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La “bomba atómica” dirigida a la banca está lanzada

Por Peterpank @castguer
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Puesto porJCP on Dec 8, 2014 in Autores

Mangantes

Por fin los españoles conocerán la verdad de cómo, y porqué, el país se hunde y quien es el responsable, con nombre y apellidos, de esta tragedia por la que pasa España y las vicisitudes que se cargan, alegremente, sobre las espaldas de los españoles. Llegar hasta la cocina de este asunto ha sido una labor extenuante de principio a fin pero el premio justificaba todo el esfuerzo: fabricar ésta bomba atómica con capacidad de paralizar las ejecuciones hipotecarias lo compensa todo. Es un ataque al poder en toda regla. Admito que es una osadía manifestar algo que parece imposible: impedir que los bancos ejerzan el sagrado y divino derecho de apropiarse de la vivienda hipotecada dejando al deudor con los muebles en la calle y con una deuda de por vida.

No cabe duda que ha sido la misma banca quien ha redactado las leyes y el legislativo las ha sancionado, o todavía más fácil, el ejecutivo por decreto-ley las sanciona y el rey pone su firma. El derecho de exigir una deuda y sobre todo los préstamos con garantía hipotecaria están blindados en un bunker impenetrable, así y todo, se ha podido entrar a este recinto y encontrar una grieta en el sistema. Fabricar una bomba de estas características no sirve de nada si no se dispone de un mecanismo para lanzarla y es aquí donde se inicia una nueva fase aún más compleja. Empieza así: “hola buenas, mire usted que he encontrado en el laberinto de leyes una vía para paralizar las ejecuciones hipotecarias” El interlocutor se pone en guardia y en lo primero que piensa es que se trata de una fábula. Entonces pregunta ¿Eres abogado? Cuando se cerciora de la negación se lleva las manos a la cabeza y es ahí cuando todas las dosis de persuasión y de conocimiento del tema se exhiben: al final de la exposición queda la duda ¿Es posible que el sistema funcione de esta forma sin que nos percatemos? Este era mi objetivo: tratar de explicar sin ánimo de convencer. Si se piensa bien y nos alejamos de los convencionalismos no resulta tan extraño.

Quien me escuchó y pude pasarle mis escritos con los pormenores del asunto fue el ex juez Elpidio Silva Pacheco que reconoció que esa fisura que mencionaba existía. Consultó con otros jueces, con registradores de la propiedad, con abogados especializados y la conclusión fue unánime “cabe la posibilidad”; no obstante señalaban “el imprescindible soporte documental”. El soporte documental existe, no todo es accesible pero existir existe por lo que estamos al cabo de la calle. Los jueces, que siguen las recomendaciones de los oligarcas, echaron de la judicatura de malas formas, al juez Elpidio Silva por haber tenido la osadía de poner entre rejas a Miguel Blesa, presidente de Bankia, por sus fechorías al frente de la entidad financiera. Era como abrir la puerta del infierno para los banqueros responsables del hundimiento de la economía española; si iba Blesa, por la misma razón deberían ir los otros presidentes de bancos. Para acabar con esta posible epidemia era preferible acabar con la carrera judicial de Elpidio Silva. Dicho y hecho. El ex juez Silva no se ha quedado lloriqueando su mala suerte en un rincón y ha constituido la firma Elpidio Silva Abogados ¿los oligarcas lo echaran de la abogacía? Parece una labor imposible.

La “bomba atómica” fabricada tiene dos espoletas, una civil: la paralización de las ejecuciones hipotecarias y otra penal: el engaño en los procedimientos judiciales por ostentar el papel de acreedor sin exhibir los poderes que le legitiman para reclamar la deuda con el fin de no levantar la liebre de que tan sólo es el cobrador del frac en lugar del acreedor. A la banca se le abre la puerta del infierno de la vía penal.

El detonante
Las hipotecas subprime en los EE.UU. fue el detonante. España tenía su propia subprice: los inversores internacionales, fondos y sobre todo otros bancos, que habían confiado en la supervisión del Banco de España se percataron que habían adquirido bonos hipotecarios contaminados. La sospecha se hizo realidad: las cajas de ahorros hacían aguas por todas partes y los bancos estaban empachados de hipotecas que habían sido titulizadas sin discriminar la solvencia del deudor. El desempleo, ya alto, se disparó y no tardó en contaminar de morosidad las cuotas de las hipotecas. El desastre estaba servido.

