Revista Ciclismo

La pájara y su relación con la alimentación

Por Rafael @merkabici

La pájara puede aparecer en cualquier momento y lugar. En ocasiones aparece de manera lenta otras de forma progresiva pero casi siempre implacable.

Síntomas como la visión borrosa, hambre, piernas temblorosas, son solo algunas de sus señales indiscutibles.

¿Por qué ocurre la pájara?

Generalmente la pájara se suele dar por una bajada en la reserva de carbohidratos (CHO) a modo de fuente energética, algo que se suma a un descenso de la concentración de azúcar en la sangre.

Cuando ocurre una pájara el flujo de sangre se ralentiza, de tal modo que a los músculos y a las distintas partes del cuerpo les llega bastante menos energía y oxígeno de la que necesitan.

La pájara es una respuesta a la falta de energía que se produce en el organismo como consecuencia de una mala alimentación o por un cansancio excesivo.

De este modo se produce una ralentización de la circulación y los músculos comenzarán a producir mayor cantidad de ácido láctico derivada de la falta de energía, lo que hará que seguir con la actividad sea algo realmente complicado.

Cuando la pájara ocurre invade al afectado una importante sensación de malestar general que suele llevarnos a detener nuestra actividad de golpe y ser incapaces de seguir.

Esto, como ya apuntábamos, se da porque las reservas de glucógeno del organismo se han agotado por completo y sin energía rápida es imposible seguir.

Efectos secundarios de la pájara

Una de las consecuencias de la pájara es ver que se nubla la visión o incluso que vemos alucinaciones.

Esto es así porque el aporte de glucosa, es decir, el alimento del cerebro, es tan bajo que este órgano deja de funcionar bien y, entre otras cosas, se pierde la motivación para seguir con la ruta.

Además, el cerebro deja de mandar los impulsos a las diferentes partes del cuerpo y no se puede seguir adelante.

El corazón es otro de los órganos que se ven afectados. Durante la realización del ejercicio se suele producir una aceleración de su ritmo, algo a lo que hay que sumar la acumulación de ácido láctico en los músculos, lo que produce una ralentización de la circulación y un riego deficiente, todo ello se traduce en un esfuerzo excesivo.

En cuanto al uso de las reservas de glucógeno que los músculos realizan lo que ocurre es que se hace un mal reparto de dichas reservas.

De este modo algunos músculos como los que conforman los brazos apenas intervienen en una carrera y aquí sí las reservas permancecen casi intactas, pero en otras zonas como las piernas aquí sí se agota y en el caso de otras zonas como el hígado aquí sí se pueden agotar del todo pero el glucógeno que hay en otros músculos no se transfiere a las piernas así que el cuerpo no dará más de sí.

Cómo evitar la pájara

Si importante es saber sus causas también es fundamental que sepamos cómo evitar la tan temida pájara. Para ello lo primero que tenemos que aprender es a escuchar a nuestro cuerpo.

Si lo hacemos correctamente notaremos que la pájara está al llegar y, por tanto, tenemos que bajar la intensidad del entrenamiento para resistir.

Para evitar forzar el cuerpo hasta el punto de que nos llegue una pájara tendremos que tomar una buena cantidad de hidratos de carbono, imprescindibles para responder a los requerimientos nutricionales del cuerpo.

Por ello es fundamental ingerir la cantidad de hidratos de carbono pertinente y que sean de origen integral, capaces de aportar energía durante más tiempo, y aprovecharse mejor o normal.

Otro buen modo de evitar que suframos una pájara es tomando alimentos energéticos antes de iniciar la rutina de ejercicio. Bastará con hacer lo propio unas horas antes. Como podéis ver la pájara está íntimamente relacionada con la falta de energía así como el agotamiento de las reservas de las mismas.


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