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La deuda. Los primeros cinco mil años

Por Peterpank @castguer
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Puesto porJCP on Jun 23, 2015 in Autores

Esclavitud en el antiguo Egipto.

Lo que sigue es un fragmento de un proyecto mucho más grande para el estudio de la deuda y el dinero de la deuda en la historia de la humanidad. La primera e irresistible conclusión de este proyecto es que al estudiar la historia económica, tendemos sistemáticamente a ignorar el rol de la violencia, y el papel absolutamente importante que juega la guerra y la esclavitud en la creación y formación de las instituciones fundamentales de lo que ahora llamamos “la economía”. De hecho los orígenes importan. La violencia puede que sea invisible, pero permanece inscrita en la lógica misma de nuestro sentido común económico, en la propia naturaleza aparentemente evidente de instituciones que simplemente no podrían existir fuera del monopolio de la violencia –pero también, la amenaza sistemática de violencia– mantenida por el estado contemporáneo.

Permítanme comenzar con la institución de la esclavitud, que para mí juega un papel clave. A lo largo de la historia, la esclavitud ha sido vista como una consecuencia de la guerra. En ciertas ocasiones los esclavos son en realidad prisioneros de guerra, en otras no es así, pero invariablemente la guerra, casi sin excepción, es vista como el fundamento y la justificación de la esclavitud. Al rendirse, lo que uno hace es entregar su vida; el vencedor tiene el derecho a matarnos, y en muchos casos lo hará. Si decide no hacerlo, uno literalmente le debe la vida; una deuda concebida como absoluta, infinita, irredimible. En teoría el vencedor puede lograr de uno lo que quiera, y todas las deudas – obligaciones – que uno tiene con otros (sus amigos, familia, antiguas alianzas políticas), o que otros tienen con uno, se consideran como absolutamente ignoradas. La deuda con el nuevo amo, con tu propietario, es lo único que ahora existe.

De este tipo de lógica se derivan dos conclusiones muy interesantes, pero que al mismo tiempo se pueden considerar como diametralmente opuestas. Primero, como todos saben, la compra y venta de esclavos es otra típica –quizás fundamental– característica de la esclavitud. En este caso, la deuda absoluta se transforma (en otro contexto, el del mercado) en algo ya no absoluto. De hecho, se puede cuantificar. Es más, hay buenas razones para creer que fue exactamente esta operación la que hizo posible el surgimiento de la forma contemporánea del dinero. Lo que los antropólogos solían llamar “dinero primitivo”, el tipo que uno encuentra en sociedades sin estado (por ejemplo, las plumas de pájaro en las islas Salomón, el wampum de los iroqueses), antes que para comprar y vender mercadería, se usaba más para concertar bodas, arreglar disputas entre familias, y jugar con otros tipos de relaciones entre personas.

Por ejemplo, si la esclavitud es deuda, entonces la deuda puede llevar a la esclavitud. Un campesino babilónico puede haber pagado una cantidad conveniente en plata a sus suegros para oficializar el matrimonio, pero ella de ninguna manera le pertenecía a él. Él no podía comprar o vender a la madre de sus niños. Pero la situación cambiaba completamente si el sacaba un préstamo. Si el entraba en mora, sus acreedores podían, primero, llevarse a sus ovejas y muebles, después, su casa, tierras y huertos, y finalmente, a su esposa, niños e incluso a él mismo, convirtiéndolos en esclavos por deuda hasta que el asunto sea arreglado (lo que naturalmente, pues sus recursos disminuían, se hacía cada vez más difícil).

Es la deuda lo que nos hace posible imaginar al dinero en su sentido contemporáneo, y por lo tanto, también crear lo que ahora nos gusta llamar el mercado: una plaza donde todo se puede comprar y vender, porque todos los objetos son (como los esclavos) separados de sus antiguas relaciones sociales y existen solo en relación al dinero. Pero al mismo tiempo la lógica de la deuda como conquista puede, como dije, llevarnos por otro camino. Los reyes, a lo largo de la historia, eran muy ambivalentes en cuanto la lógica de la deuda amenazaba con salirse fuera de control. Esto no implica que fueran hostiles al mercado. Al contrario: normalmente lo apoyaban, por la simple razón de que para los gobiernos resulta inconveniente exigir todo lo que necesitan (sedas, ruedas para carros de guerra, alimentos exóticos, lapislázuli) de sus súbditos. Es mucho más fácil fomentar los mercados y luego comprar allí.

