Revista Asia

La Justicia es ciega y tiene los ojos achinados

Por Tiburciosamsa



Lo peor que le puede pasar a un occidental en el Sudeste Asiático es tener un roce con la Justicia. Para tener un roce no hace falta ser especialmente granuja. Tener la piel blanca y encontrarse en el lugar equivocado en el momento equivocado bastan. Algunas ideas sobre qué hacer en esos casos y como intentar prevenir esos posibles roces:

+ Intenta resolver el problema tan pronto se presente. Pagar al agente que te ha detenido es mucho más barato que pagar al sargento y si te llevan a comisaria y el capitán entra en juego, los costes empiezan a dispararse. A partir de la primera noche en prisión y si un coronel ha entrado en juego, empieza a pensar en pedir un crédito. Necesitarás el dinero.

+ Si eres residente permanente en uno de estos países, procura hacerte amigo de un general. Los generales en estos países son muy divertidos, muy llanos, juegan muy bien al golf y se saben muchos chistes. También mandan mucho y eso es algo que necesitarás si un día tienes un problema del carajo.

+ Hay un cierto tipo de occidentales que tienen a atraer los problemas. Aléjate de ellos. Algunos rasgos distintivos: les encanta enrollarse con desconocidos; tienen más tatuajes que piel; a las once de la mañana toman su primera cerveza y para las cuatro de la tarde han perdido la cuenta de las que llevan; por más que les preguntas, no consigues hacerte a la idea ni del estado de sus finanzas ni de cómo se ganan la vida; salen con nativos del país que podrían ser sus hijos o sus nietos.

+ La droga es barata, abundante y fácil de conseguir. También es el camino más directo hacia la cárcel (y hacia el patíbulo en el caso de Malasia). El mismo que te vende droga, es el mismo que te denuncia a la policía. A menudo tienen un arreglo con la policía: los agentes hacen la vista gorda y él les da un soplo de vez en cuando. Así que ya sabes, puede que esa rebaja en la bolsita de marihuana que te ha vendido el traficante, sea para compensarte por el hecho de que tu detención le ayudará a trabajar sin problemas durante una semana más.

+ Una manera muy sencilla de meterse en problemas es irse con una menor. Dado que es muy difícil calcularles la edad a las asiáticas, en la duda pídele el documento de identidad. Y si no lo tiene, más vale una pajilla en la soledad de tu habitación de hotel que cinco años en una cárcel por pederasta.

+ Si te han incriminado en un delito pequeño, más vale que intentes arreglarlo sobre la marcha. Si involucras a tu Embajada, todo se alargará y acabarás pagando una pequeña fortuna. Si hay misioneros en el lugar y tienes ocasión, pídeles consejo. Se conocen bien el terreno y sus consejos son desinteresados.

+ Si te ves detenido acusado de un crimen grave, como por ejemplo un asesinato, no pienses que tu inocencia fulgirá como el sol y te sacará de esa situación. Más bien piensa que la has cagado y que resultas un chivo expiatorio muy conveniente para una policía cansada que necesita presentar resultados a sus jefes o, y aquí sí que estás enmarronado de verdad, encubrir al verdadero culpable. Búscate el mejor abogado y el mejor coronel de la policía que el dinero pueda comprar e involucra a tu Embajada, que se meta hasta las cachas. Con un poco de suerte no deberías pasar más de cuatro años en la cárcel.


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