Revista Cultura y Ocio

Jack Kerouac: Maggie Cassidy (y 2):

Publicado el 18 agosto 2016 por David David González

    La abracé durante mucho tiempo, incluso cuando quiso dejarlo ya. Me di cuenta que lo había hecho por capricho. Me quería. También pienso que los dos nos asustamos más tarde cuando manteníamos un beso durante treinta y cinco minutos y se nos agarrotaban los músculos de los labios y resultaba doloroso seguir -pero de algún modo se suponía que teníamos que hacer aquello, y lo que decía todo el mundo, los demás chavales, Maggie y todas las demás, "darse el lote" en las fiestas de patines y de post office y en los porches después de los bailes, habían aprendido que eso era lo que había que hacer- y lo hacían a pesar de lo que sintieran al respecto personalmente-el miedo al mundo, niños aferrados a lo que creen que es un beso maduro, seguro (complicado y adulto)-sin comprender el goce y la reverencia personal-Solo más tarde se aprende a apoyar la cabeza en el regazo de Dios, y a reposar en el amor. Algún gigantesco impulso sexual subyacía a aquellos largos y fútiles besuqueos, a veces nuestros dientes rechinaban, nos ardía la boca por el intercambio de saliva, nos salían ampollas en los labios, nos sangraban, se nos agrietaban- Teníamos miedo.
Jack Kerouac: Maggie Cassidy (y 2):
    La primavera sopla atravesando mi nariz, mi etéreo cerebro-La llamada del ferrocarril está encajada como un hawdaj sobre el horizonte. Ella inclina la cabeza hacia mí- "Así que en realidad no te conviene mezclarte con alguien como yo... Puede que ahora creas que sí pero yo no creo... que... funciones" Yo no daba crédito, me limitaba a quedarme por ahí para darnos el lote un poco más. Increíblemente lúgubre mi visión de la vida y del cementerio. Maggie piensa que no soy más que un bobo del pensamiento despistado que intenta recordar lo que iba a decir. Tengo tres cosas distintas a las que atender en la organización de mi mente con los vasos cayendo y encajando en su lugar y la puerta de la caja fuerte se abre lentamente tan lentamente que tarda toda una vida-además al ver que ahora no me querría, me pasaba el tiempo regateando sobre si debería ir a verla o no. Ella se limitaba a quedarse sentada por ahí y le daba igual.
Jack Kerouac. Maggie Cassidy. Contraediciones, julio de 2016. Traducción de Federico Corriente.


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