Revista Viajes

La Peña de Francia, cielo terrenal y divino de Salamanca

Por Pmontesrincon

Uno de los lugares más representativos de la provincia de Salamanca es sin duda la Peña de Francia, una montaña de 1.727 metros de altura donde divisar unas privilegiadas panorámicas del entorno y visitar un Santuario con una historia apasionante

“Es del silencio sobre todo de lo que allí se goza. No se oye a la alondra que, elevándose desde los surcos del sembrado de las llanuras, siembra su canto desde el cielo, sino que se ve al buitre cerrarse sin ruido sobre nuestras cabezas, o tal vez a nuestros pies. Porque hay aire debajo, como lo hay encima y alrededor de nosotros”

Con estas palabras describió Miguel de Unamuno lo que sentía cuando subía a la Peña de Francia. Tranquilidad, serenidad, inspiración, sosiego y mucho tiempo para pensar. El gran autor, bilbaíno de nacimiento y salmantino de adopción, encontró en esta montaña un refugio perfecto gracias a un halo de misterio, espiritualidad y belleza que aún hoy conserva intacto. Aunque no se trata del punto más alto de la provincia de Salamanca (este honor lo tienen el Canchal de la Ceja, con 2.427 metros y el Calvitero, con 2.401), la Peña de Francia (1.727 metros) es la cima por excelencia para los salmantinos. Un lugar de peregrinaje para rendir devoción a Nuestra Señora de la Peña de Francia, pero también para disfrutar de la naturaleza en estado puro y contemplar una privilegiada vista de una parte importante de la provincia de Salamanca, además del norte de Cáceres e incluso la Sierra de la Estrella de Portugal.

Panorámica desde la Peña de FranciaPanorámica desde la Peña de Francia

La Peña de Francia se ubica en el término del municipio de El Cabaco, a 81 kilómetros de Salamanca y a sólo 18 de La Alberca. La carretera que llega hasta la cima suele permanecer cortada gran parte del invierno, concretamente desde el conocido como Paso de los Lobos en el que se unen la vía que llega desde Monsagro y la que proviene de La Alberca. El manto blanco que cubre la zona otorga una gran belleza al lugar, pero también provoca un aislamiento invernal que forma parte de la idiosincrasia de la Peña de Francia.

Precisamente el Paso de los Lobos es el primer gran mirador que nos encontramos en esta ascensión hasta el cielo (terrenal y divino) de Salamanca. La panorámica de la Sierra de Francia en su vertiente oeste es sencillamente espectacular. Por ese paisaje transcurre la ruta de senderismo que une Monsagro con la Peña, uno de los muchos trayectos a pie que se pueden hacer para alcanzar la cima.

Panorámica del Paso de los Lobos y señalización de la ruta a Monsagro Peña de FranciaPanorámica del Paso de los Lobos y señalización de la ruta a Monsagro Vistas desde el Paso de los Lobos Peña de FranciaVistas desde el Paso de los Lobos

“La majestad de la montaña, una montaña desnuda, un levantamiento de las desnudas entrañas de la Tierra, despojadas de su verdor, que dejaron al pie, en el llano, como una vestidura de que se despojaba un mártir para mejor gozar de su martirio. Y el sol desnudo y silencioso besando con sus rayos a la roca desnuda y silenciosa”

Esta brillante descripción que hizo Unamuno de la Peña de Francia define cómo es el paisaje que se encuentra el visitante cuando sube hasta ella. Una montaña desnuda carente de vegetación donde el viento sopla con fuerza y el sol cae de plano durante los meses más calurosos. Un paisaje sobrio habitado por las cabras montesas que recuerda al de las cumbres de la Sierra de Gredos, pero no por ello menos atractivo e impactante.

Un pequeño grupo de cabras montesas Peña de FranciaUn pequeño grupo de cabras montesas Una cabra montesa en la Peña de FranciaUna cabra montesa en la Peña de Francia

Precisamente esas privilegiadas vistas es lo primero que llama la atención cuando se sube a la Peña de Francia. Y para ello volvemos a recurrir a Unamuno que realizó una radiografía perfecta de todos y cada uno de los pueblos y enclaves que divisaba desde esta atalaya.

“Y de las visiones de estos pueblecitos tendidos a mis pies parece subir la llamada de la Patria. Esta alfombra que se despliega aquí debajo de mí, es un pedazo del cuerpo de España… Esa masa roja, coronada por la torre de la iglesia, es La Alberca. Ahí abajo, entre el cascajo de las laderas, corre el río Francia. Más allá, aquellas ruinas de un antiguo castillo y aquella torre que parecen aparentar otro grupo de rojos tejados es San Martín del Castañar. Más a la derecha, sobre aquella loma verde, se hunde entre el verdor Sequeros. Más lejos, a la derecha, sobre otra loma pero más escueto y descampado, se levanta Miranda. Y allá, en el fondo, al pie del macizo contrafuerte de la vasta montaña, con velas de nieve en la cima, que nos cierra el horizonte blanquea a ratos la ciudad de Béjar, mi vieja conocida… Y más acá, al pie mismo de nosotros como bajo la protección de la Peña, la Nava, Cereceda, El Cabaco, otros pueblecitos. Y aquí mismo, casi a nuestra mano, este pequeñito poblado del Casarito, cuatro o cinco casas escondidas entre robles y castaños dan la sensación de una paz perpetua”

Hoy El Casarito siguen siendo poco más de cuatro casas, con un camping y algunos restaurantes para comer buena carne a la brasa. Y además, es otro punto de partida perfecto para realizar la subida senderista a la Peña de Francia a través de un paisaje dominado por  castaños, robles y helechos en un primer momento, pero que luego se va desnudando a media que llegamos a la cima.

