmente, algunos proponen un modelo fotográfico y no de carne y hueso. El fotógrafo parisino Auguste Belloc (1800-1867) realizó numerosas versiones de esta parte del cuerpo femenino en una composición semejante. Sabemos, por la correspondencia del pintor, que Courbet coleccionaba fotografías de temática erótica[8]. En mi opinión, las imágenes de Belloc pueden haber sido una inspiración, una referencia pero no un modelo por varios motivos. Las modelos de las fotografías son bastante más delgadas que la del Origen del mundo; en cuanto a la composición en diagonal de la imagen de Courbet es mucho más lograda que la de las fotografías de Belloc. Sin medias ni ligas, sin enaguas, en Courbet vemos su vientre y uno de sus pechos. En Belloc hay más tela, en Courbet hay más carne. Pero la mayor diferencia reside en el sentimiento que emana de la postura en Courbet quien no muestra la entrepierna levantando las enaguas, como lo haría una vulgar cabaretera fotografiada por Belloc, sino que muestra su vientre desnudo y su torso en una postura relajada. Es una mujer que podría estar dormida mientras contemplamos su bello y generoso cuerpo. Hay en él una renuncia total, una entrega plena y generosa, y esta es la causa, creo yo, de la conmoción que provoca en el espectador, se ofrece sin límites a nuestra imaginación. Es una sensación que raras veces nos es dada. Nada de esto sucede en las imágenes un tanto vulgares de Belloc. En mi opinión aquí tenemos un excelente ejemplo de la diferencia entre erotismo y pornografía. Belloc es un proveedor de imágenes con morbo. Courbet es un maestro del erotismo, capaz de trasladar al espectador hacia el abismo de sus límites.
Teniendo en cuenta que en el siglo XIX las fotografías de Belloc se consideraron pornográficas, fueron confiscadas por la policía y el autor fue denunciado[9], la obra de Courbet debió ser percibida como algo que sobrepasaba los términos de lo tolerable, una imagen que fuerza al que la contempla “ à vivre una expérience nouvelle et profonde”[10].
Khalil-Bey, el primer dueño.
El primer propietario del cuadro fue el diplomático nacido turco y educado en El Cairo, Khalil-Bey (1831-1879). Francófilo culto y gran aficionado al arte fue comisario del pabellón turco en la Exposición Universal de 1867 en la capital francesa. Después de ejercer el cargo de ministro plenipotenciario para la diplomacia otomana en Atenas marchó a San Petersburgo, ciudad que abandonó precipitadamente para regresar París a principios de 1860, para algunos con la intención de disfrutar de su gran fortuna, llevando una vida fastuosa. Otros piensan que para tratar la enfermedad que acosaba a todos los hombres que amaban a las mujeres. Según las memorias de la actriz Marie Colombier, Khalil-Bey había contraído la sífilis [11], para su dueño el Origen del mundo cumplía una función de exvoto destinado a conjurar la terrible enfermedad. La obra se hallaba en el “cabinet de toilette” del diplomático, oculto tras una pequeña cortina verde que, llegado el momento, permitía desvelar la imagen en una ceremonia cercana al ritual.
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Este adinerado oriental, aficionado a las mujeres y al juego, además de ocupar un lugar notorio en la sociedad parisina del Segundo Imperio logró reunir una colección de un centenar de obras de arte francés entre las cuales se encontraban obras de Delacroix, Chassériau, Rousseau, el Baño Turco de Ingres, el Sueño de Courbet y el cuadro que nos ocupa. Como ya dijimos más arriba, adquirió nuestro cuadro directamente del pintor. Pero esta colección tuvo una corta vida puesto que en enero de 1868 las deudas contraídas en el juego le obligan a vender en subasta su colección[12]. El catálogo de esta venta gozó de un prefacio escrito por Théophile Gautier pero ni Le sommeil ni El origen del mundo figuraron en esta subasta por su ardiente erotismo. De este último se dijo que debía hallarse “en algún museo secreto de Europa o América” [13].
Noticias de 1889: en un anticuario, cubierto por un paisaje nevado.
Hasta el 20 de junio de 1889 perdemos su pista. Es cuando Edmond de Goncourt [14] anota haber visto el cuadro en la galería del anticuario especialista en objetos de arte oriental, Antoine de la Narde, quien lo “abre con una llave” y, debajo de un paisaje nevado con iglesia, descubre un “negro y prominente monte de Venus, sobre un coño rosa entreabierto” que a Goncourt se le antoja “bello como la carne de un Correggio”[15]. No puedo evitar pensar que Courbet escogió intencionadamente un paisaje nevado para aplacar el ardor de la cueva que yacía oculta a sus espaldas.
