Revista Opinión

Juego de Tronos y el sexo: luz (Parte I)

Publicado el 16 abril 2016 por Skuhmm
Juego de Tronos y el sexo: luz (Parte I)Antes de empezar este artículo debo confesar dos cosas.
La primera es que tardé muchísimo en subirme al carro con Juego de Tronos. Las historias ambientadas en la Edad Media, aunque sea en versión fantasiosa, no son lo mío, y me temía que me iba a acabar durmiendo en medio de algún diálogo pomposo entre nobles y demás cosas por el estilo. La segunda cosa es que aún no he visto la quinta temporada, y aunque poco a poco me he ido haciendo a la idea de verla, me ha costado. Cierta muerte ocurrida a finales de la cuarta temporada, y otra que supe que tendría lugar en la quinta, acabaron con mi paciencia.
Una de las cosas que todo el mundo alaba de esta serie es el valor y la falta de escrúpulos de George R.R. Martin, y por extensión de los guionistas, a la hora de matar a personajes importantes (y secundarios, y terciarios). Pero, ¿es de verdad una virtud? Ya sabemos que la vida real es así, la gente muere de repente, los poderosos prosperan, los inocentes son sacrificados y muchas "tramas" acaban inconclusas, pero, ¿en el terreno de la ficción no podemos saltarnos un poco el realismo para crear historias más interesantes? En fin, aunque no sé si podré perdonarle nunca a GRRM lo que les hizo, no hemos venido aquí a hablar de los pobres Oberyn Martell y Shireen Baratheon.
El caso es que la serie, cuando por fin me senté a verla, me sorprendió de muchas maneras. Todo el mundo habla de los fantásticos diálogos, del excelente nivel interpretativo medio, de la calidad del diseño de producción, etc. Sin embargo, un detalle del que nunca oía hablar y que me parece fundamental en la obra, es el enorme contenido que tiene Juego de Tronos sobre política de género y sexualidad. El mensaje de la serie es claramente feminista y progresista, y no sólo porque cuente con un variado plantel de personajes de sexo femenino muy bien desarrollados y que son mucho más que meros satélites de sus novios/maridos/hermanos/padres y con personajes de variada sexualidad, sino porque las políticas de género juegan un papel crucial en la trama.
Juego de Tronos y el sexo: luz (Parte I)
El mundo que retrata Juego de Tronos es terriblemente machista y patriarcal. Las mujeres son básicamente una simple moneda de cambio, un adorno, un instrumento sexual, o una máquina de parir. ¿Cómo es que en un entorno así podemos hablar de una serie "feminista"? La clave, como en tantas cosas, están en el punto de vista, y es que, de la misma manera que en los libros varios personajes son los encargados de hacernos ver la historia a través de sus ojos, en la serie, a través del guión, se nos pone en la piel de las mujeres que están sometidas a esa sociedad, y cómo cada una se enfrenta a ella como puede. Cada una de ellas es un icono femenino y muestra una actitud y una estrategia ante esa sociedad que no las deja situarse en el mismo sitio que los hombres.
Cersei está consumida por la rabia, porque el hecho de ser mujer es lo único que se interpone entre ella y el trono, y sin duda se considera a sí misma mejor candidata que su marido, su hermano o su hijo. Su estrategia es la manipulación, la corrupción y el abuso de poder que su situación económica y social le permiten. Margaery es algo así como el reverso luminoso de Cersei, y aunque su estrategia también es la manipulación, su especialidad es ganarse el aprecio y la confianza de la gente para lograr sus objetivos. No se puede decir que sea particularmente noble, pero tengo que decir que en un mundo tan turbio como el de esta serie, Margaery, con sus maquinaciones, que a diferencia de Cersei no desembocan en ejecuciones y humillaciones, sino más bien en contactos estratégicos, información útil y favores, es de mis personajes favoritos y un soplo de aire fresco. Arya está frustrada porque en un mundo donde a las de su rango les toca ser princesitas delicadas, ella lo que desearía es ser una guerrera. Quién le iba a decir que la vida, de la manera más cruel, la pondría en ese camino. Brienne es algo así como lo que podría ser Arya cuando crezca, y su experiencia muestra el precio que tiene que pagar por ello: todos aquellos con los que se cruza se burlan de su sexo y de su físico corpulento, cuestionan burlonamente su sexualidad y en general se niegan a admitir la evidencia de que esta mujer es uno de los mejores guerreros de la serie. Pero si algo le sobra a Brienne es integridad y valentía, y es con estas armas sobre todo con las que se se enfrenta al mundo que la rodea.

