Revista Insólito

La historia de Jesucristo en Japón

Por Tdi @RLIBlog

La historia de Jesucristo en Japón

Cruz de Isukiri y Jesús

En la cima de una empinada colina, en un distante rincón del norte de Japón yace la tumba de un pastor itinerante que, hace dos milenios, se asentó allí para cultivar ajos. Se enamoró de la hija de un granjero llamada Miyuko, que le dio tres hijos, y murió a los 106 años. En la aldea de montaña de Shingo, él es recordado por el nombre de Kaitenku Taro Jurai. En el resto del mundo se le conoce como Jesucristo.
Resulta que Jesús de Nazaret - el Mesías, hacedor de milagros y líder espiritual de una de las religiones más extendidas del mundo - no murió en la cruz en el Gólgota, como se suele creer. Según la cultura local, ese fue su hermano pequeño Isukiri, cuya oreja cortada fue enterrada en un túmulo funerario adyacente en Japón.
Un remanso bucólico con solo un residente cristiano (Toshiko Sato, quien el año pasado tenía 77 años) y ninguna iglesia en 50 km. Aún así, Shingo se considera Kirisuto no Sato (Ciudad de residencia de Jesús) . Cada año 20.000 peregrinos y paganos, aproximadamente, visitan el lugar, que es mantenido por una fábrica cercana de yogures. Algunos visitantes pagan una entrada de 100 yenes en el Museo Leyenda de Cristo, una valiosa colección de reliquias religiosas que vende de todo, desde posavasos de Jesús a tazas de café. Algunos participan en el festival primaveral de Cristo, una mezcla de múltiples ritos confesionales en la que mujeres con kimono bailan alrededor de las tumbas gemelas y cantan una letanía de tres líneas en un idioma desconocido. La ceremonia, diseñada para consolar al espíritu de Jesús, ha sido organizada por la oficina de turismo local desde 1964.
Naniyaa dorayayo (ナニヤアドラヤヨ)
Naniyaa donasare inokie (ナニヤアドナサレイノキエ)
Naniyaa doyarayo (ナニヤアドラヤヨ)  
Letanía para calmar el espíritu de Jesús

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Flick: Vera46


Los japoneses son en su mayoría budistas o sintoístas, y, en una nación con 127,8 millones de habitantes, solo un 1% se considera cristiano. El país alberga una población variable de religiosos populares encantados con lo misterioso, lo extraño y lo contraintuitivo. "Encuentran la plenitud espiritual en ser ecléctico," dice Richard Fox Young, profesor de historia religiosa en el Seminario Teológico de Princeton. "Eso es, puedes tenerlo todo: un sentimiento de proximidad - De Jesús y buda y muchas, muchas otras figuras divinas - sin ninguna de las obligaciones que vienen de una orientación religiosa más singular."
En Shingo, la Mayor Historia Jamás Contada es relatada así: Jesús vino primero a Japón a los 21 años para estudiar teología. Esto fue durante los llamados "años perdidos," un vacío de 12 años no contado en el Nuevo Testamento. Llegó al puerto de la costa este de Amanohashidate, una lengua de tierra que se adentra en la bahía Miyazu, y se convirtió en un discípulo de un gran maestro cerca del Monte Fuji, aprendiendo el japonés y la cultura oriental. A los 33 años, volvió a Judea - ¡a través de Marruecos! - para hablar de la "tierra sagrada" que había visitado.
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Después de haber entrado en conflicto con las autoridades romanas, Jesús fue arrestado y condenado a la crucifixión por herejía. Pero engañó a los verdugos cambiando su lugar con su hermano olvidado Isukiri. Para escapar de la persecución, Jesús volvió a la tierra prometida de Japón con dos recuerdos: la oreja de su hermano y un mechón de pelo de la Virgen María. Cruzó las heladas tierras salvajes de Siberia a Alaska en un viaje de 4 años, 9.650 kilómetros e innumerables privaciones. Esta segunda llegada alternativa terminó cuando zarpó a Hachinohe, próxima a Shingo.
Cuando llegó a la villa, Jesús se retiró a la vida en el exilio, adoptó una nueva identidad y formó una familia. Se dice que vivió una vida natural atendiendo a los necesitados. Tenía una calva en la coronilla, un abrigo de muchos pliegues y una nariz distintiva, que, como indica el museo, le dio reputación como "duende narigudo".
Cuando murió, su cuerpo se mantuvo expuesto en la cima de la colina durante cuatro años. De acuerdo a la costumbre, sus huesos fueron agrupados  y enterrados juntos - el mismo montículo de tierra que ahora está coronado por una cruz de madera y rodeada por vallas.
Todo esto se parece más a la Vida de Brian que a la de Jesús. Aún así, el caso del Salvador de Shingo es discutido vigorosamente en el museo y animado por el folklore. En los tiempos antiguos, se creía que los aldeanos mantenían tradiciones ajenas al resto de Japón. Los hombres vestían ropas que recordaban a las túnicas de la Palestina bíblica, las mujeres llevaban velos, y los bebés se cargaban en cestas tejidas como las de la Tierra Santa. No solo los recién nacidos eran envueltos en ropas bordadas con el diseño de la Estrella de David, sino que, como talismanes, sus frentes eran marcadas con cruces de carbón vegetal.
El museo sostiene que el dialecto local contiene palabras como aba o gaga (madre) y aya o dada (padre) que se parecen más al hebreo que al japonés, y que el antiguo nombre de la villa, Heraimura, se puede remontar a la palabra "Hebrai". El estudioso religioso Arimasa Kubo, un pastor de Tokio retirado, piensa que Shingo pudo ser fundada por "los descendientes de las diez tribus perdidas de Israel."
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Para alimentar esta improbable explicación, en el 2004, el embajador israelí Eli Cohen visitó las tumbas y dedicó una placa, en hebreo, para honrar los lazos entre Shingo y la ciudad de Jerusalén. El portavoz de la embajada, Gil Haskel explicó que  aunque las tribus hebreas podrían haber viajado a Japón, la placa era simplemente "un símbolo de amistad más que una aprobación de las afirmaciones de Jesús."
Otra teoría plantea la posibilidad de que las tumbas contengan los cuerpos de misioneros del siglo XVI. Los evangelistas cristianos llegaron a Japón por primera vez en 1549, pero la amarga lucha interna por la influencia y los conversos japoneses llevaron a una prohibición nacional de la religión en 1614.

