Revista Comunicación

I am not Miss

Publicado el 11 noviembre 2014 por Lya
SPOILERS GORDOS DEL FINAL DE TEMPORADA DE DOWNTON
Confesad, confesad, no pasa nada. Estamos todos igual... o, ¿acaso soy yo la única persona que desde ayer cada vez que se ve frente a un espejo no puede evitar decir aquello de "I am not Miss, I am Lady Mary Crawley"? Con entonación, con furia, con raza. I AM NOT MISS, I AM LADY MARY CRAWLEY. 
Grande, reina, superior. La puta ama. 

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Sí, Mary, sí...


Que el policía se pasara el asunto por ahí y no le hiciera caso, da igual. Ahí está nuestra Lady Mary, erigiéndose en prota de un capítulo que no iba sobre ella. Hombre, por favor, cómo soportarlo. Pues si se tiene que poner mohína porque el cuñado se va y la prima se casa, pues se pone. Que normal, porque se ve sola en la Abbey con Edith La Madraza y le dan espasmos. Ya lo dijo, si la asesino, luego no me echéis encima la culpa. Oye. 
Confesemos todos también que todas nuestras esperanzas están puestas en que en el especial de Navidad -que va a ser de verdad de Navidad este año- Lady Mary y Tom tengan un momento tonto y al ex chófer lo de irse a Boston se le pase. Porque, claro, ya lo dice Carson, que bebe los vientos por su niña Lady Mary, el Tony Gillimgham no era lo suficientemente bueno para la más mejor del mundo mundial. Ergo, hay que buscar a otro y qué mejor que Tom, que lo tenemos a mano, se ocupa del estate y a papá no le va a dar ya un soponcio. 

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Que Matthew and Sybille nos perdonen, pero qué bien quedan...


Que esa es otra, papa Crawley nos chochea ya. Que se ha enterado de lo de Marigold (vaya nombrecito, eh) y tan feliz. Si ya se lo dije yo a Edith, que tus padres, unos soles, que no hacía falta tanta infraestructura para disponer de la cría. Ahora, que la pobre nena le recuerde a tu padre a tu desaparecido y por eso haya sacado que es fruto del pecado, me parece demasié. No podía simplemente parecerse a ti cuando eras peque, no. Tenía que parecerse al otro. Qué retorcimiento culebronero. Cómo mola todo. 
Por lo demás, se nos casó Rose. Por lo civil, porque ella convertirse no, para desagrado del suegro (por cierto, actorazo James Faulkner, qué voz, qué planta, qué todo), que al final transigió porque vio que la chica es maja y mona y no tiene culpa de tener esa madre que es para ahorcarla. Madre que se inventó un numerito muy faranduleo español del siglo XXI con pelandusca y fotógrafo por medio para impedir la boda. No por nada, sólo por fastidiar, porque ella esa así. Una incomprendida. 
Pero sobre la boda, ahora que lo pienso, tengo yo cosas que decir. First of all, ¿dónde estaban los hermanos de Rose? ¿O hemos de suponer que eran algunos de los invitados que por allí pululaban y no nos los presentaron? Que yo sepa tiene dos, chico y chica, que me acuerdo de cuando los Crawley estuvieron de viaje en Escocia. Y otra cosa, ¿y Lady Rosamund? Hombre, que sólo nos la sacan cuando tiene que resolver marrones de las pindongas de las sobrinas, pero a las fiestas no la llevan, no. Aaaaay. Mal, muy mal. 
Otras dos cosas, continúo, que esperamos ver resueltas en el especial de Navidad son los amores yayiles. Esa cousin Isobel, que ante los dos hijastros que se la venían encima, se está pensando lo suyo con Lord Merton, y esa Lady Violet que no puede ya más del subidón que le entra cuando tiene a su prince Kuragin delante. Y decir esto es innecesario, pero cómo es Maggie Smith. Cómo. 
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Una de mis escenas favoritas de la temporada... 
Ah, bueno, que tendré que hablar del rollo de las cocinas. Pues quitando que la doncella-ama de llaves de Lady Violet nos salió fan de Don Simón y se bebió hasta el agua de los floreros, aprovechándose de paso del nuevo chico al que desplumó cual gallina, lo demás todo sigue igual. Los Bates a sus cosas de la cárcel y Daisy a sus cosas de querer ser de repente académica de la lengua. Ah, eso sí, creemos todos que Molesley le pidió matrimonio a la doncella de Lady Cora. Pues, ale, que se casen, y a ver si son menos pesados que los otros dos. 
Y, en fin, ya sólo nos queda esperar a que llegue Navidad y veamos qué es lo que pasa... Del desierto existencial que nos espera después (ocho laaargos meses), prefiero no hablar porque aún no lo tengo asumido. Duele demasiado. Snif. 
Ah, una cosilla:

I am not Miss

Isis, guapa. No te olvidamos. 



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