Titulado Le Château de Blonay, (ca. 1875, Budapest) a primera vista es una obra anodina pintada en 1875, durante el exilio del pintor en Suiza, pero, si Courbet sabía que serviría a encubrir una obra de significado trascendente, merece la pena detenerse un instante y observarla con atención. Su composición se organiza en tres franjas horizontales, una oscura en el medio donde se ubica el edificio y dos claras, el cielo y la tierra nevada. En el centro geométrico del rectángulo la iglesia que había visto Goncourt es un château con una pequeña torreta, como un pequeño clítoris erecto tal vez, que está situado en la estrecha franja central en una zona oscura y boscosa: un castillo es un lugar de difícil acceso, un lugar aristocrático, en el que no todo el mundo puede penetrar… El cielo y la tierra sorprendentemente tienen un color similar y discurren paralelos, como dos piernas, y la parte nevada está erizada de un ralo bosque. Sabiendo cómo las imágenes consciente o inconscientemente reflejan nuestros pensamientos más profundos veo en este supuestamente anodino paisaje, una interpretación más del sexo femenino visto desde un encuadre semejante al Origen del mundo.
1912 de París a Budapest
La siguiente noticia nos lleva a la Galería Bernheim- Lejeune que adquiere la obra el 26 de noviembre de 1912 a una tal Mme Vial, probablemente heredera de Emile Vial, un científico y coleccionista de objetos orientales, [16] y, el 16 de junio de 1913, vende la obra doble al Barón Herzog, un coleccionista húngaro quien lo entrega, por un motivo hasta ahora desconocido, a un amigo suyo el también Barón Ferenc Hatvany, un adinerado industrial húngaro y pintor aficionado, convertido al cristianismo pero de origen judío, que había reunido una importante colección de arte de unas 800 obras en su residencia de la capital húngara, el Palacio Hatvany.
Durante la Segunda Guerra Munidal, al hallarse ésta cerca del Palacio Real, su dueño temió por su colección tras el bombardeo de septiembre de 1942 y decidió guardar las piezas más valiosas de su colección en la caja de seguridad de la Banca Comercial Húngara de Pest; trece cajas que contenían 71 dibujos y pinturas , entre las cuales se encontraba nuestro cuadrito, fueron pues depositadas en este banco a nombre de dos amigos del Barón, Karoly Veszely , uno de los directores del banco, y su secretario, el profesor Janos Horvath, quienes no eran judíos. En 1944 Adolf Eichmann fue el encargado por Hitler de poner en pie la operación Margarethe, que consistía en deportar a todos los judíos húngaros y confiscar sus bienes, incluso los depositados en los bancos. La residencia del Barón Hatvany se transformó en la siniestra sede de la Gestapo. Este palacio fue enteramente destruido al final de la guerra por los bombardeos y su colección perdida, o robada. ¿Por quién? Un asunto que permanece sin resolver.
Gracias a que el depósito había sido realizado a nombre de húngaros no judíos, los alemanes no se hicieron con las trece cajas del Barón. Hasta hace poco se ignoraba la suerte que había corrido El Origen del mundo durante la Segunda Guerra Mundial.
En los años 70, Klara Garas, conservadora del Museo de Budapest, temerosa de sufrir represalias de los soviéticos, no quiso contar la verdad a Peter Webb [17] y acusar a las tropas rusas del terrible e injustificado expolio realizado en 1945 durante la liberación de Hungría, por lo que siempre se había atribuido su pérdida al expolio nazi. Unos veinte años más tarde, la versión de Bernard Teyssèdre [18] en 1996 explicaba que el Barón Hatvany había recomprado algunas piezas de su colección a un oficial ruso pero dejaba el asunto en una persistente nebulosa.
Es tan sólo hace muy poco tiempo, tras una apasionante investigación en los archivos nacionales de Hungría, que Savatier ha descubierto [19] lo que realmente ocurrió: en febrero de 1945 las tropas soviéticas que venían a liberar los territorios sometidos por los nazis, en realidad remataron el expolio alemán. La intención de Staline era debilitar al máximo un territorio que así sería más fácil de anexionar: saquearon los fondos de todos los bancos nacionales y privados y durante varios días reventaron una por una todas las cajas fuertes de los clientes húngaros que habían sido respetadas por los saqueadores nazis. El inmenso botín de dinero, divisas y joyas fue rápidamente enviado a Rusia y las obras de arte siguieron el mismo camino pero con menor apremio, al llegar a Rusia fueron depositadas en los grandes museos rusos como el Hermitage , el Museo de Historia, el Museo Pushkin o el Monasterio de Zadorsk entre otros. Esta página de la historia ha sido cuidadosamente mantenida secreta por las autoridades soviéticas y húngaras hasta la caída del muro, e incluso por las autoridades rusas recientemente puesto que un gran número de obras de arte atesoradas en los fantásticos museos rusos actuales provienen del expolio realizado en 1945 por las tropas soviéticas en su despiadado proceso de “liberación” de los países sometidos por los nazis. Pero ¿qué pasó con nuestro cuadrito? ¿Cómo se salvó de la redada soviética? Esta es sin duda la etapa más rocambolesca de esta historia.
