Revista Cultura y Ocio

La trampa de la anfibología

Por Adalbertogarcia

De expresarse con claridad ya hablamos en otro lugar (https://adalbertoservicioseditoriales.wordpress.com/2015/10/01/el-hombre-que-susurraba-a-los-autores/). Allí dijimos que la sencillez es sinónimo de claridad, y que la complejidad no lo debería ser de complicación. Es cierto que nos expresamos en un idioma con una riqueza tal que la enorme variedad de matices y significados que otorgamos a palabras y expresiones pueden tener el efecto perverso de adulterar los mensajes si los sacamos de contexto, o si el interlocutor no está en nuestra misma onda sino en un canal diferente. Cuando encontramos un caso de significado dudoso hablamos de anfibología. Según expone la Real Academia, dentro de anfibología cabe doble sentido tanto por error como por voluntad.


Así es la entrada de la palabra en el Diccionario:

Anfibología

Del b. lat. amphibologia, y este formado por haplología del gr. ἀμφίβολος amphíbolos ‘ambiguo’ y el lat. -logia ‘-logía’.

  1. f. Doble sentido, vicio de la palabra, cláusula o manera de hablar

a que puede darse más de una interpretación.

  1. f. Ret. Empleo voluntario de voces o cláusulas con doble sentido.

De esta forma, es anfibología tanto la confusión como el engaño, y podríamos así decir que la lengua no considera el dolo a la hora de catalogar la figura.

PALABRAS CON VARIOS SIGNIFICADOS: POLISEMIA Y HOMONIMIA

Por niveles, y de menos a más, cabe este defecto en la palabra, la cláusula o la manera de hablar, según hemos visto en la propia definición que la RAE hace. En el nivel inferior es lo cierto que una palabra puede tener varios sentidos, varios significados, y que ello puede inducir a error. Este fenómeno, relativamente frecuente en nuestro idioma, se denomina polisemia. Adjuntamos la definición del Diccionario electrónico:

Polisemia

De poli-1 y el gr.σῆμα sêma ‘significado’.

  1. f. Ling. Pluralidad de significados de una expresión lingüística.

Por lo general, y analizando el contexto, es difícil caer en la confusión, pero es muy socorrido el chiste en que un pez pregunta a otro qué hace su padre, a lo que el primero responde: nada. Un poco traído por los pelos, sí, pero por ejemplo la Academia se ha empeñado en agarrarse a las normas generales de acentuación para exigir que ‘solo’ vaya siempre sin acento, sea adjetivo o la forma abreviada del adverbio ‘solamente’; y eso sí que puede resultar más problemático, por ejemplo si alguien nos pone ojitos y dice, como quien no quiere la cosa: “Llevo solo cinco años de casado”. ¿Ha habido petición soterrada de relaciones de un cónyuge insatisfecho? He aquí el peligro de la anfibología: no estar seguros del significado del mensaje. Usado como arma, provocó un impeachment hacia Bill Clinton cuando pretendió jugar con lo que significaba “relación sexual” en el caso Lewinsky. Ahí es nada.

De la anfibología pretendida o buscada como recurso deberíamos fijarnos en el ejemplo que nos ofrece Quevedo. En épocas de censura en que no se puede hablar claramente la polisemia puede ser el refugio de la verdad, sin el riesgo del castigo (él, que conoció la cárcel por su lengua afilada, dijo aquello de “¿es que siempre se ha de sentir lo que se dice?; ¿es que nunca se ha de decir lo que se siente?”). Veamos cómo explicaba la dureza de los castigos que se le impusieron por su sinceridad:

“Los diez años de mi vida los he vivido hacia atrás, con más grillos que el verano, cadenas que el Escorial; más alcaides he tenido que el castillo de Milán, más guardas que el monumento, más yerros que el Alcorán, más sentencias que el derecho, más causas que el no pagar”.

Hablando ya en tercera persona, en una lejanía que pone la distancia adecuada respecto de sí mismo, escribió también:

“Salió de la cárcel con tanta honra, que le acompañaron doscientos cardenales; salvo que a ninguno llamaban eminencia”.

Cada palabra polisémica, donde se pretende el doble sentido, va en cursiva. ¿No es magistral?

Cuando unimos palabras polisémicas con una intención retórica llamamos a esta figura antanaclasis. Veamos un ejemplo que nos ofrece Góngora:

“Cruzados hacen cruzados, escudos pintan escudos, y tahúres muy desnudos con dados ganan condados, ducados ganan ducados y coronas Majestad. ¡Verdad!”

Hay casos en que la polisemia no es tal, sino simple derivación, como en el caso de ‘cresta’ para referirse a formación rocosa, extremo superior que corona la ola o apéndice carnoso de algunas aves y reptiles: obviamente, del tercer uso se derivaron los otros dos, por asimilación conceptual. De esos hay muchos ejemplos, y en todos ellos, al contrario del problema que la polisemia puede plantear, todos los términos se ayudan entre sí para guiarnos por un concepto general que nos sirve en diferentes acepciones, que consideramos lógicas. Es como decir sierra para cortar madera, sierra como formación montañosa y pez sierra: siempre tenemos en mente una estructura irregular y de picos sucesivos (si digo ‘dentada’, estaríamos en otra derivación). También es claro el ejemplo de ‘tecla’: ha pasado de nombrar las de los instrumentos musicales a hacer referencia a cualquier pieza móvil que pueda pulsarse.

