Revista Sociedad

José Antonio Jiménez denuncia el rostro más duro del bullying en la novela ‘El niño que no quiso llorar’

Publicado el 11 abril 2016 por Comunicae @comunicae

Son pocas las obras de ficción que han tratado, con tanda agudeza, la problemática generalizada del bullying. En este sentido, el El niño que no quiso llorar del escritor José Antonio Jiménez-Barbero sienta precedentes en la literatura española.

Con un lenguaje directo y austero, Jiménez-Barbero presenta una novela de impacto, sin fisuras, directa a la sien, cuya misión, al ser leída y comprendida por todos los públicos, se cumple a la perfección puesto que el ritmo narrativo permite una inmersión completa, sin florituras, en la historia que se lee, por momentos, como un documental.

El niño que no quiso llorar narra la vida de Santiago, un niño que acude diariamente al instituto como cualquier otro, pero que bajo ese manto de aparente normalidad se oculta una suerte de vida paralela marcada por el acoso sistemático de un grupo de niños que lo someten a vejaciones ante la mirada indiferente de profesores y alumnos. Es imposible, por tanto, que el lector no sienta y, por momentos, padezca, la tremenda soledad asfixiante que acompaña a los niños en este tipo de epopeyas silenciosas, muchas veces incomprendidas, hasta dar con el corazón del problema. Pero El niño que no quiso llorar es, además, la historia de “amor” entre Santiago y Lucía, una niña nueva en el instituto, simpática, inteligente y dotada de una gran sensibilidad, quien será la única capaz de descubrir el maravilloso mundo interior que oculta Santiago.

A partir de entonces, el lector descubrirá, como en la caja de Pandora, la vida de un adolescente creativo a quien la violencia de una sociedad repleta de prejuicios, le ha ido arrebatando poco a poco su infancia, hasta llevarlo a un callejón sin salida, la cartografía exacta de cómo se construye el odio.

En última instancia, de eso se trata El niño que no quiso llorar, de un grito de alarma emitido por alguien que ha vivido en la primera línea de fuego. El autor ha ejercido como policía en una problemática desatendida por una cultura obsesionada por la violencia en todas sus formas.

Dicho esto, El niño que no quiso llorar es una lectura obligada para todo padre cuyo hijos se encuentren en edades adolescentes, pero también para aquellos que crean que esta problemática los mantiene al margen y comprendan hasta qué punto puede ser la oscuridad de un niño que ni siquiera se puede permitir llorar.


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