El Barón Hatvany consiguió un pasaporte sueco entregado por un héroe desconocido de la mayoría de los españoles, Raoul Wallenberg, un arquitecto sueco al que podríamos llamar el “Schindler sueco”, como nuestro estimado diplomático español Ángel Sanz Briz. Fue enviado por su gobierno como secretario de la Embajada de Suecia en Budapest en 1944 para dirigir un departamento dedicado a salvar la vida de los judíos húngaros concediéndoles la nacionalidad y el pasaporte sueco[20]. Los historiadores cifran el número de vidas salvadas entre 30.000 y 100.000, entre los que se contaban el Barón Ferenc Hatvany y su familia. En 1946 el Barón regresó a Budapest y, su palacio destruido, intentó recuperar por todos los medios lo más importante de su extraordinaria colección, es decir el contenido de las trece cajas depositadas en el banco. Estando alojado en casa de su amigo Janos Horvath, quien le había prestado su nombre para depositar los objetos en la caja fuerte , recibió la visita de un supuesto representante del gobierno húngaro quien le anunció la posibilidad de recomprar su colección a razón de 10.000 forints[21] por pieza. Los medios económicos del Barón en este momento tan delicado no le permitieron disponer de más de 100.000 forints por lo que hizo una lista de tan sólo 10 cuadros: Campo árabe de Delacroix, dos desnudos de Ingres; El Origen del mundo y un desnudo acostado (se piensa que se refería a la joven con las medias blancas) de Courbet; Mujer con Perro y El suicidado de Manet, Mujer con vestido rosa de Renoir, Autorretrato y Héroe muerto de Marées y Paisaje de Transilvania de K. Marko[22]. No se sabe si recuperó todas estas obras pero en febrero de 1947 salía de su país con nuestro cuadro, residiendo entre París y Suiza hasta su fallecimiento acaecido en 1958. El resto de su colección fue transferido a Rusia en 1947.
Todavía en 1973, en un comunicado interno, las autoridades húngaras precisaban “Hay que cuidarse de no desvelar que fue el ejército soviético quien se llevó los cuadros” [23]. Tanto los conservadores húngaros como soviéticos guardaron el secreto de este imperdonable expolio, las autoridades rusas escondieron las obras en los sótanos de los museos rusos, donde los miembros de la Nomenklatura soviética se proveían de obras de arte para sus dachas y residencias personales, ocultaron los archivos y mintieron a los investigadores. Savatier afirma ahora rotundamente que “las obras que Ferenc Hatvany depositó en los bancos se encuentran sin duda todavía en los depósitos cuyo acceso está prohibido. “[24] Esta película de suspense continúa con otra noticia: el 14 de abril de 1992 el teniente Anatoli Siviridenko apareció asesinado cuando investigaba sobre el tráfico de obras de arte en el depósito del Monasterio de Zadorsk, uno de los depósitos secretos de la KGB[25]. Ser historiador del arte francés del siglo XIX en Rusia puede resultar muy peligroso… Desgraciadamente esto no es una película.
En 1947 Hatvany recuperó unos 10 cuadros de su colección, pero ¿qué pasó con el resto? ¿Intentaría recuperarla de otro modo? Prosigue el suspense, en otro capítulo sabroso.
El 19 de julio de 1957, el Bundestag había votado la “BRÜG”, ley federal de restitución de los bienes expoliados por el nazismo, y en su defecto, de indemnización. Sin embargo, Hatvany no hizo nada para solicitar compensación alguna del gobierno alemán. De sobras sabía que eran los rusos los autores del robo. Pero tras su muerte en 1958, su viuda Lucy y su yerno Endre Nagy, judíos perseguidos y expoliados por los nazis, pensando que algo podrían sacar, contrataron los servicios de dos abogados expertos en estas reclamaciones: Tibor Collas, ex – nazi – ironía del destino- que había frecuentado el Palacio Hatvany cuando era sede de la Gestapo, y Hans Deutsch, personaje sin escrúpulos, judío y amante del arte, quien se construyó un museo de arte contemporáneo, el Museo de Belmont, en su residencia de Lausanne[26]. Con falsos testimonios de antiguos amigos nazis consiguieron declaraciones que permitieron obtener una indemnización de 35 millones de marcos, pagadera en dos plazos de 17,5 millones. El pago de esta suma llegó a los oídos de la Condesa María Magda Bethlen quien había sido amante de Hatvany y poseía una colección de cartas en las que el Barón le narraba el robo de sus obras por el Ejército Rojo. La condesa amenazó con contar la verdad al gobierno alemán si no recibía un porcentaje de la indemnización. Ante la negativa de la viuda Hatvany, la Condesa se presentó en Bonn y entregó la correspondencia probatoria de la falsedad de la reclamación por lo que pidió , y por lo visto consiguió, un 10% de la suma que la RFA se iba a ahorrar. El 2 de noviembre de 1964, cuando Hans Deutsch se presentó para cobrar la segunda parte de la indemnización, fue arrestado y encarcelado.
