Revista Ciencia

Las maussanadas en la Cámara de diputados. Notas sobre mi participación en #CosasDeSapiens

Por Daniel_galarza
Las maussanadas en la Cámara de diputados. Notas sobre mi participación en #CosasDeSapiens

Ya todos saben que el mame desde el 12 de septiembre fue la "Audiencia Pública: Fenómenos Aéreos Anómalos No Identificados en México" (debo admitir que tantas risas en mi cumpleaños se agradecen) orquestado por el diputado morenista Sergio Gutiérrez Luna y el ufoloco Jaime Maussán. El asunto es que se trató de un circo que le rindió el máximo honor a ese hashtag #MéxicoMágico. Todo lo que rodea la "obra" de Maussán, lo sabemos, es una completa tragicomedia que avergüenza no solo a quienes consideran la ufología como una pseudociencia y una fuente inagotable de charlatanería, sino a los propios ufólogos (con excepción de los maussianos). Y es que, ya cuando tu invitado de honor a tu evento, como Ryan Graves, o tu análogo español vendedor de humo, Iker Jiménez, dicen que tu caso es "decepcionante", "ridículo" y un "fraude", es porque en verdad se ha caído muy bajo. Hasta entre los magufos hay niveles, pues.

Pero bueno, por ahora no nos meteremos con todo el circo que representó la Audiencia maussanita (para eso estoy escribiendo un resumen que se publicará en Verificiencia próximamente), sino que me gustaría ampliar algunos comentarios sobre lo que justo hoy salió en el podcast de divulgación Cosas de Sapiens, donde participé como voz escéptica, junto a algunos grandes de la divulgación científica en español. Mi ciber-friend y divulgador Víctor González Quintanilla nunca me comentó que, además de compartir pantalla junto a su excelente equipo colaborador, también estarían la astrónoma Julieta Fierro Gossman y el físico Sergio de Régules, a quienes admiro profundamente por su labor en la divulgación y la educación científica.

Quizás no fue tan malo que mi señal de internet estuviera fallando tanto, pues así no se notó que me comían los nervios al estar intercambiando comentarios con quienes admiro... ¡o cuando éstos disienten conmigo!

Primero, lo primero. Yo sé que pocos tienen el tiempo y el estómago para escuchar más de tres horas de burrada tras burrada relacionada con el fenómeno ovni, pero aquí está la audiencia completa directo desde el Canal del Congreso Mexicano:


Ahora sí, aquí el episodio "MOMIAS ALIENÍGENAS" en Cosas de Sapiens:

Lo que no alcancé a decir


Como se podrán imaginar, con un tiempo limitado, participaciones cortas y varios comentaristas, es muy fácil que muchos puntos que uno tiene pensado comentar simplemente no se comenten. Más aún, es fácil que el tema se desvíe, tal como creo que sucedió, pues el programa trató en buena parte sobre lo que se puede hacer con las personas crédulas en este tipo de temas y el papel de la divulgación científica en el asunto extraterrestre, en lugar de abordar lo que da el título al episodio, que es el fraude expuesto en una de las salas de la Cámara de Diputados. En ese sentido, solo el biólogo Marco Vinagrillo y yo, hablamos específicamente de las momias/monigotes expuestos por Maussán. 

No se comentó nada sobre Ryan Graves y el testimonio de los otros pilotos, ex-pilotos y controladores de tráfico que estuvieron en la audiencia, así como tampoco de los casos de ovnis de otros países testimoniados de Brasil, Argentina o Japón. Tampoco se tuvo el tiempo para hablar de la presentación de Avi Loeb y cómo su presencia ha ayudado a crear más confusión (¡un científico de Harvard apoya a Maussán!, o eso dicen muchos), aunque pude mencionar que estuvo involucrado en el evento. Por el tiempo y el camino que tomó el programa, hablamos más de generalidades que de puntos particulares sobre el evento que está haciendo que tantos científicos se indignen. Estamos de acuerdo en que nosotros no tenemos el tiempo que ha tenido Maussán para presentar estas cosas, que se cuenta en años y vaya uno a saber en cuántas ganancias, teniendo documentales sobre lo mismo en Gaia como en History

