Revista Religión

Juan Pablo I, el Papa de la sonrisa, beatificado por su sucesor Papa Francisco

Por Joseantoniobenito

Juan Pablo I, el Papa de la sonrisa, beatificado por su sucesor Papa Francisco

Francisco beatifica este domingo a su predecesor Juan Pablo I, el Papa de la sonrisa

Abolió la silla gestatoria y el uso del plural mayestático, pero la Iglesia elogia también lo que hizo antes de convertirse en Pontífice

Javier Martínez-Brocal

JAVIER MARTÍNEZ-BROCAL

Corresponsal en el Vaticano

03/09/2022 a las 12:26h.

Francisco beatifica este domingo a Juan Pablo I (1912-1978), para reconocer la huella que este Papa dejó en la Iglesia en sólo 33 días de pontificado. La misa se celebrará el domingo por la mañana en la plaza de San Pedro, la misma a la que el nuevo beato se asomó el 25 de agosto de 1978. Su primera reliquia es un folio en el que trazó en 1956 una explicación sobre las tres virtudes teologales, que utilizó años más tarde en sus tres únicas audiencias generales.

Albino Luciani, mejor conocido como Juan Pablo I, tiene muchos primados. Es el Papa que en pocos segundos conquistó al mundo con su espontánea sonrisa, que aparcó para siempre la silla gestatoria y que canceló de un plumazo el uso del plural mayestático «nos» en sus discursos para usar sólo el «yo». Ese nuevo estilo abrió la puerta a la elección de Juan Pablo II, primer pontífice no italiano en casi medio milenio.

El cardenal Beniamino Stella, que fue ordenado sacerdote por él, recuerda su instinto para usar un lenguaje sencillo. «En el seminario le dijeron: 'Cuando hables, debe entenderlo hasta la última vieja del último banco'. Aplicó siempre esta regla y supo hacerse entender por todos», explica.

Stella, que es también el postulador de esta causa de beatificación, lo describe como una persona de «enorme serenidad interior, gran bondad y timidez, que cultivaba la amistad con todos». «Era un obispo que cuando había un problema, rezaba, y reflexionaba mucho antes de tomar una decisión», añade.

Dice que con su vida mostró «el rostro de una Iglesia humilde, laboriosa, serena, preocupada de seguir a Jesús, lejana de la tentación de medir el valor del Evangelio según lo que opina la gente sobre él».

La número dos de la postulación, la periodista e historiadora italiana Stefania Falasca, lamentaba este viernes en el Vaticano que las circunstancias de su muerte hayan «neutralizado la consistencia y el peso de un personaje gigante». Con la beatificación, «la Iglesia reconoce toda su vida, no sólo su papado», subrayó.

Ella ha revisado el historial médico del Pontífice, las declaraciones de los dos médicos que examinaron su cadáver, y de las personas del Instituto de Medicina Legal de la Universidad La Sapienza que en 1978 trabajaron para prepararlo para los días que estuvo expuesto antes del funeral.

En aquel entonces «los médicos del Papa no consideraron necesario hacer una autopsia porque no encontraron nada sospechoso. Tenían claro que se había tratado de un infarto. Muerte imprevista, y por lo tanto, natural», asegura Falasca, que revela que la noche anterior el Papa tuvo un dolor en el pecho, pero no le dio peso porque lo consideró reumatismo.

Para la beatificación, la postulación ha tenido que demostrar un milagro realizado por la intercesión de Juan Pablo I. En este caso, se trata de una curación médicamente inexplicable y repentina que tuvo lugar el 23 de julio de 2011 en Buenos Aires. La paciente era una niña de doce años completamente desahuciada. Ya pesaba sólo 19 kilos a causa de una 'grave encefalopatía inflamatoria aguda', crisis epilépticas diarias y 'shock' séptico por una infección broncopulmonar. Completamente recuperada, iba a estar este domingo en la ceremonia, pero hace unos días se lesionó en el gimnasio y los médicos le han prohibido el viaje en avión para evitar trombos.

Un cónclave exprés

Elegido el 26 de agosto de 1978 en la tercera votación en un cónclave de menos de 24 horas, el hasta entonces patriarca de Venecia Albino Luciani tomó una primera decisión sorprendente, unir el nombre (y así, las prioridades) de los dos gigantes que lo habían precedido, Juan XXIII y Pablo VI.