El pillaje de los bancos de Budapest por el Ejército Rojo es una verdad incómoda. Ni los abogados de las víctimas están interesados en desvelarlo pues tienen más posibilidades de ser indemnizados si el expolio es achacable a los nazis, ni los rusos quieren que esto salga a la luz puesto que no tienen la más mínima intención de devolver la ingente cantidad de obras de arte robadas en Hungría.
Chez Jacques Lacan
El destino del Origen del mundo debía seguir siendo extraordinario y no podía pertenecer a una persona cualquiera. 1954 es el año en que es adquirida por Jacques Lacan y Sylvia Bataille Esta obra estuvo colgada en el estudio del psicoanalista francés desde 1954 hasta su muerte en 1981, oculta tras un cuadro pintado por André Masson -cuñado de Lacan, marido de la hermana de Silvia- un cuadro que disimulaba a la vez que sugería la imagen de Courbet : un paisaje abstracto sobre fondo ocre, titulado Terre érotique . Esta obra fue pintada a petición de Silvia por “el qué dirán los vecinos y el servicio”.
¿Cómo llegó el icono del erotismo a manos de Jacques Lacan, casado con la que había sido la esposa del maestro del erotismo en el siglo XX? ¿Cómo entró el Barón Hatvany en contacto con Lacan?
De nuevo recurrimos al trabajo detectivesco de Savatier para despejar las contradicciones de los testimonios.
Al instalarse en París, Hatvany depositó su Courbet en la caja de seguridad de la Société Générale. El Barón había ofrecido su obra a varias galerías francesas y suizas, pero sin éxito. Cuando entró en contacto con Pierre Grandville, un coleccionista de Dijon que había sido médico de Rodin, el comprador no estaba lejos. El nuevo propietario sólo podía ser alguien muy especial. Grandville era cuñado de Daniel Lagache, quien también era psicoanalista y colega de Lacan. Fue en la Galeria Wildenstein donde Grandville conoció a Lacan y probablemente se materializó la compra-venta de nuestro icono, para entonces casi centenario, por la cantidad de 1.200.000 francos.
En vida de Lacan, la posesión de la obra fue el secreto mejor guardado, aunque fue mostrada a los íntimos entre los que, sabemos, se encontraban el antropólogo Lévi Strauss, los actores Alain Cuny y Jean Louis Barrault, Dora Maar, Marguerite Duras, Merleau-Ponty, y Duchamp, quien, probablemente, [27] lo vió en 1958 cuando llevaba ya diez años trabajando en su serie “Etant Donnés”. Todos guardaron el secreto. Es más que probable que Georges Bataille también lo viera pero, sorprendentemente, este experto en erotismo nunca se refirió a él en sus escritos de forma explícita. Tampoco el propio Jacques Lacan habló de su posesión ni lo mencionó jamás, si no de forma sutilísima: como en el término “ori-gyne” como orificio de la mujer [28] , o en un seminario titulado “Qu’est-ce qu’un tableau?”[29] . Parece que el silencio seguía rodeando al innombrable. Existe un punto en común entre todos los que fueron testigos de la revelación de la imagen: nadie recuerda lo que se dijo al respecto, y aún menos lo que pudo haber dicho Lacan. El único que recuerda con nitidez aquellos momentos es el pintor Jean Jacques Lebel, quien se dio cuenta que en el momento en que des-cubrió la imagen, porque en este caso lo hizo él, Lacan no dejaba de observarle en silencio. Nadie recuerda las palabras de Lacan porque el rito consistía precisamente para él en ser el voyeur silencioso del observador conmocionado, el voyeur al cuadrado de la fantasía universal, “ cet icône interdite qui requiert du regardeur (le terme est de Duchamp) qu’il ne soit pas voyeur mais voyant[30]”. Lacan ejercía, en su rito, de maestro iniciático que guía al ciego, que da a ver.
Dice des Cars que con este penúltimo propietario se reanuda el ritual de ocultación. Si somos rigurosos, creo que no podemos afirmar esto porque sería suponer que no existió ritual húngaro. Lo cierto es que ignoramos si nuestro exvoto tuvo derecho a un ritual de ocultación y desvelo, entre 1913 y 1942. En mi opinión, conociendo la exquisitez de la nobleza húngara es probable que también tuviera derecho a él.
James Lord fue testigo de esta ceremonia de revelación un día en que fue a almorzar con Dora Maar a la casa de campo de Lacan, La Prévôté. Al final del almuerzo, a modo de trato privilegiado para iniciados selectos, los invitados siguieron al anfitrión, atravesaron el jardín y, una vez en el estudio del sabio, éste anunció con voz solemne:
- Et maintenant, je vais vous montrer quelque chose d’extraordinaire.