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Estas imágenes recibían el nombre de fumie


Los creyentes pasaron a la clandestinidad, y estos Cristianos Ocultos (Kakure Kirishitan, 隠れキリシタ), como se les llamaba, se encontraron con una feroz persecución religiosa. Para erradicarlos, los oficiales realizaron pruebas de lealtad en las que los sacerdotes y otros practicantes tenían que pisotear la imagen de María y el niño Jesús. Aquellos que se negaban a renunciar a sus creencias, fueron crucificados, decapitados, quemados en la pira, torturados a muerte o colgados boca abajo sobre cloacas para aumentar su sufrimiento. Durante más de 200 años, hasta que Japón abrió sus puertas a occidente en 1868, la cristiandad sobrevivió en comunidades dispersas, lo que explica por qué las llamadas tradiciones cristianas de Shingo no se practican en el resto de la región.
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La clave del culto a Cristo de Shingo yace en un pergamino que dice ser la última voluntad y testamento de Cristo, dictada mientras moría en el pueblo. Un equipo al que el panfleto del museo llama "arqueólogos de una sociedad internacional para la investigación de la literatura antigua" descubrió el texto en 1936. El manuscrito, junto con otros supuestamente desenterrados por un sacerdote sintoísta en la misma época, mostraban las últimas aventuras de Cristo entre Judea y Japón, y apuntaba a Shingo como su lugar de reposo final (La suerte quiso que las tumbas de Adán y Eva estuvieran a 24 km al oeste de la ciudad).
Curiosamente, estos documentos fueron destruidos durante la Segunda Guerra Mundial, según dice el museo, permitiendo albergar solo transcripciones modernas - Firmadas por "Jesucristo, padre de la Navidad" - dentro de una caja de cristal. Lo que es más curioso, es que Jesús vivió durante el periodo Yayoi, una época de civilización rudimentaria sin lenguaje escrito.
Los pergaminos originales fueron llevados a Shingo por un grupo formado por un sacerdote sintoísta, un historiador y un carismático misionero cristiano que predicaron que el emperador japonés fue el Mesías Judío. A ellos se le unió el alcalde de Shingo, Denjiro Sasaki, quien buscaba que la ciudad se convirtiera en un destino turístico. Sasaki los llevó a través del valle de campos de arroz y subió una pendiente hacia un matorral de bambú que ocultaba los túmulos funerarios. Durante generaciones, la tierra había pertenecido a los Sawaguchis, que cultivaban ajo.
Uno de los miembros del clan, un joven llamado Sanjiro, conocido por sus ojos azules, algo raro en Japón y, como insistió el historiador nacionalista Banzan Toya, prueba de que los Sawaguchis eran la progenie de Jesús y Miyuko, quien, para complicar más las cosas, era conocida como Yumiko, Miyo y Mariko. Otra de los extravagantes descubrimientos del grupo fueron siete antiguas pirámides, todas ellas anteriores 10.000 años anteriores a las egipcias y mayas. El cúmulo de piedras generosamente llamado Gran Pirámide de Piedra de Dios está justo bajo el camino de la tumba de Cristo. Milagrosamente, el historiador y el sacerdote se encontraron con la pirámide un día después de encontrar las tumbas. Una señal junto al santuario sintoísta explica que la pirámide se derrumbó en el siglo XIX por un terremoto.