Albino había nacido en 1912 en una pequeña localidad cerca de Belluno (Italia) llamada Forno di Canale. Su padre era un obrero socialista emigrado a Alemania y Argentina, que regresó a Venecia y trabajó en la industria del vidrio de Murano. Tras ordenarse sacerdote a los 22 años, enseñó Religión en un centro de preparación técnica de mineros. Hablaba con gestos. Dos años antes de ser Papa, había vendido su cruz pastoral de oro, para destinar los fondos a un centro de ayuda para personas con síndrome de Down.

En el momento del cónclave, su hermano Edoardo, que había sido maestro, ya estaba jubilado. Su hermana Nina era un ama de casa casada con un albañil. En el Vaticano contó sus historias Lina Petri, hija de Nina. «Cuando él era cardenal, yo estudiaba Filosofía en Roma y cuando él venía a esta ciudad, me llamaba para comer juntos», asegura. «Se interesaba por mí, me preguntaba si me gustaba más San Agustín de Hipona o Santo Tomás de Aquino. Yo no los conocía mucho. Él me explicaba que sentía más cercano a San Agustín porque de pecador, pasó a ser converso», evoca. «Era muy optimista: no buscaba condenar, veía siempre lo bueno de las personas», añade.

«Durante el cónclave con mi hermano bromeábamos: 'No prepares la cena, iremos al restaurante porque harán Papa a nuestro tío'», recuerda. «Cuando tras la fumata blanca mi madre escuchó su nombre en latín, 'Albinum', cayó de rodillas. Repetía: 'Pobrecillo, pobrecillo'. Con todo el lío, se nos olvidó cenar», asegura.

Sobre el fallecimiento de Juan Pablo I, la sobrina del Papa es tajante: «En nuestra familia no hemos creído en los complots, jamás hemos tenido ninguna sospecha. Pienso que es un insulto a la inteligencia insinuar que fue asesinado», repite.

https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2022-09/papa-luciani-beatificacion-conferencia-prensa-vaticano.html

Papa Luciani: "Una beatificación sin descuentos"

En la Oficina de Prensa vatican la presentación de la beatificación de Juan Pablo I que el Papa Francisco celebrará el 4 de septiembre en la Plaza de San Pedro. Junto con el postulador, el Cardenal Stella y la postuladora adjunta Stefania Falasca, los recuerdos de la sobrina Lina Petri y de Sor Margherita Marin, la primera en encontrar el cuerpo sin vida del Pontífice, y el testimonio del Padre Dabusti, el sacerdote brasileño que rezó por la curación de la niña milagrosamente curada por Luciani

Salvatore Cernuzio - Ciudad del Vaticano

Ha pasado a la historia como el Papa de los 33 días de pontificado, o más banalmente como el "Papa de la sonrisa" o, peor aún, como el Papa protagonista de una leyenda noir de muerte repentina alimentada por libros y periódicos. La inminente beatificación ayuda a conocer mejor y también a descubrir la inmensa figura de Juan Pablo I. El magisterio, la profundidad espiritual y humana, la cultura patrística, moral, histórica y dogmática.

La causa de canonización y los recuerdos personales

Una oportunidad preciosa para profundizar, de cara a la celebración que presidirá el Papa Francisco en la Plaza de San Pedro el 4 de septiembre, ha sido la rueda de prensa de esta mañana en la Sala de Prensa vaticana. Presentes los actores de la causa de canonización, el postulador, el cardenal Beniamino Stella y la vicepostuladora Stefania Falasca. De su parte, no sólo un excursus de la causa de canonización, que duró 19 años, sino también recuerdos y experiencias personales. Por ejemplo, Stella recuerda a su madre que "en relación con la pobreza solía citar a Monseñor Luciani, para decir que el sacerdote no debebía tener cuentas bancarias ni libretas de cheques". O la emoción de Falasca que, instada por los reporteros, relató las décadas pasadas, entre estudios y viajes, ahondando en la figura del que calificó como "uno de los Papas más geniales del siglo XX".

