Revista En Femenino

La cupletista, Raquel Meller (1888-1962)

Por Sandra @sandraferrerv
La cupletista, Raquel Meller (1888-1962) Extravagante, con una belleza impactante y un carácter arrollador, Raquel Meller le dio calabazas a Chaplin y puso a sus pies a medio mundo. ¿Su secreto? La copla, un género que elevó de la simple categoría de canción provinciana y la acercó a un público entusiasmado. Con La violetera y El relicario, Raquel Meller se hizo famosa y disfrutó de una vida de lujos. La Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial cambiaron el mundo que la había admirado y adorado. A pesar de su declive, su cuerpo fue despedido por una multitud de nostálgicos de su voz, su baile y su estilo inconfundible.

Francisca Marqués López nació el 9 de marzo de 1888 en Tarazona en el humilde hogar de un herrero y una tendera de ultramarinos. Cuando era pequeña, Paca, como la conocían en su familia, fue enviada a Montpellier donde fue educada por una tía monja. Ya en el convento de su tía empezó a destacar en el coro. Con doce años regresó con sus padres quienes por aquel entonces se habían trasladado a vivir a Barcelona. Paca entró a trabajar en un taller de costura junto a otras jóvenes de su tiempo, donde pasaba el tiempo cosiendo y cantando para amenizar las largas jornadas laborales. 

Fue en aquel taller por el que iban algunas cantantes y artistas donde María Oliver se fijó en su canto y su desparpajo. En febrero de 1908 Raquel debutaba en el salón conocido como La Gran Peña con su nuevo nombre artístico, La Bella Raquel, nombre que pronto volver a cambiar, esta vez por el definitivo Raquel Meller, en recuerdo a un amante alemán, del que adoptó su apellido.


La cupletista, Raquel Meller (1888-1962)
En septiembre de 1911 Raquel Meller hacía su gran debut en el Teatro Arnau de Barcelona. Había nacido una nueva estrella que convirtió la copla, un estilo de canción considerado entonces provinciano pero que ella le dio un aire profesional. Raquel Meller hizo suyas las coplas La Violetera y El Relicario, de José Padilla.

En 1917 Raquel contraía su primer matrimonio con Enrique Gómez, un diplomático y escritor del que se separó en 1922. Raquel Meller empezaba entonces una carrera que la llevaría de París al continente americano.

Cuando Raquel aterrizó en los Estados Unidos, captó la atención de Charles Chaplin quien le propuso participar en una de sus películas a lo que ella se negó. Su carrera cinematográfica se centró en películas mudas como Violetas imperiales (1923) y Carmen (1926) y posteriormente participó en filmes sonoros como Lola la de Triana.

Cuando estalló la Guerra Civil y posteriormente la Segunda Guerra Mundial, Raquel Meller marchó a Argentina donde vivió de 1937 a 1939 cuando regresó a Barcelona donde se casó con Demon Sayac, un empresario francés del que no se divorció pero terminaron viviendo separados.

Raquel Meller pasó de vivir en el lujo de sus posesiones parisinas en las que acumuló objetos de gran valor y obras de arte, a terminar olvidada por la España y la Europa de posguerra. 

A pesar de que intentó volver a cantar y recuperar su imagen de gran artista, nada fue igual. Cuando Sara Montiel interpretó La Violetera y El Relicario, interpretaciones por cierto que criticó, Raquel intentó volver al mundo del espectáculo pero su tiempo había terminado.

El 26 de julio de 1962 una embolia cerebral terminaba con su vida. Su entierro en el cementerio barcelonés de Montjuïc fue un acto multitudinario en el que nostálgicos de su talento quisieron darle su último adiós.

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