Revista Comunicación

La “falsa” economía colaborativa

Publicado el 07 agosto 2018 por Davidsoler @dsoler

Hace unos días vivimos en Barcelona primero y después en Madrid una huelga del sector del taxi que tenía por objeto forzar a las administraciones a regular las licencias que puedan tener empresas como Uber y Cabify. Es un tema que se repite en muchas ciudades y que muchos usuarios en Internet simplifican en eso de “poner puertas al campo” y no aceptar la entrada de nuevos y ¿mejores? competidores.

Vaya por delante que estoy muy a favor no sólo de que haya nuevos competidores sino que estos sean digitales. Pero en el tema que nos ocupa, los nuevos modelos de negocio basados en el concepto Economía Colaborativa, hay muchas más variables de las que se ven a simple vista.

“Los hechos probados”

El servicio de taxi, como servicio público para el ciudadano al nivel del autobús o el metro, es un servicio regulado por las administraciones públicas. Las administraciones deciden cuantas licencias pueden existir en su área de influencia (una ciudad, normalmente) y con ello se trata de garantizar la seguridad del pasajero y gestionar la “profesionalidad” de quien presta el servicio. No me parece mal, todo lo contrario. Creo que hay servicios que deben estar regulados por las administraciones y este es uno de ellos (por diversas razones que iré desgranando en el post).

Al otorgar licencias y ser éstas limitadas se genera un mercado de segunda mano y un incremento del valor. Ello conlleva, a menudo, acopio de licencias en manos de un único empresario, muchos profesionales que se encuentren endeudados por años y, si como todo parece apuntar, el mercado se va liberalizando, el valor de sus inversiones cae en picado. Ahí tenemos un problema: profesionales endeudados aunque, para ser justos, no mucho más que una familia cuando se compra su vivienda.

Los nuevos competidores, Uber y Cabify al menos en España, “contratan” conductores que pagan su licencia administrativa, donde parece que aún no hay mercado de segundo mano, o no es tan abultado, y, por lo que dice el sector del taxi, no se les exige el mismo nivel de permisos y regulaciones que a los taxistas, con lo que la competencia no sé da en el mismo plano. Segundo problema: competencia desleal. (Nota: no sé de qué manera se controla que alguien que presta servicio en Uber tenga su licencia en regla pero debo entender que así es). 

Como usuario que he sido de Uber puedo afirmar que el servicio prestado es mejor que el del taxi si dejamos de lado el objetivo del mismo servicio: trasladarte de un punto a otro. Marc Vidal lo explica muy bien en este post. Esto no debería ser un problema, un taxista no tendría más que copiar cómo entregan el producto estas plataformas y se acabaría. Pero entonces ¿por qué no lo hacen o no lo hacen todos? Admito que el taxi ha mejorado en los últimos años en ese aspecto pero aún le falta mucho. Tercer problema: no adaptarse a un nuevo marco competitivo.

Uber y Cabify sólo son aplicaciones que ponen de acuerdo a dos personas individuales que pueden hacer una transacción y ellos se llevan un porcentaje sobre la transacción conocida previamente por ambas partes. Hacen, o se basan, en eso que llamamos Economía Colaborativa. Pero mientras el taxista se tiene que pagar su seguridad social y, si es un empleador, tiene que pagar un sueldo (por más irrisorio que ese sea), un conductor de Uber podría no tener que ser un trabajador por cuenta propia o podría ser conductor de Uber a tiempo parcial (aunque la aplicación, supongo, establece penalizaciones por no responder servicios). Cuarto problema: una cuestión de posible precariedad laboral y, de nuevo, el problema 2.

Ya no está tan claro que Uber y Cabify sean mucho más baratos que un taxi. Es seguro que el precio es conocido porque se cierra previamente por parte de la plataforma pero es un precio dinámico que fluctúa en función de la demanda en un momento dado. ¿Podemos imaginar que pasaría si estas dos empresas estuvieran solas en el mercado y manejarán los precios de ese modo? Sí, ya sé que, como la bolsa, al final la oferta y la demanda se equilibran y si te parece caro siempre estás en tu derecho de no utilizarlo pero puedo imaginarme esta situación extrema y es, cuanto menos, inquietante. Quinto problema: poca gestión y control del precio final y “desamparo” del usuario.

La digitalización del sector del taxi se ha centrado únicamente en crear una app para facilitar al usuario pedir un taxi pero poco más. Sexto problema: el taxi sigue creyendo que su trabajo empieza y acaba cuando traslada a un pasajero y no piensa en ponerle en el centro de toda su estrategia (es un simple problema de “servicio”, de tener claro que manda el pasajero).

Uber y Cabify como empresas que son, y cómo muchas empresas deslocalizadas (Amazon, Google y Facebook por poner tres ejemplos fáciles) pagan sus impuestos fuera de donde generan sus ingresos porque la legislación se lo permite, por supuesto, pero eso puede representar un problema futuro para las arcas del estado, no podemos obviarlo. Y séptimo problema.

¿Es Uber una empresa de Economía Colaborativa?

Ahí empieza, para mí, el octavo problema. O dilema en este caso. Y no es el único caso.

Si atendemos a lo que dice Wikipedia y a la percepción que tiene el usuario de internet, Economía Colaborativa es cuando ganan tanto el que compra como el que vende y es una forma de amortizar bienes o servicios que el vendedor ya no usa. Hasta ahí tanto Uber como Cabify, Deliveroo, EatWith, BlaBlaCar, etc… lo son.

Pero no son comparables con la propia Wikipedia, el bicing o las páginas de intercambio de productos como Wallapop o SegundaMano.