Los ponentes de la rueda de prensa por la Beatificación del Papa Luciani
Los ponentes de la rueda de prensa por la Beatificación del Papa Luciani

La sobrina Lina: "Ayudó a los judíos durante la guerra"

En la onda de este ambiente casi íntimo, inusual para una conferencia de prensa, los testimonios de dos mujeres que conocieron de cerca a Albino Luciani despertaron una gran emoción en la sala. Sor Margherita Marin, la monja de la Congregación de las Hermanas del María Niña, asistente en el departamento papal, quien fue la primera, junto con Sor Vincenza Taffarel, que encontró el cuerpo sin vida del Pontífice. A continuación, la sobrina Lina Petri, hija de la hermana Antonia, que recordó las postales desde Roma "de su tío", los consejos, las charlas sobre San Agustín y Santo Tomás, las llamadas telefónicas con su hermana, como aquella en la que hablando del encuentro en Belluno entre Hitler y Mussolini dijo en dialecto: "¡Estamos en manos de dos locos!". Lina Petri también contó la ayuda ofrecida por su tío a las personas con dificultades durante la guerra, especialmente a los judíos, o el día en que los obispos de Friuli le pidieron consejo sobre si debían celebrarse funerales católicos públicos por Pier Paolo Pasolini, asesinado en una "muerte escandalosa". "Lo autoricé enseguida, no tuve dudas", le confió a su sobrina, "le expliqué que todos necesitamos la misericordia del Señor. Pasolini en Friuli, de adolescente, estaba unido a la iglesia y lo pongo como base'. "Él era así... No hacía juicios condenatorios, sino que partía de lo que había de bueno en las personas".

La deposición de Benedicto XVI

Los testimonios de la religiosa y de la sobrina fueron algunos de los muchos que, en el transcurso del proceso, permitieron reconstruir pieza a pieza la obra y la vida, incluidos los últimos momentos, del Pontífice veneciano. Entre las deposiciones extraprocesales, destaca la de Benedicto XVI: un testimonio, señaló Stella, que representa "un unicum histórico, ya que es la primera vez que un Papa da testimonio de visu sobre otro Papa".

Una investigación exhaustiva y minuciosa

El proceso, que ha sido impulsado desde la Iglesia brasileña hasta la argentina, ha avanzado lentamente, llegando a la fase de beatificación 44 años después de su muerte en 1978, que ha quedado grabada en la memoria colectiva como "el año de los tres Papas". Sin embargo, es precisamente esta lentitud la que ha permitido llevar a cabo un trabajo meticuloso. "La causa del Papa Luciani", subrayó el postulador, "no fue más larga que otras, ni más corta y fácil que otras. Ha sido una investigación sin descuentos: precisa, concienzuda, escrupulosa, llevada a cabo con método histórico-crítico, sobre la base de una seria investigación de las fuentes archivísticas, de una búsqueda bibliográfica dirigida y de un rico panorama testimonial".

El pontificado punta de un iceberg

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Y es precisamente la adquisición de las fuentes y de una impresionante masa de documentos, ahora recopilados por la Fundación Vaticana que lleva el nombre del Papa beato, lo que ha permitido la "excavación analítica" gracias a la cual, dijo Falasca, "se ha podido poner en marcha un proyecto de reconstrucción histórica que no es extemporáneo". "A nivel de interés historiográfico", subrayó el vicepostulador y vicepresidente de la Fundación Vaticana Papa Luciani, "Juan Pablo I ha tenido un espacio modesto. Su obra, su personalidad y su pensamiento han recibido poca atención". La causa de canonización ha prestado, por tanto, "un servicio a la verdad histórica, adquiriendo toda la documentación para hablar realmente de Juan Pablo I". Y sobre todo "reconstruir con plenitud un itinerario del cual el pontificado fue la punta de un iceberg".

La pequeña parroquia de montaña

De hecho, la santidad de Luciani tiene raíces lejanas, que se hunden en Canale d'Agordo, el pequeño pueblo del Véneto que lo vio nacer. "A pesar de muchos comentarios, que con demasiada frecuencia han ensalzado la humildad y el provincianismo de la ciudad natal", observó don Davide Fiocco, miembro de la Fundación y director de la casa de espiritualidad "Centro Papa Luciani", "las investigaciones históricas hablan de la vitalidad de una tierra fronteriza, que fue sede de iniciativas económicas y sociales que presumían de primogenitura incluso a nivel nacional y, sobre todo, fue forjadora de personalidades de cierta importancia". No es casualidad que durante el Concilio Vaticano II (quizás un caso único en el mundo) esta pequeña parroquia de montaña contara con hasta tres prelados, además de Monseñor Luciani, entre los Padres Conciliares.