Pintado sobre un panel ligero, el cuadro de Masson se deslizaba lateralmente para descubrir la imagen oculta, ante los ojos atónitos de los invitados. Los afortunados que eran conscientes de formar parte de una élite exquisita de iniciados y de haber entrado en el sancta sanctorum del eminente pensador, mantuvieron el silencio sobre este icono y su ritual con el secretismo que define a las sectas.
Y así , durante casi medio siglo, prácticamente nadie supo dónde se encontraba el Origen del mundo.
El secreto de Silvia
Durante la vida de Lacan, el secretismo fue respetado y la obra no se expuso. Aunque Hélène Toussaint estuvo a punto de conseguirlo en 1977 (Lacan falleció en 1981) cuando preparaba la gran retrospectiva Courbet en el Grand Palais. Llegó a él por una indiscreción que ha quedado anónima, y pudo admirar la obra en el apartamento de Silvia del 3 Rue de Lille, colgada sin cubrir, en el comedor. Consiguió la autorización de los dueños pero no el acuerdo de los responsables de los Museos Nacionales, por entonces se entendía esta obra más bien como una “pochade érotique” que como una verdadera obra maestra. Ese mismo año el Centro Pompidou celebraba una exposición dedicada a Marcel Duchamp, el tercer volumen del catálogo razonado se refiere a nuestro cuadro definiéndolo como “tableautin”: en 1977 en el Centro Pompidou el Origen del mundo es percibido como un cuadrucho, como un pequeño cuadro sin importancia…
Casi diez años más tarde, en 1986, Linda Nochlin hizo malabares por conseguir el Origen para su exposición “Courbet reconsidered” en el Museo de Brooklyn, llegó hasta el 3 Rue de Lille pero no pasó del vestíbulo. “Tableau? Quel tableau?” solía contestar sorprendida Silvia Bataille por aquellos años. Corrían rumores que la obra pertenecía a un coleccionista de la costa oeste. Pero Nochlin no desistió, y unos meses después perpetró la hazaña: logró ver el cuadro y obtuvo de Silvia Bataille la autorización para exponer por primera vez ante el público el Origen del mundo en un museo de un país bastante puritano con un gobierno conservador: fue en el museo de Brooklyn en los Estados Unidos de Reagan donde no pasó desapercibido pero tampoco causó escándalo. Y tras la clausura, nuestro cuadro regresó discretamente al apartamento de Silvia de donde no volvería a salir hasta 1991 para una exposición organizada en Ornans por Jean Jacques Fernier, director del Museo Gustave Courbet, cuyo sugestivo título Les yeux les plus secrets no desvelaba la temática: estaba dedicada a 56 dibujos eróticos de André Masson. Y llegamos a otro episodio sabroso de nuestro “tableautin”: cuando Phillippe Muray avisó a su amigo Jacques Henric [31] de la presencia del icono en la exposición de Ornans - que pasó bastante desapercibida por cierto- y éste vio que en el catálogo se atribuía la obra a una “colección particular” en “Tokyo” , hizo saltar las alarmas y la policía, las aduanas, los Museos Nacionales y todas las autoridades posibles fueron movilizadas para impedir que saliera de las fronteras francesas esta joya del patrimonio nacional….. ¡Qué lejos estamos del “cuadrucho” de 1977! Pero no ocurrió nada puesto que de Ornans regresó tranquila y discretamente a París. Probablemente Silvia había hecho correr el bulo para despistar a los herederos por entonces en plena campaña judicial al hacerles creer que el cuadro ya no le pertenecía. Pero consiguió lo contrario: centrar los focos de la actualidad sobre él.
Y es que la propiedad del Origen nunca quedó clara. Tras la muerte de su marido, preguntada sobre las condiciones de la adquisición de nuestro cuadrito, Silvia Bataille dijo en una ocasión que lo había descubierto y comprado ella, pero en otro momento afirmó que le había pedido a Lacan que se lo regalara… Por otro lado, según testimonio de Thibaut Lacan, hijo de Marie Louise Blondin, primera esposa del pensador, cuando murió su padre, el cuadro despareció del estudio de la casa de campo de Guitrancourt, conocida como La Prévôté, donde lo había visto poco tiempo antes de su fallecimiento. Los hijos de la primera esposa, el “clan Blondin” se enzarzaron en una reclamación judicial que duró diez años contra Silvia, su hija Judith Lacan y su yerno, al encontrar que éstos habían sido exagerada e injustamente favorecidos por el testamento del psicoanalista. Es probable que Silvia temiera perder el icono en el reparto de la herencia con los hijos de la primera esposa de su marido y quiso ponerlo a buen recaudo en su apartamento parisino, y allí estuvo hasta su muerte en 1994.
