Revista Cine

La visita de David: "Meet John Doe" (o de Safari Nocturno con Capra)

Publicado el 13 febrero 2010 por Crowley

He de reconocer que me ha costado un poco convencer a nuestro invitado de hoy para que escriba este post, pero finalmente David, el amo y señor de ese estupendo blog que es SAFARI NOCTURNO, después de sus muchos quebraderos de cabeza y sus dudas sobre qué película o tema hablar, se ha decidido a regalarnos esto.
David es una de esas personas que, por casualidades de la vida te encuentras un buen día (en este caso en el mundo de internet) y te alegras de haberlo hecho. Sabes que cuando cuelgues un post va a estar ahí, al otro lado, leyendo atentamente lo que has escrito, cada palabra, cada coma, analizándolo y dejando un comentario siempre enriquecedor.
Hoy soy yo el que está al otro lado y él, el que cruza hasta este lado de la pantalla.
Disfrutenlo.
“Una vez muy de tarde en tarde nos llega una película que nos hace sentir orgullosos de estar en el mundo del cine…”
Telegrama de David O. Selznick enviado a Fran Capra después de ver "Meet John Doe" (1941).
Esto del cine es una cuestión de gustos, y en FilmAffinity hay algunos que no deben estar muy de acuerdo con el telegrama del señor Selznick:
- De Picais:
"Casi siempre blanda y a veces aburrida …Tenia otra idea de esta película, al verla de nuevo, quizás con una visión más critica me siento un tanto decepcionado, aparece otra vez el Capra creador de cuentos de hadas imposibles, pero que moraleja nos quiere mostrar, que cree en las personas, que la mayoría somos buenos por naturaleza, que los buitres solo son unos pocos pero que con ese afán depredador lo dominan y controlan todo, cual es el mensaje, que a pesar de todo debemos seguir confiando en la especie humana, es un mensaje de optimismo o de ingenuidad, tal vez la época en la que esta filmada, previa a la segunda gran guerra, el mundo necesitaba creer, había que ser positivo, o quien sabe, tal vez todo sea más sencillo y la razón la hallemos en que Capra quería que su película llegara a mucha gente, que se vertieran lagrimas por doquier..”
- De Emilio Cappa Segis: La invasión de los ultracuerpos bondadosos.
"Película de grandes altibajos. Una buena primera hora da paso a un culebrón moralista infumable, tontísimo. Tanta moralina ablanda los sesos de cualquiera incluso si esta proviene del maestro de los buenos sentimientos (Capra)."
- De Ernesto: El previsible mensaje de Juan Nadie.
“… Como siempre pasa con cualquier película que tenga mas de cincuenta años, la puntuación media obtenida en esta página es exageradamente alta.Me da igual que la dirija Frank Capra, o que la interprete Gary Cooper, pero "Juan Nadie" es una larguísima exaltación de valores trasnochados y bastante rancios, para la que el tiempo no ha pasado en vano…”
- De Buñuelesco: El cristianismo infantil hecho cine.
"Juan Nadie" es una mala película a años luz de otros trabajos de Capra como "Caballero sin espada" o "¡Qué bello es vivir!", en los que también aparece el mensaje cristiano y patriotero de "hombre anónimo inspirado triunfa sobre el mal gracias a su buen corazón" pero en los que tal mensaje es mucho más sutil y creíble. El de "Juan Nadie" es infantil, bobalicón, maniqueísta, y demasiado directo (la escena del cura pidiendo a todos que rezasen una oración antes del discurso de John Doe y después de que todos cantasen el himno estadounidense, y la de la Stanwyck diciéndole a Cooper que hubo otro John Doe hace dos mil años que murió por nuestros pecados no son precisamente un prodigio de sutilidad cristiana). Se nos presenta a "los políticos" como un montón de seres archimalvados sin entrañas y al "pueblo" como una gran redil de borregos sin pensamiento propio completamente manipulables por el primer santón que llega y les dice que el mundo está fatal y que la solución a todos los problemas de la civilización es preocuparse por el vecino y poner la otra mejilla o por el primer político que se erige en representante del santón y pide al "pueblo" que le vote, y pongo "pueblo" entre comillas porque me hace mucha gracia el sentido que se da a esta palabra en ésta y en otras películas de Capra, que es el de un montón de millones de clones unidireccionales, todos ellos genéricamente denominados "americanos medios", que piensan y actúan de la misma manera."
- De Bonifacio: Un héroe de papel.