Las mentiras sobre la muerte

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Gracias a la investigación científica, pues, se ha podido desmontar la noticia falsa sobre la muerte por envenenamiento que "duró mucho tiempo". Una mentira histórica que, para Stefania Falasca, "ha fagocitado la consistencia y el calibre magistral de este hombre y de este Papa durante tantos años". "Es increíble que 44 años después de su muerte todavía nos preguntemos por qué fue asesinado", exclamó la periodista. Para contrarrestar lo que calificó de "basura publicitaria" están, precisamente, las fuentes: "Y cuando hay fuentes, la historia habla de verdad".

Informes e historiales médicos

En el caso de la muerte de Luciani, se habla de la adquisición de historiales médicos, declaraciones procesuales, partes médicos, los informes de los médicos -el arquíatra pontificio Mario Fontana y el médico Renato Buzzonetti- que habían redactado la causa y el estado clínico, la anamnesis, el expediente y dispuesto la conservación del cadáver. "Algunas personas se preguntan por qué no se realizó una autopsia. Entonces no estaba la ley, Juan Pablo II la introdujo en 1983. Además, la autopsia se solicitó por sospecha y Fontana y Buzzonetti, en el informe de la muerte, escribieron que no la consideraban necesaria', dijo Falasca. La visión del cadáver, la descripción de las manchas que permitieron restablecer el momento de la muerte, llevaron a los dos profesionales a decretar la de Luciani como "muerte súbita". Y "cuando se escribe así en medicina forense, siempre es muerte natural", subraya el periodista: "Fue un infarto".

El mismo Luciani, que gozaba de "buena salud a pesar de tener algunos antecedentes médicos", había visto signos de ello la noche anterior, con un dolor en el pecho que confundió con un dolor intercostal. No le dio demasiada importancia y se fue a la cama despidiéndose de las monjas como cada noche y diciéndole a sor Margherita su última frase: "Mañana nos vemos, si el Señor quiere todavía, y celebramos la misa juntos".

Sor Margherita Marin en la Oficina de Prensa vaticana
Sor Margherita Marin en la Oficina de Prensa vaticana

Los recuerdos de sor Margherita Marin

La religiosa evocó estos fuertes recuerdos con voz tenue, junto con pequeñas pero significativas anécdotas que devuelven la imagen del hombre Albino Luciani. Por ejemplo, aquella vez por la tarde, que viendo a la monja planchando, el Papa, que iba de un lado a otro con papeles en la mano, le dijo: "Hermana, te hago trabajar tanto... Pero no planches tan bien la camisa porque hace calor, sudo y tengo que cambiarla a menudo. Plancha sólo el cuello y los puños, el resto no se ve".

La reliquia: una hoja de papel amarillenta con notas sobre las virtudes teológicas

Papeles en la mano, Juan Pablo I, los tenía siempre. Siempre. Una hoja de papel lo tenía incluso en sus manos cuando murió: notas sobre la virtud de la prudencia en el centro de la catequesis de la audiencia general del miércoles siguiente. En los archivos de la Fundación -que abarcan un periodo de tiempo que va de 1929 a 1978- se han recuperado diarios, cuadernos, notas, transcripciones que muestran cómo todo lo que decía Luciani "nunca se dejaba a la improvisación". De este "sanctum sanctorum" se extrajo la reliquia que será presentada al Papa el domingo: no un fragmento de hueso o parte del cuerpo, como siempre fue el caso, sino un trozo de papel. Una hoja blanca, amarillenta por el tiempo, de unos diez centímetros de grosor, en la que el Papa dibujó un esquema de reflexión espiritual sobre las tres virtudes teologales que recuerda el magisterio de las audiencias generales. Una novedad absoluta, llena de significado: "Es el emblema de lo que es toda su espiritualidad y su búsqueda de las siete lámparas de santificación", dijo Stefania Falasca, "el programa de su pontificado".


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