Revista Cultura y Ocio

Las Olas, de Virginia Woolf

Publicado el 15 octubre 2014 por Covadonga Mendoza @Cova_Mendoza
Las Olas, de Virginia WoolfLas olasThe WavesVirginia WoolfCátedra. Letras UniversalesTraductor: Dámaso López370 páginas
Sinopsis:
Varios amigos recuerdan a otro, Percival, que murió en la India en un accidente.
Comentario:
Lo cierto es que me resulta bastante difícil afrontar el comentario de una obra tan grande, en el sentido literario, como esta. Tal es la riqueza de la prosa, de las ideas, de las imágenes en ella vertidas que todo lo que se diga palidece ante el original.
Lo primero que llama la atención es la forma en que está compuesta la historia. A decir, verdad, la trama y los hechos novelescos no existen; lo que cuenta es el estilo lírico y las técnicas vanguardistas que la autora utiliza para hacernos llegar las emociones y pensamientos de los personajes (y romper con las formas de la novelística clásica). Eso quiere decir que la acción externa es mínima. Todo el tiempo estamos en el interior de esos seis personajes (o voces) que, a modo de coro, van desgranando sus sentimientos en torno a un episodio decisivo como es la muerte de su amigo Percival, ocurrida de un modo accidental, cuando cabalgaba. 
Percival, sin embargo, pronto se nos presenta como un símbolo de algo más grande, de la muerte en sí, tema sobre el que gira la novela realmente. La vida sin sentido, el pesimismo existencial de la autora (que terminaría suicidándose debido a una depresión), la crítica a la sociedad occidental (inglesa). Los personajes nos hablan en primera persona alternando sus voces y nos cuentan su vida desde la infancia a la madurez, pasando  por sus ilusiones de juventud. Pasamos de una mente a otra y vemos el mundo a través de sus ojos, de un modo estático, en el sentido de que no hay acciones ni diálogos, pero al tiempo fluido en lo cronológico.
Cada uno de los capítulos abarca un periodo de la vida de los miembros de este grupo de amigos, menos el último, donde uno de ellos, Bernard, hace una especie de recapitulación, y donde más claramente se aprecia que el tema es la muerte. 
La obra es de lectura pausada; imposible ir deprisa cuando de lo que se trata es de apreciar las increíbles imágenes surgidas de la mente de la escritora como un torrente. Es un libro que se disfruta más por la forma que por la trama, que repito, es mínima, casi inexistente. 
El fluir de conciencia o diálogo interior es el recurso utilizado para poner de manifiesto la intimidad de los personajes. Existen varios leit motivs que se van repitiendo y referencias a los clásicos latinos e ingleses. La repetición y la forma rítmica de escritura crean la ilusión del ir y venir de las olas a las que hace mención el título. Cada capítulo se encabeza, además, con una parte en cursiva donde literalmente, se describen olas muriendo en la orilla, una especie de paisaje siempre el mismo y siempre diferente. Los símbolos del amanecer y el atardecer están también muy presentes.
Este es un libro para lectores curtidos y que busquen en la literatura la belleza y la profundidad. A mí me ha costado un poco leerlo, y eso que  ya conocía la obra de Virginia Woolf en textos como "Al Faro", "La señora Dalloway", "Fin de viaje" y otros.
La edición de Cátedra que he leído viene con una amplísima introducción de 130 páginas, indispensable para introducirse en el mundo de Virginia Woolf y en el significado profundo de su obra en general y de esta en concreto. Impagables también las notas al pie, que aclaran muchas de las referencias clásicas, juegos de palabras etc. Una gran edición de Maria Lozano que aporta mucha información complementaria, además del texto de la obra en sí.
Algunos fragmentos (no de la edición de Cátedra, tomados de internet):
Yo no deseo estar sentado esta noche junto a una sola persona, sino junto a cincuenta. Pero yo soy el único entre vosotros que se siente bien aquí sin necesidad de asumir actitudes. No soy vulgar ni tampoco un snob. Si bien me abandono a la presión del mundo, mi lengua hábil consigue a menudo deslizar, en plena corriente, frases peligrosas. ¡Ved cómo mis pequeños juguetes que fabrico de la nada,en un segundo, divierten a todo el mundo! No soy un atesorador de vanidades ( cuando muera, sólo dejaré un armario lleno de trajes viejos) y soy casi indiferente a esas bagatelas que tanto atormentan a Louis. Pero he hecho muchos sacrificios. Yo, que estoy forjado de hierro, con vetas de plata y mezcla de vulgar barro, soy incapaz de contraerme como un puño, como aquellos cuya energía no depende de estímulos extraños. Soy incapaz de los renunciamientos, de los heroísmos de Luis y de Rhoda. Yo no lograré jamás, ni siquiera en la conversación, producir una frase perfecta. Pero, habré contribuido al momento que pasa, más que ninguno de vosotros, habré penetrado en mayor cantidad de habitaciones, diferentes unas de otras, que todos vosotros. Pero, como hay en mí algo que viene de afuera y no desde adentro, seré pronto olvidado: cuando mi voz haya enmudecido, vosotros no me recordaréis, excepto como el eco de una voz que antaño trenzó este cesto de frutas en frases

Y en mí también la marea sube. La ola se hincha: arquea el dorso. Una vez más, siento nacer en mí un nuevo deseo: algo se alza debajo de mí como el fiero caballo al que su jinete aprieta las espuelas y retiene enseguida. ¡Oh, tú, mi montura, ¿cuál es el enemigoque percibimos avanzando hacia nosotros, en este momento en que golpeas con tu herradura el pavimento de las calles? Es la Muerte. La Muerte es nuestro enemigo. Y al encuentro de la Muerte cabalgo blandiendo la espada, con mis cabellos flotando al viento como los de un joven, como flotaban al viento los cabellos de Percival cuando galopaba en la India. hincando las espuelas contra los flancos de mi caballo, invencido, indomado, me precipito a tu encuentro, ¡oh Muerte!…
Y las olas se quebraron sobre la orilla.

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