Revista Coaching

La ecuación para las pymes es simple: o encuentran medios para ser eficiente en un contexto competitivo o se caen del mercado

Por Juan Carlos Valda @grandespymes

pymes okpor Nino Fernandez

Sobrevivir en el mundo de las Pymes puede costar sangre, sudor y lágrimas. Y aunque ese es el precio más común, no faltan alternativas más llevaderas. Es que las reformas económicas de los noventa y la crisis de los últimos años pusieron a las PyMEs locales entre la espada y la pared: cambiaban y se reconvertían o dejaban todo como estaba hasta que el tiempo dijera “no va más”.

 Falta de espaldas financieras, carencias estructurales propias y cierta desprotección por parte del Estado dejaron en evidencia las dificultades de este sector para mantenerse en pie en un escenario escasamente amigable.

En la transición, infinidad de PyMEs quedaron en el camino. Y buena parte de las sobrevivientes llevaron a cabo algunas transformaciones de fondo, que hasta hace poco estaban reservadas para las corporaciones. En muchos casos, también, las que hicieron el esfuerzo penoso de reconvertirse se encontraron con que las empresas para las que producían habían dicho no va más y bajaron sus cortinas.

 ”Cuando está en juego la supervivencia, la gente pide consejos, está más atenta que nunca a las oportunidades. Y aquí quedó demostrado que la crisis es un buen momento para hacer un diagnóstico interno y ver si se puede competir”, afirma Luis Pereiro, especialista en PyMEs de la Universidad Torcuatto Di Tella.

LA REALIDAD MANDA .

 El cambio de actitud se advirtió en empresas de distintos rubros y dimensiones, de servicios o la industria, exportadoras o dependientes del mercado interno. Y no hubo una sola receta. Tampoco margen para la improvisación. Por ahora los expertos se resisten a hablar de una nueva tendencia, pero rescatan como muy saludable que las PyMEs se animen a pedir asesoramiento y asuman actitudes proactivas en términos estratégicos.

 Capacitación de los recursos humanos, certificación de normas de calidad, denuncias por competencia desleal, búsqueda de alternativas a la sequía financiera y hasta la asociación con los propios competidores, son algunas de las iniciativas que podrían modificar el rumbo de las preocupantes estadísticas del sector.

Actualmente, como en casi todo el mundo, es cierto, en la Argentina más del 70% de las PyMEs muere dentro de los primeros cinco años de vida, pero con el agravante de una baja natalidad empresaria. La falta de centros de desarrollo de emprendedores, que enseñen como se puede comenzar una empresa, puede explicar, al menos parcialmente, la baja tasa de creación de nuevas empresas.

Si en países como Italia, España y EE.UU. existen entre 45 y 50 empresas cada mil habitantes, aquí la cifra se ubica en torno a 30, lo cual significa que muchos de los empresarios que bajan las persianas no vuelven a intentar con otra empresa, sino que se inscriben en el mercado de los autónomos en pequeños trabajos.

“Cuando nos encontramos que necesitábamos capacitar al personal para poder competir adherimos a un programa de crédito fiscal y el año pasado obtuvimos 60.000 dólares para volcar a ese objetivo y este año ya contamos con otros 30.000 dólares”, asegura Néstor Curci, gerente de Global Vending, una compañía especializada en máquinas proveedoras de refrigerios bajo sistema vending.

En otros casos las empresas que pudieron despegarse un poco del día a día encararon reformas que les permitieron mejorar su competitividad. La decisión, empujada por la necesidad, podía significar el seguir en el negocio o tener que bajar la cortina. “La vocación de mantenernos actualizados y un buen asesoramiento en planeamiento estratégico nos llevaron poner en práctica un proyecto de sustitución de importaciones en máquinas y productos, que fue premiado por la Fundación Invertir”, dice Osvaldo Abeledo, vicepresidente de B.A. Clean, una PyME que comercializa productos de higiene para baños públicos y que hoy compite de igual a igual con empresas como Valot o Blancanieves.

Sin embargo no todas las PyMEs pueden adoptar ese tipo de estrategias. “Aunque el contexto no es fácil, está claro que hay cosas que se pueden hacer en medio de una economía desregulada y abierta como la argentina”, dice Pereiro.

LA PEQUEÑA EMPRESA TAMBIÉN PUEDE RECURRIR A RESORTES QUE HASTA AHORA HAN SIDO PATRIMONIO EXCLUSIVO DE LAS GRANDES COMPAÑÍAS.

“Aquellas empresas que se asesoraron correctamente y supieron hacer valer sus derechos, obtuvieron una protección elemental en pos de neutralizar los efectos de una competencia externa barbarizada”, dice Gaston Solari Loudet, pro secretario de ADIMRA (Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina).

Ariel Benzacar es un empresario de la madera que a pesar de la virtual desaparición de la competencia nacional perdía drásticamente caudal de ventas ante la imposibilidad de competir con la producción importada. “Hace algo más de tres años solicité una medida antidúmping al ingreso de perchas procedentes de China, que salió favorablemente en julio pasado, y desde entonces pude duplicar las ventas”, asegura Benzacar. En materia de competencia desleal los pequeños y medianos empresarios tienen mucho para hacer, pero en general prevalece la idea de que el Estado nacional pocas veces se comporta como un buen socio.

 El ex presidente del Banco Central, Javier González Fraga, propietario del tambo La Salamandra, afirma que “para entrar a un país europeo es necesario hacer una enorme inversión, en tratamiento de efluentes, optimización de la planta, historia de los animales ordeñados. En cambio en las góndolas de nuestros supermercados es común ver quesos de países que tienen el mal de la vaca loca y nadie dice nada.”.

LA GLOBALIZACIÓN ES EL MANDATO DE RECONVERSIÓN PARA TODAS LAS EMPRESAS, PERO EL CAMBIO SE HACE LENTO POR UNA CUESTIÓN CULTURAL, QUE TAMBIÉN ALCANZA AL MANAGEMENT DE LAS CORPORACIONES.

 No hace falta recordar que la dificultad para acceder al crédito es endémica en la pequeña y mediana empresa por la desconfianza en su capacidad de repago, y que no pocas veces se constituye en causa de muerte. Sin embargo algunas han encontrado mecanismos de defensa, que les permiten contarlo. “Las restricciones financieras nos obligaron a ser selectivos con la elección de nuevos clientes, para evitar problemas con los pagos, y sumamente flexibles en materia de stocks”, refiere Alberto Carballo, vicpresidente de Corrucart, una fábrica de envases de cartón corrugado de Valentín Alsina.

 Distinta fue la reacción de Mario Nöllmann, un fabricante de transformadores e instrumental de medición eléctrica de San Fernando, que decidió invertir 250.000 dólares para reconvertir el sector metalúrgico de la empresa y se encontró sin apoyo financiero. “Curiosamente los bancos nos dieron la espalda porque nos endeudábamos demasiado, pero finalmente accedimos a un financiamiento mucho más cómodo a través de Garantizar, una sociedad de garantías recíprocas”, cuenta Nöllmann.

Otra alternativa para sortear el mal del financiamiento que afecta a las PyMEs es la búsqueda de un socio que inyecte capital, no como préstamo sino a modo de asociación. “En el último año alrededor de un 20% del capital de riesgo fue a parar a pequeños y medianos emprendimientos y no sólo a empresas puntocom como suele creerse”.

Autor NINO FERNANDEZ

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