Revista Cultura y Ocio

La 'actual' Corea del Norte

Por Lparmino

El puente de no retorno. Corea del Norte

La secretaria de Estado, H. Clinton, y el secretario de
Defensa, R.M. Gates, en visita a la Zona de Desmilitarización
Fotografía: Cherie Cullen, Dpto. de Defensa EE.UU. - Fuente

Se calcula que sólo en torno a cuatro mil turistas visitan Corea del Norte anualmente. Una vez allí, en el calificado como 'el país más hermético del mundo', las condiciones de vigilancia se extreman. El turista extranjero deberá entregar en la aduana su móvil, el ordenador y, en general, cualquier dispositivo electrónico o publicación que pueda suponer la introducción de noticias desde el exterior. Una vez que logra entrar en Corea del Norte, el visitante puede ser objeto de vigilancia y, en todo caso, siempre estará acompañado por un guardia de seguridad y un 'guía' oficial que le acompañará constantemente en una ruta previamente autorizada o, al menos, permitida. Incluso, el chofer que conduce a los turistas es designado por las autoridades. El acceso a Internet está terminantemente prohibido. Por último, para finalizar el viaje, nuestro turista debe saber que, al menos oficialmente, las propinas están prohibidas. Viajar a Corea del Norte debe suponer la experiencia más parecida a cruzar aquel famoso 'puente de no retorno'.

El puente de no retorno. Corea del Norte

Propaganda en Gaeseong
Fotografía: John Pavelka - Fuente

En la actualidad, el 'puente de no retorno' es uno de los testigos mudos que nos indica que la Guerra Fría sigue latiendo en uno de los focos geopolíticos más tensos del panorama internacional. El final de la Segunda Guerra Mundial en 1945 supuso la división de la península coreana en un norte sometido a un Gobierno títere de Moscú de signo comunista y una Corea del Sur, con capital en Seúl, bajo el patrocinio 'democrático' de los Estados Unidos y las premisas del liberalismo capitalista.

En el año 1950, la compleja política exterior de Pyongyang se resolvió en el intento de anexión del sur para lograr la todavía hoy ansiada reunificación peninsular bajo la órbita del paraíso socialista. Después de una guerra que se prolongó durante tres años y que implicó a toda la comunidad internacional y de la que todavía hoy no se ha firmado la paz, se ratificó la división del país en el paralelo 38 donde se instaló una zona desmilitarizada. El llamado 'puente de no retorno' materializaba la división del país y en él se producían los intercambios de prisioneros a los que se daba la oportunidad de permanecer en el país que les había hecho presos o volver a sus hogares. Eso sí, la decisión era inamovible. En la actualidad, el puente es sólo reclamo para turistas y militares de los Estados Unidos destinados en Corea del Sur deseosos de ver las caras del enemigo ancestral.

El asunto de la reunificación coreana parece encontrarse lejos. En parte, debido a la política errática que muestran los principales interesados. En Corea del Sur se han sucedido iniciativas destinadas a acercar posiciones, como la famosa Sunshine Policy que facilitó una cumbre en Pyongyang  en el año 2000 entre el presidente surcoreano Kim Dae Jung y el líder norcoreano Kim Jong Il cuyos resultados fueron más simbólicos que efectivos. Por su parte, los sucesivos Gobiernos de Estados Unidos suelen optar por esperar la sucesión de los acontecimientos, la denominada por John Feffer 'paciencia estratégica'. Mientras, la comunidad internacional bajo la bandera de las Naciones Unidas sólo es capaz de responder a las pretensiones nucleares de la República Democrática Popular de Corea mediante sanciones y embargos que no son capaces de hacer tambalear al monolítico régimen personalista encarnado en la dinastía fundada en 1945 por Kim Il Sung y que sólo agravan las graves hambrunas que sufre el país. El pasado 12 de junio de 2012, la ONU cifró en casi doscientos millones de dólares las necesidades humanitarias de Corea del Norte.

 

El puente de no retorno. Corea del Norte

Estatua de Kim Il Sung, fundador del régimen
Fotografía: Denis Bakfiets - Fuente

Las peculiaridades y ambigüedades del régimen 'comunista' de Pyongyang hacen imprevisible cualquier asunto referido a este régimen. El hermetismo es total y, como bien han apuntado muchos analistas, incluso la muerte del líder Kim Jong Il tardó dos días en ser conocida en los medios occidentales. Todo el ideario norcoreano descansa en una confusa ideología conocida como Juche. Esta pretende ser la superación del tradicional marxismo – leninismo mediante la perfección máxima del socialismo científico y la asunción del protagonismo del hombre y del pueblo como auténticos protagonistas de su historia. En este sentido, se considera que la revolución coreana triunfará en base a una autosuficiencia nacional radical. Los principios de desarrollo socialista se basaban en la industrialización, en la seguridad nacional y en la revolución cultural, aspectos planificados al detalle por las autoridades.

El resultado no ha podido ser más desastroso: un complejo industrial que prima la producción pesada frente a la de bienes y una agricultura mal planificada responsable de periódicas crisis alimentarias; uno de los mayores ejércitos del mundo al que se asigna un presupuesto desorbitado teniendo en cuenta los niveles de pobreza del país; y una población sometida a un celoso control doctrinal que elimina cualquier forma divergente de pensamiento o actuación. Amnistía Internacional ha llegado a afirmar del régimen que 'la población norcoreana continuaba sufriendo violaciones de casi todo el espectro de los derechos humanos' (Informe Anual 2012), mientras las autoridades afirman sin ambages el absoluto respeto de los derechos y libertades de los ciudadanos. 

La única palabra que puede definir la actual situación de Corea del Norte es la de incertidumbre. La muerte del líder Kim Jong Il el 17 de diciembre de 2011 y la sucesión en manos de un desconocido Kim Jong Un no hacen más que avivar la desconfianza hacia uno de los regímenes más obsoletos y despóticos del panorama internacional. La grave crisis recurrente que vive el país, con unos índices de desnutrición realmente alarmantes y que pueden dibujar cuál es la situación real del país, no puede hacernos olvidar que las autoridades de Pyongyang disponen de armamento nuclear. La inestabilidad del régimen norcoreano hace más alarmante, aún si cabe, este dato. En la península coreana, la Guerra Fría nunca ha acabado y nadie es capaz de poner una fecha final certera.

Luis Pérez Armiño


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