Los mercados antiguos solían seguir en muchos casos a los ejércitos o séquitos reales, o se formaban cerca de palacios, o en los márgenes de los puestos militares. Esto ayuda en cierto modo a explicar el comportamiento algo extraño de las cortes reales: después de todo, dado que los reyes controlaban las minas de oro y plata, ¿cuál era exactamente el propósito de estampar fragmentos de esos metales con la cara de uno, entregarlos a la población civil, y después demandar su devolución a través de impuestos? Solo tiene sentido si la recaudación de impuestos era en realidad una manera de forzar a todos a adquirir monedas, facilitando así el surgimiento de los mercados, ya que su existencia era conveniente.

Sin embargo, para nuestros propósitos actuales, la pregunta más importante es: ¿cómo se justificaban estos impuestos? ¿Por qué los adeudaban los súbditos? ¿Qué deuda estaban saldando al pagarlos? Aquí regresamos otra vez al derecho de conquista. (En realidad, en el mundo antiguo, los ciudadanos libres – sea en Mesopotamia, Grecia o Roma – a menudo no tenían que pagar impuestos directos solo por esta razón, pero obviamente aquí estoy simplificando el asunto). Si los reyes afirmaban tener el poder sobre la vida y muerte de sus súbditos, por derecho de conquista, entonces las deudas de sus súbditos eran, además, fundamentalmente infinitas, y también, por lo menos en ese contexto, las relaciones entre cada uno de ellos, lo que se debían entre ellos, no tenía importancia. Lo único que existía era su relación con el rey. Esto a su vez explica por qué los reyes y emperadores siempre intentaban regular el poder que los amos tenían sobre los esclavos, y los acreedores sobre los deudores. Lo mínimo que hacían era insistir siempre, si tenían el poder, en que aquellos prisioneros cuyas vidas ya habían sido perdonadas no pudieran ser muertos por sus amos. De hecho solo los gobernantes podían tener el poder arbitrario sobre la vida y la muerte. La más importante y suprema de las deudas que se podía tener era con el estado: era en verdad la única ilimitada, exigible de manera absoluta, cósmica.

Esto lo enfatizo porque esta lógica todavía está con nosotros. Cuando hablamos de una “sociedad” (la francesa, la jamaicana) en realidad estamos hablando de gente organizada bajo un solo estado nación. Ese es, por lo menos, el modelo tácito. Las “Sociedades” son en verdad estados, la lógica de los estados es la conquista, la lógica de la conquista es fundamentalmente idéntica a aquella de la esclavitud. Es verdad que desde el punto de vista de los defensores del estado esto es transformado en la más benévola noción de “deuda social”. Pero aquí nos encontramos con un pequeño cuento, una especie de mito. Todos nosotros hemos nacido con una deuda infinita con la sociedad que nos crió, alimentó y vistió, con aquellos desaparecidos hace ya muchos años que inventaron nuestros lenguajes y tradiciones, que hicieron posible nuestra existencia.

En la antigüedad creíamos que ésta se la debíamos a los dioses (se la pagaba con el sacrificio, o el sacrificio era en verdad solo el pago de intereses – la cancelación final se hacía con la muerte). Más tarde la deuda fue adoptada por el estado, en si una institución divina, con los sacrificios sustituidos por los impuestos, y la deuda de la vida por el servicio militar. El dinero es simplemente la forma concreta de esta deuda social, la manera en que es manejada. A los seguidores de Keynes les gusta esta lógica. Y también a algunas variedades de socialistas, de socialdemócratas, incluso a cripto-fascistas como Auguste Comte (quien fue, que yo sepa, el primero que acuñó la frase “deuda social”). Pero esta lógica también se puede detectar en gran parte de nuestro sentido común: considere por ejemplo la frase “pagar nuestra deuda con la sociedad”, o “Yo sentía que le debía algo a mi país”, o “Yo quería devolverle algo”. En tales casos, los derechos y obligaciones comunes, los compromisos mutuos –las relaciones que la gente realmente libre puede establecer entre cada uno– tienden a ser incluidos dentro de una concepción particular de la “sociedad”, una sociedad donde todos somos iguales solamente como deudores absolutos ante la (ahora invisible) presencia del rey, quien representa a la madre de uno, y por extensión, a la humanidad. Lo que estoy sugiriendo, entonces, es que aunque las demandas del impersonal mercado, y de la “sociedad”, a menudo aparecen juntas –y definitivamente han tendido a conquistar más terreno de numerosas formas– ambas a la larga son construidas sobre una lógica de la violencia muy parecida. Pero esta tampoco es una mera cuestión de orígenes históricos, que pueda ser dejada a un lado por ser insignificante, ya que sin la amenaza constante de la fuerza, el estado –y el mercado– no podrían existir. Entonces, ¿Cuál es la alternativa?

