Revista Cultura y Ocio

La visita más inesperada.

Publicado el 11 abril 2016 por Alguien @algundia_alguna

La visita más inesperada.Después de pasar semanas, meses, incluso años, delante del ordenador con la mirada perdida y sin ideas, resuelvo cambiar de sitio la mesa de trabajo. Soy un hombre paciente, pero cuando tomo una decisión no hay marcha atrás. Imagínense un pintor delante del lienzo blanco un día y otro día sin efectuar ni un solo trazo, pues lo mismo me ocurre a mí con las palabras. Llevo casi tres años esperando escribir la segunda línea de una novela. Ahora dejo la ventana a mi espalda y miro hacia el interior de la casa. Justo enfrente tengo el cartel de la película Sunset Boulevard con la caricatura de Gloria Swanson mirándome irritada y algo más cerca, sobre la librería que estaba en casa de mis padres cuando nací, permanece el rostro esculpido de Dante Alighieri que heredé de los abuelos. El aspecto sereno de Dante me relaja mientras que la expresión colérica de Gloria me obliga a poner en guardia.

Ignoro el tiempo que ocuparé este lugar. Quizás pase otros tres años escrutando el rostro de Dante y rogando que cuente una historia. Pero la literatura ni se hereda ni se contagia como las esculturas y los estados de ánimo. Ahora en lugar de ver el paisaje a través de la ventana, lo recuerdo e imagino; dos manera distintas de enfrentarse al arte y la vida. Me doy cuenta lo importante que es elegir un lugar en el mundo. Me refiero a tomar una posición. Esto es lo primero que escribo desde que he cambiado de sitio. Mañana volverá la pantalla en blanco y seguiré aguardando que surja la historia definitiva. Una cuestión de paciencia. Últimamente pienso que no volveré a escribir ninguna novela. Sólo pequeños relatos, una página, dos, quizás diez, y ya está. No me altero, al contrario. Siento curiosidad por saber qué pasará en la novela de mi vida.

Oigo un sonido raro a mi espalda, pero no vuelvo la cara. Buster Keaton también me acompaña. Mi padre me llamaba Pamplinas cuando yo era pequeño. “Qué Pamplinas eres”, me decía, “Pamplinas ven, Pamplinas corre, Pamplinas despierta.” Entonces no sabía el significado, ahora me identifico con el apodo. Me atrae el nombre. Soy alguien sin importancia. Esta es la imagen que quiero dar, la que me hace grande. La que mi padre me inspiró. Estoy satisfecho con el cambio. Gracias Gloria, gracias Dante, gracias Buster. Un leve ruido sigue sonando a mi espalda, como si alguien golpeara con delicadeza el cristal para que abra la ventana y lo deje entrar. Alrededor sólo hay pájaros y fantasmas, o sea que tengo claro quién llama. Nos conocemos desde hace tiempo. Mañana, sin duda, empezaré la novela.

La visita más inesperada. Texto: José Antonio Garriga Vela. Diario Sur – 02.04.2016.

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Renacimiento.

La visita más inesperada.
Laura dice que está deshaciéndose del pasado. Me confiesa que al principio le produjo bastante inquietud y hasta cierto remordimiento el acto de tirar las fotos, las cartas, los recuerdos que la han acompañado a lo largo de los años. Sin embargo, a medida que vaciaba armarios, cajones y estanterías, se iba sintiendo cada vez más liberada. Antes de tirar las cartas y las fotos, las leía y miraba por última vez. Volvía atrás en el tiempo y recuperaba la edad que tenía entonces. Era sólo un instante en el que se ponía triste sin saber exactamente por qué. Después partía fotos y rompía cartas como quien destroza una vida.

Ahora para ella sólo existe el presente. Llega un momento en el que no caben tantos nombres en la cabeza y hay que expulsar a unos para acoger a otros. La noria de la vida. Me mira como si yo también tuviera las líneas contadas en el diario de su memoria. Afirma que desaparecer de la vida de alguien es mucho peor que morir. Laura convive con los seres más íntimos que permanecen a su lado aunque se hayan ido para siempre, incluso los ve con los ojos cerrados. Me quedo pensando en las últimas palabras que acaba de pronunciar y saludo a los fantasmas que siempre van conmigo. La resurrección cotidiana de los espíritus.

