Revista Cultura y Ocio

La relatividad y el mar

Por Francisco Enrique Perez Ruiz-Poveda @PATXIPE
LA RELATIVIDAD  Y EL MAR

Estoy contento. Ya he cumplido la buena obra del día.He estado un rato en la playa. El tiempo necesario para darme un buen baño. Al entrar, el agua estaba muy fría, bastante más que ayer, aunque ayer era un poco más temprano. Estaba hablando de eso, en la orilla, con un chico joven, unos diecisiete años, que ponía la misma cara de pasar frío que este vecino del mundo, cuando la que he creído pudiera ser su hermana, de unos catorce años, le ha dicho pensando que yo no le escuchaba: -Vaya acento tiene ese señor. - Me he dado la vuelta, y con una seriedad de solemnidad en el rostro, para desconcertarla, le he contestado, mientras proseguía adentrándome en el siempre proceloso mar: -No, el acento lo tienes tú.-


Ella, desconcertada, miraba a su hermano como no dando crédito a lo que había escuchado. Él, que ya se había dado cuenta de mi tono irónico, se reía mientras callaba y se acrecentaba el desconcierto de la joven.

Con el tiempo, eso espero, comprenderá que ha recibido la primera clase de la relatividad de todo, a cuya ignorancia, este vecino achaca los grandes males de este, iba a decir “país”, pero en realidad ocurre en la mayor parte del mundo.

Quién no ha dicho frases como: -Como en casa en ningún sitio.En esa autonomía (por no decir nombres) no saben vivir. –Como la comida de mi madre no hay.
Tendemos, cosa que naturalmente nunca reconoceremos, a mirar a los demás que son diferentes de nosotros, por encima del hombro. Y cualquier día a consecuencia de alzar tanto la cabeza, corremos el riesgo de desnucarnos por tanta insensatez.
Y si a todo lo anterior, le ponemos un toque mitad político y, rizando el rizo, mitaz de lavavajillas, tendremos que la mayoría de los políticos dicen que su partido limpia más blanco, que los demás nos tienen engañados mostrándonos grises y haciéndolos pasar por blancos.
Tras leer todo ésto, por lo menos nadie puede dudar de lo bien que sienta un buen baño por la mañana, para darle vueltas al magín.

Deberíamos de reflexionar, eso lo primero de todo siempre es un buen 

ejercicio, y plantearnos la siguiente pregunta: ¿Por qué vamos a tener la suerte de nacer en el mejor sitio del mundo y tener la verdad y la certeza de todo? Y a partir de ahí darnos cuenta, de que en el fondo, siempre hemos pensado algo así como: “Pobrecitos todos los demás, por estar confundidos y además no darse cuenta de ello”.
Algunas veces, la mayoría de ellas, con la vida como con el mar nos ocurre que solo vemos aquello que tenemos delante, y que esa playa, la 
tuya, la de siempre, es la mejor de todas.

*FOTO: F.E. PEREZ RUIZ-POVEDA

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