Hacia una historia del dinero virtual

Aquí regreso a mi hipótesis original: que el dinero cuando apareció, no era la cosa fría, metálica, impersonal de la actualidad. Era una medida, una abstracción, pero también una especie de relación (de deuda y obligación) entre seres humanos. Es importante recordar que a lo largo de la historia es el dinero-mercancía el que siempre ha sido asociado directamente con la violencia. Como dijo cierto historiador, “el metal precioso es un accesorio de la guerra, no del comercio pacífico.” La razón es simple. El dinero-mercancía, especialmente en forma de oro y plata, se puede distinguir del dinero-crédito sobre todo porque se puede robar, una característica muy particular. Como un lingote de oro o plata es un objeto sin pedigrí, a lo largo de gran parte de la historia los metales preciosos han desempeñado el mismo papel que el maletín repleto de billetes del vendedor de drogas contemporáneo. Eso es, un objeto sin pasado alguno que puede ser cambiado por otros objetos de valor en casi cualquier lugar, sin que se hagan preguntas. Así, uno puede ver los últimos 5.000 años de historia humana como la historia de una especie de alternancia. Los sistemas de crédito parecen surgir, y hacerse dominantes, en periodos de relativa paz social, a lo largo de redes de confianza. Surgen como creaciones del estado, o como instituciones transnacionales –que es el caso en la mayoría de los periodos– mientras que, en los periodos caracterizados por saqueos generalizados, son remplazados por metales preciosos. Sin duda alguna, los sistemas de préstamos con intereses abusivos han existido en toda la historia, pero han tenido efectos más dañinos en aquellos tiempos en que el dinero era más fácil de convertir en efectivo. Por eso, como punto de partida para cualquier intento de discernir los grandes ritmos que definen el actual momento histórico, propongo el siguiente esquema para la historia de Eurasia, de acuerdo a la alternancia entre periodos de dinero virtual y metal:

I. Los Primeros Imperios Agrícolas (3500-800 AC).
Forma dominante de dinero: Dinero crédito virtual

La mejor evidencia que tenemos sobre los orígenes del dinero se remonta a la antigua Mesopotamia, pero no existe alguna razón particular para creer que las cosas eran radicalmente diferentes en el Egipto de los Faraones, la China de la Edad de Bronce, o el Valle del Indo. La economía de Mesopotamia estaba dominada por grandes instituciones públicas (los Templos y Palacios) cuyos administradores burocráticos efectivamente creaban moneda de cuenta alestablecer una equivalencia fija entre la plata y la cebada, que era el cultivo principal.

Las deudas eran calculadas en plata, pero esta rara vez era utilizada en las transacciones. Para esto se utilizaba la cebada, o cualquier otra cosa que en el momento estaba a mano y era aceptable. Las deudas grandes eran registradas en tablas cuneiformes quese guardaban como garantías por ambas partes de la transacción. No hay duda de que existían mercados. Los precios de ciertas mercancías que no eran producidas dentro de las propiedades de los Templos o Palacios, y que por lo tanto no estaban sujetas a las lista de precios oficiales, tendían a fluctuar de acuerdo a los caprichosos cambios de la oferta y la demanda. Pero la mayoría de las transacciones que se realizaban a diario, en particular aquellas que no se llevaban a cabo entre completos extraños, parecen haberse hecho a crédito. Las “mozas de cerveza”, o las propietarias de posadas, servían cerveza y alquilaban cuartos; fiándoles a sus clientes, que pagaban el saldo total tras la cosecha. Los comerciantes probablemente mantenían listas de clientes de confianza a los cuales podían fiar, como sucede en la actualidad en los pequeños mercados de África o Asia Central.

El hábito de cobrar con interés también nació en Sumeria, mientras en Egipto, por ejemplo, permaneció desconocido. Las tasas de interés, fijadas en el 20 por ciento, se mantuvieron estables por 2000 años. (Esto no es evidencia de regulación o control estatal del mercado: en esta etapa eran instituciones como estas las que hacían posible la existencia de los mercados). Sin embargo, esto produjo serios problemas sociales. Especialmente en los años de mala cosecha, los campesinos se endeudaban desesperadamente con los ricos, y debían entregar sus haciendas y, por último, a sus familiares, que pasaban a ser esclavos por endeudamiento. Poco a poco esta situación parece haber conducido a una crisis social, en la que el pueblo, antes que llevar a cabo un levantamiento popular, abandonaba completamente las ciudades y tierras habitadas, para convertirse en “bandidos” semi-nómadas.