Ejemplos de polisemia son los clásicos: gato, reja, cabo, vino, llama, traje… Problemáticos, poco. Con la excepción de ‘solo’, que parece que nos hemos buscado, ninguno grave.

Como nos estamos refiriendo siempre a la lengua escrita no menciono palabras homónimas según lo explica la segunda entrada del Diccionario, o sea, que se pronuncian igual aunque se escriben diferente. Esta es la definición completa de ‘homónimo’ que da el DRAE:

Homónimo, ma

Del lat. homony̆mus, y este del gr. ὁμώνυμος homṓnymos.

  1. adj. Dicho de una persona o de una cosa: Que, con respecto de otra,

tiene el mismo nombre. U. t. c. s.

  1. adj. Ling. Dicho de una palabra: Que se pronuncia como otra,

pero tiene diferente origen o significado muy distante; p. ej., aya ‘niñera’

haya ‘árbol’. U. t. c. s. m.

De todas formas, y aunque centrado en variantes lingüísticas americanas, recojo aquí un listado muy completo de términos polisémicos y homónimos: http://www.escribircanciones.com.ar/listados/517-listado-de-palabras-polisemicas-y-homonimas.html.

En realidad, después de revisar todos los ejemplos propuestos, vemos que de la polisemia a la anfibología hay un enorme camino, que la primera no conlleva necesariamente la segunda, y que la homonimia cae más en la pura casualidad que en el riesgo anfibológico, pues tanto el origen como la grafía varían.

EXPRESIONES DUDOSAS:

NO ENTENDER, O NO DARSE A ENTENDER

La definición que vimos recogía también la posible confusión en “cláusulas”. Creo que debemos entenderlo como expresiones dudosas, y ahí lo normal es que no podamos deducir claramente una parte de la oración a partir de otra, o que el enunciado de dos oraciones coordinadas provoque confusión en el antecedente de una de ellas. Vamos a poner algún ejemplo.

Si decimos: “Me encanta ir al cine y al teatro. Mañana mismo voy” dejamos a nuestro interlocutor con la duda de si vamos a ir al cine o al teatro.

Si decimos: “El cerdo de George Clooney es vietnamita” podemos entender (sería lo lógico) que el actor tiene un cerdo de raza vietnamita, pero podríamos malinterpretar que George Clooney es un cerdo, y que su nacionalidad es de Vietnam. Y alguien podría soltar estas palabras con doble sentido, y muy mala baba.

Para “la manera de hablar” que podría inducir a confusión recomiendo el libro Perdón imposible: guía para una puntuación más rica y consciente  de J.A. Millán donde, a pesar de reconocerla falsa, introduce la anécdota de la coma movida de sitio por Carlos I en una solicitud de condena, en que pasó de decir “Perdón imposible, que cumpla su condena” a decir “Perdón, imposible que cumpla su condena”, lo que salvó la vida de un desgraciado.

Esta obra se cita en el esclarecedor artículo de Nuria la Correctora publicado en su blog (http://nurialacorrectora.com/7-usos-incorrectos-de-la-coma-habituales/), donde deja constancia de algún otro ejemplo realmente curioso, como el error tan común de colocar una coma entre el sujeto y el verbo que destrozó el titular de El Diario Montañés “Pablo Alborán reina en la música española” al convertirse en “Pablo Alborán, reina en la música española”, justo cuando comenzaron los rumores sobre la homosexualidad del cantante. También refiere que es fundamental el uso de coma tras vocativos, porque si no el sustantivo se convierte en sujeto de la oración: “Pablo escribe correctamente” no es lo mismo que “Pablo, escribe correctamente”.

La experiencia me dice que el uso más equívoco de la coma es cuando debe conllevar una restricción. No es lo mismo decir “Llamé a los abogados, que vestían de traje” que “Llamé a los abogados que vestían de traje”, pues en el primer caso la oración de relativo ofrece la explicación de que los abogados vestían de traje y en la segunda se especifica que exclusivamente se llamó a los abogados que vestían de traje, por esnobismo o etiqueta.

Ejemplos habría muchos más. Solo considero de importancia provocar la reflexión del poder enorme que tiene la expresión correcta, y que el entendimiento se tambalea cuando el mensaje no es claro y exacto. El detectar casos dudosos es cosa de entrenamiento, y evitar plantearlos señal de dominio del idioma. Salvo, claro está, que ello se haga a conciencia, con vaya a saber usted qué oscura intención, y ahí que un código deontológico le ampare y la Real Academia le perdone.


LA TRAMPA DE LA ANFIBOLOGÍA

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