Revista Opinión

La impostura de la pose

Publicado el 27 julio 2016 por Barbazul
La impostura de la pose
"Los comunistas rechazan ocultar sus opiniones y propósitos. Declaran abiertamente que sus objetivos solo pueden alcanzarse mediante el derribo violento de todo el orden social hasta ahora existente. Que tiemblen las clases dominantes ante una revolución comunista. Los proletarios no tienen en ella nada que perder sino sus cadenas.
Tienen un mundo que ganar
¡Proletarios de todos los países, Unios!
Este es el final del Manifiesto Comunista de Karl Marx y Friedrich Engels, de ahí que aquellos y aquellas que libremente nos denominemos comunistas, no debemos de avergonzarnos de hablar de Lucha de Clases. El objetivo final de todo marxista, debería ser el de derribar el orden social existente instaurado por el capital para lograr una sociedad sin clases, una sociedad nueva en la que no se pueda permitir la explotación del hombre por el hombre, una sociedad que sea capaz de borrar la desigualdad mantenida durante siglos por los poderosos, contra aquellos y aquellas de los que se han servido para conseguir ese poder.
Los que además nos denominamos leninistas, no debemos avergonzarnos a la hora de hablar de la Dictadura del Proletariado como fase previa y última para conseguir los objetivos marcados por Marx y Engels, pues a través de ella, Lenin demostró como la Clase Obrera tras la revolución de Octubre, podía darle forma a las necesidades de Clase de los revolucionarios que tomaron el poder y que pusieron el interés colectivo por encima del individual, que conquistaron los medios de producción privados y los pusieron en manos de los trabajadores, para lograr consolidar la revolución que abria paso al socialismo.
De ahí que no quepa otra opción distinta para los y las comunistas que no sea la defensa de las ideas de Marx y Lenin, como prueba científica de que es posible y necesario un proceso revolucinario para que la Clase Obrera sea capaz de decidir su futuro.
Sin embargo, vivimos desde hace mucho tiempo pero sobre todo ahora, en una época en la que la "pose" está sustituyendo a la razón de los argumentos históricos. No es un proceso que haya tenido comienzo ahora, viene de lejos, desde el mismo momento en que se estaba produciendo el proceso revolucionario soviético los revisionistas y reformistas lo atacaron de mil maneras, desde la palabra a la traición o la intervención militar.
Por ejemplo, hubo excisiones dentro del movimiento internacional revolucionario, creando la 4ª internacional para intentar socabar el proceso revolucionario y más tarde, esa impostura, esa falacia de tener un adjetivo como "comunista" que denominara a un partido político y sin embargo estuviera lo más alejado de sus naturales objetivos revolucionarios, tomó cuerpo a través del denominado EUROCOMUNISMO.
Este fenómeno fue el inicio de una de las mayores traiciones a la Clase Obrera en general y a los comunistas en particular, pues aún manteniendo los símbolos y las consignas propias de los partidos comunistas, el objetivo final pasó de ser la revolución socialista y la instauración de la dictadura del proletariado a la "conquista de los gobiernos" (que no la toma del poder) por medio de la participación en las elecciones burguesas como único medio de actividad política.
Ese giro histórico tuvo dos grandes representantes; en Italia con Enrico Berlinguer, culpable histórico de la desaparición de un partido como el PCI, que había sido abanderado en la lucha contra el fascismo de Mussolini y que tuvo el mayor apoyo de la clase obrera en la "europa occidental" y por Santiago Carrillo en nuestro país, que al igual que en el caso italiano hizo que el PCE, que fue la fuerza que más y mejor se opuso al golpe de estado fascista de Franco y sus aliados y el único Partido que luchó contra la dictadura desde el primer al último día, haya acabado invisibilizado políticamente.
Ambos acordaron romper con lo que significaba el "campo soviético o socialismo real" tildándolo de dictaduras en contra del pueblo, la excusa perfecta para abandonar cualquier política revolucionaria en sus países, siendo tal el grado de traición a los principios revolucionarios que en el caso de España, Carrillo aceptó en la mal llamada transición entre otras cosas, una constitución que refrendaba como jefe del Estado a un rey impuesto por el dictador. Desde ese momento, cualquier tipo de crítica fue resuelta con expulsiones individuales o colectivas de militantes comunistas del PCE, expulsando de ese modo a los cuadros mejor preparados y que habían dado muestras de su compromiso militante durante décadas de dictadura.
El problema del carrillismo es que aún siendo "repudiado" oficialmente dentro del actual PCE, sus práticas, sus técnicas y sobre todo, sus objetivos, siguen intactos. Tanto es así, que la actual dirección del PCE, aun habiendo realizado un congreso en el que por primera vez en décadas se "gira" a la izquierda en las tesis políticas, sigue empeñada en la estrategia electoralista como única vía para la consecución de metas electorales y por tanto no revolucionarias.
Es por ello, que bajo mi criterio, es imposible que se sigan denominando comunistas aquellos y aquellas que no fijan como objetivo la organización de los cuadros revolucionarios necesarios para promover un cambio radical de sistema en nuestro Estado.
Es imposible que se llamen comunistas, aquellos y aquellas, que se denominan marxistas pero no aplican las enseñanzas del socialismo científico a la actual situación.
Es imposible que se llamen comunistas, aquellos y aquellas que dicen pelear por la "mayoría social" y olvidan que "la historia del ser humano es la historia de la LUCHA DE CLASES".
Es imposible llamarse comunista y creer que los cambios necesarios para la Clase Obrera pueden provenir de la participación en la democracia burguesa.
Es imposible llamarse comunista y no organizar la revolución, para conseguir el socialismo a través de la dictadura del proletariado.
Serán o seremos otra cosa, pero no comunistas.
Tomado de laRepública.es

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