“Lamento reconocer que me ha decepcionado esta película de Capra. No siempre se puede estar inspirado. Capra pretende llegar al hombre común, al hombre sencillo, pero no lo logra, a mi entender, en esta ocasión. En muchos aspectos esta película huele a falso. Ya desde el tema inicial de la película, en la que el personaje central es una ficción periodística para aumentar las ventas; siguiendo porque el "héroe" es un ignorante completo, -elegido entre otros vagabundos solo por su buen aspecto-, que se limita a leer los discursos que una periodista escribe para él, ..., e igualmente falso y superficial es la emotiva e inmediata "respuesta del pueblo", que con la misma prontitud se diluyó al menor cambio de titulares de la prensa. ¿Acaso somos tan volubles y maleables? …”
Yo estoy más en la línea del señor Selznick, aunque no trabaje en el mundo del cine. Lo que no quiere decir que los de arriba estén equivocados, sino que simplemente tienen otros gustos (ni mejores ni peores, distintos) o que la película no les llegó como lo hizo conmigo. Sólo una cosa. A la pregunta de De Bonifacio: "¿Acaso somos tan volubles y maleables?" Es una pregunta retórica, ¿no?.
En lo que sigue a continuación defenderé cual caballero sin espada por qué "Meet John Doe" me parece una obra maestra del cine, y algo que merece la pena ver antes de morir (aunque creo que no la han incluido en ese libro sobre las 1001 películas que hay que ver).
MEET JOHN DOE
Según el sociólogo Robert K. Merton, la profecía que se autocumple es en su origen una definición falsa de una situación o hecho, que suscita una conducta nueva, la cual convierte en verdadero el hecho originariamente falso que la había provocado.Así, Merton cita como ejemplo el caso del banco de Millingville, que a pesar de ser solvente, durante la crisis de 1929, debido a un falso rumor sobre su insolvencia, tuvo que lidiar con que sus clientes retiraran el dinero de sus cuentas, y acabó por ser realmente insolvente.
Del mismo modo, Merton explica que los sindicatos de Estados Unidos no aceptaban a los negros como miembros, según se comentaba no por una cuestión de racismo como, sino porque eran unos “rompe-huelgas” o esquiroles, unos traidores a la clase trabajadora que con su bajo nivel de vida aceptaban trabajos por salarios inferiores. Lo que no analizaban los sindicatos es que los negros, sin trabajo después de la I Guerra Mundial y sin poder ser aceptados por los sindicatos, no podían oponer resistencia a patrones rompe-huelgas que les abrían una puerta a un mundo de trabajo del que de otro modo estaban excluidos. Y es que a pesar de lo que os hayan dicho de negros, gitanos, árabes, chinos, vascos, catalanes, gallegos o demás … nos parecemos más de lo que pensáis. Y las diferencias son siempre por motivos culturales.
Tras unos créditos en los que Capra nos va mostrando a diferentes grupos sociales, y que como señala Daniel Miera en su interesante CRITICA, han sido muy pensados, da inicio nuestra historia.
En el periódico "El Boletín", el lema “Una prensa libre significa un pueblo libre” está siendo cambiando por el del "Nuevo Boletín": “Un periódico moderno para una era moderna”.
Un joven con un significativo gesto va diciendo a unos cuantos redactores que han sido despedidos con la nueva compra del periódico. Entre estos se encuentra la periodista Ann Mitchell (Barbara Stanwyck) , que escribe una columna “cursi y anticuada”.
“Un patán como D.B Norton compra el periódico y caen cuarenta cabezas.”
dirá ella molesta por quedarse sin trabajo.Pero antes de irse, Ann escribe una falsa carta sensacionalista:
“Esta es la carta que ha llegado esta mañana a mi poder, un reflejo de lo que llamamos mundo civilizado. Querida señorita Mitchel. Hace cuatro años me despidieron de mi trabajo y aún no he podido encontrar otro empleo. Al principio estaba enfadado con la administración porque el desempleo que padecemos es culpa de esos políticos rastreros. Cuando miro alrededor parece como si el mundo se derrumbara. Así que en protesta me suicidaré saltando desde la azotea del ayuntamiento. Firma un ciudadano americano indignado.
Juan Nadie.
Nota de la redacción. En nuestra opinión, son otros los que deberían saltar de la azotea.”

En el original, la carta está firmada por John Doe, que es el nombre que se utiliza en Estados Unidos en acciones legales para mantener los nombres reales en el anonimato, o porque se desconoce el nombre real del individuo. Con los cadáveres desconocidos también se usa dicho nombre.