Nos faltó tiempo, sin duda, aunque muchos de nosotros seguro seguiremos usando todos los espacios que podamos tener para seguir aportando (bueno, eso es justo lo que estoy haciendo aquí). Creo que hay dos puntos importantes e íntimamente relacionados que la audiencia de Maussán pone en evidencia:

1. La importancia social del problema de demarcación.

2. El papel de la política en la legitimación del embuste.

El problema de demarcación entre ciencia y pseudociencia, para los que no lo conozcan, es el problema filosófico de establecer una frontera clara y definible de lo que cuenta como conocimiento científico, lo que no cuenta como conocimiento científico y lo que además de no contar como conocimiento científico se vende como si contara o fuera igual de bueno que el conocimiento científico. Muchas veces he escuchado a grandes científicos, profesores y divulgadores decir que, lo mejor que podemos hacer, es ignorar el embuste pseudocientífico y ni siquiera citar a sus promotores, porque ellos viven de esa fama sin importarles que sea mala fama. Bajo esa premisa, el problema de demarcación sería intelectualmente relevante (y solo para quienes lo estudian), pero no tendría relevancia social porque, si lo importante es solo ignorar a las pseudociencias y sus vendedores, entonces qué más da si alguien se entera que existe tal demarcación entre ciencia y pseudociencia.

Sin embargo, en los últimos tiempos se ha visto que esa táctica de ignorar al embustero y su bolso de objetos mágicos no funciona, y lo que es peor, parece que en cierto modo los llega a envalentonar en sus cruzadas abiertas contra la ciencia. La pandemia y la crisis climática son los ejemplos más tristemente célebres de nuestros días, donde hemos observado cómo es que millones de personas han creído en falsedades tan enormes, que van desde las curas milagrosas de la COVID-19 al acusar de "alarmismo climático" a todo llamado de las autoridades para que hagan más contra el calentamiento global. Millones de personas han puesto no solo su dinero, sino su tiempo y su esperanza en estos embusteros, mientras muchos científicos y educadores decidieron ignorarlos. Y sí, denunciarlos activamente tampoco soluciona el problema del embuste pseudocientífico, pero al menos se construyen débiles puentes de información medianamente confiable que se deja disponible al público general. 

No tener tan extendidos esos puentes en los que las personas, políticos incluidos, tienen las herramientas suficientes para distinguir un engaño evidente de una necesidad auténtica es un problema muy real, que afecta a países completos, y que no se limita al sillón del filósofo. La audiencia de Maussán solo es otro ejemplo de una larga y triste cadena de eventos que lo prueban. Porque puede ser que, como él afirmó en una entrevista, el evento no haya requerido de gasto público (supuestamente, Maussán financió todo el evento, lo que calcula que fue alrededor de medio millón de pesos, aunque "no es mucho", según él), pero sí requirió un espacio y atención por parte de autoridades que bien pudieron haberlos utilizado para prestar atención a las deficiencias en ciencia, tecnología, medio ambiente, salud, educación y cultura que tanto han sufrido en las últimas décadas en nuestro país (con este sexenio bien incluido). No fue solo que Maussán ocupara un espacio en YouTube o en algún canal de televisión, como siempre, sino que ocupó un espacio del Estado, quedándose para sí la legitimación que en ningún momento le dieron, pero que de todos modos disfruta cada que un influencer habla del evento titulando su video como "El gobierno de México acepta la existencia de extraterrestres", "Jaime Maussán demuestra que los aliens nos visitan frente a los diputados mexicanos" y similares.

Entonces, sí, el problema de demarcación sí importa, no solo porque sea epistemológicamente relevante sino porque tiene consecuencias sociales y políticas que se sentir ver en esta clase de eventos. Lo que nos lleva al segundo punto que no pude explicar en Cosas de Sapiens: el papel que juega la política en todo esto.