Aquellas son empresas que han aprovechado el concepto Economía Colaborativa cuando, en realidad, son empresas como cualquier otra que han encontrado un hueco donde hacer negocio pero somos muchos los que no las vemos como Economía Colaborativa en el sentido inicial de la palabra. Son innovadoras, disruptivas y cubren algunas necesidades no satisfechas de los usuarios (entre ellas facilitar la vida al usuario para contratar y comprar, inmediatez y certidumbre y cubrir necesidades puntuales) pero se parecen más Amazon que a Wallapop. Porque si admitimos lo contrario, que lo son como todas, entonces también lo son las compañías tradicionales de alquiler de coche que han adoptado el sistema de pago por uso o los hoteles que alquilan al estilo Airb’n’b o los que lo hacen por horas, por poner dos ejemplos.

En realidad se comportan como cualquier corporación, con horarios, normas, cultura y estilo propios que, en mayor o menor medida, inciden hacía abajo, hacía sus empleados. Para mi este tipo de empresa presentan algunas lagunas:

      1. Como muchas “low cost” su buena marcha depende de la estructura de costes y uno de los más grandes es el de personal. Lo salvan no asumiendo muchos costes que sí tienen otras empresas, como el pago a la Seguridad Social. Ello les permite competir por precio, aunque no siempre el precio tenga que ser mucho mejor que otro modelo, pero mete toda la presión en el empleado que está en una de las puntas de la Economía Colaborativa. Lo hemos visto con los repartidores de Deliveroo. Esto no es una novedad en nuestro sistema porque en el sector de los seguros y de la venta directa de libros siempre han existido redes de venta de trabajadores por cuenta propia (falsos autónomos) y nadie se rasga las vestiduras, ellos los primeros. Pero la diferencia de ingresos no es comparable.
      1. Compiten en mercados pero con condiciones distintas. No es que sea un drama pero suena raro que un mismo servicio pueda prestarse con garantías distintas y el usuario no lo sepa.
      1. La posición de poder que puedan llegar a tener. Si no nos sorprende que haya leyes AntiTrust ¿por qué debería sorprendernos que las administraciones intenten que algunas empresas no tengan posiciones hegemónicas en el mercado? En algún momento la UE lo ha dejado ir cuando se refiere a Google y a mi, muy fan de Google, no me parecería mal. Es un riesgo que una, dos o tres empresas controlen un mercado entero porque al final perderemos los usuarios/consumidores.
    1. Y, la que ya he comentado, de que tributan, de manera totalmente legal, en aquellos países que más les conviene con independencia de donde generan los ingresos (eso también les pasa a Google y a Facebook, no es sólo en estos casos).

¿Cómo se soluciona el problema de mercados regulados, empresas disruptivas y la Economía Colaborativa?

No pretendía escribir este post para dar con la solución administrativa del taxi y Uber. Simplificándola mucho creo que hay que resolver la entrada de Uber, Cabify y todos los que vengan detrás, buscando algún tipo de amortización de las licencias (por hacer borrón y cuenta nueva, no porque se lo merezca nadie), reducir al mínimo el coste de las licencias y que sean personales y no puedan revenderse y asimilando el nivel de carga y coste impositivo. El resto será un asunto de servicios y que gane el mejor. Pero es simplificarlo mucho, lo sé. Merece mayor precisión.

Lo que sí creo que es necesario:

      • Es necesario que haya mercados regulados. Y mucho. Todos aquellos donde hay que defender al consumidor por encima de todo. Abogados, notarios, servicios de transporte de personas, salud en sentido amplio, el juego, el alcohol y el tabaco, la energía y alguno que me dejo (sí, la restauración y el alquiler también deberían estar regulados).
      • Lo anterior no significa que no se pueda dejar entrar competencia, y menos la digital, pero las reglas del juego tienen que estar claras y ser las mismas para todos. Ojalá se pudieran autorregular pero no estoy muy seguro de que sea siempre posible.
      • Hay que modernizar, vía formación o inversión directa, muchos sectores regulados que, por esa misma regulación, se olvidan del cliente y se dedican a servir productos o servicios sin más. El taxi, generalizando, es un buen ejemplo.
      • Hay que invertir más en emprendimiento digital. Necesitamos tener Uber’s locales. Empresas capaces de competir en mercados globales. Hay que invertir más en viveros de empresas (incubadoras y aceleradoras) y dar beneficios fiscales más agresivos a inversores en este tipo de empresas. Y promover que los pequeños inversores, como yo, se conviertan en grandes inversores.
      • La UE tiene que conseguir una auténtica armonización fiscal entre países miembros. No es posible que Irlanda casi acapare las mayores compañías por su mejor trato fiscal.
      • Hay que apoyar el nacimiento de auténticos modelos de Economía Colaborativa, tal vez vía cooperativas (para no tenerlo todo público) que puedan ser alternativa a empresas privadas y para que salga ganando el consumidor final. 
      • Mejorar, sí o sí porque lo vemos que va por ahí, el autoempleo y su tratamiento fiscal. Deliveroo dejaría de ser un problema si sus repartidores se ganarán más o menos bien la vida (como sí les pasa a las redes de vendedores).
      • Hay que introducir más transparencia en las empresas que nacen al amparo de Internet. Hay que evitar que tomen posiciones predominantes y conseguir que sus prácticas sean más homologables a cualquier empresa. Y en el caso de empresa bajo el concepto Economía Colaborativa el dar valor al accionista no puede ser el centro,  porque lo están pervirtiendo.
      • Las administraciones públicas tienen que ser más ágiles adaptando las normas. Nunca irán al ritmo del consumidor pero es que ahora están a años luz.
    • Y los usuarios/consumidores deberíamos empezar a diversificarnos. Hay vida más allá de Amazon, Google, Facebook, Airb’n’b, etc… Yo, el primero.

¡Que tengáis una feliz semana!

Foto del post de Cuentamealgobueno bajo licencia CC.

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