Después de hablar con Laura paso un periodo de descompresión, igual que los submarinistas. Juntos descendemos a los bajos fondos y rescatamos los paraísos perdidos. Como dijo el Poeta: «Caer es sólo la ascensión a lo hondo». Esta vez la conversación ha girado en torno a la ruptura con el pasado y la invención del aburrimiento. Hace algunos meses, el tedio la impulsó a viajar a las antípodas sin moverse de casa. No la vio nadie durante no sé cuánto tiempo. Hasta que un día vino a visitarme y la encontré mucho más joven que antes de viajar a ningún lado. Está claro que partir no es morir un poco; al contrario, partir da vida, rejuvenece. Partir es volver a nacer. Ella se quitó de en medio porque estaba harta de oír siempre lo mismo en todas partes. Un eco cansino la impulsó a marcharse, las mismas palabras se repetían hasta la extenuación.

Me gustan los viajes de Laura hacia el interior de sí misma. Ignoro cómo ha quedado su casa tras deshacerse del pasado. Imagino las paredes blancas con las manchas de la ausencia. El espejo vacío del presente, el mapa mudo de los sentimientos. Veo también a los fantasmas que nunca nos abandonan. Yo también deseo romper el pasado y rescatar únicamente lo que permanece vivo en la memoria, aunque esté en otro mundo. Mañana la llamaré por teléfono para que me cuente cómo lo hace.

Renacimiento. Texto: José Antonio Garriga Vela. Diario Sur – 05.03.2016.

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Habitación 515.

La visita más inesperada.
Marina vive en un hotel desde hace cuatro años. El día que tomó la decisión, fue a hablar con un conocido que regenta un establecimiento céntrico y confortable. Desde entonces ocupa la habitación 115. Si se asoma a la ventana ve los motores de la refrigeración en el patio interior, al lado de su cuarto. Al principio el sonido no la dejaba dormir, aunque enseguida se acostumbró. El ruido fue el motivo que le permitió pagar el precio mínimo, el resto de los clientes solicitaban inmediatamente el cambio de habitación porque no deseaban pasar la noche en vela. Marina dice pagar la cuarta parte de lo que le costaría cualquiera de los mejores ‘Bed and Breakfast’ que ha conocido a lo largo y ancho de este mundo. Además no guisa, no lava, no plancha, no barre ni friega. El servicio de habitaciones se hace cargo de las labores domésticas. Cuando sale para ir al trabajo, cuelga el cartelito en el pomo de la puerta y al regresar le da la vuelta: ‘NO MOLESTAR’. Echa un vistazo general, comprueba que todo está en orden, que se ha hecho la cama, repuesto el set de baño y rellenado el minibar. Mira de soslayo la nota que hay sobre la mesilla de noche con el nombre de quien se ha encargado de la limpieza. La habitación 115 está igual que el primer día. Ni un detalle personal, ni un cuadro, ni una estantería con libros u otros objetos. La riqueza que ella atesora es una maleta donde guarda la ropa fuera de temporada; aparte están los zapatos, el ordenador portátil, y poco más. Las visitas las recibe en el hall del hotel y en contadas ocasiones alguien sube a la habitación. Antes de retirarse a descansar, compra algo en la tienda de comestibles que hay en la acera de enfrente. Luego se despide del recepcionista, igual que si fuera un amigo con el que comparte piso, y se dispone a cenar en el cuarto mientras ve la televisión.

Ayer habíamos quedado para dar un paseo y tomar algo. Llamó poco antes de la hora prevista para decir que hacía mucho frío y que prefería invitarme a cenar en su cuarto. Al llegar, el recepcionista mencionó el número de habitación y el lugar donde se encontraban los ascensores como si yo no conociera el hotel. Golpeé levemente la puerta 115 y Marina me recibió con una sonrisa. Tras un rato de charla, ojeamos la carta del restaurante y solicitó la cena por teléfono. Fue una velada agradable. No hubo que limpiar platos, ni vasos, ni cubiertos. Otra simple llamada telefónica y acudió un camarero a recoger la mesa. Al salir a la calle, sentí frío. Mientras caminaba hacia casa, hice cuentas y decidí mudarme al hotel. Será como vivir en una residencia, pero rodeado de vecinos que cambian de cara todas las mañanas. Como estar siempre de vacaciones en la habitación 515, tocando las puertas del cielo.

Habitación 515. Texto: José Antonio Garriga Vela. Diario Sur – 13.02.2016.

En Algún Día│José Antonio Garriga Vela.

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