Y no, no me refiero a si Morena está mostrándose como un partido más magufo o a si la promoción de la pseudociencia empeoró con este gobierno. La realidad es que no hay un solo partido político en México que no apoye magufadas y, de hecho, el gobierno mexicano tiene un largo historial de apoyo a magufadas variadas. Maussán mismo ya había estado en la Cámara de Diputados hace unos años exponiendo círculos de cultivo, llevado por el PRI, como conté en este mismo blog hace unos años. Me refiero a lo que causa este tipo de eventos con la política de un país. Para verlo con más claridad, bien podemos hablar de ésta y de la audiencia que hubo en EEUU hace unos meses, de la que seguro Maussán tomó inspiración para hacer la propia.

Quienes promueven, creen y comparten estas creencias no suelen ser personas apolíticas sin intereses en influir en grupos de poder. Podemos decir, primero, que hay algunos intereses explícitos, como el objetivo de "regular" a los ovnis y reconocer este fenómeno como auténtico desde las leyes aeroespaciales, tal como Gutiérrez Luna y Maussán dijeron cuando anunciaban su evento hace unas semanas. Claro, regular aquellos objetos que no sabes qué son no tiene mucho sentido, y no es como que ET te acepte una multa por ir a exceso de velocidad en cielo mexicano (broma: no hay ningún ET en cielo mexicano). Pero sí tiene un valor simbólico y político atender los reclamos de pilotos y demás personal involucrado en la actividad aeroespacial, que son reales, que en verdad les preocupa por no tener las respuestas adecuadas de las autoridades y ser ridiculizados públicamente.

Esta es la preocupación que uno puede imaginar que tienen testigos directos y sinceros, como tal vez podría serlo Ryan Graves. Pero estos eventos no solo legitima a estos ciudadanos, sino también a toda esa gama de creencias de las que se carece de todo sustento, empezando por creer que los ovnis/fanis/uaps son naves que vienen de otro mundo y que los gobiernos de este planeta han querido ocultarlo. De fondo se encuentra la conspiranoia, la irracionalidad y la especulación desenfrenada que bien comienza en ovnis, pero que puede acabar en antivacunas, o en asaltos al Capitolio con una Q en los carteles de los asaltantes. 

Las creencias irracionales, no me cansaré de repetirlo, tienen repercusiones negativas porque las personas elijen actuar basándose en éstas, hasta que ya es demasiado tarde y tienen el muro de la realidad en sus narices. Y darle legitimidad política, académica o mediática a la irracionalidad y sus vendedores no hace otra cosa que aumentarla en la sociedad, minando la propia autoridad y credibilidad política, académica y mediática.

Lo que sí se dijo

Las maussanadas en la Cámara de diputados. Notas sobre mi participación en #CosasDeSapiens

Como cuando te invitan para hablar de las maussanadas de Maussán, pero tu internet está fallando y, a parte, te tragan los nervios por tremendos comentaristas con los que te pusieron.

Bueno, hasta aquí con todo lo que quería decir y no pude decirlo en un espacio tan corto. Creo que, de haberlo dicho, se habría entendido mejor el papel de la filosofía en todo este asunto. Lo importante es que el programa haya llegado aunque sea a una persona que lo necesitara y sintiera el suficiente interés en profundizar.

Entre los puntos que sí se alcanzaron a tocar en el programa, hay tres que me gustaría extender:

1. La verdad importa en ciencia.

2. Aprender del márketing de las pseudociencias.

3. El dogma del "no puedes hacer que alguien cambie de opinión"

Estos puntos fueron especialmente expuestos por quienes llevan más experiencia en la educación y la divulgación científica, me refiero a Julieta Fierro y Sergio de Régules. Incluso hay un momento (a partir del minuto 52) en que la Dra. Julieta difiere explícitamente de lo que yo decía, aunque creo que su desacuerdo es más un complemento realmente.

El tema más general o filosófico que surgió en la charla, pero del que no se pudo decir más porque inevitablemente nos conduciría a tener un podcast completamente diferente, fue el problema de la verdad. La Dra. Julieta fue categórica en el tema (minuto 33):

La ciencia no pretende tener la verdad. Sabemos que ignoramos muchísimas cosas, incluso los matemáticos ya se están cuestionando si hay verdad en las matemáticas, porque parte de axiomas, de "verdades predeterminadas". Así es que, esto de la verdad, pues es relativo. La ciencia va descubriendo fragmentos del conocimiento y los trata de ir analizando, pero cambian todo el tiempo.

