Revista Opinión

La comunicación en el siglo XXI

Publicado el 19 enero 2017 por Carlosgu82

Es un hecho para todos que en pleno siglo XXI estemos inmersos en la era brillante de las telecomunicaciones y año tras año, nos quedamos perplejos observando cómo pasan a estar obsoletas tecnologías en un simple transcurrir de meses. Estamos interpretando no solo el papel de observadores, sino también el de protagonistas en este rápido avance tecnológico que nos está envolviendo en estas últimas décadas, dejándonos a su paso ciegos ante la desaparición de las bases más importantes, para que este crecimiento tenga sentido y sea tan sólido como sostenible. Esas bases son inherentes al ser humano y las personas sin ellas dejan de tener identidad y sentido, por ello al desaparecer las mismas, hemos llegado a un entorno social en el que disponemos de las herramientas más avanzadas en el ámbito de las telecomunicaciones y sin embargo paradójicamente, la comunicación entre individuos es más deficiente que nunca y por lo tanto menos efectiva y afectiva. Nos expresamos peor y transmitimos lo que no queremos transmitir y dejamos de transmitir lo que era importante para nosotros , a su vez escribimos sin importarnos la forma y mucho menos la ortografía, por lo que poco a poco estamos contribuyendo a que exista menos riqueza gramatical, pero sobre todo menos afectividad y sensibilidad evitando llegar así al universo de los sentimientos y por lo tanto al mundo del entendimiento, empatía y respeto, al que solo se llega con esas bases inherentes al hombre acompañadas de una buena comunicación.

En la sociedad actual las telecomunicaciones se han centrado en el desarrollo tecnológico y en los detalles del mismo, pero han dejado en un segundo plano la faceta humana que nos permite diferenciarnos y nos da la ventaja de utilizar los avances al servicio de nuestras necesidades y no al contrario, creando perfiles de personas que nunca están satisfechas hasta haber conseguido su último modelo de Smartphone, aunque lleven más de dos años sin cruzar conversación con sus padres, o aportando mayor nivel de stress profesional a individuos que tienen que estar permanente conectados a varias plataformas para poder dar respuesta en tiempo fugaz. Este conglomerado tecnológico de las grandes Compañías ha llegado a la calle y la ha impregnado de un universo virtual y material donde los móviles, sus whatsapp, correos electrónicos, etc… dejan de ser lo que realmente son, es decir, herramientas al servicio de la comunicación y pasan a ser los protagonistas de la comunicación dejando de tener protagonismo las personas.

Necesitaremos reflexionar mucho al respecto para reconducir la situación y educar a las próximas generaciones en cultivar una comunicación, en la que lo principal sea el contenido más allá de un absurdo pero necesario continente, dónde se respeten los tiempos libres, se cuiden las formas y no se obligue a una absurda conectividad constante. Ojala vengan nuevas décadas donde las personas nos miremos más a los ojos y menos a las pantallas, ya que sin duda cada día más nos están robando no solo agudeza visual, sino parte de nuestra inteligencia emocional aunque como contrapartida, nos están aportando un cierto grado de minusvalía en nuestros muñecas y pulgares llamada síndrome del túnel carpiano, que seguramente nos colocará inmersos en un túnel sin luz y esperemos que con salida.

Maken


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