Revista Literatura

La ciudad embarazada

Por Salvaguti
LA CIUDAD EMBARAZADA

El pasado domingo, el director de este periódico en su columna comparaba la espera que nos restaba para saber si acabaría siendo Córdoba la escogida como la Capital Europea de la Cultura, en el año 2016, con el embarazo de una mujer, en referencia a que sólo o aún nos quedan nueve meses para conocer la decisión final. Me encanta esta imagen de la ciudad embarazada y, en nuestro caso concreto, primeriza, ya que nuestra ciudad nunca ha esperado nada, jamás he contado con un reto, con un objetivo común y concreto. Hasta ahora hemos contado con los retos lógicos y exigibles a cualquier ciudad: más limpia, más ordenada, más igualitaria, más accesible, más funcional, más… lo que usted prefiera. Retos lógicos que asume y trata de conquistar cualquier sociedad avanzada, ya que no dejan de ser conquistas sociales que redundan en la colectividad. Cada cuatro años acudimos a las urnas y evaluamos si han vencido los “más” o los “menos”. El de la Capitalidad es, por decirlo de algún modo, un reto extraordinario, diferente, una distinción entre ciudades, una proclamación. Algo a lo que sólo se puede optar de tanto en tanto. Si retomamos la imagen de la ciudad embarazada, Córdoba ha pasado algunos años visitando al especialista de fecundación, tratando de inculcar vida a aquello que sólo parecía ser herencia del pasado. Por fin, tras dudas e incertidumbres, nos han comunicado que un óvulo ha cobijado con cariño y fertilidad potencial un espermatozoide. Estamos preñados.

No pensemos ahora en adjudicar la paternidad, que muchos han sido los adoquines sobre el que se ha construido el camino; no pensemos en el modelo del carrito de paseo de la criatura ni en el color que deben cubrir las paredes de su habitación, rosa o celeste, da igual, no nos precipitemos. Pensemos en el presente y en el inmediato futuro, que está ahí, a la vuelta de la esquina, apenas nueve meses. Porque ya pasamos el embarazo de dinosauria, atrás quedaron los años de adhesiones y eventos variopintos, también el de ballena, con esos nuevos eventos que nos han situado en el calendario nacional e internacional. Ahora es un embarazo feminizado, de mujer, sólo nueve meses. Todavía nueve meses. Hasta la fecha, y en multitud de ocasiones, siempre que me he referido a la Capitalidad no me he cansado de repetir, creo que he llegado al aburrimiento, que el premio/reto/objetivo no es la distinción final, es el camino, naturalizar la cultura como un elemento inherente de nuestra ciudad y de sus ciudadanos, nosotros mismos. Y lo sigue siendo, con el añadido de que seguimos contando con opciones de soplar las velas de la tarta y brindar como nunca hemos hecho.

No hace mucho, un periodista local comentaba que las instituciones públicas habían conseguido elaborar un más que aceptable calendario anual de eventos culturales, cada uno de ellos con trascendencia fuera de nuestras fronteras provinciales y cada uno de ellos con su propia personalidad, pero que seguía echando en falta un mayor dinamismo privado, una apuesta por la cultura que no estuviera financiada, exclusivamente, por la administración. Es un paso más a dar, qué duda cabe, ya que la cultura, en cualquiera de sus manifestaciones, no sólo es beneficiosa para nuestra conformación personal, también produce impactos económicos contables, contantes y sonantes, ya sea mediante la creación de empleo o mantenimiento del existente. De hecho, se estima que en las ciudades españolas que ya han sido capitales europeas de la cultura cada euro invertido se ha multiplicado por diez. Pocos negocios son tan rentables. O sea, que la criatura nos puede nacer con un pan bajo el brazo, y con la que está cayendo. Por eso, en el tiempo que nos queda de espera, seamos cariñosos y comprensivos con nuestra Córdoba embarazada, no le demos malos ratos y seamos tolerantes con sus posibles antojos, que no serán para tanto, seguro. Nueve meses hasta el parto, espero que cada día la barriga de nuestra ciudad crezca y crezca, que cobije en su interior la ilusión compartida, el trabajo por hacer, los proyectos que han de venir, la energía del deseo y, sobre todo, el aliento de la cultura, a modo de brisa que recorre todas nuestras calles. Una brisa que nos envuelve y seduce.

El Día de Córdoba



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