El cementerio de Orsay
En los años 60, André Malraux, ministro de cultura a la sazón, previendo la posibilidad de adquirir la fabulosa colección personal de Picasso, creó la ley de la Dation que permite pagar los impuestos de sucesión con obras de arte, en vez de en metálico. Por este proceso el estado francés adquirió el Origen del Mundo a la muerte de Silvia Bataille en 1994. Así el Museo de Orsay se ha vuelto el último y ultimísimo - last and least- propietario del icono convertido en objeto casi religioso en su siglo y medio de existencia.
Creo no ser la única en haber sentido más de una vez que los museos se convierten en cementerios para las obras de arte poderosas. Más que espacios neutros son espacios neutralizadores de la carga emocional de las imágenes en ellos depositadas. Según des Cars el Museo de Orsay muestra el cuadro hoy en día de una manera que se ha “normalizado”[32], personalmente no puedo llamar normalizar al hecho de anular la carga erótica y emotiva de una imagen que no tiene equivalente en la historia de la pintura occidental. En la actualidad las dos salas de Orsay dedicadas a Courbet presentan varias obras del artista, el Origen del mundo es claramente protagonista, pero está colgado como un cuadro más, nada lo destaca de La trucha o del autorretrato del autor, ni cortinas ni velos ni espacio privado para contemplarlo. En mi opinión, su presentación en el Museo de Orsay ha literalmente achevé le tableau, le ha dado muerte. Porque sin mecanismo de ocultación y sin ceremonia de revelación ni espacio de intimidad el cuadro pierde su magia y su fundamental función como cueva secreta y sagrada, lugar de iniciación, exvoto que conjura los peligros del maligno, icono de la verdad que traspasa lo real.
El cambio de la mirada.
La historia de este cuadro está íntimamente ligada a la historia de su ocultación y revelación. Como si de un ritual mágico se tratara, al ser desvelada, la imagen pasa de la mera y llana realidad a convertirse en un icono portador de un mensaje trascendente. Ya hemos dicho que para Khalil-Bey el Origen del mundo cumplía una función de exvoto destinado a conjurar la terrible enfermedad. Hasta su llegada al Museo de Orsay en 1995, es un cuadro que dispuso de un sistema de ocultación. La primera información nos la da Maxime du Camp[33] quien describe el cuadro colgado en la pared del cabinet de toilette de su dueño oriental, cubierto por un velo verde. Según Henri Loyrette[34] este velo verde remite al de la Madona Sixtina de Rafael y su asociación con la obra de Courbet me sugiere ser un gesto radical y liberador, un derribo artístico de una Columna Vendôme del arte… También sabemos por Goncourt que estuvo oculto bajo llave y que en el siglo XX Lacan celebraba el ritual de revelación en “petit comité”. Tan solo no ha sido descubierto todavía el ritual en los años de su estancia en la tierra magyar.
Resulta muy interesante observar el cambio en la percepción de este cuadro por el espectador a lo largo de su siglo y medio de existencia, percepción que se debe tanto al cambio de la mirada del observador como al modo en que la imagen es mostrada. Cuán lejos estamos hoy en el aséptico espacio de Orsay de la conmoción de du Camp cuando la cortinita verde era desplazada en la intimidad aterciopelada del cabinet de toilette del coleccionista turco.
En su descripción de 1878 Du Camp describe la imagen como “une femme de grandeur naturelle, vue de face, extraordinairement émue et convulsée”: creo que esto no sería lo que diríamos hoy del Origen del mundo, porque precisamente lo que no vemos es su faz, ni la expresión de ésta. ¿Cómo pudo ver que estaba la modelo extraordinariamente emocionada y convulsa? Si bien en francés vue de face significa vista de frente, entender que la visión de la entrepierna es la de una mujer “vista de frente” no deja de ser por lo menos divertido. Más adelante Du Camp sigue describiendo el cuadro y apunta que el pintor había evitado pintar los pies, las piernas, los muslos, las caderas, el pecho, los brazos, la cabeza… Cuando sí que vemos un pecho, el vientre, los muslos y las caderas. Todo esto me hace pensar que fuera el propio Du Camp el que quedara extraordinariamente emocionado y convulso por la imagen y no pudo recordarla con claridad….
Tras su almuerzo con Lacan, James Lord recordaba que la modelo era una mujer “bien en chair, presque obèse” [35]. Esta percepción de una mujer gorda, entrada en carnes, casi obesa, es algo que aparece solo en los comentarios del siglo XX, no encontramos ninguna referencia a la gordura de la modelo en los varios escritos del siglo XIX. En la cuarta edición del 2009 de su ensayo, Thierry Savatier ha necesitado añadir a su texto de 2006 que ve en el vientre “abultado” un embarazo, asociando así la promesa de una nueva vida con el origen del mundo. El espectador del Origen del Mundo en el siglo XX ve una mujer obesa o embarazada donde solo hay una mujer sana y normal. Y esto me lleva a pensar que el imaginario visual del siglo XX no está formado en base a nuestra experiencia de la realidad sino a la integración de las imágenes de la publicidad, el cine y la televisión que, como todos sabemos, han creado un ideal de mujer extremadamente delgada, escogiendo a modelos frecuentemente anoréxicas o retocando las fotografías y falseando la realidad. Esto es algo que evidentemente Courbet no hizo, falsear la realidad. El Origen del mundo es la imagen fidedigna de lo que los ojos de Courbet tuvieron ante ellos –salvando, tal vez, el color fuego del vello-.