Recompongamos los acontecimientos: los bancos y las cajas de ahorro una vez que agotaron los depósitos de sus clientes se dedicaron a desconectar el mecanismo de alerta que impedía una expansión descontrolada. Este mecanismo consistía en una regulación del tratado de Basilea III que exigía a la banca un capital social como mínimo del 8% de los activos en riesgo. La expansión de las entidades bancarias estaba incentivada por los bonus y complementos salariales de sus equipos directivos. Desconectado el mecanismo de seguridad, la banca, contó con la complicidad del Banco de España que como regulador tenía entre sus funciones el haber impedido el ataque de locura en el que se metían las entidades financieras. El ataque de locura, por su sobredosis, se llama titulización ¿Qué demonios es esto que nos ha llevado a la catástrofe?

La titulización no es mala cosa lo que ha pervertido el sistema bancario ha sido su dosis que como exceso ha resultado mortal. Los bancos (y las cajas) una vez que concedían una hipoteca la empaquetaban en una emisión de bonos que la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) registraba como paso previo a transferirla a un Fondo de Titulización y a una Sociedad Gestora.

La finalidad del Fondo de Titulización, vinculado al banco emisor de los bonos, sirve como comodín para ocultar en el balance contable de la entidad financiera que su capital social no está acorde para asumir el riesgo de impago de los préstamos y créditos hipotecarios que otorga. La desproporción puede llegar a ser 40 o 50 veces y las incidencias de morosidad actual lo transfieren a la quiebra.

¿Cómo se ocultan los miles de millones de euros otorgados en hipotecas? Se sacan del balance del banco y se llevan al Fondo de Titulización que por no tener no tiene personalidad jurídica, digamos que es un ente etéreo que emite un folleto explicativo de las bondades del producto financiero sobre hipotecas otorgadas. De esta extraña forma los bancos han crecido desaforadamente y su capital se ha quedado donde estaba o ha crecido muy poco. Otro actor es la Sociedad Gestora cuya función consiste en colocar en el Mercado financiero los bonos hipotecarios a los que incluía una calificación de solvencia prescrita por una de las agencias de rating.

La Sociedad Gestora funciona así: A través del mecanismo del Mercado llegaban las hipotecas reconvertidas en bonos hipotecarios a las manos de los inversores ávidos de colocar su dinero en un producto rentable y seguro. El dinero de los inversores llegaba a la Sociedad Gestora y esta lo transfería al Fondo de Titulización y este lo remitía al banco emisor que de nuevo iniciaba otro ciclo al otorgar hipotecas con el mismo fin: emitir bonos hipotecarios en una repetición constante. La adicción de la banca al procedimiento de titulización les reportaba más beneficios adicionales de los productos vinculados al préstamo hipotecario: seguros de todo tipo, altas comisiones, domiciliaciones de nóminas y un largo etcétera que mantenía al cliente cautivo.

Conclusión: Lo más importante de este método de “vender” los préstamos con garantía hipotecaria es la triquiñuela de hacer desaparecer del balance contable del banco el “paquete de hipotecas” que se traslada al Fondo de Titulización que se convierte en cómplice necesario junto al regulador del sistema: el Banco de España que en ningún momento da la voz de alarma mientras desaparecen ingentes cantidades de activos en riesgo del balance contable del banco permitiendo mantener el ratio de solvencia (ficticio) respecto al capital social de la entidad.

Todo esto, explicado de forma sintetizada, está ocurriendo frente a nuestros ojos: los bancos venden, a terceros, los préstamos con garantía hipotecaria y en la epidemia de cuotas impagadas se aplica el vencimiento anticipado y se presentan en los juzgados que les autoriza inscribir la vivienda en el Registro de la Propiedad y aplicar, por las leyes que les amparan, el lanzamiento del deudor para tomar posesión del bien que garantizaba el préstamo.

Me inicie en este asunto tras preguntarme: ¿Si el banco ha vendido el préstamo a un bonista por qué no se presenta el titular como acreedor de la deuda? Lo primero que te encuentras en la dispersa documentación que ampara el procedimiento: el banco tiene poderes para llevar el impago a la ejecución judicial. No obstante las preguntas continuaban. ¿Cómo es posible que nuestros bancos otorgaran préstamos con garantía hipotecaria al primero que pasara por la calle? ¿Qué sentido tenía forzar unas tasaciones cada vez más altas? No hay otra respuesta: según la legislación española es el bonista (el último tenedor del bono que pasa de mano en mano) quien asume el riesgo y por lo tanto sufre el infortunio de que la hipoteca resulte fallida. La pregunta queda contestada: A los bancos no les importó “fabricar” un producto de riesgo (por falta de solvencia del deudor) que endosaban a un tercero en el Mercado financiero mientras ellos conseguían el beneficio de la intermediación. Al titulizar una hipoteca el banco se convierte en el gestor de cobro y transmite al Fondo de Titulización la cuota mensual del nominal y los intereses, que llegan al tenedor del bono.