La carta tiene un fulminante éxito. Comienzan las llamadas al periódico por parte del gobernador, el alcalde (molestos por el comentario político de la carta) o gente que quiere ayudar a ese Juan Nadie. Nueve empleos, y dos familias dispuestas a hospedarle gratuitamente de un día para otro.
Ann, que ve la oportunidad de recuperar su empleo, decide aprovechar el filón y propone a Henry Conell (James Gleason), el nuevo editor del periódico que la despidió, buscar a un Juan Nadie con el que vender periódicos en una serie de artículos en los que su personaje de “ficción” protestará contra todo lo habido y por haber.
Conell no acepta en principio, pero cuando un periódico rival, "The Chronicle", asegura que la carta es un montaje, se presta a dar vida a dicho montaje para desmentir tal acusación.
Para ello, Ann y su editor deciden buscar a dicho personaje y lo seleccionan de un casting de vagabundos y gente que acude buscando trabajo al periódico aprovechándose de la carta.
Así, descubren a un jugador de béisbol aficionado que quiere poder pagar una operación para su brazo lesionado y así poder volver a jugar. Es John Willoughby “El largo” (Gary Cooper), que viene acompañado de un amigo vagabundo y algo misántropo: el Coronel (Walter Brennan), que ya se da cuenta desde el principio de lo ridículo que es todo el asunto y el revuelo ocasionado: “Intentar salvar el mundo saltando desde un edificio.”
Pronto, la serie de artículos de Juan Nadie (escritos por Ann, claro) comienzan a tener un enorme éxito, doblando la tirada del periódico. Pero las críticas llegan hasta el alcalde y el Gobernador, y este último, molesto, afirma que todo es un montaje organizado por un hombre perverso con un oscuro propósito. El señor D.B Norton (Edward Arnold).
Y aquí aparece por primera vez ese nombre que se ha oído anteriormente (el patán que compró el periódico de Ann, cambiando su lema de paso). Norton aparece observando una exhibición de sus cuerpos motorizados como si contemplara a su pequeño ejército.
D. B Norton (genial el detalle de ambientación en el que podemos ver la figurita de un Napoleón a caballo sobre su mesa) está sorprendido del jaleo que ha causado todo el asunto de Juan Nadie. Después de concertar una entrevista con Connell y Ann, ésta le propone seguir exprimiendo la “historia” hasta Navidad y llevar a Juan Nadie a la radio. Connell no lo ve bien y se opone, pero a Norton le parece una buena idea, y empieza a tratar directamente con Ann. Ella admite que lo busca es dinero, pero D.B no dice qué es lo que busca con todo el asunto.
Ann no sabe qué discurso preparar para la primera emisión radiofónica. Su madre le aconseja: “Hay tantos discursos quejándose de la política. La gente está cansada de estar escuchando siempre lo mismo por la radio.”
Ann debe transmitir algo simple y real, algo con esperanza. Para ello, su madre le entrega el antiguo diario de su padre, que puede servirle de inspiración, y en el que hay material para cien discursos. Y conviene destacar que ese diario no estaba escrito con el fin de ganar dinero.
Antes de ir a la radio, un infiltrado del periódico de la competencia le ofrece 5000 dólares a John (la cantidad con la que se podría pagar la operación), y le entrega un discurso alternativo en el que se expone que todo el asunto es una farsa.
Mientras, el Coronel, molesto por el rumbo que están tomando los acontecimientos, anima a John a volver a su antigua vida, y le advierte de que se está enredando en todo eso porque se ha enamorado de Ann.
El momento de la primera emisión radiofónica es magnífico. Juan Nadie, o para el caso, es ya todo un show. Posa en unas fotos con la modelo John Willoughby “Miss Corriente” y con unos enanos que representan a la gente pequeña. Apenas un minuto antes de aparecer en las ondas, el periodista del Chronicle le recuerda los 5000 dólares, y cuando éste se marcha, en un breve momento en el que se encuentran solos, Ann le dice que lo importante es ser “sincero”.
Y llega el discurso radiofónico. Uno de los momentos en los que la mentira se irá transformando en verdad, en el que la profecía se irá cumpliendo.
John, tras dudar qué discurso leer, y a pesar de que Brennan está enseñándole la puerta para “escapar”, opta por el discurso de Ann (al fin y al cabo está enamorado).