Juego de Tronos y el sexo: luz (Parte I)

Para humillar a Brienne, no sólo le dan una inútil espada de madera con la que luchar, sino que además, la "ponen en su lugar" vistiéndola de doncella


La pobre Sansa en cambio es el polo opuesto: una princesita que estaba encantada con su rol, y que deseaba tener una historia convencional de cuento de hadas. Sin embargo su príncipe azul acaba siendo un monstruo, y Sansa termina convertida una víctima a la que todos utilizan y de la que todos abusan... excepto, irónicamente, el guerrero sucio, malhablado y moralmente gris que es quien más se acaba pareciendo al príncipe que ella quería. Hasta el final de la temporada cuatro, si algo caracteriza a Sansa frente a las otras chicas que menciono es precisamente su indefensión, su rol absoluto de víctima, pero por lo que sé esto cambia a partir de la quinta temporada. Y por supuesto no podemos olvidarnos de Daenerys, que representa la forma más "pura" de poder femenino en esta serie. Daenerys no necesita de ninguna estrategia retorcida (más allá de ganarse el respeto de su marido cuando aún vivía) para llegar a lo más alto, porque si algo exuda a borbotones es poder. Alguien que se apoda "De la tormenta", "La que no arde", "Rompedora de cadenas", y desde luego "Madre de dragones" desde luego no puede ser ninguna mindundi. Esta dama de rubia cabellera destaca, entre otras cosas, por ser el único personaje de sexo femenino de toda la serie que no depende de ningún hombre y ante quienes los demás se postran.
 
Ya más en general, la serie muestra su tono progresista con la actitud de los personajes respecto a los roles de género y la sexualidad. Desde luego se trata de un mundo de moralidad muy gris, pero si hay una forma infalible de saber la alineación moral básica de los personajes, es ver su actitud frente a estas cuestiones. Dicho de otro modo: en general los personajes "buenos" tratan a las mujeres con respeto, y no hacen bromas ni juicios homofóbicos al menos de manera explícita o implícita. Los personajes "malos" son violadores, misóginos y homófobos. Tenemos a Tyrion, que aunque es asiduo de los burdeles, jamás falta al respeto a ninguna de las prostitutas. A Ned, que anima a su hija Arya a aprender el arte de la espada, e incluso le regala una y le contrata a un maestro. O cualquiera de los hijos Stark, que establecen relaciones basadas en el respeto con el sexo opuesto. Respecto a Jaime, uno de los personajes más ambiguos moralmente, empezamos a ver señales de su evolución como persona cuando comienza a respetar a Brienne, e incluso en un momento dado señala de pasada que le da igual la orientación sexual de la gente. Por otro lado, entre los personajes LGBT de la serie tenemos a Renly, que es siempre mostrado como un candidato a rey justo y bondadoso, su amante Loras, uno de los mejores guerreros de la serie, o al inolvidable Oberyn, orgullosamente bisexual y amante del sexo sin las cortapisas morales del resto de la sociedad, que además es es un tipo noble y un guerrero formidable. Y, ay, un tanto arrogante y confiado.
Juego de Tronos y el sexo: luz (Parte I)

Y por otro lado tenemos a Joffrey, que entre otras muchas cualidades horribles, se divierte maltratando a las mujeres (y a casi todo el mundo, la verdad), su visión del sexo parece ser únicamente una forma de tortura, y pretende establecer un ley que prohiba la homosexualidad en cuanto suba al trono. A Tywin, que se niega a otorgarle a su hija el poder que esta desea e incluso la fuerza a contraer matrimonios concertados. A la perversa Cersei, que denomina a Loras "muerdealmohadas". A Craster, que se dedica a violar a sus mujeres y les obliga a matar a sus bebés de sexo masculino. A Melisandre, una asesina y fundamentalista religiosa que en alguna ocasión insinúa a Renly que arderá en algún infierno, como castigo a su orientación, en clara alusión a la moral religiosa sobre la homosexualidad.
Por todo ello queda claro que Juego de Tronos es una serie de mensaje claramente progresista y feminista, donde las políticas de género juegan un papel fundamental. Y sin embargo... hay una razón por la que le he puesto a esta parte del artículo el subtítulo "luz". En la próxima parte explicaré por qué al mismo tiempo, y aunque parezca contradictorio, pienso que la serie está rodada de una manera bastante sexista y explotadora. Y digo "rodada" y no "escrita" porque a menudo es claramente una cuestión de decisiones de dirección, y no del guion en sí mismo. Pero de todo esto hablaré en la próxima entrada...

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