El sintoísmo es una religión de la naturaleza, y durante el fervor imperialista que dominó Japón antes de la Segunda Guerra Mundial, su mensaje de singularidad japonesa fue explotada para incitar la unidad nacional. "Las organizaciones religiosas solo podían operar libremente si tenían el reconocimiento del gobierno," dice Richard Fox Young.
La historia de Jesucristo en Japón De estas restricciones vino el "sintoísmo estatal" - el uso de la fe, con sus lugares sagrados y deidades, para la propaganda, el culto al emperador y la celebración del patriotismo. Se concentraron una cantidad considerable de recursos para probar la superioridad del país sobre otras razas y culturas. Un ejemplo de esto es el descubrimiento de la tumba de Moisés en el monte Houdatsu en la prefectura Ishikawa. Los registros de prensa de la época detallaban como el profeta había recibido el idioma hebreo, los diez Mandamientos y la primera Estrella de David directamente del emperador divino japonés.
Tal condescendencia divina implica que el culto a Cristo de Shingo tiene poco que ver con la cristiandad. "Al contrario," dice Young. "Es más una religión popular japonesa y su esponjosidad - su capacidad de absorber cualquier influencia, aunque no tenga coherencia ni siquiera internamente".
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Donde más clara se ve esta esponjosidad es durante la Fiesta de Yule, una temporada que, disfrazada como de relevancia cristiana, ha conseguido un significado por sí misma. Incluso se dice que una vez unos grandes almacenes japoneses mostraron inocentemente a Santa Claus clavado a un crucifijo. Apócrifa o no, la historia tiene relevancia cultural.
Shingo es moderadamente festiva con abetos nevados y luces parpadeantes, serpentinas brillantes y guirnaldas rojas y verdes, velas y escenas de la natividad. En Japón, la Nochebuena es un tipo de noche para quedar, en la que muchos jóvenes ignoran el casto ejemplo de María y en vez de eso pierden su virginidad. "Es la festividad más romántica de Japón, sobrepasando el Día de San Valentín," dice Chris Carlsen, un nativo de Oregon que enseña inglés en la ciudad. "En Navidad, todos vuelven al trabajo y todos los adornos se retiran".
Junichiro Sawaguchi, el miembro más anciano de la familia de Shingo considerada como descendiente directo de Cristo, celebra esta festividad como el ciudadano japonés promedio, de manera secular con adornos y Kentucky Fried Chicken. Burócrata del ayuntamiento, nunca ha ido a una iglesia ni leído la Biblia. "Soy budista", responde.
Cuando le preguntaron si creía en la historia de Jesús en Japón, Sawaguchi negó con la cabeza, y dijo tímidamente: "No lo sé". Entonces de nuevo, destaca Carlsen, los japoneses son muy discretos en cuanto a dar a conocer sus opiniones, especialmente en temas polémicos. "La tumba de Cristo ha dado a Shingo un sentimiento de identidad," dice. "Si una figura central como el Sr. Sawaguchi desmintiera la historia, sentiría que ha traicionado a la ciudad."
¿Pero cree posible Sawaguchi que Jesús fuera su ancestro? Tras un momento de silencio, encoge los hombros y muestra las palmas de las manos, como diciendo "No te creas todo lo que te dicen".
Fuente: Smithsonian Mag, Le Cercle zetetique

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