Teniendo en cuenta que gente como Maussán y sus compinches aprovechan cualquier oportunidad para tergversar la ciencia a su favor, creo que es importante detenerse en este punto y decir algo que es verdad: Julieta Fierro se equivoca en esto. Primero que nada, puedo entender que la opinión de la Dra. Julieta vaya más encaminada en la tesis de que la verdad no es relevante para establecer el conocimiento científico, opinión mayoritaria también en la filosofía de la ciencia actual, a la que se oponen solo un grupo reducido de filósofos científicos. Dicho esto, creo que lo que dice no se corresponde con esa opinión exactamente, y puede prestarse para muchos mal entendidos. Es cierto que la ciencia no pretende tener la verdad (porque la verdad no es una cosa que se pueda tener, para empezar), pero esto no es equivalente a que no se busque la verdad detrás de un suceso o una observación. Tampoco es cierto que la verdad sea relativa, a menos que pensemos que esa afirmación tampoco es verdad porque la verdad es relativa. La Dra. Julieta también parece confundir los conceptos de "conocimiento" con el de "realidad", dado que el conocimiento no se descubre, sino que se genera, entre otras cosas, haciendo descubrimientos del mundo real. Son esos conocimientos (sistematizados en teorías) los que cambian con el tiempo, aunque no todos ni todo el tiempo, puesto que contamos con suficientes conocimientos bien contrastados que se mueven realmente poco con los nuevas descubrimientos. Por ejemplo, no hay nuevos descubrimientos que nos hagan cambiar el conocimiento que tenemos sobre el lugar de nuestro planeta en el Sistema solar, como tampoco los hay que nos hagan cambiar el conocimiento de que el universo es más antiguo que el Sistema solar o que nosotros formamos parte de una especie animal que, por tanto, guarda grados variables de parentesco con las demás especies biológicas. No dudo que Julieta Fierro sepa todo esto (buena parte lo aprendí de ella), por lo que solo puedo imaginar que su comentario no fue debidamente expresado. Se vuelve importante corregirlo desde el momento que asumimos que importa la honestidad intelectual, la rigurosidad y el pensamiento crítico frente a quienes, como Maussán, parecen ignorarlos.

Algo que Víctor nos hace notar, es que Maussán montó un gran espectáculo, lo que evidentemente nos hace presuponer que cuenta con los recursos y con la gente detrás dispuesta a disfrutar y consumirlo. A nadie le gusta aguar una fiesta, y menos cuando intentas convencer a los invitados que no están realmente en una fiesta. Víctor, entonces, se planteba si habría algo qué aprenderle a charlatanes como Maussán que se pudiera aplicar a la divulgación científica. Sergio de Régules respondió por su parte con la bella metáfora del puesto de mercado: gente como Maussán tiene un lugar privilegiado en el mercado donde exhibe su circo y no tendría ningún efecto patear su carpa desde afuera, ni increpar a sus consumidores. Lo mejor que podríamos hacer, desde el humilde puestito de la esquina de la divulgación, es hacerlo lo más atractivo y vistoso posible, esperando no caer en la quiebra. 

Creo que, aunque la metáfora de Sergio es muy buena, no responde a la duda de si hay algo qué aprenderle a gente como Maussán. Básicamente es una respuesta estilo: "lo que hacen ellos les sirve, pero lo que nosotros hacemos también podría servir", y sí, eso es cierto pero, ¿queda algo por aprenderles o no? Este es un problema legítimo que se ha abordado académicamente, que no solo se concentra en las tácticas y retórica de los pseudocientíficos, sino que busca concentrarse también en la posibilidad de aprovechar los sesgos de los que las pseudociencias y otras magufadas se aprovechan, los cuales ayudan a que las personas presten mayor atención y acepten como propias ciertas creencias. Siguiendo la metáfora, se trataría de hacer que el puestito crezca, al invertirle más y más, agregándole más y más ganchos que contribuyan a que siga creciendo. Tal vez nunca tendremos una carpa del tamaño del circo de las pseudociencias, pero sí podría ser que se llegara a acomodar en una parte más céntrica del mercado. Y eso es algo que hasta hoy no se ha sabido hacer en la divulgación científica mexicana.

