Revista Espiritualidad

Las señales de la ira

Por Rojotransitorio @rojotransitorio

Las señales de la ira en el corazónSe cuenta que un niño estaba siempre malhumorado y cada día se peleaba en el colegio con sus compañeros. Cuando se enfadaba, se abandonaba a la ira y decía y hacía cosas que herían a los demás niños. Consciente de la situación, un día su padre le dio una bolsa de clavos y le propuso que, cada vez que discutiera o se peleara con algún compañero, clavase un clavo en la puerta de su habitación.El primer día clavó treinta y tres. Terminó agotado, y poco a poco fue descubriendo que le era más fácil controlar su ira que clavar clavos en aquella puerta. Cada vez que iba a enfadarse se acordaba de lo mucho que le costaría clavar otro clavo, y en el transcurso de las semanas siguientes, el número de clavos fue disminuyendo. Finalmente, llegó un día en que no entró en conflicto con ningún compañero.Había logrado apaciguar su actitud y su conducta. Muy contento por su hazaña, fue corriendo a decírselo a su padre, quien sabiamente le sugirió que cada día que no se enojase desclavase uno de los clavos de la puerta. Meses más tarde, el niño volvió corriendo a los brazos de su padre para decirle que ya había sacado todos los clavos. Le había costado un gran esfuerzo.El padre lo llevó ante la puerta de la habitación. “Te felicito”, le dijo. “Pero mira los agujeros que han quedado en la puerta. Cuando entras en conflicto con los demás y te dejas llevar por la ira, las palabras dejan cicatrices como estas. Aunque en un primer momento no puedas verlas, las heridas verbales pueden ser tan dolorosas como las físicas. No lo olvides nunca: la ira deja señales en nuestro corazón. Fuente: Un cuento sobre la ira.Las formas de la ira (también denominada cólera) son sutiles. No es necesario que se muestren con violencia externa, en forma de palabras malsonantes o actos censurables. En ocasiones se producen hechos (tanto externos como internos) que desatan en nuestro interior pensamientos/emociones más o menos impregnados de ira. Por ejemplo, cuando pensamos en las injusticias sociales/políticas/medioambientales que aquejan al mundo actual, es difícil evitar que cierto fuego interior prenda en nuestras entrañas. La intensidad será variable en función de nuestro grado de implicación.Este didáctico cuento nos alecciona sobre los efectos de la ira: marcas de clavos en las puertas de nuestro corazón, sentimientos calcinados por combustión instantánea, o mucho peor… un corazón corroído por uno de los líquidos más cáusticos para el alma.La ira: un ácido que puede hacer más daño al recipiente en la que se almacena que en cualquier cosa sobre la que se vierte. (Séneca)


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