Revista Cultura y Ocio

Isabel de Trastámara, “la Católica”

Por Manu Perez @revistadehisto
Isabel I de Castilla y de León desde 1474 hasta 1504. Reina Consorte de Sicilia desde 1469, y de Aragón desde 1479 por su matrimonio con Fernando de Aragón. Nació en el convento de San Agustín de Madrigal de las Altas Torres (Ávila) y falleció en el Palacio Testamentario de Medina del Campo (Valladolid) a causa de una hidropesía a consecuencia probablemente de un cáncer de útero o en todo caso, cáncer de recto. Está enterrada en la Capilla Real de la catedral de Granada. Tuvo seis hijos: Isabel, Juan, Juana I de Castilla, María y Catalina.

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Isabel de Trastámara, “la Católica”

Hija de Juan II de Castilla y de su segunda esposa, Isabel de Portugal. Era de mediana estatura, bien proporcionada, muy blanca y rubia, de ojos entre verdes y azules, de mirar gracioso y honesto, y un rostro hermoso y alegre. Fuerte personalidad. Su carácter era recio y varonil. También afable y de trato agradable. Justiciera y generosa, olvidaba con frecuencia las afrentas hechas a su persona, pero las infracciones a las leyes las castigaba con rigor. Dotada de una gran inteligencia, poseía un corazón noble. Siempre guardó para su familia un gran afecto, y a sus más allegados los trató con deferencia y cariño. Cuidó a su madre con gran ternura. Amaba a su esposo y a sus hijos más que a sí misma. A pesar de sus preocupaciones políticas y de sus constantes viajes, siempre encontró tiempo para acudir a la llamada de sus hijos y ocuparse de su educación.

Demostró su tesón, tanto en los derechos dinásticos como en la guerra de Granada contra los moros. Cuando lo consideró oportuno, vistió la armadura y participó en muchas acciones bélicas al lado de su esposo. Con su valor y presencia, levantaba el ánimo de los combatientes. Fue el alma de la conquista granadina, vigilando que no decayera la moral de su ejército, atenta siempre a que no le faltaran suministros. Dio, a lo largo de su reinado, muestras de un heroísmo que raramente se encuentra en su sexo; pero si su ardor guerrero le llevaba a exaltar el valor de sus soldados, su acendrada y sincera piedad le inducía a cuidar de su bienestar haciendo distribución de comida, ropas y dinero.  Creó los Hospitales de la Reina. Dotada de un excelente juicio, su esposo no hacía nada sin consultarle, hasta en lo que se refería a su reino patrimonial de Aragón. La trashumancia se hizo en ella un hábito. Gracias a su incesante actividad, a su buen juicio, consiguió levantar a la Castilla postrada, decadente y podrida de su hermanastro Enrique IV. Bajo la vigilancia de la Santa Hermandad[1], volvió el orden, y los campesinos pudieron labrar pacíficamente sus tierras. Disminuyó el poder de la nobleza:

Podéis seguir en la Corte o retiraros a vuestras posesiones, como gustéis; pero mientras Dios me conserve en el puesto a que he sido llamada, cuidaré de no imitar el ejemplo de Enrique IV, y no seré juguete de mi nobleza.

Consiguió que los Reyes de Castilla ostentaran la dignidad de Grandes Maestres de la Órdenes Religiosas. Isabel no tuvo en cuenta a la sangre más ilustre a la hora de ocupar los puestos más altos, nombrando a los más capacitados sin importarle que fueran de clase inferior.

Era muy temerosa de Dios, teniendo gran respeto a sus ministros en la Tierra y, sobre todo al Papa, pero se mostraba muy susceptible cuando se trataba de la independencia de la Corona o de sus derechos, respondiendo con altivez y energía. Creó el Consejo Real que lo transformó para que fuera el órgano central del Gobierno, asesor de los monarcas y Tribunal Supremo de Justicia. Acometió la reforma del Ejército, que se transformó en permanente y mejor, dotándolo de mejor armamento y dando mayor importancia a la Artillería, de reciente invención. Creó el cargo de Corregidor, funcionario nombrado por los Reyes para imponer la autoridad del trono en las grandes ciudades. Junto a su esposo, Fernando, fue el artífice de la creación de España, tal y como hoy la conocemos.

Autor: José Alberto Cepas Palanca para revistadehistoria.es

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Bibliografía

RÍOS MAZCARELLE, Manuel. Diccionario de los Reyes de España.

[1] La Santa Hermandad fue la primera unidad militar permanente que existió en España y una de las primeras tropas regulares organizadas de Occidente. Fue creada por los Reyes Católicos en 1476 para garantizar la seguridad y mantener el orden público en todos los territorios de la Corona, por tanto, fue el primer cuerpo nacional de policía de Occidente. Fue concebido como cuerpo de ejército permanente en teoría, pero en la práctica se formó para someter a la nobleza, ya que ésta recurría al bandolerismo y al saqueo para solucionar sus problemas financieros. La Santa Hermandad fue decayendo, hasta que en 1834, fue votada una ley en las Cortes por la que se ordenaba su desaparición total. Diez años más tarde, se crearía la Guardia Civil como sustituto.

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