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Les tocó la china

Por Drajomeini @DoctoraJomeini
Les tocó la china
Dice Leo Harlem que si nos hemos fijado que la mayor parte de los monólogos empiezan con la frase "¿Se han fijado ustedes...?". Pues si Leo Harlem lo dice es que va a misa, oiga. Y yo no voy a ser menos.  ¿Se han fijado ustedes en que casi no hay chinos en Urgencias? Cuando una va a las cuatro de la madrugada a un punto de atención urgente, se encuentra al borracho de turno que se ha caído, se ha cortado la ceja y el labio y los amigos bienintencionados lo han llevado a Urgencias para que duerma la mona en la sala de espera. Mirando al borracho, con un rictus de disgusto y agarrando el bolso con las dos manos, está una señora que viene a esta hora porque hay menos gente y que ahora está callada, pero no por mucho tiempo. En cuanto alguien la mire le contará con pelos y señales todas sus dolencias desde la cirugía de la matriz –donde la vaciaron entera y casi se muere– hasta la intervención de juanetes, que todavía le está doliendo treinta años después y por cuyo dolor consulta esta noche. En un rincón de la sala, está la parejita a la que se le ha roto el condón y que vienen por la píldora del día después. Y en una esquina, un tipo que se ha cortado con una hoja de papel el pulgar de la mano derecha y que viene por si las moscas se le gangrena el dedo. Porque, evidentemente, el cerebro ya lo tiene gangrenado. Pero chinos, ni uno. Urgencias, tampoco, eso es verdad.  Pero ayer algo cambió (debía de ser la luna o algo, habrá que preguntárselo a los del Cuarto Milenio ese a ver si nos lo explican), porque ayer mientras en el Hospital de Arriba teníamos una Urgencia real de las de corre–corre, el anestesista del Hospital de Abajo tenía que vérselas con una china en el zapato. Y nunca mejor dicho.  La china era una chica de unos veinte años, delgadita, con los ojos rasgados, muy china ella. Que lo único que sabía hablar era chino. Y lo único que se le entendía era "Ay, Ay, Ay". El médico de Urgencias con el lenguaje universal –las señas– pudo dilucidar finalmente que lo que le dolía a la susodicha eran sus partes nobles. Y es que tenía un absceso del tamaño de un camión. Consecuentemente, les toca la china a los ginecólogos y, de rebote, a los anestesistas. Que tienen que explicarle en chino en qué consiste una anestesia espinal. Tócate un pie.  Pero donde hay un adjunto tecnopléjico hay un residente espabilado. Y el resi se sacó de la manga una aplicación traductora del iphone que suponemos iba diciéndole a la china en chino lo que iban a hacerle.  Y es que las ciencias adelantan que es una barbaridad. A este paso, junto a la señora, el borracho, la parejita y el imbécil de la hoja de papel, se nos va a llenar la sala de espera de chinos.  Si es que lo estoy viendo. 
Dedicado a Rafa, anestesista tecnopléjico al que tengo mucho cariño y que me hizo reír con sus historias de chinos.

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