Pronto se volvió una tradición para cada nuevo soberano hacer borrón y cuenta nueva, cancelando todas las deudas, y declarando una amnistía general o “libertad”, para que todos los peones cautivos pudieran regresar con sus familias. (Es importante recordar que la primera palabra en cualquier idioma que apareció equivalente a “libertad” fue el término sumerio ‘amarga’, que literalmente significa “regreso a la madre”). Los profetas bíblicos instituyeron una costumbre similar, la del Jubileo, en la cual después de siete años todas las deudas eran canceladas. Este es el ancestro directo de la noción de “redención” del Nuevo Testamento. Como el economista Michael Hudson ha indicado, una de las grandes desgracias de la historia ha sido el que la costumbre de prestar dinero con intereses se diseminase por todas partes desde Mesopotamia, pero generalmente sin incluir los dispositivos que controlasen sus excesos.

II. Era Axial (800 AC – 600 AC).
Forma dominante de dinero: Monedas y metales preciosos

Esta fue la era en que nació la acuñación, al igual que las mayores religiones del mundo en China, la India y el Medio Oriente. Desde la época de los Reinos Combatientes en China, de la fragmentación de la India y de la carnicería y esclavización masiva que llevó consigo la expansión (y más tarde, la disolución) del Imperio Romano, este fue un período de creatividad impresionante en todo el mundo, pero también de una violencia igualmente impactante. La acuñación, que permitió el uso corriente de oro y plata como medios de intercambio, también hizo posible la creación de mercados, en el sentido más impersonal del término, que ahora es el más conocido. Los metales preciosos eran también mucho más apropiados para una era en que las guerras eran muy comunes, porque –algo obvio- eran más fáciles de robar. La acuñación definitivamente no fue inventada para facilitar el comercio (los fenicios, que eran magníficos comerciantes, fueron uno de los últimos pueblos en adoptarla). Parece haber sido inventada en un principio para pagarles a los soldados, siendo probablemente los gobernantes de Lidia, en Asia Menor, los primeros en hacerlo, al pagarles así a sus mercenarios griegos. Cartago, otra gran nación comerciante, comenzó a acuñar monedas tardíamente, y única y explícitamente, para pagar a sus soldados extranjeros.

Durante toda la antigüedad uno puede seguir hablando de lo que Geoffrey Ingham ha llamado el “complejo militar-acuñador”. Que mejor hubiera sido llamarlo el “complejo militar-acuñador-esclavista” ya que la difusión de nuevas tácticas militares (hoplitas griegos, legiones romanas) estuvo muy ligada a la captura y comercio de esclavos. La otra fuente principal de esclavos era la deuda: ahora que los estados ya no cancelaban las deudas periódicamente, aquellos que no tenían la suerte de ser ciudadanos de las más grandes ciudades-estado –las cuales eran generalmente protegidas de los prestamistas depredadores– eran presa fácil. Los sistemas de crédito del Cercano Oriente no se desmoronaron debido a la competencia comercial; fueron destruidos por los ejércitos de Alejandro Magno –ejércitos que requerían media tonelada de lingotes de plata por día para pagar salarios. Estos lingotes eran generalmente producidos por esclavos en las minas. Las campañas militares a su vez garantizaban un flujo continuo de nuevos esclavos. Los sistemas impositivos imperiales, como se explicó antes, fueron en gran parte diseñados para obligar a sus súbditos a crear mercados, para que los soldados (y por supuesto, también funcionarios del gobierno) pudieran usar los lingotes para comprar lo que quisieran. Los mercados impersonales que solían aparecer espontáneamente en las ciudades, o en los alrededores de los campamentos militares, ahora comenzaron a ser algo común en toda la sociedad. Por más triviales que hayan sido sus orígenes, la aparición de nuevos medios de intercambio –la acuñación apareció casi simultáneamente en Grecia, India y China– parece haber tenido profundas implicaciones intelectuales.

