Revista Cine

La hija de un cómico

Publicado el 25 abril 2011 por Manuelsegura @manuelsegura

La hija de un cómico

En un país donde casi nunca te perdonarán que seas ‘hijo de’, se acaba de morir una de las actrices que han hecho grandes el teatro, el cine y la televisión. María Isbert, hija –todo hay que decirlo– de uno de los selectos actores con mayúscula que ha dado la escena y la cinematografía hispana, protagonista o secundario en tantas y tantas películas de nuestra vida, nos ha dejado a la longeva edad de los 94 años.

Con más de 250 películas en su haber, donde la vimos hacer como pocas de chacha o solterona, explotó su vis cómica, sin duda muy presente ya en su ADN. Con su padre, cuando éste desplegó sus dotes interpretativas más inmensas, compartió reparto en obras maestras del celuloide como El verdugo, de Luis G. Berlanga, o El cochecito, de Marco Ferreri. Debutó en el teatro, recién acabada la Guerra Civil, junto a su progenitor, y lo hizo en Nuestra Natacha, de Alejandro Casona. Ya en televisión, será imborrable su concurso en los imprescindibles Estudio 1 o en La casa de los Martínez, aquella serie de nuestra infancia en blanco y negro, que veíamos en los televisores con estabilizador y que tanto recordaremos por más que pasen los años.

Con María Isbert se va un pedazo de nuestras vivencias en un patio de butacas, una sala de cine o en el salón de nuestra casa. Se va un rostro amable, nada histriónico en el falsete, y sí tan veraz como cada uno de los personajes a los que dio vida en casi ocho décadas de trabajo. Como hasta hace poco lo hicieron López Vázquez, Alexandre o Florinda Chico y sólo un poco antes Fernán Gómez, Agustín González o Rafaela Aparicio. Gentes, todas ellas, hechas de otra pasta, tanto dentro como fuera de los focos.



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