Y aquí no hay una música bonita o emotiva que “esconda” el mensaje emocional como suelen hacer ahora, cuando el guionista no es capaz de creer que su discurso pueda emocionar y delega en el compositor. Capra y Riskin (el guionista) no lo hacen. Se “acorta” el tiempo de emisión por medio del montaje, pero el discurso en esencia está ahí.
“…Sé que muchos de ustedes se preguntan. ¿Qué puedo hacer? Sólo soy un pobre hombre. Yo no cuento. Pues se equivocan. Los pobres hombres siempre han contado. Porque a la larga, el carácter de un país es la suma total del carácter de sus pobres hombres…”
Y mientras Cooper lee trémulamente el discurso al principio, se operan varios cambios importantes en la película. El principal, el cambio del propio John, que va imbuyéndose del texto que está leyendo (el espíritu del padre de Ann) y haciéndolo suyo. También observamos un cambio en Connell, el editor, que pasa de escuchar aburrido lo que pensaba iba a ser una columna más de Ann a un discurso que le empieza a sorprender. Y un cambio, más significativo, el de D. B Norton, cuando comprueba que hay otros aplausos además de los que escucha en la radio y descubre a sus sirvientes escuchando emocionados el discurso.
Y si hablamos de emoción no podemos dejar de mencionar esos magníficos primeros planos de Barbara Stanwyck que coge Capra en los que podemos observar el sentimiento que desborda Ann al comprobar cómo el mensaje de su padre es transmitido a los demás.
Cuando John termina su discurso, la sensación que le abruma (y a nosotros con él) es tal, que escapa con el Coronel ante lo que le viene encima.
Su amigo el Coronel restará importancia al discurso radiofónico cuando esté a solas con su amigo: “Derribar todos los setos. Si a alguien se le ocurriera hacer una cosa así, su vecino le demandaría.”
Y Capra nos presenta un precioso momento en el que ambos amigos suben como polizones a un tren y comienzan a tocar sus armónicas ajenos a todo lo que rodea a Juan Nadie. Una visión tal vez idealizada, sí. Sólo hace falta recordar "Con destino a la gloria" de Ashby para saber que la vida de un polizón de trenes en la depresión podía ser no sólo peligrosa, sino mortal.
John y el Coronel llegan a un pueblo en el que descubren sorprendidos una camioneta que anima a unirse al Club Juan Nadie. Y casi al mismo tiempo es “descubierto” como Juan Nadie en una cafetería, provocándose un gran alboroto.
John y el Coronel son “retenidos” en el ayuntamiento, a donde acuden D.B y Ann (esta vez sin Connel).
“Convénzale de que representa una causa para el hombre corriente” le dice D.B, para mantener a John como Juan Nadie.
Pero John está cansado del asunto: “Esto empezó como un truco para aumentar la tirada. Ya lo ha conseguido con creces. ¿Por qué no me deja en paz?”
Es entonces cuando miembros del Club Juan Nadie del pueblo quieren agradecer a John lo que ha hecho por ellos y le cuentan cómo movidos por su discurso se han preocupado más por sus vecinos y se han ayudado mutuamente. Y un dato importante. Cuando el alcalde comenta por qué no le habían informado de lo que había hecho el club, éstos le explican que el club no acepta políticos.
John empieza a comprender lo que puede hacer un movimiento como el de Juan Nadie, y “tocado” por lo que acaba de presenciar, acepta seguir con la farsa, si es que puede seguir llamándosela así.
D. B Norton accede a “financiar” y “extender” la causa Juan Nadie y pronto empieza a recorrer una juanadiemanía por el país que superaría incluso la de los cuatro melenudos veinte años después.
Connell, no acaba de entender el motivo por el que Norton apoya el movimiento Juan Nadie y lo pregunta extrañado. Reproduzco uno de esos malos diálogos a los que hacía referencia alguna crítica de FilmAffinity.
- D. B Norton: Tengo la satisfacción de saber que gasto mi dinero en una causa justa. - Connell: Comprendo. Debo ocuparme de mis asuntos. - D. B Norton: Eso es lo que opino.
Después de una gira por todo el país, se prepara una convención en la que los representantes de todos los clubs de Estados Unidos se reúnen en un gran estadio para escuchar el discurso de Juan Nadie.
Ann pregunta a un colaborador su opinión sobre John y éste empieza a dejar las cosas claras: “Empieza a creerse que realmente escribió esa carta que usted inventó.”
Y en la película, escuchamos algo en lo que tal vez no reparamos lo suficiente: “Una cosa es oír…Ama a tu vecino; Siempre hay esperanza; Pon la otra mejilla. Y otra, hacerse una idea de lo que eso significa.”