Algunos incluso han ido más lejos, al sostener que la filosofía griega en si fue posible gracias a las innovaciones conceptuales introducidas por la acuñación. Sin embargo, el hecho más sorprendente es la aparición de las religiones que se convertirían en las mayores del mundo moderno (el judaísmo profético, el cristianismo, el budismo, el jainismo, el confucianismo, el taoísmo y, eventualmente, el Islam), en casi exactamente los mismos lugares, y al mismo tiempo en que uno observa la temprana expansión de la acuñación. Aunque los vínculos precisos todavía no han sido explorados completamente, hasta cierto punto estas religiones parecen haber surgido como una reacción directa a la lógica del mercado. Para expresarlo más radicalmente: si uno dedica un determinado espacio social únicamente a la acumulación egoísta de cosas materiales, es casi seguro que pronto alguien vendrá a tomar posesión de otro espacio desde el cual predicar que, desde el punto de vista de los valores fundamentales, las cosas materiales no tienen importancia, y que el egoísmo –o incluso el yo– es una ilusión.

III. La Edad Media (600 DC – 1500 DC).
El retorno del dinero-crédito virtual

Si la Era Axial estuvo marcada por la aparición de los ideales complementarios de los mercados y de las religiones universales, la Edad Media fue el periodo en que estas dos instituciones empezaron a fusionarse. Las religiones comenzaron a ocuparse de los sistemas de mercado. Todo, desde el comercio internacional hasta la organización de ferias locales, fue desarrollándose cada vez más a través de redes sociales definidas y reguladas por las autoridades religiosas. Esto permitió, a su vez, que por toda Eurasia se extendiesen varias formas de dinero-crédito virtual. En Europa, donde todo esto se llevó a cabo bajo la protección del cristianismo, la acuñación se hizo presente de una forma esporádica y desigual.

Después del año 800 dC, los precios se calculaban principalmente de acuerdo a una antigua moneda carolingia que ya no existía (por entonces se la llamaba “dinero imaginario”), pero el comercio cotidiano se desarrollaba de otras maneras. Una forma habitual, por ejemplo, era el uso de “palos de cuentas”, pedazos de madera marcados que se partían en dos para tener una prueba de la deuda, guardando el prestamista una mitad y el deudor la otra. Tales palos de cuenta fueron de uso común hasta bien avanzado el siglo XVI. Las transacciones mayores se realizaban mediante letras de cambio, que luego se liquidaban en las grandes ferias de comercio.

La Iglesia, mientras tanto, suministraba un marco legal, manteniendo controles estrictos sobre el préstamo con interés y prohibiendo la esclavitud por deuda. El verdadero centro nervioso de la economía medieval, sin embargo, era el Océano Índico, el cual, junto con las rutas de las caravanas en Asia Central, conectaba a las grandes civilizaciones de India, China y el Medio Oriente. Aquí el comercio se realizaba dentro de las estructuras islámicas, que además de proveer un marco legal favorable a las actividades mercantiles (al mismo tiempo que prohibía absolutamente el préstamo con interés), permitió relaciones pacíficas entre los mercaderes de una parte considerable del mundo, haciendo posible la creación de una gran variedad de sofisticados instrumentos de crédito. De hecho, en esto como en muchas otras cosas, Europa Occidental se había quedado atrás: la mayoría de las innovaciones financieras que llegaron a Italia y Francia en los siglos XI y XII ya eran de uso común en Egipto o Iraq desde los siglos VIII y IX. La palabra “cheque”, por ejemplo, procede del árabe sakk, y apareció en la lengua inglesa aproximadamente en el año 1220.

El caso de China es incluso más complicado: la Edad Media se abrió allí con la rápida expansión del budismo, el cual, aunque no estaba en posición de promulgar leyes o regular el comercio, rápidamente actuó contra los usureros locales estableciendo en sus propios templos las primeras casas de empeño de todo el mundo, para que los campesinos pobres tuvieran una alternativa frente al usurero. Pero pronto el Estado se volvió a imponer, como es común en China. Pero al hacer esto no solo reguló las tasas de interés e intentó abolir la esclavitud por deuda, sino que también abandonó completamente el uso de metales preciosos al crear el papel moneda. Todo esto vino nuevamente acompañado por el desarrollo de una variedad de complejos instrumentos financieros. Aun así, no sería correcto decir que este periodo no estuvo también marcado por la matanza y el saqueo (en particular durante las grandes invasiones nómadas) o que la acuñación no era, en muchos lugares y épocas, un importante medio de intercambio. Pero lo que realmente caracteriza este periodo fue un movimiento en otra dirección. Durante la mayor parte del periodo medieval la moneda se desvinculó en gran medida de las instituciones coercitivas. En otras palabras, se invitó a los cambistas a regresar a los templos, donde podían ser mejor vigilados. Esto llevó a un florecimiento de las instituciones que requerían de un mayor grado de confianza social.