La hazaña de Courbet es ser capaz de convertirla en el punto extremo de la conquista de lo real, con él que traspasa los límites de ese Réalisme del que se sentía el abanderado apóstol, alcanzando el nivel de símbolo, casi me atrevo a decir de una imagen religiosa. En 1878 Du Camp percibía que la obra de Courbet donnait le dernier mot du réalisme . En el 2007 Des Cars afirmaba: “Le réalisme de Courbet a plus à voir avec le vrai qu’avec le réel” .
Pero son las palabras del académico Maurice Rheims las que más se ajustan a mi pensamiento:
La verdad al desnudo alcanza su apogeo en este Origen del mundo, sexo crudo que rasga un vientre ofrecido… La anatomía original no desvela sin embargo nada del misterio contenido en la gruta, como si, deseando desembocar en la revelación suprema, Courbet tropezara en la linde de lo invisible.[36]
Bibliografía
Bibliografía general
Berger, John, Mirar, Gustavo Gilli, 2001.
Loyrette Henri L'art français. Le XIXe siècle, 1819-1905, Flammarion, 2002
Webb Peter, The Erotic arts , Londres, Secker and Warburg, 1975
Bibliografía específica
AA.VV. Gustave Courbet, catálogo exposición Grand Palais, Paris, 2007-2008.
Des Cars Laurence, Gustave Courbet, catálogo, Grand Palais, 2007/2008.
Du Camp, Maxime , Les Convulsions de Paris, París, 1878.
Enaud Lechien, Isabelle, James Whistler, ACR Édition.
Faunce, Sarah - Dossier de l'Art, n°39, juillet 1997, p.49-50.
Fried, Michael, El realismo de Courbet, la Balsa de la Medusa, 2003.
Goncourt, Edmond et Jules, Journal, mémoires de la vie littéraire, París, Flasquelle et Flammarion, 1956.
Mravik, Laszlo, A Hatvanyak Emlekezete, (la memoria de los Hatvany), Hatvany Lajós Museum, 2003.
Orban Chistine, J’étais l’origine du monde, PRESSES POCKET, 2002.
Guégan Stéphane et Michèle Haddad, l’ABCdaire de Courbet, Flammarion, 1996.
Haddad, Michèle, Khalil-Bey, un homme, une collection, París, L’amateur, 2000. Halévy, Ludovic, Trois dîners avec Gambetta, publicado y anotado por par Daniel Halévy, Grasset, 1929.
Lord, James, Picasso et Dora, Paris, Séguier, 2000.
Schlesser, Thomas « L’Origine du monde », en Dictionnaire de la pornographie (bajo la dirección de Philippe Di Folco), Paris, Presses Universitaires de France, 2005.
Teyssèdre Bernard, Le Roman de l'origine, Paris, Gallimard, 1996.
Troubat, Jules, Une amitié à la d’Arthez, Champfleury, Courbet, Max Buchon, Paris, L. Duc, 1900.
Savatier, Thierry , L'Origine du monde, histoire d'un tableau de Gustave Courbet, Bartillat, 2006 y 2009.
Hemerografía
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Dagen, Philippe, « Le musée d’Orsay dévoile L’Origine du monde », Le Monde, 21junio1995.
Dagen, Philippe, « Sexe, peinture et secret », Le Monde, 22 octubre 1996.
Dagen, Philippe « La femme de "L'Origine du monde" était-elle enceinte ? », Le Monde, 6 marzo 2009
Noiville, Florence « Le retour du puritanisme », Le Monde, 25 marzo 1994.
Rheims, Maurice, Le Figaro, 28 juin 1995
Fargier Jean Paul, L’Origine du monde, 1996
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[1] Thierry Savatier, L’Origine du monde,histoire d’un tableau, Bartillat, 2009.
[2] Recuerdo haber ojeado furtivamente en mi adolescencia “Le sexe de la Femme” de Gérard Zwang, descubierto en la sección erótica de su biblioteca en aquellos años 70 en los que este tipo de literatura estaba prohibida. Ni mi padre ni yo recordábamos que en la p. 17 de la edición original de 1967 aparecía precisamente una reproducción del Origen del mundo, que provenía no del cuadro de Courbet sino de una pequeña “copia” de 32x27cm cuyo autor podría haber sido Magritte o la también pintora belga Jane Graverol. (Savatier, 2009,p.212)
[3] Jack Lindsay, Werner Hoffman y Michael Fried entre otros.
[4] Chistine Orban, en su novela J’étais l’origine du monde,(2000) añade que la modelo también fue amante del pintor francés.