Eso es justo lo que lograron hacer proyectos que van desde Cosmos a canales de YouTube como Date un Vlog o Quantumfracture. Y se ha demostrado que la defensa de la ciencia también tiene su músculo, como lo han mostrado eventos como "Reason Rally" o la "Marcha por la Ciencia" (con todo y sus respectivos defectos). ¿Por qué no se ha logrado con otros proyectos, en otros espacios, mientras que las pseudociencias lo logran con facilidad? Esa es una pregunta que, creo yo, sigue abierta y vale la pena investigar.

Mientras se investiga, creo que sí podemos asegurar que hay algo que podemos aprender de Maussán y similares: el uso de la propaganda. El evento de Jaime Maussán no ha surgido de la nada. Tiene un claro antecedente: la audiencia ovni/uap en EEUU, donde ex-funcionarios de aquel país hablaron con total libertad sobre objetos en el cielo que no pudieron explicar y que asumen que son naves de otro mundo, "material biológico no humano" recuperado de algunos de estos objetos, y una conspiración para ocultarlo todo y así no tener la responsabilidad de mostrar pruebas de sus afirmaciones. Maussán, como todos nosotros, observó no solo la impunidad sino toda la publicidad que este evento generó, el cual a su vez ha tenido por antecedente toda una campaña de periodistas de tercera, ufólogos y medios masivos que se las han arreglado para lucrar con el hecho de que el gobierno de EEUU estaba haciendo investigaciones de seguridad nacional sobre su espacio aéreo. ¿Acaso habría mejor momento para que Maussán hiciera algo similar, repitiendo exactamente la misma fórmula en nuestro país? ¡No! Era ahora o nunca. 

Maussán observó un nicho emergente de la opinión pública que no había tenido desde inicios de 1990, y supo aprovecharlo, captando toda esa atención para después concentrarla, y por último, catapultarla de forma viral con las momias de Nazca. Bien pudo haber usado cualquier otro caso descartado, como el humanoide de Metepec o el niño-alien de BeWitness, y seguramente habría tenido el mismo impacto, personas haciendo viral la noticia, medios nacionales e internacionales comentándola con expertos de distinto calibre, escépticos indignados con el uso de espacios como la Cámara de Diputados, y a Maussán disfrutando de un resurgimiento donde sus defensores de siempre lo seguirán defendiendo.

Ciertamente pocos se atreverían a perder su tiempo con este último grupito de personas. Las momias de Nazca fueron un fraude demostrado desde 2017, poco antes del resurgimiento de la fiebre ovni anglosajona. Y desde entonces, existe un grupo pequeño que hace del trolleo su arma en contra de quienes han denunciado el fraude. Con ese tipo de personas, como bien se explicó en el podcast, no hay nada qué hacer en general.

Pero creo que también se está entendiendo mal el dogma del "no hay nada qué hacer con x personas", como lo pude notar con el desacuerdo de Julieta Fierro conmigo. Lo que intenté explicar (aprox. minuto 49) fue precisamente el papel que juega la propaganda, y cómo ésta es una herramienta que puede usarse igual por Maussán que por los divulgadores de la ciencia. Tampoco es como que la ciencia no sepa qué papel juega la propaganda en la financiación de grandes proyectos, con grandes promesas de descubrimiento, como el Proyecto Genoma Humano, los grandes telescopios espaciales (Hubble y James Webb especialmente), los proyectos paleontológicos de los que han salido iconicos dinosaurios o el Gran Colisionador de Hadrones. Se usa la propaganda y se aprovecha el interés público por la ciencia para que la ciencia prospere. Habrá ocasiones en que los resultados no sean los prometidos (con el Proyecto Genoma Humano se prometía un "cambio de paradigma" en la lucha contra el cáncer y otras enfermedades, y con el Gran Colisionador se hablaba de mirar lo que habría ocurrido unos instantes después del Big Bang que harían que nuestra comprensión del Cosmos fuera radicalmente distinta), pero no por ello deja de ser legítimo que se destinen recursos y atención a la investigación científica, ni demerita lo que sí se ha descubierto a partir de tales proyectos. Eso también, pienso yo, podría ser usado en divulgación científica.