IV. La Era de los Imperios Europeos (1500-1971).
El retorno de los metales preciosos

Con la aparición de los grandes imperios europeos –primero los ibéricos, después los del Atlántico Norte– se produjo en casi todo el mundo el regreso de la esclavización masiva, el saqueo y las guerras de destrucción, junto con el consecuente y rápido regreso del oro y la plata como forma principal de dinero. Los historiadores probablemente terminarán demostrando que los orígenes de estas transformaciones fueron más complicados de lo que normalmente asumimos. Parte de esto ya había empezado a ocurrir incluso antes de la conquista del Nuevo Mundo.

Uno de los principales factores que influyeron en el regreso de los metales preciosos, fue el estallido de numerosas revueltas populares en China durante la temprana dinastía Ming, en los siglos XV y XVI, que al final obligaron al gobierno a abandonar no solo el papel moneda, si no también cualquier intento por imponer una moneda propia. Esto condujo a la regresión del vasto mercado chino a un estándar basado en la plata sin acuñar. Dado que los impuestos fueron gradualmente denominándose en plata, pronto China adoptó una política casi oficial de traer al país cuánta plata fuera posible, para mantener los impuestos bajos y evitar nuevas revueltas populares. El súbito aumento en la demanda de plata afectó a todo el mundo. La mayor parte de los metales preciosos saqueados por los conquistadores españoles y posteriormente extraídos de las minas de Méjico y Potosí (a costa de una casi inimaginable pérdida de vidas humanas) terminaron en China. Esos vínculos globales que eventualmente se desarrollaron a lo largo y ancho de los océanos Atlántico, Pacífico e Índico han sido por supuesto documentados en gran detalle.

Lo importante es que la disolución del vínculo entre el dinero y las instituciones religiosas, y su posterior vinculación con instituciones coercitivas (en especial el Estado), vino acompañada de una regresión ideológica hacia el “metalismo”. En este contexto, el crédito era en general un asunto que concernía a gobiernos cuyo funcionamiento dependía en gran parte de la financiación de déficits, una forma de crédito que, a su vez, fue inventada para financiar guerras cada vez más caras. A nivel internacional el imperio Británico mantuvo firmemente el patrón oro durante el siglo XIX y principios del XX, y en los EEUU se produjeron grandes batallas políticas en torno al patrón a adoptar en el futuro, si debía estar basado en el oro o en la plata. Este fue también, evidentemente, el período de surgimiento del capitalismo, de la revolución industrial, de la democracia representativa, etcétera. Yo no busco quitarles su importancia, si no proveer un marco para comprender eventos tan bien conocidos en un contexto menos familiar. Así se hace más fácil, por ejemplo, detectar los vínculos entre la guerra, el capitalismo y la esclavitud. A lo largo de la historia, la institución del trabajo asalariado, por ejemplo, ha venido procediendo de la institución de la esclavitud (los primeros contratos de trabajo en la historia, desde Grecia hasta las ciudades-estados de Malasia, eran en realidad para alquiler de esclavos), y también ha tendido a estar estrechamente vinculada a distintas formas de esclavitud por deuda –tal como viene sucediendo en la actualidad. Hablamos de tales instituciones usando el lenguaje de la libertad. Pero durante la mayor parte de la historia, lo que nosotros consideramos la libertad económica ha estado fundamentada en una lógica considerada como la mismísima esencia de la esclavitud.

V. Era actual (de 1971 al presente).
El imperio de la deuda

Se puede decir que la era actual comienza el 15 de Agosto de 1971, cuando Richard Nixon, entonces presidente de los EEUU, decidió oficialmente el abandono del Patrón Oro, creando efectivamente los regímenes de libre flotación de la actualidad. En todo caso, hemos regresado a la era del dinero virtual, en la que en las compras realizadas por el consumidor en países ricos, rara vez interviene siquiera el papel moneda, y las economías nacionales se mueven en gran parte gracias al crédito al consumo. Es en este contexto donde podemos hablar de la “financialización” del capital, en donde la especulación con divisas e instrumentos financieros se convierte en una entidad en sí misma sin ningún vínculo inmediato con la producción o incluso el comercio. Y este es el sector que actualmente ha entrado en crisis.

David Graeber



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