[5] Monneret, L’Impressionisme et son époque, dictionnaire international illustré, Denoël, 1978.
[6] Thierry Savatier, L’origine du monde, histoire d’un tableau, 2006, reedición de 2009.
[7] Troubat ,Une amitié à la d’Arthez, Champfleury, Courbet, Max Buchon, Paris, L. Duc, 1900. Pp. 118-120, citado por Des Cars.
[8] Gustave Courbet, catálogo exposición 2007-2008, pp.383-384.
[9] Ibidem.
[10] Savatier, 2009, p. 26.
[11] Haddad, Michèle, Khalil-Bey, un homme, une collection, París, L’amateur, 2000
[12] Laurence des Cars, Gustave Courbet, catálogo, Grand Palais, 2007/2008.. p.378.
[13] Troubat, Jules, Une amitié à la d’Arthez, Champfleury, Courbet, Max Buchon, Paris, L. Duc, 1900,pp. 118-120, citado por Des Cars.
[14] Des Cars, opus cit. p. 381.
[15] Goncourt, Edmond et Jules, Journal, mémoires de la vie littéraire, París, Flasquelle et Flammarion, 1956, p. 998.
[16] Savatier , Thierry, L’Origine du Monde, Histoire d’un tableau, Bartillat, 2006
[17] P. Webb en The Erotic arts , Londres, Secker and Warburg, 1975.
[18] Bernard Teyssèdre, Le Roman de l'origine, Paris, Gallimard, 1996.
[19] Me refiero a la última edición de Thiery Savatier, 2009.
[20] Raoul Wallenberg desapareció el 17 de enero de 1945 cuando se dirigía a un puesto de mando soviético en Debrecen. Las autoridades soviéticas declararon que murió el 17 de julio de 1947 en Moscú en la temible cárcel de Lyublyanka en la que los detenidos eran utilizados como cobayas por el Dr. Mayranovsky quién, como el Dr Mengele en Auschwitz, practicaba pruebas de resistencia al frío, calor, venenos, enfermedades infecciosas…
[21] Divisa húngara del momento.
[22]Extracto de una declaración ante notario hecha por Janos Horvath el 27 de junio de 1969.
[23] Laszlo Mravik, A Hatvanyak Emlekezete, pp. 239-241, citado por Savatier, 2009, p. 157-171.
[24] Savatier, 2009, p. 165.
[25] L’Express, 14 de abril de 1992.
[26] Para hacernos una idea del personaje solo cito una noticia encontrada mientras redactaba este trabajo: 24h.Guide de LAusanne , revista local, septiembre 2009: “Daniel Baudin, président de Solmontbel 2 SA, société propriétaire du bâtiment (Musee de Belmont), est formel: les locataires Hans Deutsch et son fils Joram «n'ont pratiquement jamais payé leur loyer». Les arriérés atteignent aujourd'hui la coquette somme de 2 millions de francs.”
[27] Des Cars, op. Cit.
[28] Revista Silicet, Julio 1972.
[29] Jacques Lacan, Séminaire, libre XI, Le Seuil, 1973, pp. 98, 103.105.
[30] Jean Jacques Lebel, citado por Savatier, 2009, p.192.
[31] Jacques Henric, escritor y ensayista , había dedicado un artículo al Origen en Art Press , revista que volvió a dedicarle la mayor parte de su número de noviembre en 1991 .
[32] Des Cars, opus cit. P.381.
[33] Maxime du Camp, Les convulsions de París, Hachette, 1878, tomo II, pp.262-264
[34] Henri Loyrette L'art français. Le XIXe siècle, 1819-1905, Flammarion, 2002
[35] Lord, James, Picasso et Dora, Paris, Séguier, 2000, pp. 277-278, citado en el catálogo de la exposición Gustave Courbet 2007-2008, p. 381.
[36] Le Figaro 28 juin 1995 “La vérité toute nue atteint son apogée dans cette Origine du monde, sexe cru déchirant un ventre offert… L’anatomie originelle ne dévoile pourtant rien du mystère enclos dans la grotte, comme si Courbet, dans un désir d’aboutir à la surpême révélation, avait buté à l’orée de l’invisible.”






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LOS COMENTARIOS (2)
publicado el 11 marzo a las 16:03
Ya lo sé pero otros que están investigando y no encontrando nada lo agradecerán.No siempre hay rendirse a las prisas, hacer las cosas con prisa para gente con prisa. ¡viva el ciberespacio para compartir y pensar juntos!cariños desde madrid. pilar baselga
publicado el 10 marzo a las 17:46
Buen texto, pero como lo mencionas al principio, un poco más largo que lo normal y deseable, sobre todo para lectores de hoy, con prisas y con capacidad mermada de análisis crítico, muchos leerán tu escrito entre el descuido del jefe en la oficina o el resto no consumido del tiempo del lunch. Saludos desde México
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