Estamos llegando al magma de la cuestión: ¿Es el banco que ejecuta la hipoteca el propietario de esa deuda? ¿Tiene la legitimidad activa como para quedarse con la garantía? Responder a estas preguntas no ha sido fácil ya que se tenía que encontrar, en documento legal, que el riesgo de impago corresponde al bonista, que el banco efectivamente “vendió” ese préstamo, que existe una emisión que contiene los préstamos hipotecarios, y explícitamente un listado que los identifica y detalla uno por uno. Efectivamente, existe esta documentación que acredita que serían los bancos alemanes los que les tocaría la peor parte al disponer de miles de millones de euros en bonos hipotecarios de los bancos españoles.

Es aquí donde entra la política de la señora Merkel y el pacto secreto a que deben de haber llegado: por una parte los bancos alemanes no demandaran al Banco de España por falta de diligencia en el control de las entidades financieras españolas y los fallidos que se puedan producir irán a cargo de los contribuyentes españoles. Una infamia, una afrenta que nuestros políticos trafiquen con la vida y supervivencia de su pueblo. En definitiva una burla por la que quedan estigmatizados al modificar la Constitución garantizando el cobro a los acreedores con prioridad a las necesidades básicas de la población.

Completar la documentación pertinente a unos determinados casos en proceso de desahucio y preparar un incidente de paralización cuyo borrador se ha rehecho varias veces introduciendo elementos que por una parte simplifican y en otras añaden prueba que los bancos no son acreedores legítimos de la deuda que reclaman. Estos casos de prueba (en palabras de Elpidio Silva: cobayas) en busca de la efectividad de los argumentos jurídicos se debe de traducir en una demanda impecable que, con garantía, se presente de forma masiva en los juzgados con el fin de paralizar las ejecuciones hipotecarias. Se ha procurado recurrir a elementos de prueba documental y a un relato sobre el tránsito de un préstamo hipotecario que se cede a un tercero sin dejar constancia registral de ello, lo que provoca, interesadamente, que el banco pueda representar distintos papeles según le convenga.

Incluso después de vender el préstamo e incluirlo en una emisión de bonos, el banco, lo reutiliza para obtener liquidez del Banco Central Europeo al depositarlo como garantía. Operaciones de este tipo están detectadas y dosificadamente, para no empachar con una sobredosis de hipotecas, irán apareciendo en el blog con todo el detalle. De momento no se citan los juzgados en los que se han presentado los cobayas para no influenciar mediáticamente a los jueces y que acaben de resolver sin presión alguna. ¡Como así tiene que ser! ¿Es o no cierto que este asunto es una bomba?

Como conclusión: Las ejecuciones hipotecarias se pueden paralizar. Y además las ya consumadas se pueden revertir. La MALA FE de los bancos en general de dirigirse a los juzgados escondiendo su calidad de cobrador del frac y como parte actora en el procedimiento omitir que actúa en nombre y representación del Fondo de Titulización y de la Sociedad Gestora puede provocar la anulación del juicio y la apertura de un juicio penal.
El asunto no tiene solución jurídica por lo que se tendrá que aplicar una solución política.

La justicia se pone en marcha
Debe de ser cierto que la sociedad española ha tocado fondo, un fondo al borde del abismo de una inevitable convulsión social (se puede llamar al gusto del lector: agitación, revuelta pero también revolución) que se sabe cómo empieza pero no cómo acaba. No cabe duda que la olla a presión –la sociedad- puesta al fuego –de la oligarquía- y taponada la válvula de seguridad –la justicia- será cuestión de tiempo pero saltará violentamente la tapa o la olla entera. Los que atizan el fuego no paran, son psicópatas sin ningún tipo de sentimiento y enfermos por obtener dinero sin tasa alguna. ¿Qué nos queda para evitar la convulsión social o como se le quiera llamar? La válvula de seguridad: la justicia. La justicia es el último recurso, este país no puede continuar como si nada hubiera pasado después de la desastrosa burbuja financiera en la que nos ha metido la banca. Los bancos continúan a lo suyo después de esparcir deuda como aquel que reparte caramelos y ahora toca cobrar las deudas, pero resulta que están contaminadas por falsedades, supercherías, mentiras y engaños por el enfermizo afán de obtener, de cualquier manera, el dinero del trabajo de las buenas gentes que confiaron en el sistema que parecía pulcro y equitativo.

Gustavo Gimenez



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