Sin embargo, la Dra. Julieta parece haber entendido que mi propuesta era intentar esforzarse en llegar a aquellas personas que ya han decidido creer antes que saber si algo es verdad. Si bien, puedo creer que eso se debió en parte porque mi audio fue terrible y no se me alcanza a entender nada, tengo que decir que no era ese mi punto. Pero ya que lo tocamos, hay que profundizar un poco.

Debemos ser conscientes que el dogma del "no hay nada qué hacer con x personas" es falso si lo volvemos un universal. Y es tan fácil demostrar que es falso, que bastaría con mostrar un contra-ejemplo: el mío. Yo fui un seguidor de Jaime Maussán a principios de los 2000's. Recuerdo que hablar de las "evidencias" mostradas por Maussán entre amigos era algo que me fascinaba y me daba escalofríos al mismo tiempo. Sus casos que más le llegué a creer fueron quizás los más inverosímiles, vistos en retrospectiva, como los encuentros con el chupacabras, los fantásticos círculos de cultivo o los estigmas del charlatán Giorgio Bongiovanni. Estaba francamente convencido que casos como el "caballo volador", representaban evidencia de algo extraordinario. Y obvio, me emocionaba cada que se hablaba de algún clásico, como el incidente Roswell, el triángulo de las Bermudas o la zona del silencio. ¿Cómo llegué hasta aquí si no hay nada qué hacer con personas como yo?

Entiendo que confrontar verdaderos creyentes es un trabajo ingrato y desagradecido, que no parece servir de mucho, por eso es que son realmente pocos los que aún lo hacen (la única divulgadora actual que he visto que lo sigue haciendo es Rocío Vidal, del canal La gata de Schrödinger, confrontando y entrevistando terraplanistas, ufólatras, brujos y demás fauna extraña). También entiendo que los esfuerzos más grandes en divulgación científica no pueden concentrarse en un grupo tan marginal, como son los convencidos totales de alguna pseudociencia, pues perderíamos la oportunidad de usar esos esfuerzos para llegar al público que no ha forjado su opinión (o que no la ha vuelto parte de su identidad irrenunciable), que suele ser más numeroso. Pero de aceptar la conveniencia táctica no se sigue que se niegue la posibilidad del diálogo entre los más fanáticos a la magufería. 

Este también es un problema real, que recién está tomando más atención a la hora de confrontar a los antivacunas, los negacionistas climáticos, los covidiotas o los activistas de Q'Anon. Hay algunos avances en psicología que nos ayudan a comprender el tipo de personalidad que conspiranoicos o negacionistas llegan a desarrollar o parten de ella para creer que lo suyo es auténtico pensamiento crítico. Tenemos pruebas que ciertas técnicas para desmentir noticias falsas funcionan en verdad. También se están desarrollando estrategias de diálogo y divulgación, como las expuestas por el filósofo Lee McIntyre en Cómo hablarle a un negacionista de la ciencia (2023), quien se fue a conferencias de terraplanistas para entablar un intercambio honesto y tolerante, averiguando qué clase de razones los convencerían de que están equivocados. No todo está perdido con esos grupos, y debemos considerarlos, especialmente cuando se vuelven una parte relevante de discursos que se convierten en políticas internacionales, tal como hemos visto con Trump, Bolsonaro y otros.

Hasta aquí mis comentarios, tanto sobre lo que quería decir y no alcancé, como sobre aquello que sí se dijo, pero que merecía más atención. Justo ahora, me pregunto si alguien realmente se tomará la molestia de mirar tres horas de audiencia, una hora de Cosas de Sapiens y todavía tener ganas de leerme.

Espero que sí...


Volver a la Portada de Logo Paperblog