John, por otra parte, se ha imbuido del espíritu de Juan Nadie, y habla de todos los Juan Nadies y las personas que ha conocido. “Sé cómo se sienten. He estado solo y hambriento prácticamente toda mi vida.”
Y las cosas se van preparando para otro magnífico momento.
Antes de la convención, D. B Norton explica claramente a Ann qué discurso debe escribir para la convención. John exigirá la creación de un tercer partido político, compuesto por todos los juan nadies de Estados Unidos, y pedirá el voto para un buen hombre, un humanista. No hace falta deciros quién, ¿no?.
Al mismo tiempo, John acude a casa de Ann para proponerle matrimonio, pero sólo encuentra a su madre, que le dice que está cenando con Norton. John confiesa su amor por Ann y el problema al que se enfrenta. “Está enamorada de otro hombre. El que ella inventó. Juan Nadie. Y esa es una competencia muy dura.”Cuando John sale para la convención, se encuentra con Connell, que le expone la situación de lo que va a ocurrir.Lo que sigue hasta el final es magnífico, y creo que debéis descubrirlo o recordarlo vosotros mismos. Y antes de terminar, me gustaría señalar el que muchos consideran el problema principal que suele ponerse a esta película.El final. En el primer final que se rodó, John se suicidaba y su amigo el Coronel acunaba su cuerpo muerto al tiempo que entonaba una letanía: "John el largo, John el largo, pobre imbécil, pobre imbécil”. Pero aunque este sea el blog de Crowley, esto no es una película de Haneke, y ese primer final fue desechado. Riskin luchó por él, pero Capra pensó que al público no le gustaría ver a Gary Cooper suicidándose. Se rodaron hasta cinco finales diferentes (algunos muy sorprendentes) hasta que, según la autobiografía de Capra, un espectador (que firmó como Juan Nadie) le sugirió el que ha permanecido. Y ya que estamos con el final. Suele decirse que este final es lo peor de la película. Ya es hora de ir desmontando esa profecía que se cumple a sí misma. Es un magnífico final, y viendo las otras opciones, el más adecuado, en mi opinión. ¿Qué más puedo deciros? Un gran guión, unos diálogos cargados de contenido. Una historia en la que se plantean, no se imponen, muchas ideas sobre las que reflexionar. La dirección es estupenda. Los actores están magníficos. Tal vez Cooper parece exageradamente “inocente” (para alguien que está viviendo como vagabundo) al inicio del film, pero su transformación a lo largo de la película es convincente, y en la parte final te lo crees completamente (al menos, yo sí me lo creo.)Los demás actores brillan de igual modo. Stanwyck es creíble y guapísima. Brennan siempre suele estar genial en cualquier película, y aquí ocurre lo mismo. Los personajes no son estereotipos, sino que van más allá de eso, porque están bien definidos. El Connell de James Gleason se nos presenta como un “tipo duro” (tremendo su monólogo en el que recuerda la I Guerra Mundial) que no duda en hacer su trabajo a las órdenes de Norton, pero al que lo que acaba por representar Juan Nadie acaba por cambiarle (o recuperarle).El apunte del fascismo está más que sugerido en D.B. Norton, su sobrino y el modo en el que van apoderándose de la sociedad. Pero Norton tendrá la conciencia de ir al edificio en Navidad (aunque no deje de tener las cosas claras. Tremenda su frase a John: “No serviría de nada.”). Y la visión de Capra de cómo la sociedad está dominada por esos “ricos” avariciosos que sólo piensan en el poder y en retorcer cualquier cosa buena que encuentran. Cada vez tengo más claro que Capra era un visionario.Por último, os recomiendo un imprescindible enlace si queréis saber más sobre esta maravillosa película.En “Wake up, John Doe. You are the hope of the world.” tenéis un interesantísimo artículo con muchísima información sobre la película. El artículo es parte de otro mayor que se centra en Capra y su visión del héroe americano. Y nada más. Ya que visito este blog, he tratado de imitar en lo posible a su anfitrión en la redacción del post, aunque mucho me temo que este texto es bastante inferior a cualquiera de los que ha hecho el amigo Crowley sobre Haneke o cualquier otro tema. Pero no os engañéis, Capra es mucho más interesante y divertido que Haneke, aunque tenga un peor paladín.Por cierto, en este ENLACE tenéis la película completa (pero en versión original sin subtítulos.)

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