Al margen de las panorámicas que magistralmente describe Unamuno y que se pueden ver desde el llamado Mirador de Santo Domingo (un reloj de sol con indicaciones sobre dónde se sitúa cada pueblo) la Peña de Francia tiene un componente espiritual indudable. El 19 de mayo de 1434 un grupo de lugareños capitaneados por Simón Vela se toparon en la cima de esta montaña con la imagen de la Virgen. Una historia que se repite en la construcción de muchas ermitas y que en este caso fue el germen de lo que hoy se conoce como el Santuario de la Peña de Francia de los Padres Dominicos. Precisamente son estos religiosos los únicos habitantes de un lugar, al margen del periodo en el que está abierta la hospedería. Son ellos los que soportan los largos inviernos incomunicados y los que mantienen la espiritualidad del enclave.

Vistas desde el Mirador de Santo Domingo Peña de FranciaVistas desde el Mirador de Santo Domingo Iglesia de Santuario a la izquierda y hospedería a la derecha Peña de FranciaIglesia de Santuario a la izquierda y hospedería a la derecha Nieve e hielo en la entrada de la iglesia del Santuario Peña de FranciaNieve e hielo en la entrada de la iglesia del Santuario

El Santuario de la Peña de Francia merece una visita pausada. Está compuesto por varias capillas, la iglesia, el convento, la sacristía y el pozo verde. Este último se muestra tras unas rejas y llama la atención por el color verdoso del agua que le da el nombre. Los peregrinos lanzan allí sus monedas, pero la función que tenía era recoger el agua de la nieve para abastecer del líquido elemento a los religiosos del convento.

Capilla de la Blanca Peña de FranciaCapilla de la Blanca Pozo Verde Peña de FranciaPozo Verde Maquetas de las casas típicas de La Alberca en el Santuario Peña de FranciaMaquetas de las casas típicas de La Alberca en el Santuario El Rollo en la plaza del Santuario Peña de FranciaEl Rollo en la plaza del Santuario

En el altar mayor de la iglesia se encuentra la imagen de Nuestra Señora de la Peña de Francia. “Virgen de Peña de Francia, morena de sol y viento”, dice el pasodoble dedicado a esta imagen escrito por el dominico José María Guervós. Y es que se trata de una Virgen negra de 67 centímetros que sostienen al niño. La imagen original, de estilo románico, fue la que encontró Simón Vela en 1434, pero en 1872 fue robada. Los ladrones, bajo secreto de confesión, la devolvieron 17 años más tarde, pero muy deteriorada. Por este motivo, se encargó una nueva talla al escultor José Alcoberro a la que se incorporaron los restos de la antigua a modo de reliquia. Así lo cuentan Ángel Pérez Casado y Alfredo Encinas Martín en su libro “Peña de Francia. Historia, arte y entorno”. Una guía imprescindible para conocer la intrahistoria de este lugar.

Virgen de la Peña de FranciaVirgen de la Peña de Francia

La Virgen de la Peña de Francia tiene una gran devoción tanto en Salamanca como en Extremadura. Y es que, desde Ciudad Rodrigo se organiza una romería el último fin de semana de junio y, además, la talla se traslada a la comarca cacereña de Las Hurdes con motivo de sus Fiestas Mayores.

Hielo junto a la iglesia del Santuario Peña de FranciaHielo junto a la iglesia del Santuario

Volviendo al exterior, otro punto muy visitado del Santuario y no menos curioso es el Balcón de Santiago. Otro excepcional mirador sobre la Sierra de Francia y la localidad de La Alberca donde se recuerda al apóstol español. La historia de este lugar dice que los canteros que extraían rocas para la construcción del Santuario encontraron en ese punto una imagen de Santiago, que actualmente se puede visitar en la capilla dedicada al apóstol.

Balcón de Santiago Peña de FranciaBalcón de Santiago Vistas desde el Balcón de Santiago Peña de FranciaVistas desde el Balcón de Santiago

Los que deseen permanecer en la Peña algo más que unas simples horas, cuentan con una hospedería de tres estrellas para pernoctar y poder conocer en profundidad los alrededores.

La hospedería de la Peña de Francia, a la derechaLa hospedería de la Peña de Francia, a la derecha

Por último, la Peña de Francia no se puede entender actualmente sin su repetidor. En el año 2014 se cumplió medio siglo de su construcción. La función de este poste es distribuir la señal de televisión a Salamanca y las provincias limítrofes.

Repetidor de la Peña de FranciaRepetidor de la Peña de Francia

Tanto si se sube en coche, como en bicicleta o caminando a través de los senderos que llegan desde Monsagro, El Casarito o El Maíllo, la Peña de Francia es un lugar que encandila al visitante, donde el tiempo parece detenerse mientras te sientes un privilegiado contemplando todo lo que se ve alrededor.


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